LOS ÚLTIMOS CHARRUAS EN FRANCIA NOTAS Y ESTUDIOS REALIZADOS ALLÍ

LOS ULTIMOS CHARRUAS

 

Presentación

Los últimos charrúas (“Les derniers charrúas”) trata de cinco indígenas Charrúas, prisioneros en Montevideo, que fueron conducidos a Francia.

El primero, llamado Ramón Mataojo, fue llevado a bordo de “L’Emulation” a comienzos de 1832, y los otros cuatro, Vaimaca Perú, Senaqué, Laureano Tacuabé y Micaela Guyunusa, en 1833.

La obra de Rivet se refiere a sus vidas en Francia, transcribiendo numerosos documentos de la época: cartas, sesiones dela Academiade Ciencias, notas periodísticas y artículos hechos por investigadores. En base a éstos, es posible conocer la tragedia de los mencionados Charrúas, que comienza cuando son capturados por Rivera en el Uruguay y finaliza con su muerte en Europa.

Esta lámina fue incluida en la obra. Se cree que el artista (Delaunois) ha captado esta imagen en un corralón donde fueron exhibidos como animales para la sociedad parisina de la época.

Si bien el dibujo no transmite la fisonomía real que seguramente mostraba el grupo ya que se sabe que estaban en avanzado estado de desnutrición (la lámina los muestra robustos) y que las vestimentas seguramente no responden a las originarias de los Charrúas, el documento posee un alto valor histórico por constituir una de las últimas imágenes que se conocen de estos Charrúas.

 

Los Charrúas que aparecen son: el cacique Vaimaca Perú, el curandero Senaqué, el joven guerrero Tacuabé y su compañera Guyunusa con quien este último tuvo una hija.

 

Introducción

Durante los años 1832 y 1833, algunos indios Charrúas, últimos sobrevivientes de la famosa tribu indígena del Uruguay, fueron llevados a Francia.

Hasta este momento, nadie se había preocupado de hacer la historia de esta emigración forzada, ni de buscar los rastros que el arribo de estos “salvajes” hubieran podido dejar en la literatura científica o en la prensa de la época.

En vistas a la falta de información que tenemos sobre los Charrúas, valía la pena emprender esta investigación; la hice, y me propongo exponer en esta memoria los resultados que obtuve.

Se juzgará sin duda, y con razón, que los resultados son escasos: reconozco que los esperaba mejores. Es cierto que el gusto por los estudios etnológicos no estaba todavía muy desarrollado en esa época, no obstante es bastante cercana a la nuestra; nada marca mejor el progreso realizado en esta disciplina en el curso de los últimos cien años que la pobreza y la mediocridad de las observaciones hechas sobre los Charrúas durante su estadía en Francia.

El primer charrúa que cruzó el atlántico

Fue conducido por el Teniente de Navio Louis Marius Barral, comandante de la corbeta L’Emulation, que había sido encargado de una misión hidrográfica en las costas del Brasil y de relevar en detalle el Río dela Plata. Partióde Montevideo el 16 de enero de 1832, y arribó a Tolón el 19 de abril. Ese mismo día, el comandante avisó al Ministro de Marina, en los siguientes términos, de la presencia a bordo de un pasajero insólito:

“Estando en Montevideo en la época de la última expedición del Gral. Fructuoso Rivera contra la nación indígena de los Charrúas, pensé que sería quizá agradable a Vuestra Excelencia ofrecer al Ministro del Interior uno de los individuos de esta nación, elegido entre los que fueron hechos prisioneros. En consecuencia, solicité y obtuve del gobierno dela Repúblicadela Banda Orientaldel Uruguay, un indio Charrúa, de18 a20 años de edad, y lo embarqué en UEmulation el 15 de enero, víspera de mi partida a Francia. Está ahora en Tolón a disposición de Vuestra Excelencia… El indio Ramón Mataojo, llamado así por causa de haber sido capturado en el río Mataojo grande, está casado con varias mujeres. Cuando llegó a bordo trató de rehusarse a ingerir alimentos, para forzarme a traer a sus esposas. Hablé entonces con el Sr. Capitán Verillac, que había tenido la bondad de hacer las gestiones necesarias para embarcar al indígena, quien me tranquilizó di-ciéndome que el amor de los Charrúas por sus mujeres es poco duradero. En efecto, en los días siguientes Mataojo comió y pareció acostumbrarse a su viudez- Como estaba lleno de piojos le hice cortar el cabello, lo que pareció contrariarlo extraordinariamente”

“Yo deseaba conservar el traje o, más bien, los harapos que cubrían a Mataojo, pero una consideración similar a la que me decidió a sacrificar sus cabellos me llevó a hacer lo mismo con sus vestimentas. Lo vestí con las ropas de a bordo”.

“Traje a Francia, Señor Ministro, una lanza tomada a los Charrúas. Me fue imposible conseguir un arco, una boleadora o flechas de esta nación salvaje. Esta lanza queda también a disposición de Vuestra Excelencia”.

“Encontré gran similitud entre la corpulencia y figura de los Charrúas con las de los indios de Tierra del Fuego que fueron llevados por el Sr. Capitán King a Inglaterra. Si yo creyese a Mataojo, la carne humana sería de su agrado y su nación sería antropófoga como la de los indígenas de Tierra del Fuego. Ahora que Mataojo está en París, él mismo podrá expresarse claramente, y podríamos recoger informes que nos ayudaran a conocer a los indígenas a los cuales él pertenece. La adquisición de este indio sería además, Señor Ministro, preciosa bajo el doble punto de vista de la historia natural y la del hombre en particular”.

A esta carta, el Comandante Barral agrega una “Noticia sobre los indios Charrúas”, extraída de la obra de Azara, a la que sigue una nota “Sobre Mataojo, durante la travesía”, que reproduzco aquí:

“El indio Charrúa Mataojo mostraba, durante la travesía, una gran alegría al percibir otras naves, y era a menudo el primero en señalárnoslas con el dedo. Jamás quiso trabajar, y cuando uno se lo decía, se ponía a llorar diciendo ‘Je suis pauvre”. Comía la carne cruda con avidez* Se hizo gran amigo del encargado del equipaje, al que quiso muchas veces examinarle las partes sexuales; creía hacerle un gran cumplido diciéndole que se casaría con la mujer de éste al llegar a Francia. A menudo preguntaba si había caballos en nuestro país “.

Contrariamente a lo legítimamente esperado por el Comandante Barral, Ramón Mataojo no fue conducido a París. El 2 de mayo, el Ministro dela Marinay las Colonias,

el Conde de Rigny, escribía a Cuvier, por entonces secretario vitalicio dela Academiade Ciencias, agregando a su carta una copia del informe del Comandante Barral. Pero, en una carta fechada el mismo día, dirigida a su colega del Interior (El Conde d’Argout), su deseo parecía ser el de desembarazarse rápidamente del exótico marinero:

“Pido a Vuestro Excelencia me dé a conocer el destino que se dará a este extranjero, que no puede quedar a cargo de mi Departamento”.

Es probable que el Ministro del Interior se desinteresara del asunto; al menos, me fue imposible encontrar rastros de su respuesta.

La Academiade Ciencias recibió la comunicación de la carta del señor de Rigny en sucesión del 7 de mayo(7). No parece que esta noticia haya despertado la curiosidad de los académicos.

La prensa mostró la misma apatía. Solo encontré tres revistas en las que se reproducían las notas del Comandante Barral. Me contento aquí con reproducir algunas frases que no son la repetición de las del Comandante:

“Los Charrúas, que formaban antes una nación poderosa, están actualmente reducidos a un pequeño número de familias. Su aversión por los extranjeros es todavía la misma que en los primeros tiempos de la conquista; ellos ya no pueden acariciar la esperanza de echar fuera del país a los intrusos, de destruir sus establecimientos, pero al menos los hostigan lo más que pueden. Aparecen por sorpresa cerca de alguna granja aislada, obstruyen a los habitantes y, después de apropiarse de lo que puede ser transportado, destruyen el resto, incendiando las edificaciones, derribando los cercados, cortando los jarretes de los animales domésticos que no pueden llevar en su rápida retirada y, en resumen, hacen todo el mal que le es posible. Es bastante difícil el tomar represalias ya que nunca se sabe dónde están. Como nunca les ha interesado la agricultura, están poco aferrados a la tierra y, desde que tienen caballos, cuando temen ser hallados se trasladan sin demora a otro lugar, dejando sus miserables tiendas, que pueden reconstruir en dos horas. No obstante, pese a las facilidades que les ha dado este género de vida semi nómade para escapar a las persecuciones de los criollos, estos últimos han sido tan largamente atormentados, que decidieron al gobierno a realizar expediciones, cuyo éxito depende de la rapidez al ejecutarlas,.. No parece de ningún modo cierto que ellos (los Charrúas) usaran flechas envenenadas”.

