30 DICIEMBRE 1848. REFUTACION DE EL DEFENSOR DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA A LA CARTA DE RIVERA PUBLICADA EN EL IRIS

 

Una inteligente demostración de los errores o faltas a la veracidad de los hechos que Rivera expone en su carta: que los Charruas nunca fueron aliados de los ejércitos orientales, que se cumplieron ordenes de gobierno al destruirlos, y otros.

 

Fuente: diario El Defensor de la Independencia Americana, diciembre 30 de 1848. También se encuentra trascripto por el investigador José J. Figueira, en el Boletín Histórico del Ejercito, Nº 193-196.

(Parece haber sido atribuido al Brigadier General Don Antonio Felipe Díaz)

Foto diario

Foto tomada del diario El Defensor de la Independencia Americana anunciando carta de Rivera que ha publicado en el diario el Iris de Río de Janeiro.

Este editorial del diario El Defensor de la Independencia Americana, de inspiración oribista y rosista, ofrece una copia de la acusación que el diario El Americano de Brasil hace contra Fructuoso Rivera respecto a la destrucción de los Charruas, luego expone la contestación que Rivera da a El Americano en una carta que publica el Iris y de paso hace una penetrante critica y refutación de la carta de Rivera.

Este editorial se publico a raíz de la polémica entablada entre los periódicos brasileños El Americano y el Iris.

El Americano increpaba a Rivera por algunas faltas de ética y de sentido humanitario, principalmente por la destrucción de los Charruas.

Posteriormente, en la publicación del Iris de 1 de noviembre de 1848, Rivera ofrece su contestación final a estas polémicas, en carta fechada 30 de octubre de 1848.

En base a esta carta de Rivera, el diario uruguayo El Defensor de la Independencia Americana realiza una publicación en que refuta lo dicho en la misma. La respuesta se le atribuye a Antonio Felipe Díaz.

En el Defensor si bien este comentario que se ofrece es realizado por opositores políticos de Rivera, se entiende que son validos algunos de los razonamientos y conceptos que se vierten.

Se podrá observar que hay una coherencia lógica en el análisis que se hace de la carta de Rivera.

 

Comienza el editorial de El Defensor.

Ofrecimos en nuestro número del 22 del corriente tratar en breve de la carta que el famoso anarquista y renegado americano Fructuoso Rivera había dirigido al Iris de Río de Janeiro y que este inserta en su número del 1ª de noviembre pasado. Vamos a cumplir esa promesa.

El motivo de la carta es este: El Americano, periódico publicado en aquella corte y cuyas excelentes producciones conocen nuestros lectores por la parte de ellas que hemos copiado en las paginas de nuestro Defensor, negándose con mucha razón a reconocer en Rivera la índole humana que le atribuyeron en otra época sus panegiristas, cita el caso de la destrucción de los Charruas de esta manera:

Dice el Americano

 

“Humano Rivera?! Pues bien; convendremos, con tal que nos diga que es humanidad uno de sus muchos hechos- la destrucción de los Charruas. Expondremosla, aunque con mucha brevedad.

Entre las tribus indígenas que los descubridores del Plata hallaron en su margen Oriental sobresalía la de los Charruas; belicosísimos, nunca doblaron la cerviz al yugo europeo. Habitaban últimamente los campos del Norte del Estado Oriental, y eran aliados de Rivera. Sus campos, fértiles por desgracia de ellos, fueron considerados como buen medio de hacerse de dinero con su venta; pero para eso era forzoso concluir esa tribu.

La traza de que con este fin se valió Rivera fue fingirse en desavenencia con los Charruas, procurar después su amistad, juntarlos en un punto para ajustar paces, al de los indios y, entonces cuando estuviesen desarmados y entregados a la buena fe de su amigo, caerles encima con un ejercito y exterminarlos.

Ejecuto el proyecto como lo había trazado, y de la tribu de los Charruas sobrevivieron veinte apenas, que fueron llevados a Europa, como objeto de curiosidad.

(En realidad fueron llevados 5 a Europa, el primero de los cuales, Mataojo, murió en el Mediterráneo y varios a las Malvinas, pero los sobrevivientes fueron muchos mas de veinte, solo a Montevideo llegaron 169 prisioneros).

Desocupados los campos, fueron inmediatamente vendidos a río grandenses; quizás de este dinero y de otro habido de igual forma ha sido Rivera generoso.

Más si este hecho que dejamos mencionado, es de hombre humano, dejamos a la conciencia del redactor del Iris que lo juzgue.

A esta acusación de El Americano responde Rivera en su carta pretendiendo vindicarse. Pondremos sus propias palabras publicada en el Iris.

“Fácil me fuera, dice, mostrar al Americano cuales eran todos los terrenos al Norte del estado Oriental, quienes son los que los poseen, y de que manera los adquirieron; probándole así cuan equivocado esta en lo que ha escrito; que allí, en el tiempo a que se refiere, no tenían los Charruas propiedad de ninguna especia, ni fueron señores de mas tierras que aquellas que pisaban.

