YACARE CURURU LA ESPERADA Y TAN TEMIDA VENGANZA CHARRUA

LA JUSTICIA TARDA PERO LLEGA…

1832-06-21-Foja 1-T-José Navajas informa al Presidente Rivera sobre operativo contra charrúas y muerte de Bernabé Rivera a manos de los indios.

Rincón de Cuareim sobre el Uruguay

Junio 21 de 1832

El que firma participa al Excelentísimo Señor Presidente de la República que hace cinco días marchó el Señor Coronel Don Bernabé Rivera con una fuerza compuesta de los capitanes Don Rosendo Velazco, Don Máximo Arias, Teniente Don Fortunato Silva y Don Roque Viera y sesenta individuos de tropa a perseguir sobre el Cuaró al Indio Agustín Napacá, único de los Misioneros sublevados que a la cabeza de cuarenta hombres perturbaba la tranquilidad de este Territorio.

En este momento se ha reunido al infrascrito el Capitán Don Máximo Arias herido de un lanzazo en la tetilla izquierda con el Teniente Don Fortunato Silva y cuarenta hombres, y comunicando la funesta noticia que habiendo atacado antes de ayer al rebelde Napacá en la Costa de Cuareim frente a Yarado lo obligaron a refugiarse en la frontera brasilera arrojándose al dicho arroyo hiriéndoles algunos individuos, y que habiendo sabido el Señor Coronel Rivera que los charrúas se hallaban en un potrero distante cuatro leguas de aquel punto dispuso atacarlos, como efectivamente lo verificó en la mañana del día de ayer, poniéndolos primeramente en dispersión, más que habiéndose reunido cargaron sobre la fuerza que comandaba el Coronel Rivera y fueron derrotados ayer como al medio día, falleciendo en la derrota nuestro bravo e irreparable Coronel Rivera, Comandate Don Pedro Bazán, Alférez Don Roque Viera y nueve soldados. Que el Capitán Don Rosendo Velazco pasó al otro lado de Cuareim con cinco soldados a una entrevista con el Señor Coronel brasilero Don Bento Manuel Riveiro de orden del finado Coronel Rivera, antes de ayer, y que no habiéndose incorporado el Capitán Arias, supone que podrá verificarlo en este punto.

El infrascrito de orden del finado Señor Coronel se halla acampado en este Rincón en custodia de las numerosas caballadas tomadas, con sesenta y dos individuos de tropa a los que se hallan incorporados cincuenta y cuatro de los naturales y familias que se han recogido en el pueblo de Bella Unión y sus inmediaciones mas en los que no puede fundar ninguna confianza. Por consecuencia, cree no deber emprender ninguna operación sobre los dichos charrúas porque quizá con ello expondría a perderse cuanto se halla a su cargo; y ha tomado todas las medidas de precaución para asegurar aquellas y permanecer en este punto hasta que el Excelentísimo Señor Presidente a quien se dirige determine lo que tenga por conveniente.

Al comunicar esta desagradable noticia reitera su profundo respeto al mismo Excelentísimo Señor.

José María Navajas

Al Excelentísimo Señor Presidente de la República Don Fructuoso Rivera”

No creo, en cambio, que este haya sido el caso de Bernabé. Acaso tuvo razón Gabiano cuando conjeturo que, si no se le hubiera mencionado la proximidad de Polidoro, Bernabé no hubiese caído el miércoles 20 de junio, al mediodía. Pero la fecha y la hora no dejan de parecerme un mero accidente. Así como su suerte se fue construyendo paso a paso, una muerte trágica le respiro la nuca desde la infancia.

1832 y la lanza del renegado cabo Joaquín (Sepe) apenas son un año y un instrumento que el azar extrajo de un atiborrado cúmulo de vicisitudes y peligros.

Fiel a su convicción de que no hay victoria definitiva hasta que se aniquila al enemigo, no vacilo en prácticas de exterminio como el asesinato de Venado y sus guerreros. Engendro odios que, desde el mismo inicio de su cautiverio, lo privaron de toda posibilidad de sobrevivencia. No fue clemente y, en la ultima hora el turbio espejo de un charco le revelo una imagen que no era la que lo embelesaba.

