LOS MALDITOS

POR: Martín Delgado Cultelli

12 de abril de 1831, ya había terminado la masacre. El día anterior de mañana se habían reunido más de 600 charrúas en tres puntos distintos. La mayoría en la Barra del Tihatucura sobre el Arroyo Salsipuedes. Otros yendo por el Salsipuedes hacía abajo, en la Cueva del Tigre. Los menos en las Puntas del Queguay. El gobierno hizo un trato con ellos. Tenían que ayudar al ejército de la nueva Republica a recuperar las cabezas de ganado que Brasil nos había robado. El charrúa odiaba al brasilero ya que veía en él al bandeirante del pasado y al derrocador del Padre Protector hace tan solo 11 años. Además el gobierno les había prometido que les respetarían sus tierras. Y el Presidente de la Republica era el General Fructuoso Rivera quien había servido a Artigas en el pasado. Don Frutos, como le llamaban, había conquistado las Misiones hace 3 años con la ayuda de los charrúas y se había traído a 6000 guaraníes misioneros consigo. Ellos habían escuchado como Don Frutos les prometía tierras, ganado y semillas a los guaraníes ahora era el turno del charrúa de recibir eso. Por eso accedieron al acuerdo con el gobierno. Como era costumbre después de un acuerdo importante los charrúas festejaban. El gobierno les trajo comida y mucha Caña (aguardiente) o como le decían ellos “quican”. Cuando estaban con la panza llena y medio borrachos había llegado la hora. El Presidente Rivera estaba vestido de traje y galera y con la banda presidencial como faja.

Grabado de época que muestra a Fructuoso Rivera vestido de traje y recibiendo un mate de un campesino

Don Frutos se dirigió al cacique Venado y dijo “Préstame tu cuchillo para picar tabaco”. El veterano guerrero saco su cuchillo o “tinú” y se lo dio al Presidente ¿por que iba a dudar? Esa era la señal. Rivera saca la pistola que llevaba en su cintura y dispara sobre el Cacique. De inmediato el Ejército de la Republica Oriental del Uruguay junto con las tropas del General unitario Lavalle y el Coronel del Ejército Imperial del Brasil José Rodrigues Barbosa atacaron a la distraída indiada. La matanza recién termino en el crepúsculo. Solo 300 mujeres y niños sobrevivieron. Cientos de cuerpos de decapitados, degollados y baleados fueron tirados en las aguas del Salsipuedes. El arroyo se tiño de sangre y el monte a sus orillas se callo. Otras tantas mujeres murieron ahogadas en sus aguas tratando de escapar de la caballería. Esa noche además de las violaciones a mujeres y niñas y de las cadenas impuestas hubo un llanto. Un llanto tan lúgubre que asustaba a la tropa. No era un llanto eran maldiciones. Maldiciones de las curanderas y ayudadas por la voluntad de todas las mujeres. Los Escuadrones Nº 2 y 3 de guaraníes de Bella Unión (los que había traído Rivera desde las Misiones) sabían perfectamente lo que eran esos cánticos. Rezaron toda la noche no solo a los Santos Cristianos sino también a los antiguos espíritus ya que la maldición era grande. Las mujeres pasaron toda la noche haciendo el Walicho más poderoso de todos. Esa sería su venganza aunque tuvieran que vender sus almas a los espíritus más bajos de todos. El primero en pagar sus crímenes fue Lucas Obes. Este era Ministro de Hacienda y Finanzas de aquel gobierno. Él fue el que recibió las solicitudes tanto de los comerciantes ingleses como de los terratenientes de que el gobierno emprendiera una Campaña Militar para deshacerse de los charrúas y poder así apropiarse de sus tierras. El gobierno británico accedía a donar armamento de elite al ejército nacional para que los cueros del interior del país llegaran a la ciudad puerto sin sufrir el riesgo de los malones. La oligarquía nacional accedía a financiar dicha campaña y a proporcionar los caballos para el ejército. Así que fue Lucas Obes quien convenció al Presidente de exterminar a los “infieles charrúas”. Dicho ministro solo tenía un hijo y dicho joven era un cabo del Ejército Nacional. Maximiliano Obes fue atravesado por un lanzazo del niño charrúa Cordua. De la poca resistencia que pudieron ofrecer los charrúas el asesinato del hijo del Ministro fue la más trascendental. El responsable de convencer al Presidente de tal acción pagaba el pecado de perder a su único hijo. Pero su calvario no terminaría ahí. Tan solo 5 años después de la matanza Lucas Obes moriría de una fiebre imparable. El siguiente en pagar sería el sobrino del Presidente y heredero político. El Coronel Bernabé Rivera quien no solo participo en la matanza de Salsipuedes sino que se encargo de perseguir y aniquilar a todas las comunidades restantes. El Coronel y preferido del presidente pasaría más de un año matando indígenas. Pero en junio de 1832 le llegaría su hora. Estaba en la frontera norte de la Republica buscando a un grupo de guaraníes alzados cuando recibe la noticia del avistamiento del Cacique Polidoro. Desde el Salsipuedes Bernabé venia persiguiendo al cacique más astuto y desconfiado de los charrúas. Allí sucedió la Batalla de Yacará Cururú en donde los charrúas guiados por un odio ciego arrasaron con todo un Regimiento del Ejército Nacional. Bernabé no moriría en el campo de batalla sino que será secuestrado y torturado brutalmente durante días hasta que su corazón sea atravesado por una lanza. El ajusticiamiento de Bernabé no solo fue un castigo para él sino también para su tío. Le habían arrebatado a su heredero político, a uno de sus mejores oficiales y a su querido sobrino.