Podría ocuparme de lo que fueron los Charruas; de los inmensos males que, desde tiempo inmemorial, hicieron a la republica y al Brasil; de sus depredaciones y ferocidades; de los esfuerzos vanos hechos por varios gobiernos para subyugarlos; de la noble sangre por ellos derramada, en la cual abulta de mi hermano Bernabé, del joven Maximiliano Obes, del teniente Pedro Bazan y de otros muchos orientales; y de cuanto en fin fue patente para que el gobierno constitucional de acuerdo con las cámaras legislativas resolviese su total aniquilamiento.

Si me cupo a mi la fortuna y la gloria de acabar con una horda de salvajes nómadas y feroces, abrigada en las escabrosidades del país, hice lo que otros no pudieron alcanzar antes de mi, y cumplí las ordenes del gobierno, con gran satisfacción de las poblaciones, que por tantos años fueron victimas de correrías, robos y muertes de aquellos bandidos.

Pero me limitare a los hechos inventados (por El Americano).

Comienza refutación a los disparates y mentiras que acaba de escribir Rivera.

 

Es falso que hubiese necesidad de traicionar los salvajes para destruirlos: ni estos salvajes fueron nunca aliados del gobierno Oriental, ni los Orientales con quienes yo tuve la fortuna y la honra de combatir por mas de 35 años, en mas de cien batallas, podían tener tales hombres, desde que por utilidad general se decretaba su exterminio.”

Continúa editorial de El Defensor:

Visible es el embarazo en que se ha encontrado Rivera para contestar a la narración del Americano, llena por cierto de mucha verdad y exactitud, salvo en algunas circunstancias insignificantes. De aquí nace el mal forjado artificio de su defensa.

Se agarra primeramente a la observación de que los Charruas no eran dueños de los campos que ocupaban, como para que se entienda que no había necesidad de destruirlos para vender estos campos, y que por consiguiente no puede ser cierto el motivo que da El Americano a la bárbara medida de exterminar esos indígenas.

Esta objeción es mas especiosa que sólida, y solo en un país extraño donde pocos son los que pueden estar instruidos a fondo de las cosas del nuestro, en este punto particularmente, ha podido hacerse con el aire resuelto con que la vierte Rivera.

Es cierto que los Charruas no tenían, a lo menos no se les reconocía, la propiedad de los campos en que de ordinario residían; pero también lo es que el solo hecho de estarlos ellos ocupando alejaba los compradores de estos terrenos y reducía su precio a un valor ínfimo.

Para lograr su venta y que fuese buena, era pues necesario sujetar a los Charruas y reducirlos; pero, aunque esto podía hacerse por los medios que la política ilustrada aconsejaba, y que la humanidad y la misma religión prescribían, como toda lentitud exponía a que no se cogiese el fruto que se quería sacar de la operación, se adopto el camino mas breve y mas directo sin pararse en escrúpulos.

Tal vez no haya un solo hombre del país medianamente instruido en sus sucesos políticos que ignore que el exterminio de los Charruas fue un pensamiento calculado para satisfacer la codicia de Rivera y entrar en las vastas usurpaciones que meditaba como base del predominio que se proponía conquistar en su patria.

Quiere Rivera descargarse de toda responsabilidad fingiéndose un simple ejecutor de ordenes que había recibido del gobierno, suponiendo que este, de acuerdo con las cámaras legislativas, había resuelto el total  aniquilamiento de los Charruas; pero esto es absolutamente falso.

No hubo tal resolución del cuerpo legislativo; ni tales órdenes del gobierno. Desafiamos a que se nos muestre un solo documento, no ya que lo pruebe, que lo indique siquiera.

Esa resolución, así como el plan y la ejecución, fueron obra exclusiva de Rivera.

Si no fuese eso una cosa sabida de todos, bastaría para mostrárselo bien claro un documento oficial subscripto por el, que mas adelante copiaremos.

(Esto último referido a que no hubo resolución del cuerpo legislativo ni de gobierno sobre que había que aniquilar a los Charruas es correcta; se ha revisado toda la documentación producida por los órganos de gobierno y parlamento. Etc., y no se ha encontrado ni una sola mención al respecto del tema).

 

Un solo hombre, según se cree, fue el que estuvo desde el principio en el secreto de la suerte a que eran destinados los infelices Charruas, y es opinión muy valida que, por consejo e instigación suya, se decidió Rivera.

Este hombre, gran privado, ardiente partidario y sujeto de toda la confianza de Rivera, fue (Lucas) Obes, a quien parece que la providencia deparo el mas cruel castigo, como el autor de uno de los hechos mas atroces que haya alumbrado la luz del Sol.

(Se refiere a la muerte a manos de los Charruas en Salsipuedes de su hijo integrante del ejército, Maximiliano Obes que ignoraba cuando recibió la orden de incorporarse al ejército, el objetivo de esa operación militar).