El bisiesto 1832 fue un año raro y singular en nuestra historia. Sin embargo, para Bernabé no se deshojo sino la mitad del almanaque, porque una escaramuza tan pequeña como innecesaria, se lo llevo consigo.

No he visto mas torpe manera de anunciar una desgracia que la que consumo José Maria Navajas al redactar el parte que, desde el Rincón del Cuareim, le remitiera el 21 de junio de 1832 a don Frutos. Si nada dijo el mensajero y si el Yuca Luna, el destino acrecentó con la sorpresa la crueldad del golpe. Porque el comienzo no puede ser más rutinario y menos alarmante:

El que firma participa al excelentísimo presidente de la republica que hace cinco días  marcho Bernabé Rivera, con una fuerza compuesta de los capitanes Velazco, Máximo Arias, Fortunato Silva, y Roque Viera y sesenta individuos de tropa a perseguir sobre Cuaro al indio Agustín Napaca, único de los misioneros sublevados que a la cabeza de cuarenta hombres perturbaba la tranquilidad de este territorio”.

Supongo que al leer este primer párrafo, a pesar de que en el no existe indicio de la mala nueva, una pequeña espina que rápidamente habrá desestimado acudiendo al recuerdo de tantas injustificadas aprehensiones ya vividas, debe haber aguijoneado el espíritu de don Frutos, tenso porque ya disponía informes de que Lavalleja se aprestaba por dar comienzo a su revolución.

En efecto, creo que es posible que haya pensado: “¿Porque Bernabé no ha escrito este parte?”.

El segundo párrafo acumula, en sus primeras frases dos signos de mal agüero: describe una seria herida en uno de los más queridos oficiales de Bernabé, y casi enseguida desarrolla una noticia calificada como “funesta” pero se demora en ir al grano:

“En este momento se ha reunido al infraescrito el capitán Máximo Arias, herido de un lanzazo en la tetilla izquierda, con el teniente Fortunato Silva y cuarenta hombres, comunicando la funesta noticia que habiendo atacado antes de ayer al rebelde Napaca en la costa del Cuareim frente a Yarado lo obligaron a refugiarse en la frontera brasilera arrojándose al dicho arroyo, hiriéndoles algunos individuos; y que habiendo sabido el señor Bernabé que Charruas se encontraban en un potrero distante cuatro leguas de aquel punto dispuso atacarlos, como efectivamente lo verifico en la mañana del día de ayer, poniéndolos primeramente en dispersión; mas que habiéndose reunido cargaron sobre la fuerza que comandaba el coronel Rivera…”.

Un desaliño en la redacción, perpetrado por un brusco cambio de sujeto que permaneció siempre elíptico, va a dibujar la ultima burla que le tendió la suerte a don Frutos:

“…mas que habiéndose reunido cargaron sobre la fuerza que comandaba el coronel Rivera y fueron derrotados ayer como al mediodía,…”

No se si don Frutos obedeció la pausa que le ordenaba la coma; menos puedo discernir si ese brevísimo reposo enmarco el estallido del alivio y la presencia de súbitas conjeturas: “¡Ganaste, Bernabé, ganaste otra vez! ¿En que andarías que todavía no habías vuelto?”. En cambio hay que estar seguro que, por un instante, en la mente de Rivera apareció la luz reconfortante del anuncio de una nueva victoria y que en ese centro de claridad cordial, que no alcanzo a ser disipada cualquiera haya sido la extensión de la pausa, exploto el enceguecedor fogonazo de una muerte más dolorosa que la propia:

“…mas que habiéndose reunido cargaron sobre la fuerza que comandaba el coronel Rivera y fueron derrotados ayer como al mediodía, falleciendo en la derrota nuestro bravo e irreparable Bernabé Rivera, comandante Pedro Bazan, Alferez Roque Viera y nueve soldados”.

El resto del parte se limita a dar noticias insignificantes, dejemos esa hoja sobre la mesa de don Frutos; démosle la espalda al general, como acaba de hacerlo el Yuca Luna; hagamos que no escuchamos los no siempre sofocados sollozos, y vayamos unos dias atrás. Quiero llevarlos por fin, al mediodia nublado del miércoles 20 de junio de 1832.