“Este (Mataojo), es un hombre de estatura media, con complexión proporcionalmente fuerte, y cuyos miembros dan una imagen de fortaleza; su color es marrón claro, y sus cabellos, negros, lisos y grasosos, llenos de piojos…; tiene pies pequeños y manos lindas y muy agradables, cabeza gruesa y cara hinchada, aspecto que le es dado por la prominencia extrema de la mandíbula. Su nariz es pequeña, chata, y apenas sobrepasaría una línea que uniera la parte más saliente de los pómulos. Este salvaje tiene los ojos pequeños, sombreados por grandes cejas, y su vista es extremadamente aguda. No tiene barba ni pelo alguno en ninguna parte del cuerpo “.

“Ramón, que estaba casado con cinco mujeres que, como él, eran prisioneras de guerra en Montevideo, habla y comprende un poco el español. Como no pudo obtener que lo embarcaran con sus esposas, pasó los primeros días del viaje en una notable impasibilidad. A veces lloraba cuando lo contrariaban, diciendo que él era ‘pauvre’. Poco a poco se fue familiarizando, y le gustaba sonreír. Se puso sin repugnancia las vestimentas que le dieron en sustitución de los jirones del ‘poncho’, que apenas lo cubría. Sufrió un poco para acostumbrarse a los zapatos; su andar suscitaba hilaridad pero él no se ofendía. Ramón Mataojo debió contentarse con víveres de a bordo, aunque alguna vez mostró veleidades antropofágicas: un día le dijo muy seriamente a un joven imberbe que sería excelente para comer y confió a varias personas de la tripulación que había matado y comido a diez blancos “.

“Sonreía con la idea de su llegada a Francia, donde se le habían prometido mujeres y caballos. Su previsión no iba más lejos”.

“Ramón Mataojo decía tener 29 soles, que contaba con los dedos…”

Cuvier no tuvo tiempo de ocuparse del asunto, ya que falleció el 13 de mayo. Banal, que había dejadola Comandanciaal llegar a Tolón, alcanzando el grado de Capitán de Corbeta en el Depósito General de Cartas y Planos dela Marina, calle de l’Université, número 13, en París, hizo una última tentativa: el 7 de setiembre de 1832 escribió a Geo-froy St-Hilaire la siguiente carta:

“Conduje de Montevideo a Tolón, en la corbeta ‘UEmu-lationf que yo comandaba, a un indio Charrúa que el señor Ministro dela Marinapuso a disposición del difunto Barón Cuvier. Este sabio debía hacerlo venir a París como objeto curioso para la historia natural del hombre “.

“Este indio Charrúa está todavía en Tolón, a disposición del sucesor del Barón Cuvier. Creo que si éste toma la tarea de conducirlo ala Capital, él podría ser empleado en el Jardín Botánico. Los gastos de viaje serían mínimos, ya que el indígena podría ser llevado de brigada en brigada hasta París, gracias ala Gendarmería”.

“En su momento, dirigí al Sr. Ministro dela Marinauna nota sobre los indios Charrúas. Los diarios la publicaron y creo que el Ministro la envió ala Academiade Ciencias. De todos modos, señor, usted debe conocer mejor que yo de lo que se trata. Esta nación indígena fue considerada por Azara como una de las más belicosas de América del Sur. El Capitán King, a su regreso de la exploración ala Tierradel Fuego, condujo a Inglaterra tres indígenas que me pareció que eran, en su corpulencia, color y conformación, similares al mío. Creí entonces proceder bien, en interés de la historia natural, al imitar el ejemplo del capitán inglés “.

“Estaría muy halagado, señor, si usted se dignara aceptar el ofrecimiento que tengo el honor de hacerle. Pienso que los oficiales dela Marinadeberían aprovechar todas las oportunidades que haya de aumentar las riquezas de nuestro magnífico Jardín Real”.

Los profesores del Museo recibieron la comunicación de esta carta el 11 de setiembre, lo que pareció turbarlos. Se tomaron unos días para reflexionar y, en la reunión del 18 de setiembre, decidieron declinar la invitación que se les hacía. Su respuesta, de la que pude encontrar el original merece ser reproducida (está fechada el 24 de setiembre):

“La asamblea de profesores del Museo ha considerado en su última sesión la carta que usted dirigió a uno de sus miembros, el Sr. Prof. Geojfroy St-Hilaire, donde usted ofrecía conducir al Museo, para ser allí empleado, al joven indígena Charrúa que trajo de Montevideo”.

“Tenemos el honor de informar a usted que no existe en el Museo ningún empleo vacante que ser posible dar a este joven, y que el estado de los fondos del establecimiento no permite crear uno para él”.

“La Asamblealamenta no poder aceptar el ofrecimiento que usted ha tenido la amabilidad de hacerle y nos ha encargado, señor, suplicarle que acepte sus agradecimientos”.

Esta respuesta desconcertante debió causar una amarga decepción al Comandante Barral. Pero, aún si ella hubiera sido favorable a su proyecto, habría llegado demasiado tarde.

Por la indiferencia de los sabios, del público y sin duda también de las autoridades navales, Ramón Mataojo debió quedarse a bordo de “L’Emulation”, comandada por el Teniente de Navio Francois Charles Cauchiprat. Estaba inscrito en el rol de la tripulación como marinero. Tuvo una corta enfermedad, por la que necesitó una estadía en el

Hospital de Tolón del 22 al 29 de abril, y después participó en diversos viajes del barco por el Mediterráneo. “L’Emulation” partió el 24 de junio con tropas para Argelia, donde arribó el 28, dejando la ciudad el 3 de julio para regresar a Tolón el 7. Partió de nuevo el 16 para Nauplia y Navarino, ancló en este último puerto el 25, partió el 17 de setiembre y entró en Tolón el 23, pero sin su melancólico marinero. Ramón Mataojo murió en el mar el 21 de setiembre; su cuerpo fue, sin duda, echado al mar con el ceremonial usual. Su acta de deceso, enviada al Ministro dela Marinael 25 de octubre de 1832, no da ninguna indicación acerca de la causa de su muerte.

De este modo termina la lamentable odisea de este pobre “salvaje” arrancado de su país y de los suyos con un propósito científico, pero donde la indiferencia culpable de los estudiosos produjo un sacrificio inútil.

El segundo contingente

 

Más trágica aún es la historia de una segunda tentativa para conducir a Francia algunos sobrevivientes de los Charrúas.

El bárnum que intentó la aventura, esta vez sólo por espíritu de lucro, se llamaba Señor de Curel. Antiguo Capitán del Estado Mayor, destacado en el Ministerio de Guerra, y director del Colegio Oriental en Montevideo, de Curel, después de haber estado seis años en América, “en las en otro tiempo provincias del Paraguay y del Plata”, obtuvo del gobierno uruguayo la autorización para conducir a Francia cuatro Charrúas prisioneros en Montevideo. Se embarcó con ellos en el bergantín “Phaetón”, de 185 toneladas, matriculado en el distrito de St. Malo, fo. 44, no. 132, el 25 de febrero de 1833. El barco, perteneciente a los señores Gau-tier e hijos, armadores, estaba dirigido por el Comandante Jacques Peyraud. Llevaba un cargamento de cueros y astas, y contaba con una tripulación de 14 hombres y trece pasajeros, entre los que se incluían el Señor de Curel, su hijo y los cuatro indígenas. Estos últimos estaban inscritos en el mismo y único ítem del rol de la tripulación, bajo los nombres de Perú, Senaqué, Laureano y Micaela Jougousa (sic); en vista de sus nombres, el rol señalaba: “con un pasaporte de la policía para los cuatro “, y abajo: “los cuatro pasajeros incluidos bajo este puntof han sido enviados con el consentimiento de la autoridad civil, para su destino último”. Firmado: Bar adere, Cónsul de Francia.

Se puede suponer fácilmente lo que pudo ser para los cuatro desterrados la travesía en un barco de esta índole y en mal estado, y cuya salida de Montevideo fue demorada por el Cónsul para realizar una inspección de seguridad material. El viaje duró dos meses y medio, y el 7 de mayo de 1833 el “Phaeton” llegó a St. Malo.

Los nombres anotados en el rol son, en parte, inexactos. Los verdaderos nombres de los tres indios eran: Vaimaca-Perú, Tacuabé y Senaqué; la mujer se llamaba Guyunusa. El Sr. de Curel los condujo directamente a París, y editó enseguida un folleto para anunciar su llegada y presentarlos al público. Este folleto estaba adornado con un grabado en color representando a los cuatro cautivos. Al mismo tiempo, invitó a los miembros dela Academiade Ciencias a visitar a los indígenas, en una carta que fue leída en la sesión del 3 de junio de 1833. Los indígenas eran presentados en los siguientes términos:

“Estos indígenas formaban parte de una quincena de prisioneros conducidos a Montevideo en junio de 1832. El Presidente dela República Orientaldel Uruguay me permitió traer cuatro de ellos a Europa, elegidos por ser los que presentaban mayor interés según los informes fisiológicos”.

“El primero es un cacique temible; el segundo, uno de los por ellos denominado médico, que tiene la pretendida ciencia de la magia médica, añadiendo realmente el conocimiento de ‘simples’ adecuados para curar las heridas. El tercero es un joven y bravio guerrero, reconocido por su destreza para domar caballos salvajes; el cuarto, una mujer, es la compañera del joven guerrero”.