Si es grande la imprudencia de Rivera en atribuir a otros, contra la verdad conocida, la resolución de acabar con los Charruas, mayor es aun en poner la muerte que estos dieron a su hermano Bernabé, al hijo de Obes y a Bazan, por una de las causas que movieron, como dice, al gobierno constitucional y a las cámaras legislativas a decretar la destrucción de los Charruas; puesto que de estos tres, el uno murio al ejecutarse esa destrucción en Salsipuedes (Obes), y a los otros dos (Bernabé y Bazan), mucho después. No fue, pues, para vengar su muerte que se destruyo a los Charruas, sino que, al contrario, estos los mataron para tomar venganza de la que se había dado a los suyos. Transcribiremos aquí dos documentos que desmienten, a no poderse replicar, la desvergonzada falsedad de Rivera:

“Cuartel general, Salsipuedes, Abril 12 de 1831.

Después de agotados todos los recursos de prudencia y humanidad; frustrados cuantos medios de templanza, consideración y dadivas pudieron imaginarse para atraer a la obediencia y a la vida tranquila y regular a las indómitas tribus de Charruas, poseedoras desde una edad remota de la mas bella porción del territorio de la republica, y deseoso, por otra parte, el presidente general en jefe de hacer compatible su existencia con la sujeción en que han debido conservarse para afianzar la obra difícil de la tranquilidad general, no pudo temer jamás que llegase el momento de tocar de un modo practico la ineficacia de estos procederes neutralizados por el desenfreno y malicia criminal de estas hordas salvajes y degradadas.

En tal estado, y siendo ya ridículo y efímero ejercitar por mas tiempo la tolerancia y el sufrimiento, cuando por otra parte sus recientes y horribles crímenes exigían un ejemplar y severo castigo, se decidió a poner en ejecución el único medio que ya restaba, el sujetarlos por la fuerza.

Mas los salvajes, o temerosos o alucinados, empeñaron una resistencia armada, que fue preciso combatir del mismo modo para cortar radicalmente las desgracias que con su diario incremento amenazaban las garantías individuales de los habitantes del estado, y el fomento de la industria nacional constantemente depredada por aquellos.

Fueron en consecuencia atacados y destruidos, quedando en el campo más de 40 cadáveres enemigos, y el resto, con 300 y más almas, en poder de la división de operaciones.

Los muy pocos que han podido evadirse de la misma cuenta son perseguidos vivamente por diversas partidas que se han despachado en su alcance, y es de esperarse que sean destruidos también completamente, si no salvan las fronteras del estado.

En esta empresa, como ya tuvo el sentimiento de anunciarlo al eximo Gobierno, el cuerpo tuvo la enorme y dolorosa perdida del bizarro joven teniente Maximiliano Obes, que como un valiente sacrifico sus días a su deber y a su patria; siendo heridos a la vez el distinguido Gregorio Salado, los capitanes Gregorio Verdum, Francisco Benítez, y seis soldados mas.

El presidente general en jefe no puede menos de recomendar al exmo. Gobierno la brillante conducta, constancia y subordinación que en esta jornada y en el curso de las anteriores de la campaña han desplegado los señores jefes, oficiales y tropas de los cuerpos expedicionarios, y muy particularmente los recomendables servicios que en ella han rendido el general Julián Laguna y el coronel Bernabé Rivera, como igualmente los demás jefes y oficiales del estado mayor divisionario, y edecantes del general en jefe han llenado honorablemente sus deberes.

El mismo reitera al gobierno las seguridades de su más alta consideración y distinguido aprecio con que se tiene el honor de saludarle.

Fructuoso Rivera; Exmo. Gobierno de la Republica

(De El Universal del 18 de abril de 1831)”

No se ha encontrado esta documentación supuestamente enviada por el presidente Rivera al gobierno de la Republica. Se transcribe carta de Navajas a Rivera, publicada en El Defensor.-

 

1832-06-21-Foja 1-T-José Navajas informa al Presidente Rivera sobre operativo contra charrúas y muerte de Bernabé Rivera a manos de los indios.

 

Rincón de Cuareim sobre el Uruguay

Junio 21 de 1832

El que firma participa al Excelentísimo Señor Presidente de la República que hace cinco días marchó el Señor Coronel Don Bernabé Rivera con una fuerza compuesta de los capitanes Don Rosendo Velazco, Don Máximo Arias, Teniente Don Fortunato Silva y Don Roque Viera y sesenta individuos de tropa a perseguir sobre el Cuaró al Indio Agustín Napacá, único de los Misioneros sublevados que a la cabeza de cuarenta hombres perturbaba la tranquilidad de este Territorio.

En este momento se ha reunido al infrascrito el Capitán Don Máximo Arias herido de un lanzazo en la tetilla izquierda con el Teniente Don Fortunato Silva y cuarenta hombres, y comunicando la funesta noticia que habiendo atacado antes de ayer al rebelde Napacá en la Costa de Cuareim frente a Yarado lo obligaron a refugiarse en la frontera brasilera arrojándose al dicho arroyo hiriéndoles algunos individuos, y que habiendo sabido el Señor Coronel Rivera que los charrúas se hallaban en un potrero distante cuatro leguas de aquel punto dispuso atacarlos, como efectivamente lo verificó en la mañana del día de ayer, poniéndolos primeramente en dispersión, más que habiéndose reunido cargaron sobre la fuerza que comandaba el Coronel Rivera y fueron derrotados ayer como al medio día, falleciendo en la derrota nuestro bravo e irreparable Coronel Rivera, Comandate Don Pedro Bazán, Alférez Don Roque Viera y nueve soldados. Que el Capitán Don Rosendo Velazco pasó al otro lado de Cuareim con cinco soldados a una entrevista con el Señor Coronel brasilero Don Bento Manuel Riveiro de orden del finado Coronel Rivera, antes de ayer, y que no habiéndose incorporado el Capitán Arias, supone que podrá verificarlo en este punto.