Cuando comenzaba el asado, Gabiano accedió a contar su participación en Yacare- Cururú. Su versión fue mucho más prosaica.

Habían salido antes del alba, a las cinco de la mañana, para caer con las primeras luces sobre el potrero en el que se encontraban los Charruas.

A oscuras el baqueano torció el rumbo y los caballos, entumecidos por las semanas de fajina, demoraron en promediar un trote aceptable. Recién dieron con la precaria toldería en la mitad de la mañana, y solo pudieron apresar a parte de la chusma. Desde la noche anterior, Bernabé estaba obcecado. El cansancio y las ansias de capturar, de una vez por todas, al esquivo Polidoro lo habían turbado al punto de que había perdido esa gélida serenidad que lo caracterizaba en sus días de campaña. A las varias objeciones que alternativamente varios de sus hombres fueron planteando, tanto en la noche anterior como en esa mañana, advirtiéndole que se sentían tan rendidos como los caballos, respondía obsesivamente: ¡Es la paz, muchachos! ¡La paz y el orden!

Y en la marcha cuando el silencio se prolongaba y denunciaba el desanimo general, les gritaba: ¡Vamos, mis hombres! ¡Vamos! ¡Vamos, que ya los tenemos a esos perros!

A juicio de Gabiano dejo demasiados hombres en custodia de la chusma. Supuso, que Bernabé aparto a los que estaban mas cansados o descontentos, veía lo que como jefe tenia que mirar, pero igual no quiso darse cuenta de que tampoco los mas dispuestos estábamos en condiciones de combatir.

Sin descansar lo debido, partió en persecución de Polidoro, con dos docenas de hombres: de entrada éramos menos que ellos. Los encontramos demasiado pronto; y encima de una loma.

Pero ni eso lo hizo entrar en razón.

Polidoro por Christian Acosta

El gran cacique minuan Polidoro.

Clavo las espuelas, alzo la espada y se lanzo sin más, cuesta abajo, hacia la muerte. Viera salto tras el como un resorte. Uno de ellos, tan solo uno de ellos, al que Gabiano no pudo individualizar porque ya los veía de espaldas, grito dos veces:

¡Viva la Patria! ¡Viva el coronel Rivera! Gabiano sintió una inmensa pena.

Sobre todo, por Viera que tenia ganas de vivir y ser alguien.

Me dio pena que gritaban ¡Viva el coronel Rivera! ¿No se habían dado cuenta que ya había que darlo por muerto?

Por otra parte, al gritar, llamaron la atención de los Charruas.

La primera lanza fue para Bazan. Se la ensartaron, desde abajo hacia arriba, en el estomago y Gabiano vio asomar la punta en el costado izquierdo de su espalda. Por un momento quedo en vilo, suspendido en el aire, y su alazán lo abandono; siguiendo despavorido su galope y causando mas estragos entre la indiada que su jinete. El indio que lo había herido giro la lanza hacia su izquierda y lo dejo caer demasiado pronto, porque entonces se encontró con el sable vengador de Viera. Pero el alférez, sea que se apresuro, sea porque su caballo lo molesto al enredar sus patas en el cuerpo de Bazan, no acertó a pegar un buen mandoble, la hoja apenas rebano los músculos del hombro derecho del Charrua y ya no tuvo una segunda oportunidad: una, dos, tres lanzas lo atravesaron.

Fortunato Silva, la verdadera mano derecha de Bernabé, tampoco se había movido; ni en ese momento abandono esa sonrisa “desganada” que se dice que siempre tuvo (recordemos que abandono a Bernabé por cagon cuando este más lo necesitaba) dijo: ¡Que muertes al pedo! comento a Gabiano y más que ordenarle, lo invito preguntándole: ¿Vamos? Pero no aguardo la respuesta y salio sin más en un galope corto, que no aminoraron hasta que se dieron cuenta que los indios no se habían molestado en perseguirlos.

En el camino encontraron al capitán Arias, a pie, pero tambaleante. Estaba muy desangrado; ya se había arrancado la flecha. Lo recogieron y siguieron rumbo al campamento de Navajas.