Captura del Coronel Bernabé Rivera en Yacaré Cururú

El siguiente será el comandante de las fuerzas brasileñas que actuaron en Salsipuedes, Coronel José Rodrigues Barbosa. A él se le había ocurrido tirar los cuerpos en el arroyo Salsipuedes y teñirlo de sangre. Ofendió al espíritu del río y el espíritu del río se lo llevo. En 1835 mientras intentaba cruzar a caballo un río una correntada lo arrastro y lo ahogo. En 1835 también murió el General Laguna del Ejército de la Republica y Ministro de Guerra y Marina. El Tuna Silva y Pepe Raña dos oficiales del ejercito uruguayo que participaron en el planeamiento de la emboscada y que eran como hermanos recibieron un castigo deacuerdo para ellos. En la guerra civil que vendría en 1838 el Tuna atravesara de un lanzazo por la espalda a su querido amigo por haberse ido al bando opositor. Mientras tanto El Tuna será acribillado a balazos al final de esa guerra en la ciudad de San Carlos. A balazos también morirá Lavalle solo que en Jujuy. El General Garzón que luego de la muerte de Bernabé se convertiría en el heredero político de Fructuoso contrajo una sífilis que lo matara en 1851 cuando fue electo Presidente de la Republica. Los medico habían diagnosticado que la enfermedad venérea la había contraído entre 1831 y 1832, los años de la Campaña contra los Charrúas. Venancio Flores otro oficial del ejército si llego a ser Presidente y cuando no pudo fue Dictador. Bajo su gobierno de Facto Uruguay ingreso en la Triple Alianza que arrasaría al Paraguay. Los blancos furiosos de la represión que sufrían por opositores y en venganza de que Flores haya destruido la ciudad de Paysandú decidieron apuñalarlo. Recibió puñaladas de más de ocho personas distintas.