“Estos cuatro individuos ofrecen modelos vivientes de la constitución física y características morales tan bien descritas por el estudioso autor de U histoire naturelle du genere humain. Estos son los verdaderos tipos dela Troi-siémerace d’ hommes, llamada race cuivreuse. Su frente corta y baja, sus ojos vivos y hundidos, sus narinas abiertas, sus cabellos negros, toscos y rectos, su piel de tinte cobre rojizo con escaso vello que arrancan, su estatura baja, sus músculos fuertemente pronunciados, todo en ellos reproduce el marco de las variedades de la especie humana trazado en las obras de viajeros y naturalistas”.

“Los cuatro Charrúas de los que se trata tienen sus vestimentas habituales, sus armas y los pocos utensilios que utilizan en sus habitaciones nómadas. Un toldo (choza de juncos) fabricado por ellos será erigido dentro del predio en el que residen para servirles de alojamiento”.

“Los Charrúas comprenden bastante bien el español. Un joven que estuvo viviendo entre los indios servirá de intérprete para las personas que, no sabiendo ese idioma, quieran igualmente interrogar por sí mismos a los cuatro individuos ofrecidos a su curiosidad”.

La exhibición

 

El Sr. de Curel ofreció la entrada gratuita a los académicos, todos los días desde el mediodía hasta las 16 hs., con la sola presentación de la medalla dela Academia. Propusopara la primera visita el jueves siguiente, 6 de junio, a las 11 hs. de la mañana. En realidad, la visita no tuvo lugar hasta la mañana del sábado 8. Le Temps del sábado 8 de junio, no. 1329, daba cuenta del hecho en estos términos:

“Estos hombres, de una raza extraña a nuestra región y a nuestras costumbres, tienen la piel de un tono cobre rojizo, la cabeza casi redonda y los cabellos de un negro muy oscuro. El Cacique Perú, de 50 años de edad, tiene en el cuerpo la cicatriz de un golpe de sable, que recibió combatiendo. A pesar de su aire grave y su cara ruda, lo hemos visto sonreír ante el aspecto de alguna de las jóvenes damas que formaban parte de la reunión”.

“Tacuabé, el más joven de los tres hombres, tiene un aspecto muy agradable. En su país era conocido por su talento para domar caballos salvajes y toros. Dio, delante de la sociedad parisina, un ejemplo de su fuerza y de su destreza para tirar la boleadora y el lazo, de los que ellos se sirven para agarrar a sus enemigos”.

“La joven mujer se llama Guyunusa, y aunque no es bonita, no tiene sin embargo el tinte tan cobrizo que poseen los otros; se hizo compañera de Tacuabé quien, al igual que ella, no tiene más de veinte años, luego de haber pertenecido al Cacique Perú. Eso está permitido por sus costumbres: se toman, y cuando ya no se convienen, se dejan; no hay otra formalidad para el casamiento”.

“El cuarto Charrúa se llama Senaqué. Constante y fiel compañero del cacique en la guerra contra el Brasil, se lo mencionaba por su bravura. Fue herido en el pecho por un corte de lanza, del que se ve la marca”.

“Los salvajes están casi desnudos. Se encuentran agrupados alrededor de un fogón en el que asan la carne fresca que se les sirve de alimento. Parecían estar algo recelosos por la presencia de quince a veinte extranjeros. Sin embargo, ellos se fueron familiarizando rápidamente, y como hablan bastante bien el español y el portugués, pudieron responder a las preguntas que les hicieron algunos visitantes “.

En la sesión del 10 de junio,la Academiade Ciencias recibió una nueva carta del Sr. de Curel, pidiendo: “que sean nombrados delegados, a quienesla Academiapueda encargar el hacer observaciones sobre los salvajes Charrúas”. Al mismo tiempo, se recibió del Sr. Virey, que había ido a visitar a los indígenas el 7 de junio (artículo de Le Temps citado más arriba), una carta donde consignaba sus primeras observaciones y declaraba que el nombramiento de delegados le parecía inútil. Sin tomar en cuenta su deseo,la Academiadesignó a los Sres. Geoffroy St-Hilaire, Serres, Larrey y Flourens, pidiendo que se agregara el Sr. Edwards, dela Academiade Ciencias Morales y Políticas que nombrara por su parte una comisión para el mismo propósito. Ésta, designó en su sesión del 15 de junio, a los Sres. Mignet, Broussais y Villermé(28), y el mismo día dio aviso ala Academiade Ciencias, que tomó conocimiento de esta elección en su sesión del 17.

Por otra parte, la gran prensa y la prensa científica también se pusieron en movimiento. Ya mencioné el artículo de Le Temps del 8 de junio. La noticia del arribo de los Charrúas, con un resumen de las observaciones de J. J. Virey, aparecieron enla Revue Encyclopédiquey en el Memorial encyclopédique et progressif des connaissan-ces humaines. Posteriormente, Virey publicó en L’Euro-pe littéraire un estudio más extendido, reproducido textualmente en Le Temps del viernes 28 de junio, no. 1349. En fin, bajo la firma de L.P., Le National publicó, los días 4 y 12 de julio, dos artículos escritos por un observador que declaraba no sin ironía:

“Esta colonia, formada por tres hombres y una mujer.. ha tenido el honor de recibir la visita, hace algunos días, de una doble delegación dela Academiade Ciencias Morales y Políticas y dela Academiade Ciencias, presidida por el Sr. Geoffroy St-Hilaire y que, sin duda, realizará un informe sobre estos salvajes; pero, en virtud de que estos señores han establecido una metodología, el público estará satisfecho de encontrar aquí algunos hechos…”

De hecho, no parece que la doble comisión académica haya realizado una investigación seria. No se puede más que sonreír leyendo en Le National del domingo 14 de julio (4o año, no. 195), el relato de una de esas visitas a los “salvajes”:

“Los señores delegados nombrados porla Academiade Ciencias y la de Ciencias Morales, decidieron juzgar el efecto que la música producía sobre los indios Charrúas, en su visita a los salvajes del miércoles pasado. El Sr. Ber-ton llevó con él a varios profesores de las orquestas dela Academiade Música y del Conservatorio, entre los cuales debemos citar a los Sres. Tulou y Meifred”.

“Se ejecutaron para ese fin, fuera de la presencia de los salvajes, un quinteto para trompas y trompetas que los sorprendió, ya que no entendían la armonía, pero que parecía causarles una impresión muy viva, al menos al Cacique Perú y al joven Tacuabé; Guyunusa y el viejo guerrero Senaqué mostraron en sus fisonomías algunas marcas de sensibilidad, particularmente este último, por lo general muy impasible”.

“Enseguida los ejecutantes se acercaron y tocaron, en presencia de los indígenas, fragmentos de un estilo más alegre y de un movimiento más vivo que el de comienzo; entonces, los auditores parecieron mucho más animados, siendo especialmente sensibles a algunos solos de flauta y de trompeta que les hicieron oír el Sr. Tulou y uno de los profesores que lo acompañaban”.

“La distinguida sociedad, compuesta por los miembros del Instituto, otros sabios y damas, que asistió a esta prueba siguió las diversas circunstancias con vivo interés. Lamentamos fundamentalmente que el Sr. Chérubini y su familia hubieran llegado un poco tarde como para poder disfrutar del espectáculo, por otra parte tan curioso que no era de naturaleza tal como para ser repetido”

Nos sumamos a la pena del redactor de Le Temps. Mientras que los miembros del Instituto estaban interesados de un modo muy particular en las reacciones estéticas de los Charrúas, el Sr. Chérubini podría, quizás, haber pensado en recoger algunos datos etnográficos, antropológicos o lingüísticos.

De todos los miembros de la doble comisión nombrada por el Instituto, sólo Larrey publicó algunas observaciones anatómicas recogidas en el transcurso de su vista.

Es realmente triste y desconcertante que la ciencia oficial no haya aprovechado mejor la oportunidad que se le ofreció de recolectar datos sobre los últimos sobrevivientes de una tribu tan interesante.

Es probable que el suceso provocado por el Sr. de Curel con esta lastimosa exhibición no respondiera a sus expectativas.

La muerte de Senaqué

La enfermedad no tardó en diezmar su grupo. Senaqué se enfermó de una “fiebre de consunción”, causada principalmente por “la desesperanza, el tedio y, sobre todo, la nostalgia”. En base a la propuesta de Flourens,la Asambleade profesores del Museo decidió, el 23 de julio, que el indígena fuera tratado, con expensas del Museo, enla Maison Royalde Santé del barrio Saint-Denis; una parte de los fondos “destinados a la adquisición de animales raros fueron afectados al pago de los gastos necesarios (cuatro francos por día). Senaqué no necesitó por mucho tiempo tanta liberalidad económica. Ingresó en la mañana del 23 de julio, en el servicio del profesor Duméril, y murió el 26 de julio, a las siete horas de la tarde. Veamos aquí el acta de deceso que se redactó:

Nombre y apellido: Senaqué.

País: Uruguay (Banda Oriental)

Edad: presumiblemente entre 56 y 57 años.

