La Redota “uno” y la Redota “dos”

Editorial El Pais Digital

 

CARLOS MAGGI

Tres meses antes de la batalla de Las Piedras, en febrero del año 1811, el gobernador de Santa Fe, Manuel Ruiz, le cuenta al gobierno de Buenos Aires las noticias que recibió de Artigas:

 

 

-“Se tienen datos concretos-dice Ruiz- …por un soldado que mandó el capitán Artigas a su estancia nombrada Tacuarembó (en Arerunguá). Le ha comunicado dicho soldado (que viene en su compañía) que en el paraje denominado Ibirapitá y en Santa Tecla, (en la frontera con Brasil) se hallan tropas portuguesas; en el primero (de estos lugares) como 1.500 hombres y en el segundo, hasta 4.000 hombres con su correspondiente artillería; y que se ignora el destino (para qué se concentran en ese lugar) estas fuerzas”.

 

Y a continuación agrega el gobernador de Santa Fe:

 

-“También me ha informado el capitán Artigas, el descontento general de los vecinos de la campaña de Montevideo y que desde luego, emigrarían infinitos, si tuvieran apoyo en el arroyo de La China. Se podrían lograr muchas ventajas si estuviéramos apoderados de aquel punto”. (1)

 

En febrero, tres meses antes de la Batalla de Las Piedras (que sucederá el 18 de mayo) Artigas -informado desde el territorio de los indios infieles- prevé la invasión portuguesa (que ocurrirá en JULIO), la derrota oriental (en OCTUBRE), el establecimiento de nuestra gente en el preciso lugar al cual él habrá de conducirla (el AYUÍ) junto al arroyo de La China (en DICIEMBRE).

 

Nadie maneja estas hipótesis en el sur (Montevideo) ni en la capital (Buenos Aires). Pero los portugueses invasores también espiaban y dejaron documentos expresivos.

 

Veinte días después de la invasión del general Diego de Souza a nuestra banda, Manoel dos Santos, oficial portugués destacado en las costas del Cuareim, le informa el 7 de agosto de 1811, a su superior, Francisco Muniz:

 

-“Tengo noticia, por un vecino de Belén, que en cualquier momento, pueden presentárseme 300 hombres con otros de esta frontera y juntamente con ellos, los charrúas”. (2)

 

Francisco Muniz investiga por su lado y le comunica al general en jefe:

 

-“Aquella partida intenta reunirse con otra (que esperan de Belén) y junto con los indios charrúas, empezarán sus hostilidades. Me puse en marcha hacia donde estaba la partida (enemiga) que contaba con 80 hombres y un ayudante, comandados por el capitán Baltar (Baltasar Ojeda)”. “Es necesario atacar a los charrúas y quitarles los caballos; dicen que tienen 2.000. Hay que destruirlos antes de que se reúnan con algún cuerpo que pueda hacernos daño. El mayor Manoel dos Santos no los ataca por falta de la correspondiente orden de usted”. (3)

 

Entonces, el general en jefe, Diego de Souza, le escribe directamente a Manoel dos Santos:

 

-“Vi el oficio que me mandó Francisco Muniz… y no sólo me parece bien, sino necesaria, la resolución suya de atacar las partidas que se aproximan a nuestra frontera y también a los charrúas, que pretenden unírseles”. (3)

 

En ese momento faltaban 43 días para que los charrúas al mando del Caciquillo y Baltasar Ojeda junto el Capitán Carranza tomaran Paysandú.

 

-“Esperé reunirme con la división de don Baltasar Ojeda, que vino el día 5, a las cuatro y media de la tarde; salimos en dirección a Paysandú y, reunidos el 8 con 28 charrúas al mando del Caciquillo Manuel Artigas y varios vecinos, avanzamos (atacamos) el pueblo…” (1)

 

Así dice el parte de la toma de Paysandú por Ambrosio Carranza; está fechado el 9 de octubre de 1811 y fue redactado, inequívocamente, por Bartolomé Hidalgo.

