EL CACIQUILLO Y LA PRIMER DEFENSA DE PAYSANDU


1811 PRIMERA DEFENSA DE PAYSANDU TAN O IGUAL DE HEROICA QUE LA DE LEANDRO GOMEZ PERO AQUI NADIE LA RECUERDA Y POCOS LA CONOCEN..

El Caciquillo y la Redota a cubierto de amenazas

1811: Los Charrúas están en guerra con los portugueses invasores, antes de que se inicie “La emigración

La primer fecha del “Exodo del pueblo oriental” bien puede ser el 26 de setiembre de 1811, cuando un oficial portugués que está en Belén le pide refuerzos a su superior, porque se siente inseguro. Los invasores que llegaron atravesando la frontera del norte ya habían penetrado en algunos puntos, hasta las costas del Rio Negro, pero cuanto más avanzan, en peor situación se encuentran. El desierto llamado “La Sierra” es un lugar dominado por los indios bravos.

Copio algunas líneas del inmenso diálogo secreto cruzado entre los oficiales portugueses que operan en el frente norte.

El sargento mayor Manuel dos Santos Pedroso le escribe a José Francisco Muniz Fagúndez:

—“Aquí necesito gente para la guarnición de varios lugares que he conquistado; así como apoyo en Curuzú Cuatiá que también tomé dos veces por la fuerza de las armas; pero no tengo gente para la guarnición de ese pueblo; volvieron los enemigos a posesionarse de él. El furriel Bentos Manuel con las fuerzas que lo acompañan está en Paysandú, reunidas ambas partidas.

Respecto a los charrúas por ahora los dejaremos… al respecto bocalmente conversaremos” (1)

En cambio Diego de Souza, que entró por el sureste, avanza sobre Montevideo en una especie de paseo militar. La presión militar de los invasores creció hasta hacerse insostenible. El 7 de octubre, se firma en Arroyo Seco, frente a Montevideo, un cese de hostilidades. El asedio a la ciudad se paraliza y el ejército sitiador de Montevideo, encara una operación de retirada hacia San José. (2)

 Con esa misma fecha, José Rondeau, el comandante del ejército auxiliador porteño, que todavía está en las inmediaciones de Montevideo, felicita a José Ambrosio Carranza, el oficial patriota que dos días antes, con cien hombres, le tendió una emboscada y derrotó una partida portuguesa, cerca de la casa de Pezoa, no lejos de Paysandú. (3)

Por las dudas, Carranza también había enterado de sus triunfos, al gobierno de Buenos Aires:

 —“Tengo el honor de dar a Vuestra Excelencia la plausible noticia de haber ocupado este día, con las armas de la patria, el oprimido pueblo de Paysandú, sin oposición alguna, después de haber tenido con los portugueses dos choques en campaña, en que salieron completamente derrotados, de todo lo cual dirijo el circunstanciado parte a mi general en Jefe (Rondeau) quien no dudo, lo pasará a Vuestra Excelencia” (4)

1RA DEFENSA DE PAYSANDU

 UN POETA. Vale la pena detenerse en una corta digresión.

El oficio dirigido a la capital porteña, se destaca entre los documentos de época producidos en nuestra Banda, por la buena redacción y por su ortografía perfecta; fue escrito indudablemente, por Bartolomé Hidalgo, que es más prolijo que Monterroso o Barreiro, los principales secretarios de Artigas.

No es casualidad que a continuación de las buenas noticias que encabezan el oficio de Carranza a Buenos Aires, se incluya este pedido: “Se digne librar el competente nombramiento de comisario de esta expedición a mi mando, con el sueldo que Vuestra Excelencia halle conveniente, al patriota don Bartolomé Hidalgo, pues es sujeto en quien están refundidas las circunstancias recomendables, capaces de causar la dirección y consejo de mi, para conseguir el éxito de mis empresas, habiendo voluntariamente seguido a mi lado hasta este pueblo reconquistado, encargado de diferentes ramos de mi expedición. En Paysandú, octubre 8 de 1811”. (4)

El parte de la toma de Paysandú, que también integra las obras completas de Bartolomé Hidalgo, dice a nombre de Carranza:

—“Desde el arroyo de la Leche, continué mi marcha con indecible trabajo, por la escasez de caballadas, hasta el puesto de Benito Chain, adonde esperé reunirme con la división de Baltasar Ojeda, que vino el día 5 a las cuatro y media de la tarde, en cuya hora salimos en dirección a Paysandú. Reunido el día 8 con 28 charrúas al mando del Caciquillo Manuel Artigas y varios vecinos, avanzamos el pueblo, habiendo la división de Ojeda cercándolo por tres puntos en la parte opuesta y yo por el lado de la entrada real, con la segunda división.

 

Pero ¡Cuál no fue nuestra sorpresa cuando vi el pueblo totalmente desocupado y saqueado a su extremo!” (5)

También el parte de la reconquista pacífica de Paysandú termina con consideraciones personalísimas:

—“Concluiré diciendo que en las marchas desde la Capilla de Mercedes hasta Paysandú, me han asistido voluntariamente, Rufino Martínez de la Torre y don Francisco Haedo, ejes de nuestras marchas, y don Bartolomé Hidalgo quien desde que pisé en la Capilla no se ha separado de mi lado llevando la dirección de mis consejos y trabajando en obsequio de la patria todo cuanto le era posible en el cargo que provisionalmente le di, de comisario y director que por sus conocimientos, capaz es de encargarse de cualquiera otra mayor comisión. Paysandú, 9 octubre de 1811”.

EL SUR. Con fecha 13 de octubre, Diego de Souza, al mando de las fuerzas incontenibles que entraron por el este, informa:

—“Alguas de nosas partidas tem chegado a POZISOENS DISTANTES MEIO DA DE CAMINO do Exercito que bloquea Monte Vidéo. Quazi o país enteiro da Banda Oriental de Rio Negro e occidental até San Miguel, asim como desde os Límites Neutrales com as nossas posesoens do Rio Grande e vilas, para cá de Santa Teresa, esta ocupado pelas Tropas Portuguezas”. (6)

El 23 de octubre, se ratifica acuerdo preliminar y el ejército auxiliador, venido de Buenos Aires inicia su retirada y por consiguiente, la Banda Oriental es abandonada a los invasores.

Es entonces que los orientales, que venían sintiendo en carne propia hasta dónde esta derrota se imponía a sangre y fuego, resuelven emigrar y se inicia una huida masiva hacia Salto (que los criollos llamaron La Emigración; los gauchos analfabetos, la Redota; y los historiadores cultos, muchas años después, “el Exodo”); esa marcha de todo un pueblo (más de 4.000 personas) fue un intento desesperado por cruzar en paso del Salto Grande hacia la costa de Entre Ríos, para quedar a salvo de la invasión. Y es muy claro que la Redota pudo cumplir su propósito, porque el litoral no cayó en manos de los invasores. En el norte el problema portugués fue la resistencia charrúa y luego las milicias que Artigas organizó con los propios vecinos, su personal y los gauchos sueltos.

Cuatro días después de ratificado el tratado que entregó la Banda Oriental (el día 27 de octubre) Lino de Moraes le informa a Diego de Souza, desde Montevideo: Artigas va al frente de 2.000 hombres y se dirige a la Capilla de las Mercedes.

ARTIGAS Y CARRANZA. Esa misma semana (el 31 de octubre) Bartolomé Hidalgo, escribe:

—“Mi querido Carranza: El señor don José Artigas me dirige el adjunto oficio para usted y me encarga, en carta particular, que determine acerca de sus sentimientos, lo que me parezca más conveniente, porque en la actualidad no lo asisten los debidos conocimientos con respecto a usted. Pero yo, que he merecido su confianza y que he sido y seré su inseparable compañero, no he dilatado un momento en remitirlo para que usted se entere de su justo y sabio contenido y proceda en un todo según su tenor.

A Artigas ya le escribo, diciéndole que por parte de usted, puede descansar. Yo confío que la reunión (de ustedes) será lo más pronto posible”. (7)

Nace así una hermosa amistad entre Carranza y el Jefe de los Orientales. Cuando además de la comunicación de su amigo, Artigas recibe una carta de Carranza confirmándole su adhesión, la respuesta es desbordante.