Profesión: favorito del jefe de la tribu, médico.

Lugar de nacimiento: tribu de los Charrúas.

Soltero.

Ingresado el 23 de julio en la mañana.

Muerto el 26 de julio a las siete hs. de la tarde.

Estuvo cuatro días enla Maison Royalede Santé.

El cuerpo de Senaqué fue transportado al laboratorio de anatomía del Museo. Extraje los detalles de un artículo publicado por Camus, interno enla Maisonde Santé, donde está contado con real emoción el triste fin de esta agonía de desesperado.

Este artículo, que fue reproducido en casi todos los diarios, impresionó verdaderamente la opinión pública, y el Sr. de Curel, o la persona a quien él había cedido los indios), sintió la necesidad de justificarse.La Revuede Paris publicó una nota de respuesta al artículo de Camus, evidentemente inspirada por el “manager”, donde se puede saborear la hipocresía.

“No es sólo por especulación, sino más bien por humanidad, que los Charrúas fueron conducidos a Francia con su propio consentimiento. Ellos estarían muertos de dolor y de miseria en los cababozos de Montevideo, donde estaban cautivos. Ningún cuidado le fue negado a Senaqué por quienes lo dirigían antes de su muerte, y su cadáver no fue vendido, sino donado por nosotros al Gabinete de Anatomía del Jardín du Rol Los Charrúas sobrevivientes están muy contentos con las visitas que reciben, especialmente cuando son visitas de damas. Su domicilio será, de ahora en adelante, rué dela Chausséed’Antin, no. 27, en un local más digno de ellos y de las personas honorables que quieran solicitarles audiencia”.

El parto de Guyunusa

 

Dos meses después de la muerte de Senaqué, un segundo hecho marcó la historia del pequeño grupo. Guyunusa tuvo, el 20 de setiembre a las nueve horas de la noche, una hija, que nació en término, por lo tanto, concebida antes de su partida de América. El relato que nos ha dejado Tanchour de este nacimiento, quien fue enviado para atender a la parturienta por Flourens, es sin duda uno de los documentos más interesantes que encontré en el curso de mi larga búsqueda en los diarios de la época:

“La mujer Charrúa realizó su parto el 20 de setiembre. Su pequeña hija, en el segundo día desde el nacimiento, padeció de una retención de orina, por lo cual el sabio Sr. Flourens me escribió en dicha ocasión para invitarme a cuidar a estos salvajes, alejados de los bosques. Antes de hablar de la niña, diré unas palabras sobre la madre y su parto “.

“Tan pronto Guyunusa, que ya había tenido un niño en su país, en las márgenes del río Negro (América del Sur), empezó a sentir los dolores de parto, buscó quedarse sola. Tomó una cuerda que pasó ocho veces por el doble picaporte de una de las puertas que estaba en la pared de la habitación, encima de donde ellos se acostaban, sobre pieles y un jergón delgado. Guyunusa dejó la cuerda bastante larga, como para que, tirando de ella, se encontrara casi en cuclillas. Cuando los dolores se hicieron más vivos, su marido, Vacuabé (sic), fue a sentarse como se sientan los sastres, por debajo de ella, de modo que la paciente pudiera sentarse sobre sus rodillas. Mientras los dolores eranfuertes, Vacuabé se mantenía tranquilo, pero cuando el dolor era débil o había pasado, tanto él incorporaba a su mujer con sus rodillas y la ponía en alto como la soltaba para producir una sacudida, como se haría para amontonar el grano en una bolsa”.

“El alumbramiento se hizo en tres horas, casi sin manifestaciones de dolor; un instante después, la mujer se levantó y fue hasta la chimenea a calentarse, sentándose en el piso. El mismo día, como los días anteriores y posteriores, Guyunusa hizo su aseo personal como de ordinario, y se lavó la cabeza en un cubo con agua fría. Tuvo un poco de fiebre de leche, pero no se detuvo nunca, comiendo carne casi cruda cuando tenía hambre, como le era habitual”.

“La pequeña Charrúa nació de término; su cabeza era muy pequeña, sus cabellos, de un negro azabache y muy gruesos, su piel, del color de la tierra de Siena oscura, como la de sus padres. Su madre dijo que no podía alimentarla, por lo que se le proporcionaron alimentos que le ocasionaron una inflamación en el vientre y también en el cuello de la vejiga; de allí la retención de orina por la cual debí colocarle una sonda. Exigí que la niña fuera alimentada por su madre, y actualmente se porta bien”.

Tanchou no asistió al alumbramiento ni fue llamado más que en ocasión de la enfermedad de la recién nacida. Fue una partera,la Sra. Lesueur, la que asistió a Guyunusa. Aún así, los detalles que recogió Tanchou dentro del ámbito de los salvajes son precisos. Están confirmados y completados por las notas inéditas de Dumoutier, de las que hablaré más tarde, y de donde extraje aquellas con relación al parto de Guyunusa. Las reproduzco aquí en su forma original, modificando simplemente el orden para hacerlas más coherentes:

“Ella (Guyunusa) tuvo el viernes 20 de setiembre, a las nueve horas de la noche, una pequeña niña”.

“Ella se lamentaba, en el momento de la llegada dela Sra. Lesueur, cuando ya la cabeza estaba encajada en la excavación de la pelvis menor”.

“Primera posición de la cabeza”.

“A la tercer contracción, ella se acostó. Tenía las piernas cruzadas, manteniéndose suspendida por una correa fijada a la altura de su pecho. Ella misma había hecho estas disposiciones en el día, sintiendo la proximidad del parto. En el suelo, una piel plegada en cuatro le servía para descansar después del dolor, y entonces dejaba la correa. Cuando el dolor volvía, Tacuabé, parado detrás de ella, la encerraba entre sus brazos y con sus manos él le apretaba fuertemente el vientre, haciéndola saltar de tiempo en tiempo, como para obligar al feto a descender por su peso. Ella se quejaba solamente durante los dolores, y se rehusaba obstinadamente a acostarse, habiendo antes dado a luz según las costumbres de su país”.

“En el momento del pasaje, cuando la cabeza ya había salido, el niño lloró. Tacuabé pidió entonces ala Sra. Lesueurque asistiera a Michaela. Previamente, no había permitido que aplicara la mano para sostener el perineo y, a causa de la posición de Michaela, con las tuberosidades is-quiáticas casi tocando los talones, fue imposible recibir al niño por delante”.

“El grito del niño no difiere del de los nuestros “.

“Inmediatamente después de dar a luz, ella se quejó de nuevo y retomó la actitud como para parir. Tacuabé la agarró y la presionó más fuertemente que la primera vez.La Sra. Lesueur, habiendo palpado el vientre, reconoció que la implantación estaba arriba y hacia atrás, y por las ligeras tracciones reconoció también que ella (la placenta) estaba aún adherida. Después de la segunda contracción, se separó. Su forma no ofrecía nada de particular, su volumen no excedía el de una placenta de5 a6 meses; era perfectamente circular y de una integridad perfecta. El cordón era muy voluminoso, más grueso que el pulgar, corto”.

“El ombligo (de la niña) está dos pulgadas encima del pubis “.

“Tacuabé, sin que se lo pidieran, trajo un cuchillo para cortar el cordón, una palangana y agua tibia que había previamente calentado para lavar a la niña “.

“Ella (Guyunusa) no se guarneció, y se tendió sobre el jergón envuelta en las pieles. A ratos se lavaba con agua tibia. No quiso hacerlo delante de los asistentes, por lo que estuvo dos horas esperando antes de asearse. Después (del parto) no quiso dejarse tocar más “.

“Ayer de tarde ella estaba abatida, con el cutis como habitualmente, los senos un poco aumentados en volumen, puntiagudos; el mamelón, no muy diferenciado y moderadamente estrechado: tenía muy poca leche. La niña mamaba con dificultad por causa de la forma del seno y de la escasez de leche, por lo que se debió alimentarla suplementariamente. Ella (Guyunusa) tenía el vientre lastimado después del parto”.

“Tacuabé estaba atento a las necesidades. Le dio su alimento al bebé con una muñeca de trapo impregnada en leche; lavó muy esmeradamente las ropas de su hija”.

“Tacuabé tuvo pequeñas atenciones para con su mujer; fue él quien la asistió durante la noche y le dio de beber”.

“Se los vio acostados sobre una piel, mirando a la niña a la luz de una vela. Parecían muy misteriosos”.

“El (Tacuabé) quiere a los niños y acarició a su hija “.

“Tacuabé parece sensible, así como Michaela, a las caricias que uno le hace a su hija”.

“Las mujeres llevan sus niños sobre la espalda… ellas se acuestan para dar de mamar”.

“Ella (Guyunusa) golpeaba la espalda de su niña para hacerla mamar”.

El fin

Fue en esta época, probablemente antes del parto, que los indígenas fueron transferidos a un nuevo local, rué dela Chausséd’Antin, no. 27.

Poco tiempo después, en una fecha que no me fue posible precisar, pero que debe haber sido en los últimos meses de 1833 Vaimaca, el viejo cacique, murió a su turno sin que yo haya podido descubrir la referencia de las circunstancias de su deceso.