De los soldados que estaban con nosotros en la loma, solo nos acompaño Lemos. Todos los demás desaparecieron. Esa noche, acampados a mitad de camino, porque Arias no resistía la marcha, acordaron no denunciarlos.

Vamos a darlos por muertos o por perdidos dijo Fortunato porque lo que hicimos nosotros no fue muy distinto de lo que hicieron ellos (esta reconociendo que huyeron cuando su coronel mas los necesitaba, lo abandonaron).

Arias deliraba por la fiebre y Melo y Gabiano asintieron sin discutir.

De noche, no encendieron fogón. Ninguno de los cuatro podía ni quería dormir. Despacito sin tener nada que comer solo un pedazo de charque, fueron vacilando los cuatro chifles de caña que llevaban. El que mas tomo fue Fortunato Silva y contó todo que había vivido y aprendido junto a Bernabé, siempre se refirió a el como si no hubiera muerto.

Una y otra vez Gabiano repaso para si la muerte de su jefe: no podía pensar en otra cosa. Parecía que necesitaba convencerme de que estaba muerto.

Volvía a aturdirle la gritería de la indiada: “! Bernabé, Bernabé! Y entonces a pesar de la muy débil duda que ya le había suscitado la cerrada negativa de Fortunato, volvía a ver a su coronel esperando doblado a los indios pero de pie y sable en mano; le leía en los labios y oía nítidamente, entre los alaridos jubilosos de la regalada venganza, esos gritos desgarrados, que el también profería con toda el alma ¡Bernabé, Bernabé!

Yo creo que el coronel gritaba su propio nombre. Pero no se porque lo hizo ni que quiso decir. A lo mejor ni el mismo lo pensó.

No se porque pero tiendo a confiar, cada vez mas, en el oído de Gabiano y a desechar la mayor serenidad de Fortunato. Por ello prefiero cerrar la relación de los hechos de Yacare Cururú con esta casi postrera imagen de Bernabé optando, casi sin otra alternativa, por una quieta espera de muerte, en guardia marcial, blandiendo el sable y gritando en la convicción de que afronta los últimos instantes de su existencia, un “Bernabé, Bernabé! Que lo enronquece la transida voz. Es probable que los alaridos de la indiada ya no le parezcan una amenaza, si no el último salvaje homenaje con que lo despide la vida (así termino el asesino y el traidor).

Gabiano llego a San Pedro de Durazno en las primeras horas de la noche del jueves 28 de junio de 1832, pero entrego el segundo parte de Navajas al mediodía, en la casa de don Frutos. El Yuca Luna  lo aferro del brazo derecho, lo había llevado como si fuera un preso, escoltado por cuatro hombres, al despacho del presidente. Las coplas que te transcribí y el clima festivo que imperaba tanto en la multitud que había invadido la casa, y la plaza, dejaron al sargento desconcertado. En la noche, el Yuca le dijo “tranquilo guacho, que ya te lo vamos a explicar”, se quedo manso en un rincón Gabiano, entregado por completo a lo que depararan los acontecimientos, “como pavo colgado de las patas”.

Cuando llego al despacho, don Frutos ya se había asomado a la ventana y no le podía ver la cara. Se había abrigado con un poncho y escuchaba el pericón con el que lo homenajeaban; inclinaba la cabeza en respuesta a saludos. Se había tomado ambas manos por detrás de la espalda y movía los pulgares. Cuando termino el baile la plaza estallo en vivas y cohetes. Don Frutos dejo que la gente diera rienda a su alegría y luego, alzando los brazos fue reclamando silencio. Cuando lo obtuvo, Gabiano más atónito, lo escucho decir:

¡Compatriotas! Estoy enfermo, pero me he levantado para que juntos festejemos lo que a esta hora debe ser una alegre realidad: la concreción de la libertad de mi hermano, el bravo coronel de la republica, don Bernabé Rivera (observen el cinismo del tipo el ya sabia que Bernabé habia muerto en Yacare Cururu y otros oficiales) mi compadre y amigo de todos nosotros. Hoy, el Durazno esta de fiesta. Se quito el luto. Mañana ocurrirá lo mismo en la capital. Solo un pequeño grupo, el de los obcecados anarquistas y facinerosos que porfían en tramar la ruina del nuevo estado, y que lamentablemente hay en algunas partes del país, incluso en esta villa, hasta donde han tenido la canallesca hipocresía de venir y estar ahora mismo aquí, fingiendo compartir nuestra alegría, están hoy y estarán mañana carcomidos por el odio y por el miedo, sumidos en tristeza y en el temor…

Gabiano creía estar soñando, el presidente que estaba hablando nada tenia que ver con el hombre abatido  y realmente enfermo que lo había recibido aquella tarde.