El infrascrito de orden del finado Señor Coronel se halla acampado en este Rincón en custodia de las numerosas caballadas tomadas, con sesenta y dos individuos de tropa a los que se hallan incorporados cincuenta y cuatro de los naturales y familias que se han recogido en el pueblo de Bella Unión y sus inmediaciones mas en los que no puede fundar ninguna confianza. Por consecuencia, cree no deber emprender ninguna operación sobre los dichos charrúas porque quizá con ello expondría a perderse cuanto se halla a su cargo; y ha tomado todas las medidas de precaución para asegurar aquellas y permanecer en este punto hasta que el Excelentísimo Señor Presidente a quien se dirige determine lo que tenga por conveniente.

Al comunicar esta desagradable noticia reitera su profundo respeto al mismo

Excelentísimo Señor.

José María Navajas

Al Excelentísimo Señor Presidente de la República Don Fructuoso Rivera”

(De El Universal del 27 de junio de 1832)

Queda perentoriamente probado, por los documentos que dejamos transcriptos, cuya autenticidad no podrá negar Rivera, que la muerte de su hermano Bernabé, y la de Bazan y Obes, no fue un antecedente, sino una consecuencia de la matanza y la esclavitud de los Charruas; y que el, con toda malicia, ha invertido la cronología de los sucesos para engañar al publico en el país extranjero adonde actualmente reside.

Véase también por todo el contexto de uno de sus documentos, que es una pura invención de Rivera lo de haber sido decretada por la asamblea legislativa la destrucción de los Charruas, y ejecutarla el por ordenes recibidas del Gobierno. No hay palabra en ese parte oficial (pero falso) que se refiera a una determinación ajena. Rivera, por el contrario, refiere, explica y defiende el hecho como obra puramente suya. (Hace referencia al parte del 12 de abril de 1831)

Si la orden de ejecutarlo hubiese nacido del Gobierno, ¿a que venían las razones que alega para justificarlo dirigidas a ese mismo Gobierno?¿No era natural, o mas bien indispensable, que se hubiese referido a esa orden al dar parte de haberla ejecutado? ¿Quién puede creer que el ejecutor de un acto se ponga a dar al superior que lo ha ordenado las razones que lo han movido a ejecutarlo?

(Este análisis es correcto).

Dice Rivera que no había necesidad de traicionar a los Charruas para destruirlos. Sin duda que si; y eso mismo realiza, con la villanía cobarde de la ejecución, la bárbara atrocidad de la medida.

No se atrevería Rivera a negar aquí esta traición donde centenares de testigos presénciales se alzarían para desmentirlo.

No hay uno en el país que dude de ella; tan notoria y evidente fue; y es ahora la primera vez que se oye negarla, después de haberse estado sintiendo por tantos años la justa y prolongada indignación que excito ese horrible hecho.

La misma oscuridad que acerca de sus circunstancias se nota en al parte de Rivera, revela sobrado lo atroz que fue.

No era posible, sin causar un gran escándalo, dar su narración detallada al público; y así hubo precisión de referir apenas el resultado del suceso, y eso con no poca inexactitud.

La narración verdadera de el es la que brevemente haremos aquí.

Comienza la versión de los hechos de Salsipuedes y sus consecuencias según El Defensor.

Rivera salia de Montevideo en enero de 1831(omite decir que salio con fuerzas regulares del ejército y en su carácter de comandante en jefe del mismo) con la intención formada de aniquilar a los Charruas.

El era presidente entonces, y quedo en su lugar, haciendo las veces del poder Ejecutivo, el presidente del Senado.

Puesto a la cabeza de tres escuadrones de indios guaraníes de los que había traído de Misiones, se situó en las costas del Queguay, adonde se reunieron algunas fuerzas de los departamentos de Salto y Paysandú con un considerable grupo de Brasileros habitantes de Tacuarembo, que lo trajo o le reunió su compadre Rodríguez Barbosa, que estaba en el secreto del plan(Omite decir que las anteriores eran las fuerzas auxiliares del ejercito y este ultimo era la fuerza principal con alrededor de mil efectivos).

Desde allí distribuyo Rivera emisarios para que procurasen a los caciques de los Charruas que, alarmados con la aparición de aquella fuerza, vagaban por las costas del Arapey y Cuareim.

Estos emisarios llevaban encargo de inducirlos a que se reuniesen y se aproximasen al campo de Rivera para hacer una alianza con ellos, con el objeto de prepararse para la guerra con el Brasil, que se les decía inminente.

Seducidos los Charruas por los agentes de Rivera, dejada toda desconfianza, se incorporaron y fueron a establecer sus toldos en Salsipuedes en un número de 200 a 250 hombres de pelea y 300 a 400 mujeres y niños, adonde inmediatamente se traslado también Rivera con sus fuerzas.

