NO CONFORMES CON SALSIPUEDES AHORA QUERIAN EL EXTERMINIO DE LA RAZA CHARRUA RELATOS DE GABIANO Y DOCUMENTOS

Por logica primero me basare en documentos que saque del libro de Eduardo Picerno y tratare de alternarlos con los relatos de Gabiano que he venido extrayendo del libro de Tomas de Mattos !Bernabe, Bernabe!

1831-07-26-Transcripción-Carta de Bernabé a Laguna, estrategia contra los indios fugados

“Señor Don Julián Laguna

Daimán Julio 26, 1831

Mi general y amigo: he recibido su muy apreciable fecha de ayer, y arreglado a la comunicación oficial que me remitió espero nuevas órdenes de usted.

Yo no dudo que los charrúas sean muchos más de lo que pensamos pero es preciso advertir que hay mucha exageración. Lo único que he podido saber de los indios, es que están por Arapey Chico, yo creo mi general que con tres partidas de cuarenta o cincuenta hombres cada una, podría hacérseles algo a pesar de la escabrosidad de los lugares que habitan. El llevar mucha fuerza puede privarnos el que tengamos tanta movilidad como ellos. Soy de parecer que estaré mejor en Sopas en la Estancia de Don José Cantos porque a más que me será [más?] fácil saber de los indios, me pongo en con tacto con la fuerza de Bella Unión. Y estoy en un lugar más [apropiado?] para cortarles la retirada, si como espero hacen ellos alguna entrada en esta luna a robar caballos.

En fin usted me ordenará en la certeza que tengo el mayor interés en la conclusión de esta plaga [resaltado nuestro]. En ese destino se han de decir muchas veces que son más de cien indios pero no creo que pasen de cincuenta y estos muy asustados. Yo espero me haga el bien de contestarme pronto y mandar a su muy servidor y amigo.

Bernabé Rivera”

El mismo día que Gabiano partió hacia el sur, Bernabé salio al mando de una compañía. Unos baqueanos habían regresado y le informaron que habían avistado una docena de Charruas en el arroyo Cañitas; otros de que un grupito de indios había sido divisado en lo alto del Cerro Pintado.

Bernabé no vacilo y rumbeo hacia Cañas. Al día siguiente, le delataron donde se escondía Venado. (Aquí terminamos de comprobar que Venado no fue emboscado al otro día de Salsipuedes en Cueva del Tigre sino el cacique Brown y Rondo)

Era un lugar escarpado y sucio, que sin ser inexpugnable, causaría muchas bajas a su gente si pretendía atacarlos frontalmente. Resolvió enviar a un tape como emisario ante el Cacique y le instruyo plantearle tres preguntas. Primera, si creía o no que el general Rivera estaba o no borracho cuando echo mano a su pistola; segunda, si había oído el grito del Yuca Luna; tercera, si quería o no paz con el gobierno lo cual permitiera reunirse en Durazno con las mujeres y niños de su tribu, antes que fueran llevados a Montevideo.

El tape tenía orden de hablar pausado y tranquilo, serio y sin sonrisas. Cuando terminase de repetir las preguntas, haría una pausa y expresaría a Venado que si contestaba que no a las 3 preguntas, Bernabé lo exhortaba, en nombre del gobierno y le rogaba, en atención a la amistad que habían tenido, que para evitar nuevas efusiones de sangre, vadease el Uruguay y no pisara mas nuestra Patria y que si, en cambio, respondía que si, debía también expedirse si estaba dispuesto a que el coronel solo y desarmado, lo visitase en su campamento, para negociar de inmediato la paz definitiva y empezar a cicatrizar el terrible malentendido que ambas partes habían padecido.

Bernabé despacho al tape Ignacio diciéndole: vamos a ver cuan sobada tiene esa lengua hoy, Sacristán.

Cuando el tape ya había vadeado el arroyo y comenzaba a hablar con los Charruas, algún gesto vislumbro Bernabé que lo esperanzo y dijo sobre todo a Fortunato Silva ¡Lo preveía! Venado no es Polidoro. No sabe dar por perdido lo perdido.

De pronto llamo al teniente Labandera, la conversación fue breve y no hubo discrepancia hacia la orden.