En ese instante, el estallido de un llanto llevo su atención hacia el rincón opuesto al que ocupaba. Sentada en una precaria silla, una mujer muy joven (la esposa de Bernabé), con un hermoso rostro, no podía acallar sus sollozos, era consolada por una negra que también tenía los ojos llenos de lágrima. Aquella escena, nada tenia que ver con lo que el general estaba diciendo:

“…muy pronto tendremos entre nosotros a este puntal de la patria (Bernabé), a este generoso defensor de nuestras libertades y, así como aplasto la sublevación de Bella Unión, colaborara conmigo para arrasar, con toda nuestra energía, a los cobardes y ambiciosos que no vacilan en dividir la republica.”

Gabiano temió, que Navajas en el parte que el mismo le había traído a don Frutos, hubiera exagerado la mínima posibilidad de que Bernabé no hubiera muerto en Yacare Cururú. Si así fuera, Fortunato Silva tendría su parte de culpa, ya que le comento a Navajas que ninguno de los que sobrevivieron habían visto morir a Bernabé y que tal vez por su deseo de no perderlo, el alentaba una esperanza. Juzgaba posible que los Charruas hubieran respetado la vida de Bernabé, para utilizarlo como prenda de un trueque ya que varios hechos del pasado permitían asegurar que los indios tenían el vivo deseo de recuperar a sus mujeres e hijos. Navajas coincidió con su opinión y redacto un segundo parte para cuyo envío escogió a Gabiano como chasque: como testigo presencial de los hechos, podrá disipar toda curiosidad del presidente, que yo no haya previsto.

Gabiano se tranquilizo al ver que don Frutos no le había prestado ningún crédito al parte. Antes de leerlo ya había dicho: ¡Vamos a ver que dice ahora este abombado!

Lo leyó rápidamente, lo tiro sobre la mesa y hundió pensativo la cabeza entre las manos. Después con el Yuca interrogaron a Gabiano.

El rostro de don Frutos demacrado y fatigado, fue trasuntando una creciente comprensión y Gabiano se decidió a no retacearle ningún detalle. No obstante al terminar, con mirada baja, oyó que Rivera le decía:

Usted no se da cuenta, Gabiano, yo lo voy a tranquilizar; le voy a decir lo mismo que Bernabé le diría si hoy estuviera aquí: usted hizo más de lo que se le podía exigir. Por lo que veo fue el único que estuvo al lado de mi hermano mientras valía la pena estarlo; eso no lo podrán decir ni Bazan ni Viera. En cambio usted me deja peor que antes: yo sabia que mi compadre había muerto, pero no me había pasado por la cabeza que se lo hubieran llevado con vida. Si así fue… ¡Dios me oiga y se haya apiadado de el!…

Se levanto del sillón y se refugio en la otra pieza. ¡Ándate Yuca! Grito don Frutos casi rabioso, andate. Sin embargo a tan escasas horas le estaba diciendo a la gente de Durazno: ¡Que siga la fiesta!…!Viva!…pero que digo?!Vive, Bernabé! ¡Y vive la patria!

Mientras en la plaza florecía un solo grito (“! Rivera, Rivera!”)

Pero la mirada del presidente se apago enseguida, fue el primer rasgo que acuso el cambio de ambiente y ya trasuntaba dolor y debilidad. Se dejo abrazar por el Yuca  y nada le respondió cuando el mulato, conmovido, le palmeaba sin prudencia las costillas (bien de chupa medias no?).

Don Frutos encaro a la dama del rincón, y vacilante, le puso una mano en el quieto y tenso hombro.

Gabiano vio que la muchacha puso sus manos en el regazo, pero no levanto sus ojos hacia el general. Pero el Yuca me dijo al oído el presidente acaba de repetir el parte que vos trajiste, ¡ojo guacho! Estas buenas noticias te la debemos a vos solito?¿.