Allí fue donde fueron rodeados y sorprendidos de improviso los Charruas, estando la mayor parte a pie; y allí fue donde se ejecuto la vil matanza que resistieron valientemente algunos que quedaron con caballos y pudieron montar en ellos armados de sus lanzas.

Solo unos 40 o 50 hombres de los Charruas lograron escapar de la carnicería, ocultándose en el bosque o huyendo a caballo.

Entonces fue que pereció el joven Maximiliano Obes, hijo único del hombre que promovió con tanto empeño el sacrificio de la tribu Charrua, y única victima, también, entre los que lo perpetraron.

Circunstancia singular, lo mismo que la muerte dada por el resto de los Charruas al único hermano y dueño, mas inmediato de Rivera, Bernabé, que muestran visiblemente la mano de la providencia, interviniendo en el pronto fin desgraciado de esos dos jóvenes en quienes tenían cifradas todas sus esperanzas los autores del delito.

La persecución que se hizo a los restos de los Charruas, fue de igual carácter, a la matanza que hemos referido.

Citaremos solo el asesinato de 12 de estos infelices, que atraídos con promesas de entregarles sus familias cautivas, vinieron a una estancia de D. Bonifacio, en el Queguay, donde después de hacerles descabalgar y soltar sus caballos, les cayo encima una partida que a prevención se tenia emboscada, y les quito inhumanamente la vida, indefensos como estaban, y entregados a falsas promesas de amistad. (Se refiere al grupo del cacique Venado y sus Charruas que habían escapado de Salsipuedes).

Por lo que respecta a la suerte que cupo a las familias de los Charruas que cayeron en poder de Rivera, no hay como ponderar el trato bárbaro que se les dio.

El cacique Perú con otros dos fueron pasados como esclavos al dominio de un francés que los llevo a Francia a exhibirlos allí al publico como se hace con las bestias extrañas y feroces. (Fueron cuatro los llevados a Francia en la época de los llamados zoológicos humanos).

Las mujeres quedaron sujetas a un duro cautiverio, privadas de su libertad y esclavizadas en su país, cuya ley fundamental rechaza con horror la esclavitud.

Y los niños fueron repartidos a manera de despojo de guerra, arrancándolos a sus madres, hasta los más tiernos.

Para que se vea la exactitud de lo que decimos, no obstante ser notorio en el país, insertaremos un aviso oficial del ministerio de gobierno, su fecha: 29 de Abril de 1831, que registra en El Universal del día siguiente, y un pequeño trozo de un comunicado publicado en dicho periódico, el 7 de Mayo del mismo año.

Dice así el aviso: “Debiendo llegar a esta capital para el domingo entrante 1ª de mayo las familias Charruas de que se han de repartir las personas menores, entre los individuos que han concurrido a este ministerio a relacionarse al efecto, se les previene que desde el expresado día y siguientes se hará el reparto en el cuartel denominado de dragones, con arreglo a la lista por el orden con que se han asentado y con las condiciones que les serán notificadas por el encargado para la distribución.”

Trozo del comunicado: “La humanidad es la que nos obliga a dirigirnos a UD. Para que, por su periódico, sea el gobierno instruido del estado lastimoso en que se hayan las infelices madres de los desgraciados chinitos repartidos en el cuartel de dragones el martes ultimo, 3 de mayo. Varias personas entre ellas nosotros, contra la humanidad y religión, y opuesto a todo cuanto exista, capaz de inducir a compasión, han sido despojadas del modo más bárbaro de sus inocentes hijos.

No hay corazón que pueda soportar el objeto, de ver una de aquellas infortunadas, llorar las horas enteras, clamar por sus chiquillos, y a veces hasta arrancarse los cabellos.

Tampoco podemos atinar q un padre de familia, haya tenido el valor para arrancar de los brazos de una madre cautiva, el único objeto de sus caricias y que la confortaba, en medio de su triste suerte. Arrebatar a una madre del hijo de sus…entrañas y mas cuando su tierna edad hace q se alimente con leche de sus pechos, es irresistible, y solo un alma feroz puede complacerse en esta desgracia.

Menos imaginamos que el señor ministro de Gobierno Ellauri hubiese dado órdenes capaces de causar tanto dolor que lamentamos.

Considere el padre de familia, considere el mismo Gobierno, el golpe agudo que sufre una de aquellas infortunadas que quiera a sus hijos, que después de perder el marido en el combate y caminar a pie 40 o 50 leguas (mas de 300kms), por fin de sus desdichas se le da un amo y se le arranca de sus brazos el único objeto se sus caricias, considérelo, repetimos y apruebe o repruebe la medida que dejamos propuesta; entretanto esperamos confiados en su rectitud.

La firman: Unos que tienen chinas cuyos hijos les fueron inhumanamente quitados.”