Todos habían muerto en sangre y sufrimiento y el Presidente Fructuoso Rivera no se salvaría. Después de vivir varios años en Río de Janeiro y cuando el convulsionado Uruguay se empezaba a calmar de su guerra civil decidió volver. Decidió ir en barco desde Río de Janeiro ha Porto Alegre y de ahí por tierra. Enseguida después de cruzar la frontera uruguaya cayó en cama por una tisis. El opulento ex presidente moriría en un rancho de techo de paja y paredes de barro cerca de la frontera con Brasil y escupiendo sangre. Se ahogaría en su propia sangre y con los pulmones podridos igual que Laguna. Pero el walicho de las curanderas charrúas no solo fue a la oficialidad del Ejército combinado (recordemos que había tropas argentinas y brasileñas) sino que también iba dirigido a los guaraníes. A los traidores de su propia raza indiana. Al año siguiente de Salsipuedes los guaraníes de Bella Unión se rebelaran y le exigirán al gobierno que les de el ganado, las semillas y las herramientas que les había prometido. Los rebeldes llegaran a sitiar la ciudad de Salto pero el experto “cazador de indios” Bernabé Rivera se encargara de combatirlos. Los guaraníes misioneros alzados morirán en el Río Uruguay acribillados a balazos desde la costa y desde lanchones de guerra. Hubo un grupo de guaraníes que permaneció fiel a Rivera y por lo tanto fueron compensados con tierras en el Río Yí. Dicha comunidad se llamara San Borja del Yí. Cuando llega la guerra civil los colorados (partido político de Fructuoso Rivera) les exigirán que peleen  de su lado. Así la mayoría de los hombres van a las trincheras de Montevideo y a los campos de batalla del país. Durante este tiempo Luisa Tiraparé liderara al colectivo misionero. Su comunidad era sumamente prospera. Tenían muchos animales, buena producción de cereales y hortalizas y obtenían dividendos del comercio de estatuillas de santos. Los mejores Santos eran los de los guaraníes. Debido a la alianza con los colorados los blancos (partido político rival) destruyeron la comunidad en 1843. Al terminar la guerra civil y haber paz momentánea, Luisa Tiraparé refunda el pueblo en su mismo lugar. Este segundo periodo del poblado se caracterizo por la miseria y por los ataques de estancieros deseosos de sus tierras. A pesar de todo lograron recuperar varias cabezas de ganado y empezar a repuntar. Debido a las quejas de los hacendados en 1863 el Parlamento vota la disolución del poblado de San Borja del Yí y si los pobladores se resistían se iba a utilizar la fuerza para el desalojo. Luisa le pregunto a un curandero que aun mantenía la espiritualidad propia de los guaraníes de por que les sucedían todas esas desgracias. El viejo le contesto que estaban malditos. Malditos por ayudar al gobierno a masacrar a los charrúas. Malditos por no haberse plegado a los rebeldes en 1832. Estaban condenados a tener el mismo fin que los charrúas. Durante el desalojo se incendiaron las casas de los guaraníes, se asesino a los que resistieron, se violaron a las mujeres y saquearon cuanta cosa de valor había. Un grupo de guaraníes para evitar que saquearan la iglesia agarraron todos los objetos religiosos de esta y se arrojaron a una laguna cercana con ellos. La gente del lugar cuenta que por las noches se escuchan campanadas y ruidos raros. Lo cierto es que hace poco un pescador encontró en el fondo del lago una pila bautismal. Hoy en día se encuentra en el Museo Casa de Rivera de la ciudad de Durazno. Malditos los militares y políticos por haber masacrado y esclavizado a los charrúas. Malditos los guaraníes por haber traicionado a sus hermanos charrúas y defender al gobierno opresor. Malditos los charrúas por ser los originarios de esta tierra.

"Rivera y su pesar del Genocidio Charrúa" dibujo de Christian Tacuabe Acosta tecnica acuarela liquida..

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6 Respuestas a “LOS MALDITOS

  1. digo solamente que rivera no merece tener una avenida con su nombre ya que solo fue un asesino

      • Muchas gracias por la aclaración. Creí que era una obra escrita en nuestros dias, por el uso de las palabras debe ser de la época entonces. Sigamos difundiendo la verdadera historia de nuestros abuelos.

  2. Lamentablemente la destruccion de los pueblos originarios sigue en la actualidad. Han sido condenados a ser miserables en tu propia tierra.

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