Desde entonces, habrán transcurrido cuatro minutos hasta que regreso el tape Ignacio.

Todo salio como usted quería, coronel-le dijo-. Venado lo espera. Pero me dijo que le avisara que no confía en usted; que lo va a recibir porque lo necesita para soltar a las mujeres y a los hijos de la tribu. Me dijo que nunca se va a olvidar de que don Frutos estaba mamado y usted no, y que se escondió como un ñandú bajo un quillapí. Y termino diciendo que usted sepa hacer y ordenar como un jefe sabio y prudente, porque al primer movimiento raro que hagamos, a usted lo matan.

Apenas hablo el tape, Fortunato Silva no supo callar:

Coronel piénselo bien…lo van a secuestrar para presionar al presidente. ¡Gran servicio le esta usted por hacer a don Frutos!

Como que me llamo Bernabé eso no va a ocurrir, pero si sucede Labandera sabe lo que hacer, atacar a mansalva; que no quede un indio vivo aunque no se me rescate con vida. Esa fue la respuesta y marcho hacia el campamento de los indios.

Media hora después, regreso Bernabé. Aparentemente su gestión fue exitosa. Les explico con vos transida, que todo había sido un terrible y trágico mal entendido. Don Frutos a pesar de tener el tabaco en mano, interpreto mal el gesto amistoso del indio que, estando a su lado, desenfundo el cuchillo sin que el se lo pidiera y tendió para que picara el naco. Y peor sucedió con la gente que estaba algo lejos, como el Yuca Luna.

Venado consulto a su gente. Todas las propuestas de Bernabé fueron aceptadas, aunque abundaron los gestos y las entonaciones de desconfianza, rencor y resignación. La tribu se sometería a la autoridad del gobierno, entre las dos ramas del Arapey, se le asignase; recibiría de inmediato una carta dirigida a don Frutos, donde luego, ante el compromiso celebrado, se le requería la devolución de todos los viejos, las mujeres y muchachos cautivos; y en prueba de la buena fe entre las partes, Bernabé los acompañaría durante los dos primeros días de marcha, para preservarlos de eventuales ataques de otras compañías, hasta tanto fuesen debidamente avisadas, sino que luego, cuando se despidiera, les entregaría al oficial teniente Labandera, para que sirviera de rehén durante el camino, de guía y de gestor en Durazno, ante don Frutos. Pero para que Venado en nada dude de su amistad, de inmediato quedarían en igualdad numérica ya que despacharía a Silva hacia el sur con los 50 hombres que hacían la diferencia con los indios.

Venado lagrimeo- cuando cerraron el trato y Bernabé se levanto y tendió los brazos, obligándolo a recibirlo en los suyos. Ambas orillas festejaron con vítores. Silva culmino este relato comentándole admirado a Gabiano: ¡El coronel era un genio, reconocido como tal por el propio Lavalle!

Desde ese momento Venado se entrego a la confianza de Bernabé y este a la del Charrua. Durante dos días, indios y blancos cabalgaron juntos, trece y trece, cada uno con sus armas. Interrogado por Bernabé el indio paso las horas contando los hechos de su vida.

Al amanecer del tercer día, Bernabé se acerco a Venado, en compañía del teniente Labandera, le entrego la carta y se despidió. Les explico que esa noche descansarían en la estancia del viejo Bonifacio Benítez, y allí encontrarían charque, yerba y tabaco en cantidad suficiente.

Plano estancia de Bonifacio

Los indios y Labandera sometieron a una angustiosa espera al viejo Benítez, a Fortunato y a los veinte hombres que este había retenido y encerrado desde la media tarde en el galpón. El viejo Bonifacio había enviado a toda su familia y peones hacia una estancia lindera, sin ocultar su enojo ¡Bernabelito esta abusando de mi!

Los indios llegaron pasada la medianoche. Labandera pidió al capataz que los dejara entrar a la cocina a prepararse algo, porque desde el mediodía no comían.

Al entrar dejo su espada al costado de la puerta, y todos los indios, menos un arquero, lo imitaron y dejaron sus armas en el mismo lugar (afuera de la cocina). Apenas se encendió el fuego en el fogón de la cocina, el teniente quejándose del frío cerró puertas y ventanas: Ahora tenemos que calentarnos por dentro, les dijo y la indiada se refregó las manos cuando vio que comenzaba el reparto de aguardiente y tabaco.