En ese instante, Rivera, retirando su mano del hombro de la muchacha y sin saber que hacer con ella, le dijo:

¡Arriba ese animo, Manuelita! Va a ver usted que no exagere. Pronto lo tendremos a Bernabé, junto a todos nosotros (sigue el cinismo hasta con su cuñada y esposa de Bernabé) Gabiano se pregunto ¿Por qué todo esto?

Manuela Belmonte alzo los ojos hacia su pariente; movió su rostro con un gesto de negación o de repulsión tan instintiva, se reincorporo; siguió mirando al general y pareció que algo no precisamente grato le iba a replicar pero, repentinamente salio corriendo hacia la otra pieza.

Pero la atención de Gabiano fue capturada por la negra vieja, que en el camino en pos de la viuda de Bernabé se planto en jarras frente al presidente y le dijo, con voz de maldición: ¡Frutos! ¡Cada vez te reconozco menos!

La mano del Yuca se planto de nuevo en el hombro de Gabiano: ¡Había que confundirlos, guacho! ¿Vas entendiendo? Y, sobre todo, quitarles el pueblo.

Rivera no contesto nada a la negra, quien fuera su nodriza. Se derrumbo en el sillón que había dejado libre Manuela y respiraba con dificultad. Silenciosas, las lágrimas le corrían por ambos costados de la nariz, siempre tubo cerrado los puños con toda su fuerza, como si quisiera pegarle a alguien.

La suerte no podía abandonar a Bernabé así, tan de improviso. Demasiados trances habían sobrevivido para morir en escaramuza tan mínima. Minutos después el convocado era Fortunato Silva (quien abandono a Bernabé cuando este mas lo necesitaba) para enterarse que se le encargaba el mando de una partida exploratoria. Al partir grito: ¡Ya vera usted, comandante! ¡Salimos nueve y volvemos diez, y otro será el jefe!

Un griterío de apoyo broto desde los diversos puntos del campamento incluso del sector donde se encontraban los prisioneros de Bella Union (mmm). Fortunato decía que era porque tenían miedo a las represalias. Fortunato había propuesto pasar por las armas (como tantas veces hicieron con los Charruas) no en pie de venganza, sino como acto impuesto por la necesidad, había dicho: si son los presos los que lo atan, mi comandante, hay una forma fácil y rápida de salir del paso.

Navajas entendió al instante lo que se le proponía  y tardo demasiado en responder. Pálido clavo sus ojos más allá de los árboles. Pero cuando volvió a encarar a Silva, su voz era firme: vivimos en una republica teniente, y ni usted ni yo tenemos autoridad para cometer semejante atrocidad (con los Charruas no cometieron semejante atrocidad?) Fortunato insistió:

Todos juntos podríamos rescatar al coronel o por lo menos cumplir su ultima voluntad y terminar con los Charruas (pero no le dio el cuero pa rescatarlo cuando si era el momento) Navajas respondió: el jefe soy yo.

Cuando finalmente lo encontraron, el cadáver de Bernabé estaba boca abajo; descalzo, con la cabeza con la cabeza hundida en un pozo, los ojos sin cerrar y la nariz mutilada a filo de facon. El brazo derecho lo tenia abierto desde el hombro hasta la muñeca y lo habían despojado de sus principales venas.

Nota: Desde la altura se puede ver un árbol solitario llamado por los dueños de la estancia ( el tala del sacrificio ) según ellos en ese árbol estuvo por 2 o 3 días atado Bernabé Rivera ,suplicando por favor que no lo mataran y ofreciéndoles todo tipo de tratos a los Charruas, hasta que se hizo justicia ,por eso el nombre (el tala del sacrificio) y paradójicamente al lado del árbol se encuentra el bañado donde se lo encontró tirado a Bernabé días después, nos vinimos muy contentos al revivir esos últimos días de resistencia de aquellos Charruas, solo queríamos compartir esas imágenes de un lugar maravilloso y con mucha energía ,( salú a la Nación Charrúa ).