 

Hubo pues, una acción de guerra de los indios para preparar la llegada de “la Redota” a Paysandú. El éxodo del pueblo oriental no arrancó todavía desde San José y los indios bravos ya están allanándole el camino. Es muy raro.

 

La gestación del éxodo anunciado, cabe en poco espacio:

 

El 18 de mayo, José Artigas derrota a los españoles en Las Piedras y establece el primer sitio de Montevideo.

 

El 17 de julio los portugueses del Brasil invaden la Banda Oriental con 7.000 hombres.

 

El 7 de octubre Sarratea concreta la entrega de nuestro territorio a los invasores; y retira el ejército auxiliador a Buenos Aires; tres días después, el 10 de octubre, los orientales deciden emigrar; la población entera (hecho insólito) prefiere irse y se inicia el “Éxodo”, cuyos protagonistas llamarán “La Redota”.

 

Extrañas paradojas simétricas: los indios -como políticos- participan en una guerra civil (colonia contra metrópoli) y al mismo tiempo en una guerra internacional (orientales contra portugueses invasores). Por otro lado, los estancieros criollos abandonan sus casas y andan a campo, reducen sus bienes materiales “a lo puesto”, lo que se carga en el caballo o en un pequeño carruaje donde además van las criaturas, los viejos, las señoras.

 

Si los dos hechos apuntados fueran únicos, podría pensarse en una coincidencia pero hay más: la emigración famosa (orientales al salto volad!…) no es la única. Tres años después, la gente de esta banda volverá a moverse.

 

Cuando Artigas está en guerra contra el centralismo porteño, los paisanos lo siguen por segunda vez; y corren con su familia hacia el norte, a “La Sierra”, en el centro mismo de la región salvaje donde está el caudillo.

 

El general Soler informa a Buenos Aires:

 

-El coronel Manuel Dorrego que marcha sobre el cuartel general de Artigas, me avisa en oficio del 28 (de noviembre del 1814) no encontrar viviente racional en todo el departamento de Colonia y su jurisdicción hasta el río Negro: todos han marchado a la Sierra con sus carretas y familias. Hoy le he ordenado remita a este cuartel general todas las mujeres que tome con sus carretas…para que sean remitidas a la capital”. (3)

 

Tan inexplicable como la presencia de los charrúas en la toma de Paysandú, antes del Éxodo (8 de octubre de 1811), va a resultar el campamento de las familias orientales plantado a orillas del arroyo Mataojo (tres años después) al costadito de Arerunguá, con Baltasar Ojeda comandando ese movimiento.

 

Allí estuvieron refugiados los ancianos y las señoras con sus niños hasta el triunfo de Guayabos, en medio de los indios bravos (4). Los “historiadores” que no ven más allá de su propia nariz niegan esta doble gesta. ¿Cómo pudo suceder que en el campamento del Ayuí donde culmina el primer éxodo, estuvieran juntos y en paz sin el menor problema, casi todos los orientales y todos los indios charrúas de las tribus del Lejano Norte? ¿Cómo pudieron vivir viejos, mujeres y niños orientales, en medio de las tribus charrúas en el Mataojo? Eran tantos en ese campamento que Dorrego cuenta:

 

-“Los portugueses, hasta tiendas han puesto en el Mataojo” (5).

 

————

 

(1) Archivo Artigas (Ley 10491, del 13/6/44), Comisión Nacional Archivo Artigas. Montevideo, 1944, T.III, p.421.- (2) Acosta y Lara, Eduardo F., La guerra de los charrúas en la Banda Oriental. Ed.Linardi y Risso, Mdeo. 1989. TII, p. 23.- (3) Idem, T.II, p.24 (4) A.A.. T.XVII, pp.49,54, 109,135,169,293 y314; y T.XVIII, pp. 78,79, 83 y 86. (5) A.A. T.XVII , p.325.

 

http://www.elpais.com.uy/10/10/31/predit_525432.asp

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s