Publicado originalmente en El Universal con fecha 7 de mayo de 1831 en correspondencia.

https://chancharrua.wordpress.com/consecuencias-del-reparto/

1831-07-01-T-Julián de Gregorio Espinosa a Fructuoso Rivera le pide tres indiecitos para el servicio de su casa. Fuente: Revista Histórica T 34 pág 331

S.D.Fructuoso Rivera

Bs. As. Julio 1º de 1831

Mi muy amado Fructuoso, sigo con mis males y aunque aliviado, es muy lenta mi mejoría: por otra parte es que han empezado a atacarme los disgustos. Aquel indiecito Gabriel que tu le mandaste a Candelaria, cuando yo iba para Itaquí, después de tres meses de enfermedad en la cual ha sido asistido sin reserva de ningún gasto, falleció consumido el día 24 a las 11 de la mañana: una pena ha sido para Candelaria esta pérdida, que ha mirado como una desgracia, por el amor de que él se había hecho digno, como porque desde su [en]fermedad estamos notando la falta de su buen servicio, pues él era el que corría con todo.

Aquel José que yo traje de Itaquí y se lo di a Trinidad para la atención de sus hijos y en particular de tu ahijado, ha estado constantemente llenándonos de sentimientos, pero después de la muerte de Gabriel, por el cual no ha vertido una lágrima, el dicho José abrió la puerta del cuarto de Agustín le quebrantó la Escribanía, y de ella le robó 180 pesos que por fortuna se encontraron con la falta sola de 20 pesos que él mismo declaró a virtud de amenazas, pues hasta entonces estaban contra él muy vehementes indicios: de estas resultas ha sido necesario sacarlo de casa y ponerlo a jornal en una panadería de un sujeto conocido que sabrá cuidarlo hasta que esté capaz de gobernarse por sí mismo.

Muerto el uno, y fuera de casa el otro por ladrón debes hacerte cargo que me ha quedado muy limitado el servicio de mi casa, y Trinidad sin ninguno; por esta razón es preciso, que si tienes como mandarme aunque sea de los indígenas lo hagas con dos varones y una mujercita a los cuales atenderé en la misma forma de bien trata[dos] y educados que los otros dos, que ya por desgracia cuento perdidos.

A Dios Fructuoso dale un abrazo a tu señora y a mi amiga, muchos besos a Concepción y Bernarda, y dispón como quieras de tu siempre verdadero amigo.

Julián de Gregorio Espinosa

P.D.

Contando con cuanto tú puedes en el particular, le he escrito a mi compadre Sagrera sobre su asunto, y quedo confiado en que por el primer buque me avisarás la restitución de su empleo de un modo fijo para que no vuelva a sucederle un chasco semejante.

[En la cubierta]

Exmo. Sor. Brigadier General Don

Fructuoso Rivera, Presidente del Estado

Oriental del Uruguay

Montevideo

Prosigue Rivera en el Iris

 

“Es igualmente falso, dice Rivera, rebatiendo al Americano, que yo haya vendido un único palmo de terreno que pudiese pertenecer a los Charruas.

Nunca tuve precisión de ser generoso con la fortuna ajena, por cuanto cuanto la que me dejo mi fallecido padre me proporcionaba abundantemente con que servir a mis amigos, y obtener otras propiedades, por tramites regulares, sin apoderarme de lo que fuese del Estado.”

Sigue El Defensor

 

Estamos ciertos que la lectura de este pasaje provocara, sin que se pueda contener, la risa de nuestros lectores.

Decir Rivera que la fortuna inmensa que se le conoció fue heredada de sus padres, y adquirida por trámites regulares, sin tomar nada del Estado, es, quitándole la desvergüenza, una gracia propiamente de sainete.

Esas palabras en boca del famoso depredador de la fortuna publica, del estafador incansable de amigos y enemigos, del estrafalario disipador de enormes sumas adquiridas por las vías mas ilegales y escandalosas, tienen un merito especial, y la impresión que deben causar nos exime de darles contestación.

Nos limitaremos a decir que la fortuna del padre de Rivera era muy mediocre y que repartida entre 6 o 7 herederos no podía menos de ser muy despreciable; y que jamás en su vida se le ha visto a este eterno derrochador dedicarse a industria de ninguna clase, sino devorar y dar a devorar caprichosa y despilfarradamente caudales sobre caudales acumulados por todo genero de medios reprobados.

En cuanto a que no haya vendido campo ninguno de la propiedad de los Charruas, ya hemos contestado a esta falsa salida.

Pero niegue que ha vendido tal vez por cientos de miles de pesos propiedades rurales publicas y particulares con cuyo dinero se ha quedado, y de que no ha dado ni dará jamás cuenta, probablemente, salvo la que de a Dios; cuando lo llamen a juicio.

 

Prosigue Rivera

 

Tal vez que el Americano, continua, haya oído decir que, en el año 1835, el presidente de la Republica del Uruguay vendió por mas de 90 leguas cuadradas un área de terrenos, propiedad del estado, que el gobernador de Montevideo Gaspar Vigodet, cedió, sin llenar formalidades de la ley, al portugués Felipe Contucci, por servicios practicados contra los llamados patriotas; y que esos terrenos fueron en efecto vendidos a infinitos brasileros.

Mas en ese caso es un engaño; pues este presidente era el señor Manuel Oribe, yerno y heredero de Contucci”.