Su cuerpo fue, como el de Senaqué, llevado al laboratorio de anatomía humana del Museo.

Es desgraciadamente cierto que estas muertes sucesivas fueron la consecuencia de las condiciones lamentables de la vida impuesta a los infelices indígenas, tanto por el Sr. de Curel como por los individuos a quienes él los cedió. Se lee, en efecto, en Le Magasin pittoresque de 1841 (p. 395):

“Hemos visto…, hace doce años, los indios Charrúas que fueron conducidos a Francia en un barco mercante, vendidos por el capitán o el sobrecargo del navio al propietario de un circo defieras ambulante, y mostrados como espectáculo entre un elefante y un rinocerontem. La autoridad, es necesario decirlo, habría sin duda intervenido para impedir esta escandalosa transacción si hubiera tenido conocimiento de ella, pero los Charrúas se expresaban en una lengua extranjera y no eran comprendidos por los agentes de policía encargados de la vigilancia de este tipo de exhibiciones. Antes de que ellos hubieran podido aprender el francés, la muerte los liberó de una condición en la que parecieron sentir la amargura tan vivamente como el carabonero del Mayne”.

Más formal aún es la carta que publicó un año más tarde el mismo diario, a propósito de la nota precedente:

“Los hechos informados en vuestro artículo no son desgraciadamente más que relativamente exactos… Pero, sin tener que rectificarlos, yo querría agregar algunos otros que, por efecto de las circunstancias, no fueron conocidos más que por un pequeño número de personas “.

“Uno de nuestros botánicos más notables, el Sr. Augus-te Saint-Hilaire, que ha viajado largamente en interés de la ciencia por el interior de América del Sur, y que con gran conocimiento de las tribus indígenas fue, por un acto de reminiscencia muy natural, a visitar a los Charrúas que eran expuestos a la curiosidad pública en un departamento de la rué de Rivoli, se sintió golpeado por la manera indigna en que los extranjeros eran tratados por el especulador al cual el o ellos habían tenido la imprudencia de confiarse. Este miserable, aprovechándose de su ignorancia acerca de nuestras leyes, no tuvo escrúpulos en ponerlos en la misma categoría que a los animales que se lleva en los circos defieras ambulantes, quien van de feria en feria. Este sabio académico, preocupado por el escándalo del que venía de ser testigo, hizo partícipes, a su retorno al Instituto, a algunos de sus colegas de lo que acababa de presenciar. Ellos juzgaron, como él, que su sentido de la humanidad y el honor de Francia no les permitía tolerar por más tiempo una injusticia tan cruel. Pero sin embargo, no les pareció necesario hacer intervenir oficialmente ala Academiade Ciencias en un hecho de tal naturaleza. No era, en el fondo, más que un simple asunto policial, y era la policía quien debía poner orden desde el principio. El Sr. Séguier, en su doble calidad de académico y de magistrado, fue entonces encargado por ellos de realizar junto a la administración los trámites necesarios, sin otro aliciente que el de su caridad y cortesía, para rectificar las injusticias que por exceso de negligencia se habían causado a los desgraciados Charrúas. Después de haber verificado escrupulosamente la condición en que estaban estos extranjeros, y donde bajo ningún pretexto se excluyeron los latigazos que éstos habían sufrido, fue a buscar al Prefecto de Policía, y así obtuvo sin dificultad que la administración liberara a estos infortunados de su ilegítimo carcelero y tomara para sí las medidas que esta situación excepcional reclamabam. Y ¿qué quedó del celo en la ejecución de las órdenes del Prefecto? ¿Algún agente advirtió oficiosamente al exhibidor de lo que se tramaba contra él? El hecho es que, cuando la policía hizo su llegada al lugar donde eran mostrados los Charrúas, éstos se habían ido. Se supo, sin embargo, que habían sido puestos en marcha hacia Estrasburgo. Se solicitó entonces al Ministerio del Interior que se intersara por el asunto, y se trasmitió al Prefecto del Bajo Rin la orden de detener a los viajeros en el instante de su llegada a la capital de distrito. Si no me equivoco, se usó el telégrafo en esta ocasión… Por desgracia, tantas buenas intenciones fueron inútiles. Sospechando que las órdenes de la policía de París lo alcanzarían en Estrasburgo, el exhibidor hizo tomar a sus víctimas un camino imprevisto, con lo que evitó esa ciudad y, atravesando el Rin en algún barco de pasajeros, alcanzó Alemania. Fue alíí donde estos desgraciados se perdieron… Creo… recordar haber sentido decir que ellos terminaron por morir en Alemania. Yo agregaría que cuando la noticia de la llegada délos Charrúas se conoció en Estrasburgo, al igual que la solicitud de la administración de su cuidado, la caridad de la alta sociedad fue profundamente estimulada. Las damas, siempre tan compasivas de los verdaderos infortunios, quisieron tomar parte en la reparación que Francia debía a estos infortunados, tan largamente privados de los derechos sagrados de la hospitalidad. Se hizo una colecta para el cuidado de los indígenas, y se preparó el retorno de la joven pareja a su tierra natal, con toda la asistencia que fuera necesaria, aunque desgraciadamente todo este bello intento vino a quebrarse en el último instante “.

Estas dos cartas o artículos, tan contundentes para el exhibidor, encierran de todos modos, algunas informaciones en parte inexactas. No fue en Alemania que continuó la do-lorosa odisea de los Charrúas, sino en Lyon, ya que su miserable conductor, prevenido sin duda del recibimiento preparado en Estrasburgo, los llevó a esa ciudad. Fue también allí que Guyunusa, su tercera víctima, murió el 22 de julio de 1834. Veamos, en efecto, el suelto que mi excelente colega dela Facultadde Ciencias de Lyon, el Sr. Profesor Ma-yet, encontró en Le Journal du Commerce du Lyon del 27 de julio de 1834:

“Una de las mujeres Charrúas, de los salvajes de América del Sur conducidos a Francia por un especulador que contaba con su presencia para imponer un rico tributo a la curiosidad pública, y que ha estado completamente equivocado en su expectativa, acaba de morir en el Hotel-Dieu de Lyon, de una phtysie (sic) pulmonar. Es la cuarta persona (Nota: Aquí hay un error, Guyunusa fue la tercera víctima) de esta familia que sucumbe después de su arribo a Europa. Ella deja una niña y un esposo que, alejado de su patria, va a sentirse doblemente desgraciado”.

El Sr. Mayet encontró en los registros del Hotel-Dieu los rastros del pasaje y de la muerte de Guyunusa:

“Guyunusa Micaela, mujer de Tacuabé.

Nacida en las márgenes del Uruguay, en el Paraguay.

Entrada al Hotel-Dieu, el 22 de julio de 1834, sala Montazet, cama n° 9.

Deceso el mismo día a las nueve de la noche “.

Si hay necesidad de una nueva prueba de la indignidad con la que fueron tratados los Charrúas, este documento nos la da, de la misma forma que en el acta de deceso de Senaqué. Éste, muerto cuatro días después de su entrada ala Maison Royalde Santé, Guyunusa, el mismo día de su hospitalización. No fueron enfermos, sino moribundos, los que el odioso bárnum confió a los médicos.

A partir de julio de 1834, perdí los rastros de Tacuabé y su hija. ¿Qué pasó con esos infortunados? ¿Cuánto tiempo pudieron resistir las miserias de su vida? ¿Dónde acabó su doloroso calvario? Debo dejar sin respuesta todas estas preguntas, deseando que, cualquier día, un feliz azar permita a un investigador más hábil que yo, escribir el acto final de este punzante drama.

Los trabajos de Dumoutier

 

Si bien los estudiosos oficiales, a excepción de Larrey, dejaron pasar la ocasión de un análisis interesante, algunos investigadores se mostraron más ávidos y, aunque las informaciones que nos trasmitieron no satisfacen totalmente nuestra curiosidad, sería injusto no rendir homenaje a su buena voluntad. Tuve ya ocasión de citar algunos de estos artículos en las páginas precedentes. Se los encontrará reproducidos al final de esta memoria, a pesar de los detalles a menudo ociosos que ellos encierran, para que el lector no tenga que acudir a periódicos poco conocidos o poco accesibles al extranjero.

Me hace falta citar el trabajo más importante que provocó la llegada de los Charrúas. Es la obra de Dumoutier, el antropólogo que tomó parte de la expedición de Dumont d’Urville, a bordo del Astrolabe y dela Zélée, de1837 a1840. Miilustre predecesor en el Museo, el profesor E.T. Hamy, conservó preciosamente en su biblioteca las notas manuscritas de Dumoutier sobre los Charrúas, después de haberlas hecho encuadernar. Estas notas me fueron confiadas por su hija,la Sra. Pommier, a quien tengo que expresarle mi más vivo reconocimiento.

Lo cierto es que Hamy tuvo la intención de publicar y comentar esos documentos, por lo que registró los archivos dela Academiade Ciencias y copió los datos que estaban allí consignados.