En un mismo día (2 de noviembre) Artigas le escribe dos veces a Carranza:

—Mi paisano: La de usted del 30 del que acaba, me manifiesta los sentimientos que le asisten sobre nuestras operaciones. Yo aseguro a usted que ellos son en un todo conforme a los principios que he adoptado y que quisiera que siguieran todos.

Exalte el entusiasmo de las gentes para que no queden bajo el portugués, no les manifieste usted nada absolutamente de las consecuencias que deben resultar en beneficio de la patria.

La reunión de los indios bravos es de la primera necesidad y yo espero que usted, de cualquier modo, me envíe algún cacique, acompañado de diez o doce indios para que trate conmigo.

Apuremos todos los recursos para que los portugueses no se hagan dueños de esta banda. Puntas del arroyo Perdido, 2 de noviembre de 1811.  

La segunda carta a Carranza, con la misma fecha, está escrita de mano de Miguel Barreiro (secretario y sobrino de Artigas) y es más breve y más extraordinaria. Dice:

—“Reunida la gente en Sandú( Paysandu), conservará usted dicho punto, precisamente, hasta mi llegada, procurando aumentar sucesivamente, (el ardor) de la gente y activando las providencias concernientes a reunir cuantas armas se pueda.

Auxiliará usted a la mayor brevedad a mi Caciquillo, dándole orden de partir para los indios bravos, a fin de que estos nos auxilien con sus brazos en una causa que también es la suya; para ello, aconsejará usted de mi parte al Caciquillo. Emplee cuantos medios razonables estén a su alcance”.  

Seguramente fue un día muy especial ese 2 de noviembre, junto a las costas del arroyo Perdido, con la caravana del Exodo entrando en Soriano, a la altura de Porongos.

Artigas escribe: “Auxiliará usted a mi Caciquillo”.

En esta frase, el posesivo “MI” cobra una sugestión que no tiene igual en ninguno de los miles de documentos que Artigas habrá de producir a lo largo de toda su vida.

Ese “mi”, que parece escapado como un exceso involuntario de espontaneidad, descubre algo íntimo que Artigas, jamás deja traslucir. (Tal vez se expresa así porque supone que es inútil disimular con Carranza. La mención llamativa de los charrúas en el parte escrito por Bartolomé Hidalgo, hace suponer que el poeta conocía la vinculación de sangre existente entre el Caciquillo y Artigas. Hidalgo había servido en la casa paterna de Artigas y en Montevideo, el 13 de agosto de 1805, Bartolomé Hidalgo había firmado a ruego por Francisca Artigas, el consentimiento para que su hija Rosalía Villagrán se casara con el ayudante mayor del Cuerpo de Blandengues de esta frontera, don José Gervasio Artigas.

También hay otro dato escondido en las dos cartas del dos de noviembre: el Caciquillo no sabe leer. Artigas no le escribe a él, le ruega a Carranza: Dele orden (a mi Caciquillo) de partir “para los indios bravos”. Sabiendo este detalle, más misteriosa y más mágica se hace la carta de Artigas al Caciquillo donde firma aclarando: “Tu padre, Artigas”. El Caciquillo lleva con él ese papel que no es capaz de leer, como si fuera un talismán (Véase el librito: “Artigas y su hijo el Caciquillo” donde explico las connotaciones que rodean a esa carta clave. La lleva entre sus ropas un hombre que viaja desnudo).

El llamado a los indios infieles (la comisión que Artigas le encargara al Caciquillo: traer a los caciques) dio resultado inmediato. A los doce días de las cartas a Carranza, Artigas le escribe a Elías Galván:

 “Los indios infieles, abandonando sus tolderías, inundan la campaña presentándome sus bravos esfuerzos para cooperar a la consolidación de nuestro gran sistema.”

Por un terreno así defendido fue avanzando La Redota, a cubierto de toda amenaza. Y de esa derrota inolvidable, nacimos.

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(1) Archivo Artigas, tomo V, pág. 299

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