Prosigue el Defensor

 

Los campos a los que se refiere ese torpe calumniador en el párrafo que precede son de legitima y exclusiva propiedad del Brigadier General Manuel Oribe, que mantiene en su dominio sin haberlos nunca enajenado, y es preciso toda la audacia y vileza característica de Rivera para poner en duda la pertenencia de dichos campos cuando la validez de los títulos de propiedad de S.E ha sido reconocida por el Gobierno de la Republica, precisamente en la época en que por desgracia de este país, era presidida por ese mismo impostor salvaje unitario Rivera.

Cerramos este artículo llamando la atención sobre los sentimientos y principios humanitarios que describe Rivera en la producción que estamos examinando.

El admite como una cosa muy licita el exterminar una sociedad de nuestros semejantes, por daños o perjuicios que nos hayan causado o puedan causar; y tiene, a gran fortuna y gloria suya, el haber sido el ejecutor de ese exterminio.

No pudiera decir mas Atila, cuando hacia galopar su caballos victorioso sobre las poblaciones meridionales de la Europa, convertidas en cenizas y ahogadas en sangre.

Si otras pruebas faltaran, esa atroz jactancia bastaría para que nadie dudase que el ha sido el autor y el consumador del hecho feroz, abominable, de que lo ha acusado con toda justicia El Americano de Río de Janeiro.

Las naciones salvajes no se exterminan. Se las reduce, se las catequiza, se las hostiliza, también, cuando hay que defenderse de ellas.

Hacerlas desaparecer de sobre la faz de la tierra con una matanza calculada, y eso, usando la traición y de perfidia, es un crimen espantoso, un DELITO DE LESA HUMANIDAD que debe sublevar contra el a todas las almas honradas y justas, y a todas las conciencias cristianas. (La tipificación del delito de lesa humanidad ya era manejada en nuestro país, como puede apreciarse, en 1848).

Es muy importante la refutación que hace El Defensor de la Independencia Americana a la carta de Fructuoso Rivera. Llaman la atención aquellos razonamientos correctísimos que hace al poner de manifiesto contradicciones o falsedades que surgen de la carta.

Cuando Rivera expresa “es falso que tuviese necesidad de traicionar a los salvajes para destruirlos”, El Defensor lo refuta diciendo que no se atrevería Rivera a negar aquí esa traición donde centenares de testigos presénciales se alzarían para desmentirlo y ofrece una narración mas ajustada de lo acaecido en Salsipuedes que coincide con la relación de los partes oficiales, las correspondencias enviadas por Rivera y otros militares que se han expuesto en otro apartado de esta obra, referidos a toda la operativa cumplida por el ejercito y fuerzas colaboradoras, utilizando la estrategia y consiguiente ejecución del plan de matanza de los Charruas y persecución de los sobrevivientes.

Mas adelante Rivera se justifica expresando que fue simple ejecutor de una orden recibida del Gobierno que junto con las Cámaras Legislativas habían resuelto el total aniquilamiento de las tribus Charruas.

Esto lo refuta la ausencia total de algún acta, no existe ningún escrito, ni frase en documentos oficiales que se refieran a ese tema. Hoy se confirma que el único permiso que Rivera recibió fue salir a recorrer el Estado al mando de las fuerzas, pero en ningún momento aparece ninguna comunicación de Rivera o Ellauri a las Cámaras en la que informaran que uno de los motivos era aniquilar a los Charruas.

Aparece otra contradicción cuando escribe que los Charruas mataron a su hermano Bernabé, al hijo de Lucas Obes y a Bazan, poniéndolo como origen de la decisión del gobierno constitucional para decretar la destrucción de los Charruas. Esto, es un intento de Rivera de distorsionar la realidad ya que la muerte de esas tres personas fue posterior y a consecuencia de la masacre de Salsipuedes.

Un razonamiento lógico de El Defensor se destaca cuando se refiere a que la orden de ejecutar la matanza no fue dada por el gobierno dice: “si la orden de ejecutarlo hubiera nacido del gobierno ¿a que venian las razones que alega Rivera para justificarlo a ese mismo gobierno? ¿Quién puede creer que el ejecutor de un acto se ponga a dar al superior que lo ha ordenado las razones que lo han movido a ejecutarlo?”.

Este es un razonamiento correctísimo ya que según el parte oficial de Salsipuedes del 12 de abril de 1831, Rivera da una cantidad de motivos por los cuales hubo necesidad de destruir a los Charruas y esas explicaciones las dirige al gobierno, el mismo que según su carta de 1848 le había dado la orden de hacerlo, lo cual es absurdo e improcedente.

Habría que destacar las frases finales de El Defensor: “hacer desaparecer esa nación con una matanza calculada y usando traición y perfidia es un crimen espantoso, un delito de lesa humanidad, que debe sublevar contra el todas las almas honradas y justas”. Efectivamente los delitos de lesa humanidad están contemplados actualmente en la legislación internacional y uno de ellos, quizás el mas terrible, es el genocidio.

De modo que el concepto de Genocidio, aun sin la utilización de esta palabra, ya era conocido en esa lejana época, quizás como destrucción, aniquilación, exterminio.