De estas búsquedas, que yo hice también por mi parte, resulta que el manuscrito de Dumoutier está inédito solo parcialmente. Toda la primera mitad fue, en efecto, publicada en una revista olvidada hoy en día, como la ciencia a la que ella estaba consagrada, el Journal dela Sodetéphrenologique de París (París, 1833, tomo II, pp 74-102), bajo el título Consideraciones frenológicas acerca de las cabezas de cuatro Charrúas. Dumoutier era un frenólogo entusiasta. En una frase que debía terminar la parte impresa de su memoria, pero que no fue insertada, proclama su fe en la ciencia creada por Gall:

“Si se confrontan las conclusiones que mis honorables colegas han deducido de las observaciones que se han brindado, y si se comparan los hechos que ellos han relatado a los que yo acabo de exponer, no es evidente que entre los pueblos salvajes, y tomando a los Charrúas como ejemplo, como entre los pueblos civilizados, las manifestaciones afectivas, intelectuales y morales están constantemente en relación con el desarrollo de las partes cerebrales correspondientes, si bien no se puede negar la influencia que las circunstancias exteriores pueden ejercer sobre el carácter en distintas épocas de la vida. No obstante, éste será la expresión de la organización cerebral y, sean cuales fueran las desgracias o los elogios a los que se ve expuesto un individuo o una población, la organización cerebral vendrá siempre a declararse a favor o en contra de los juicios que puedan hacerse, y la verdad se aclarará a la luz de la frenología”.

Es cierto que las observaciones de Dumoutier serían más positivas de no estar completamente dominadas por esta fe, pero es necesario tomarlas como son y consolarse pensando que, si el autor no hubiera sido precisamente un frenólogo, se habría quizá contentado, como los miembros de la comisión académica, en observar la reacción de los salvajes a los acordes de la orquesta de la ópera.

Comparé cuidadosamente el manuscrito con el texto publicado, y no encontré entre ellos más que dos leves diferencias que anoté. Dumoutier había igualmente señalado:

“Agregar a la prueba que ellos (los Charrúas) han aprendido el español y el portugués después de su cautividad”. Esta adición no fue realizada.

A pesar del aviso en que termina el artículo del Journal dela Sodetéphrenologique de París, no parece que la continuación haya sido jamás publicada. Al menos, todas mis búsquedas no me lo han permitido descubrir. Además, no parece que Dumoutier haya redactado la continuación, a juzgar por el estado del manuscrito. Se trata, en efecto, de notas a menudo sin hilación unas con otras, escritas sobre trozos de papel de dimensiones variadas, que han debido ser escritas a medida que efectuaba las observaciones, y que Dumoutier dejó sin coordinar. El Sr. Hamy las dividió, antes de hacerlas encuadernar, bajo diferentes títulos: “Fragmentos sobre los Charrúas”, “Polémica contra Virey acerca de los Charrúas”, “Fragmentos’, “Notas etnográficas”, “Notas frenológicas”, “Notas tomadas de Azara”.

Creo que el Sr. Hamy no tenía interés en publicar este conjunto bastante incoherente, de donde ya extraje los detalles relativos al parto de Guyunusa. Pienso que él quiso, más bien, contentarse con destacar los hechos interesantes que habían sido anotados por un observador fiel, que había escrito bajo una de sus notas:

“Habría podido embellecer este cuadro de la vida de los Charrúas, y de hablar de sus costumbres. Preferí ser fidedigno ante todo y no hablé de nada que no hubiera visto o de lo cual no me hubiera asegurado por preguntas a las personas que habían permanecido en esos territorios “.

Veamos ahora lo que dice Dumoutier acerca de cada indio en particular:

“El primero (de los salvajes) es el cacique Vaimaca, apellidado Perú, de edad aproximada de 54 años. Su esta-tura es como máximo de cinco pies (162 cm., aproximadamente). Por sus anchos hombros y las formas pronunciadas de sus brazos y su cuerpo, se reconoce que debe estar dotado de una gran fuerza “.

“A través de la severidad de sus rasgos, se ve que tiene impreso sobre su aspecto un aire de bondad, y si bien su edad y los reveses volvieron su carácter más sombrío que cuando era joven, la sonrisa viene aún a colocarse en sus labios algunas veces “.

“El desarrollo de las partes anteriores de su cerebro prueba que las facultades intelectuales no están por debajo de aquéllas que son necesarias para gobernar a los hombres, a lo que dedicó toda su vida”

“Según varios informes, la conformación de su cabeza se acerca mucho a la que tenemos bajo nuestros ojos. El gran volumen de todos los órganos de la base de los hemisferios y el del cerebelo indican que, como éste, Perú fue un hombre capaz de grandes acciones “.

“Algunos hechos de su vida harán conocerlo mejor:”

“A los aproximadamente 30 años fue elegido jefe de su tribu por asentimiento general; muchos actos de bravura lo hicieron merecer es honor…” (Aquí, Dumoutier reproduce los detalles bibliográficos del folleto de de Curel).

“Actualmente poco comunicativo, desdeña responder a las preguntas de pura curiosidad. Más o menos indiferente a las miradas de los visitantes, no desciende jamás de su dignidad personal y se sumerge siempre en una meditación profunda bajo el aire más indolente, poniendo en movimiento dentro de su cabeza grandes pensamientos”.

” Aquéllos que no veían en él más que a un salvaje tosco, abrumado por la ignorancia, al considerar el desarrollo de los órganos situados en las regiones superiores y anteriores de Perú, y que compararon, según los datos frenológicos, el volumen de las masas posteriores del cerebro en relación a las partes anteriores, no tardaron en reconocer cómo él pudo aprender a hablar bastante bien las lenguas española y portuguesa, cómo se ocupaba sin cesar de sus niños y de los individuos de su tribu destruida “.

“Ellos reconocieron, en fin, un ilustre cautivo que perdio todo, trono, ejército, familia y patria. Las insignias del cacique eran un cinturón de cuero con pequeños círculos también de cuero “.

Veamos ahora el inventario de las heridas o rastros de accidentes relevados en el cuerpo de Perú:

“Cicatriz de cerca de10 pulgadasde la herida de un sablazo recibido en 1832. Fractura de la décima costilla izquierda. Fractura del radio izquierdo en la unión del tercio superior con los dos tercios inferiores, oblicua y con una ligera deformación con curvatura hacia adelante. Exostosis de casi 18 líneas (36 mm) de extensión en altura y de 6 líneas (12 mm) de saliente, situada un poco por encima de la mitad de la cresta anterior de la tibia derecha”.

Los informes sobre Senaqué no son menos interesantes:

“Edad aproximada 52 años, muerto en París el 26 de julio último. Era el médico del cacique de la tribu. Su estatura era de cinco pies con dos o tres pulgadas (167 a170 cm.). Circunferencia (de la cabeza):20 pulgadas(54 cm.). Fue moldeado después de su muerte; el aspecto de su figura parecía apenas alterado. Era por naturaleza delgado y grande. El ancho de su cráneo, por encima de las orejas, es una prueba de lajusteza de las observaciones de los frenólogos. Se sabe que este hombre, como todos los de su tribu, era de un temperamento muy cruel. Después de su llegada a Francia, todas sus costumbres fueron las de una persona enferma y mustia. Su temperamento era bilioso-sanguíneo. El tinte de su piel era más oscuro que el de sus compañeros. Estaba cubierto de honorables cicatrices de las cuales algunas eran rastros de heridas muy profundas. Se sabe, en efecto, que luego de la última guerra, Senaqué fue atravesado por una lanza cuyo hierro paró sobre una de sus últimas vértebras dorsales, y fue dado por muerto en el campo de batalla. Debió dejar su cura a los esfuerzos de la naturaleza; la alteración orgánica que siguió trastornó sin duda sus funciones esenciales y esto fue la causa de su muerte luego de una larga agonía “.

“Su fisonomía difería de las informaciones sobre los otros Charrúas. Sus ojos estaban más oblicuamente dirigidos hacia arriba y afuera, su mirada, sombreada y abatida. La tristeza y el dolor estaban impregnados en las arrugas profundas que cruzaban su frente oscurecida”.

“Durante su cautiverio fue notorio que él era el menos comunicativo, sea por efecto de la enfermedad que lo minaba o por la tristeza que tenía, en vistas a que él guardaba un silencio melancólico sobre los acontecimientos pasados y, cuando miraba a alguien, no era más que con la esquina del ojo y a escondidas “.

“Desdeñoso, veía todo con un aire de menosprecio y una suerte de indiferencia que proviene de la apatía; como todos los de su raza, tenía como acto de honor el manifestar la más perfecta impasibilidad”.

“Hablaba poco; respondía lenta y difícilmente “.

“No era más el jefe altivo de marcha noble y fiera, o el guerrero oculto a las miradas de sus enemigos por la posición horizontal de su cuerpo sobre su caballo lanzado al

galope. No era más el curandero de palabras mágicas, expulsando al espíritu negro o al bitchio de la pierna dolorida de su Rey. Era un héroe pronto a expirar de dolor y sin lamentos, después de haber afrontado cien veces la muerte y las miserias de la vida en el campo “.