Apenas encendió el cigarro, Labandera frunció un instante el el ceño, y dijo me disculpan un momento. Al salir piso el cigarro- que era la señal indicada por el propio Bernabé y puso rápidamente tranca en la puerta. Su misión estaba cumplida, el resto el trabajo mas sucio, dependía de sus compañeros.

Fortunato y sus hombres rodearon por entero la cocina. Se arrimaron a las aberturas y con las carabinas hicieron una primera descarga. Después repitieron la maniobra con las pistolas. La puerta parecía que se iba a deshacer. Efectuaron una tercera descarga y el clamor que era lo único que escapaba de adentro menguo muy considerablemente. Ya no parecía que la tierra temblaba. Era-dijo Fortunato– como si estuviéramos en la boca del mismo infierno y deberíamos contener a una legión de demonios.

Recargaron las armas y efectuaron sucesivas descargas. A los alaridos de los indios no tardaron en sucederles débiles quejidos. Los soldados forzaron con precaución una hoja de la ventana.

El indio nos gano bien el cuero, no lo vi moverse, porque estaba caído y cubierto por uno o dos cuerpos. Lo que vi fue el bulto de la flecha que venia hacia mí. Como no tuve tiempo de calcular la velocidad, me di por muerto se le quejo Fortunato a Gabiano en la terrible e  interminable madrugada de Yacare Cururú.

Pero no se si porque el indio que tenia encima lo entorpeció o porque ya no tenia fuerzas, la flecha apenas alcanzo la pared, bastante por debajo de la ventana, había cinco flechas incrustadas en la madera.

De inmediato sonaron unos seis disparos pero ya no había peligro porque no disponía de flechas.

Foto cocina de Bonifacio y piedra La Negra.

Pocas o ninguna escena encontraremos, que nos visualice mejor que esta la encrucijada en que se hallaban los Charruas. Apretados entre muros, apuntados por enemigos impunes, encerrados sin salida, carentes de más recursos que un arco y pocas flechas.

Desde las aberturas, Fortunato vio que dos o tres cuerpos se movían convulsos. Les tuvo lastima, saco su daga y enfilo hacia la puerta para dársela a un soldado de los mas jóvenes, para que “se hiciera las cosas de la guerra”. Los despenaron. El primero de los “ayudados a morir” fue el propio Venado.

Hay que ser civilizados-les decía Bernabé-. Nunca hay que estirar sin razón el sufrimiento de otros. ¿Qué cínico e irónico no? que justo Bernabé diga esto…

 Fuentes y bibliografia: documentos y fotos del libro de Eduardo Picerno “El Genocidio de la Poblacion Charrua” y testimonios basados en el libro de Tomas de Mattos !Bernabe, Bernabe!

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6 Respuestas a “NO CONFORMES CON SALSIPUEDES AHORA QUERIAN EL EXTERMINIO DE LA RAZA CHARRUA RELATOS DE GABIANO Y DOCUMENTOS

  1. Hola inchalá, no me queda claro, que dia exactamente le dan muerte al Cacique Venado y sus guerreros, por favor si tienen esa información me gustaria que me la hagan saber. Muchas gracias.

    • Fíjate las fechas de las cartas pero fue aproximadamente entre junio y julio, meses después de la masacre de salsipuedes, acordate que venado pudo escapar de la emboscada en salsipuedes pero después fue asesinado es decir el genocidio arranco en salsipuedes pero siguió incluso por mucho tiempo después…salud!

      • Muchas gracias. Y fuerza, sigan informando y manteniendo este blog, tenemos muchas cosas para cambiar. Un buen ejemplo de homenaje y memoria, es lo que hacen los nativos norteamericanos, está muy interesante. Un abrazo.

  2. asesinos, intrusos, los charrùas eran los dueños de estas tierras antes de todos esos cobardes europeos que vinieron a saquear nuestra cultura., pero sepan q el gen charrua no se termina y por el contrario cada vez se fortalece en la sangre de sus desentiendes
    .

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