Basado en el libro de Eduardo Picerno “El genocidio de la población Charrua”

 

 

 

 

 

 

 

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4 Respuestas a “30 DICIEMBRE 1848. REFUTACION DE EL DEFENSOR DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA A LA CARTA DE RIVERA PUBLICADA EN EL IRIS

  1. Sin embargo esa hermosa señora de un corazón tan noble no tuvo el mas minimo reparo en ir a buscar corriendo a un “chinito repartido o a una madre sin su chinito!! : “La firman: Unos que tienen chinas cuyos hijos les fueron inhumanamente quitados.”
    … y para que tenía a esa china? que estaba mal? que le sacaran los chinitos o que las tomaran como esclavas?
    ¡Era mas malo el estado en que se encontraban las chinas y la quita de sus hijos que el haber hecho oidos sordos y ojos ciegos a la “matanza” a la que fueron sometidos sus pares!!
    Y PARA QUE LAS REPARTIERON? ENTRE QUIENES LAS REPARTIERON? ENTRE TODOS LOS HABITANTES QUE SE PUSIERON COMO LOCOS ANTE TAL BARBARIDAD? (dónde estaban? a ya sé, condenando socialmente tal atrocidad pero haciendo la fila para que le toque una china o un chinito en el reparto)

    Sacar las cosas de contexto histórico le quita toda credibilidad al artículo.

    “Este editorial del diario El Defensor de la Independencia Americana, de inspiración oribista y rosista, ofrece una copia de la acusación que el diario El Americano de Brasil hace contra Fructuoso Rivera respecto a la destrucción de los Charruas, luego expone la contestación que Rivera da a El Americano en una carta que publica el Iris y de paso hace una penetrante critica y refutación de la carta de Rivera.”…

    INSPIRACION ORIBISTA Y ROSISTA…. queda todo claro no?
    Cero rigor histórico, cero documento… todo es lo que dijo alguien que dijo el otro y que decimos los que tenemos una intencion política de decir otra cosa.
    MUY POBRE

    • Creo que no captaste el concepto de este blog, cualquier cosa menos de política se trata,…Eres madre tu?entonces tienes q pensar como tal, es cierto Muy Pobre alegato para defender a un genocida como lo fue Rivera al cual hay q castigarle con todo el rigor histórico y sus secuaces, los cuales fueron los primeros en reservarse chinitas para ellos siendo ellos los que asesinaron a sus familias,realizando lo mas parecido a un plan cóndor arrancando de sus madres y repartiendo niños de pecho, documentos sobran si no te recomiendo el libro de Eduardo Picerno “El genocidio de la población charrua” ahí están todos los documentos…

  2. 182 AÑOS DE VERGUEZA ,LAMENTABLE PERO AHORA YA PASARON CASA DOS CENTURIAS MPERO HAY QUE RECONSTRUIR DACTOS HISTORICOS Y RECOMPONER LA CULTURA CHARRUA ,SI REALMENTE QUEDA ALGUN DESENDIENTE DIRECTO QUE PUEDA APORTAR PREUBAS QUE VALIDEN SU LEGADO ,PAQRA PODER TENER MAS REFERENCIAS Y UN CONOCIMIENTO CULTURAL DE ESA NACION INDIGENA QUE ES LA QUE ABUNDABAS EN LA BANDA ORIENTAL EN LA EPOCA DE LOS COLONOS ESPAÑOLES LA NACION CHARRUA NO ES SALSIPUEDES ES MUCHO MAS PROFUNDA SALSIPUEDES ES UN RESULTADO DE EL COLONIALISMO MENTAL Y CULTURA L QUE NO TERMINO CON LA SALIDA DE ESPAÑA SINO QUE ES UNA SUB CULTIRA QUE NO SE DEPURO POR ESO LA BESTIASLIDAD DE RIVERA HAY QUE INVESTIGAR Y TRABAJAR CON LOS DESENDIENTES DE CHARRUAS QUE QUEDEN SI QUEDAN NO SOLO RECORDAR EL 11 DE ABRIL Y NADA M,AS ES LO QUE SOLO SE HABLA , HAY QUE SEGUIR PROFUNDIZANDO Y QUE LOS GOBERNANTES SE LA JEUGUEN NO ES CUASTION DE RECORDARLOS

  3. Queda MUY CLARO quienes fueron los genocidas de la raza Charrúa, quienes intentaron llevarlos al exterminio, gracias a Dios sin lograrlo totalmente. Dos cosas. La primera, que muchas calles de Montevideo llevan el nombre de estos personajes como si fueran héroes de nuestra historia. Bien yo particularmente no quiero que saquen dichos nombres, sino que hagan la aclaración que fueron LOS GENOCIDAS DE LA RAZA CHARRÚA. También hay monumentos en la ciudad de Montevideo y en otras Plazas del interior del País,, en las cuales con letras bien legibles y de un tamaño que se puedan leer a 20 pazos sean descriptos de la forma señalada anteriormente. Estas personas no pueden figurar en la historia rica de nuestro País, EL BENDITO URUGUAY, como héroes nacionales. Gracias a Dios hubo más héroes quye genocidas, pero hagámosle pagar por lo que hicieron al punto de que hasta sus familiares se sientan avergonzados de ser sus descendientes.-

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