”Llevaba con orgullo la insignia de su conocimiento médico, que consistía en un cinturón de cuero pintado de distintos colores “.

“Él apreciaba la hora que venía después que el sol estaba alto”.

Los testimonios recogidos sobre Tacuabé, que parecía haber sido el más acogedor de los tres indígenas, son menos numerosos y a menudo, anecdóticos:

“Tacuabé construyó un violín que él mismo tocaba. Hacía algunos acordes sobre su guitarra y parecía amar el hacer música “.

“Tacuabé no sabe cómo colocarse para saltar; no sabe abalanzarse, no tiene jarretes”.

“Después de un día, jugaba con el volante con una destreza destacable, como si él lo hubiera hecho durante toda la vida “.

“Coloreó las figuras”.

“Tiró su gato al fuego, para divertirse con sus sufrimientos “.

“Se burla de todos los visitantes “.

“La imitación es una de las facultades más activas de Tacuabé. Yo lo oí remedar la voz de las personas que iban a visitarlo, burlándose de ellos, en relación con todo, como por ejemplo, imitando el gesto de una persona que agarraba su binocular para mirarlos”.

“El sentido metafórico combinado con el espíritu alegre le es fácil y de uso común. Por ejemplo, se lamentaba un día de que habían ido muy pocos visitantes y quería hacerles comprender que había recibido pocos beneficios. Entonces, él sacó su cuchillo de la vaina y, dándole vuelta, como no cayó más que una pieza de veinte, miró al cielo que estaba puro en ese momento, diciendo: “Oh, hoy el tiempo no está bello pues nada ha caído del cielo! Habiendo salido de mi monedero una moneda, recomenzó a mirar el cielo y dijo riendo: “Aún faltan cuatro horas antes de la puesta del sol; el cielo comienza a estar hermoso”. Su compañero Perú, que no había dado el sentido correcto de sus palabras, miró el cielo también, y viendo que estaba sereno pareció asombrado. Entonces Tacuabé, y también su mujer, se pusieron a reír indicando con el dedo el lugar del cielo de donde la pieza había caído”.

En lo que concierne a Guyunusa, las notas más interesantes de Dumoutier se refieren a su parto, que ya reproduje. Las otras observaciones no tienen gran importancia:

“La cabeza de Michaela es subida en altura “.

“Ella es menos diestra (con el volante que Tacuabé); es más indolente “.

“Michaela sabe cantar y se acompaña de su violín “.

“Su hablar es dulce”.

“Las mujeres llevan collares”.

“Las mujeres Charrúas y las de los gauchos tienen la costumbre de andar desnudas y no se cubren más que las partes genitales, pero dejando desnudos sus senos. Michaela era de esa costumbre antes de embarcarse, pero los marineros y otros miembros de la tripulación, que no dejaban de mirarla y de hacerla sujeto de todas sus bromas, hicieron nacer en ella el sentimiento de vergüenza, y entonces ella comenzó a cubrirse con su manto “.

Los testimonios etnográficos de orden más general anotados por Dumoutier, fueron en parte utilizados para la redacción de la primer parte de su trabajo. No retuvo más que algunos hechos nuevos:

“Ellos (los Charrúas) son generalmente sucios y como casi todos los negros, exhalan un olor muy fétido”.

“Son muy sobrios en su vida habitual excepto porque ellos son muy ávidos de bebidas espirituosas”

“Pueden soportar con gran resignación las más grandes privaciones, ya que, por ejemplo, se los vio pasar sin comer durante cuatro días, recorrer una distancia de cien leguas y devorar enseguida un cuarto de novillo o de vaca joven”.

“Les gusta mucho el tabaco y comen nuestras frutas con placer”.

“Errantes, nómades, pasan casi toda su vida a caballo. Viven bajo carpas llamadas toldos, que combinan de lugar cada vez que sus manadas consumen la hierba de los pastizales donde están establecidos “.

“(Tienen) agujas (e) instrumentos de pesca. El lazo y las bolas los llevan colgados en las ancas “.

“(Tienen) carcaj (y) flechas”.

“Les gustan los colores chillones “.

“Los juegos de destreza, de azar… son sus pasatiempos ordinarios “.

“Es presumible que los juegos de cartas y de la taba no sean anteriores a la invasión de los europeos, y Tacuabé mismo los habría aprendido de los gauchos que lo educaron, lo que podría quizá llevar a creer que ellos juegan a la taba con las mismas combinaciones que nosotros; como nosotros carecíamos de tabas ellos se sirvieron de pequeños guijarros redondos o de piedras que redondeaban frotándolas con las manos “.

“En cuanto a sus naipes, algunos se parecían a los nuestros y sobre todo, a los usados por los españoles pero, además, hay algunos con signos que nos son totalmente extraños; están hechos con pedazos de pieles deshechas en las que afeitaron los pelos y sobre los que ellos pintaron colores por el mismo procedimiento que usan para pintar su chilippi (sic) (manto) “.

“Tienen otros juegos: el que consiste en saltar con un hueso de caballo”.

“Ellos indican el camino por el color del terreno, o de lo que se encuentre, vegetales, rocas, o todo tipo de accidentes “.

“Reconocen por el rastro de su paso… qué animal pasó, su edad…”.

“Su lengua, si bien poco rica en expresiones, no deja de ser enérgica y armoniosa”.

“Los salvajes de esta parte de América tienen en general una tendencia muy marcada a lo milagroso; se sabe con qué prodigalidad ellos se dedican a dar sermones, poner epítetos y cuan ingeniosos son para hacer enérgicas observaciones sobre los grandes fenómenos de la naturaleza, de los objetos del mundo exterior, de los actos de los animales que habitan en sus bosques, o de sus analogías más remarcables. Sus expresiones no son suficientes para enunciar sus pensamientos y, como nuestra gente de pueblo, cuando quieren hacer un razonamiento importante, usan algunas expresiones usuales que desvían de su sentido vulgar para darles un sentido vago e indeterminado; de allí la utilización entre ellos de expresiones metafóricas más o menos justas, según que sus facultades de reflexión sean más o menos ejercitadas y su juicio más o menos exacto “.

“Cada objeto o cada individuo tiene, en su lengua, un nombre propio; tienen también nombres comunes, y en fin, todos los elementos de una lengua completa. Para dar una idea de su riqueza, indican a menudo por un nombre distinto al exterior y al interior de un objeto. Así, hablando de su manto de piel, ellos denominan quillapi a la parte que queda por fuera y chilipa, la superficie que toca su cuerpo. Dicen, por ejemplo, que hay que extender en el suelo el quillapi para cubrirse con la chilipa. Es el mismo objeto, del cual cada superficie que tiene un uso distinto lleva un nombre propio “.

“Cada individuo tiene un nombre propio y, a menudo, nombres comunes “.

“Su numeración es decimal; cuentan con los dedos “.

“(Ellos) marc(an) los días con una raya sobre un palo”.

“Entre ellos el celibato no es común y los casamientos son precoces. La mujer tiene un solo esposo, pero son libres de cambiarlo. Mientras son madres, se creen obligadas a la constancia, a menos que su niño muera; entonces, ellas pueden de nuevo variar su elección “.

“(Ellos son) polígamos. No se unen entre hermano y hermana. El adulterio es apenas castigado por algunos golpes de puño “.

“La sífilis no les es conocida”.

“No tienen ningún sentimiento filial; el niño ignora quién ha sido su padre y éste no comparte con su compañera los cuidados que el niño necesita. Sin embargo, conserva para su progenie algunos regalos, pero las ideas que lo llevan a esto están más basadas en las ventajas materiales que pueden resultar que en el amor puro a los niños desprovisto de todo cálculo e interés “.

“Perú hablaba seguido de sus niños y de su familia, que extrañaba”.

“Respetan la vejez”.

“Bajo el mismo techo se reúnen todos los individuos de una misma familia. El padre es el jefe, y como cada niño debe participar en la prosperidad común, tan pronto como puede prestar el menor servicio, es utilizado “.

“Viven en familia y hacen gran sociabilidad entre ellos”.

“Las atenciones y los pequeños cuidados son raros y no se observan más que en el amor. (Son) susceptibles de unirse a personas extranjeras “.

“Todo el resto (de la tribu, excepto el cacique y los jefes de guerra) está confundido en una sola clase “.

“Tienen leyes y derechos “.

“Tienen días festivos que se repiten cada año en la misma época, la de la venta de sus productos”.

“La gravedad de la mutilación (entre las mujeres) es una marca ostensible de los diversos grados de su dolor y, como ellas, los hombres tienen que dar prueba de su valentía y se las practican ellos mismos “.

“Se pintan el cuerpo de diversos colores y se hacen incisiones en ciertas épocas del año; las cicatrices que resultan son las marcas de honor”.

“Son idólatras y creen en la existencia del alma. Admiten la existencia de un espíritu superior al que ellos rinden homenaje. Hablan de un gran espíritu “.

“En sus funerales practican algunas ceremonias piadosas”.

“Se acuerdan de todo lo que la tradición les ha enseñado acerca de lo que han sufrido sus antepasados por parte de los primeros conquistadores de América. Cuando un indio joven alcanza la edad de la razón, sus padres le cuentan la historia de la conquista y las atrocidades de los españoles (hechos que son más o menos exagerados por la imaginación de los narradores y por vía de la tradición) “.