 Grupo Vaimaca Peru Bella Union

Lloviznaba, el uniforme cubierto de barro y hecho jirones, arrebatados todos los galones, era irreconocible. En el resto de los miembros, entra las desgarraduras de la ropa, se veía tumefacciones dejadas por profundos lanzazos. Fortunato se encargo de dar vuelta el cuerpo y al ver el rostro, y la boca abierta, obstruida por el barro, y una gran herida de gruesos labios en el pecho, a la altura del corazón, se arrodillo sosteniendo el cadáver de su jefe, entre sus brazos y comenzó a llorar como un niño.

Era evidente que la muerte de Bernabé se había verificado días después que la de sus compañeros. Los cuerpos de estos se encontraron en el mismo lugar en el que habían  caído. El de Bernabé fue hallado a más de mil metros de distancia, casi en la Barra de Yacare Cururú, ya monte adentro, donde había rastros de una precaria toldería Charrua.

No creo que lo hubiéramos conseguido rescatarlo con vida-dijo Fortunato a Gabiano– Los indios, antes de huir o de enfrentarnos, lo hubieran despenado. Pero también estoy seguro de que si no hubiera sido por el imbecil de Navajas hubiéramos podido acortarle la agonía que fue espantosa.

Tengo miedo- agrego Gabiano– de que uno de sus peores sufrimientos haya sido el de sentirse abandonado, porque murió solo, como si fuera un perro, sin que nadie hiciera nada por salvarlo.

Dibujo de Christian Acosta en acuarela liquida

Basado en el libro de Tomas de Mattos ¡Bernabé, Bernabé!

Esta es la cueva de yacare cururu a la que haciamos referencia anteriormente aunque ahora se la ve consumida por la vegetación y ya no podria entrar una persona caminando en la misma los propietarios del lugar nos dijeron que hace muchos años atrás aun se podia entrar en la misma auque ellos nunca se animaron a entrar totalmente
En el medio de la nada en yacare cururu donde parece que no llego la civilizacion aun, encontramos lo que para muchos de nosotros son reliquias , ((cuentas )) traidas por los invasores intercambiadas con nuestros antepasados


14 Respuestas a “YACARE CURURU LA ESPERADA Y TAN TEMIDA VENGANZA CHARRUA

  1. Disculpen mi ignorancia pero no me queda claro. Polidoro era el mismo Sepé ? Pero supuestamente Sepé sería charrúa y Polidoro minuan, o el enredo lo hice yo ? Si alguien puede explicarme lo agradezco. Un abrazo hermanos.

  2. Sepé fue demasiado bueno, yo le habría cortado la cabeza para ponerla en la lanza y escondido el resto del cuerpo privandolo (como él hizo) de un funeral y la despedida de su familia. Alguien debería que hacer una pelicula, sobre la valiente Nación Charrúa.

  3. Hola soy originario de topador la zona donde mataron a rivera se donde esta enterrado el indio q lo mato se relatos contados x mi padre la estancia se llama el indio ahi esta enterrado en un corral de piedras mi padre era indio topador era un asentamiento charrua esta antes de llegar a yacare cururu esto en la ciudad de artigas 4ta seccion del departamento! La historia es facinante una pena q pocos sepan l realidad y no se enseñe que este pais nacio despues de la masacre de sus verdaderos habitantes !!

    • Interesante relato Ruben, si podes contame mas o escribí algo para publicarlo, estuvimos hace años con el grupo Vaimaca de Bella Unión, en la estancia de Yacare Cururu, incluso nos mostraron el árbol donde se dice ataron a Bernabe mientras se debatía que hacían con el…

    • TENES RAZÓN AMIGO EL DEPARTAMENTO DE ARTIGAS Y SUS PUEBLOS ESTÁN PLAGADOS DE HISTORIA PERO CUENTAN SOLAMENTE DE TACUAREMBO PARA ARRIBA HAY POR YACARE ESTA EL CEMENTERIO INDÍGENA EN ESTANCIA EL INDIO LA OTRA.

  4. Estaría bueno que fueran a la estancia el indio que el dueño es un señor de apellido riani en esa estancia esta enterrado el indio q mato a Rivera el asesino!!

  5. Nunca había leído sobre esto realmente me encanto debería ser mas difundida estas cosas que la mayoría ignora .

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