“Son naturalmente poco comunicativos y su disimulo ha podido inducir a errores cuando sólo se los observa un momento “.

“Son entusiastas, exaltados y muy despiertos en todos sus movimientos cuando están animados, fantásticos”.

“Son embusteros, perezosos en exceso, apasionadamente ladrones, y es muy difícil de sustraer a sus rapacidad lo que ellos desean “.

“Consideran que es su deber el devolver mal por mal”.

“Se creen obligados imperiosamente a vengar los ultrajes recibidos por su padre; la palabra venganza es la última cosa que un hijo oye pronunciar a su padre a la hora de su muerte. Jamás puede soportar el yugo de la civilización. La venganza y el espíritu de represalia se observan también entre las mujeres “.

“Nada es más horrible que las atrocidades que cometen cuando están embriagos; el más ligero pretexto excita su cólera “.

Las notas de Dumoutier están acompañadas de varios dibujos sin leyenda.

Uno de ellos, trazado a lápiz, representa sin ninguna duda los naipes de los indios Charrúas. Cada color comprende diez cartas; no hay más que tres colores que están simbolizados. Una nota indica que la última carta de la sexta hilera corresponde al rey. Es evidente que es lo mismo para las últimas cartas de la segunda y la cuarta hilera, siendo el orden, idéntico para cada color.

A juzgar por los dibujos, este juego charrúa deriva del juego europeo, pero, cosa curiosa, está a la vez influenciada por los modelos franceses y por los españoles. La primera y la tercera series corresponden a los “oros” y “bastos” españoles; los signos de la segunda serie parecen ser “diamantes”. Por el contrario, la estilización de los signos y de las figuras son ciertamente una concepción charrúa.

Se tienen muy pocos estudios, de mi conocimiento al menos, sobre los juegos de cartas indígenas de America. Solo conozco sobre este tema un trabajo de Jiménez dela Espadaque no he podido consultar, y un artículo de Leotardo Matus Z.

Los otros dibujos del manuscrito de Dumoutier representan el contorno de un pie trazado a tinta y personajes dibujados a lápiz. No tengo ninguna idea de lo que significa el primero, ni de quién es la obra. El segundo es, con toda seguridad, obra de Tacuabé, en parte porque él era de todos los indios el que tenía mayor curiosidad por las cosas europeas, y por que Dumoutier nos dijo que él había pintado las figuras. Veo en estas figuras un ensayo hecho por el joven Charrúa para representar a los visitantes, de quienes gustaba de burlarse.

Otros estudios

 

Durante algunos meses de su vida o después de su muerte, los Charrúas, a excepción de Tacuabé, fueron moldeados, y estos modelos se conservan en el Museo de Historia Natural de París.

El cuerpo entero de Senaqué fue moldeado sobre el natural después de su muerte, por el Sr. Merlieux. Esta estatua colorida figura actualmente en las colecciones del Laboratorio de Antropología, bajo el número 673. Este indio lleva en su mano derecha una lanza, que es quizá uno de los pocos objetos etnográficos de los Charrúas modernos que se posee. Esta lanza mide1.77 m. de longitud y termina en una punta de hierro, cuyo talón está encastrado en el asta y fijado por tres remaches de hierro y tiras de cuero. Lleva los números 678 y 1204, que no pertenecen al catálogo del laboratorio pero son ciertamente antiguos.

El busto de Vaimaca Perú, cuyo molde hizo el Sr. Merlieux también sobre el cadáver, está coloreado y lleva el número 115 de las mismas colecciones.

En cuanto al de Guyunusa, Dumoutier lo hizo sobre la india viva, y fue pintado por el Sr. Lordon; lleva el número 161 de la colección Dumoutier y el número 1475 de las colecciones del laboratorio de antropología.

He dicho que los cadáveres de Senaqué y Vaimaca Perú fueron transportados al laboratorio de anatomía humana del Museo, que estaba dirigido por Fluorens en ese momento. Fueron disecados, pero no pude encontrar en la literatura o en los archivos del Museo o del Instituto algún trabajo sobre el resultado de este estudio, a excepción de los trabajos de Fluorens sobre la estructura de la piel de estos indios. El fracaso de mi búsqueda es aún más sorprendente considerando que Fluorens, en su nota al Instituto, escribió:

“Tendré el honor de ir sucesivamente comunicando ala Academialos resultados de mis observaciones sobre cada uno de los órganos principales de esta raza humana”.

El estudio de Fluorens tiene por objeto sobre todo demostrar que la piel del Charrúa tiene la misma estructura que la de las razas coloreadas y que en particular “el aparato pigmentario del indio Charrúa.,, es absolutamente igual al de la piel del negro y la del mundo”.

Es curioso que estas conclusiones hayan sido tan mal interpretadas y que se haya entendido la afirmación de que la coloración de la piel era igual en nuestros indígenas que en los negros. En realidad, Fluorens aclara que él habla de la identidad en la estructura histológica, y no de la identidad de color: nota, además, que la piel del Charrúa era de un color marrón cobrizo, y esto resulta del examen de las figuras coloreadas de Werner. Desgraciadamente, Fluorens no dice si las preparaciones han sido hechas en base a la piel de Senaqué o a la de Perú.

El tema de la coloración de la piel de los Charrúas ha sido discutido por Broca. El sabio antropólogo había clasificado a estos indios entre los pueblos de piel negra o casi negra, basándose en los testimonios de Prichard, quien decía que “su tinte era tan oscuro como el de muchos negros”. De todos modos, con el consejo de Vulpian y de Jacquart, ayudantes naturalistas en el Museo, quiso verificar el hecho, por lo que fue al Museo y constató que el color del busto coloreado en base al natural era simplemente tostado. Vio también los preparados de Fluorens, donde observó el color oscuro de la capa pigmentaria y de los fragmentos de piel tomados de los cadáveres de Senaqué y Perú.

“Una de estas pieles, que probablemente provenia del individuo cuyo moldeado fue hecho en vida, es simplemente tostada, como el busto de la galería pero las otras pieles son tan oscuras como la de muchos negros”.

Según Broca, el Charrúa que tenía un tinte claro era Senaqué, y supone que esto podía corresponder a un mestizaje con las razas vecinas.

La nota de Broca encierra, ciertamente, detalles inexactos. Senaqué no fue moldeado durante su vida sino, por el contrario, después de su muerte, y de todos los informes recogidos durante la estadía del grupo en Francia resulta que, lejos de tener la piel más clara, era el que la tenía más oscura. Dumoutier lo dice textualmente, y su testimonio concuerda con el del anónimo redactor del diario Le National, que declara que Senaqué y Perú tenían la piel más oscura que las de Tacuabé y Guyunusa, y que este tono era parecido al de los mulatos.

En cuanto a los pieles casi negras que vio Broca en el laboratorio particular de Fluorens, pienso que eran las de los negros o de los mulatos que servían de comparación para los trabajos histológicos del estudioso.

En realidad, los testimonios de las personas que vieron a los Charrúas en Europa o en América, son bastante concordantes en lo que concierne al color de su piel.

Los resumí en el cuadro siguiente:

Mataojo           color rojo parduzco (Barral)

color castaño claro (Nouvelles annales des voyages)

color cobre rojo (de Curel)

color tostado o castaño, más que cobrizo (Virel)

color castaño oscuro (Larrey)

Charrúas de Curel        color pardo que se aproxima mucho al tono sepia(Dumoutier)

color cobrizo (Courrier de Lyon)

color tierra de siena oscuro (Tanchou)

color pardo cobrizo (Fluorens)

Charrúas en general     color pardo oliváceo, a veces negruzco o castaño (d’Orbigny)

A pesar de la imprecisión de los términos empleados, es de todos modos cierto que los Charrúas no tenían un tinte “tan oscuro como el de muchos negros ” y se aproximaba más al de los indios sudamericanos en general, aún cuando algunos sujetos presentaban una coloración más oscura que la mayoría de estos últimos. Por otra parte, el cuerpo moldeado de Senaqué, coloreado a partir del natural, corresponde a un color intermedio entre los números 23 y 24 de la escala clásica de von Luschan, y la pieza seca al número 26.

De los despojos de Senaqué y de Perú quedan sólo las partes sexuales de Senaqué en las colecciones del Museo, que han sido conservados por simple momificación. Encontré un gran frasco que contenía un fragmento de piel de tinte tostado, conservada en alcohol pero, en ausencia de etiqueta, es imposible decir si ella corresponde a un de nuestros indios.

Encargué al Sr. Clavelin, asistente de la cátedra de Antropología, examinar la pieza seca. Esta es la nota donde consignó sus observaciones:

“Es difícil dar cuenta de la forma exacta de los órganos: el pene está extremadamente reducido por el desecamiento de la pieza, mientras que las bolsas, por el contrario, están distendidas por el algodón que las rellenaba”.

“Los vellos pubianos están bien conservados, y son bastante abundantes, de3 a4 cm. de longitud media, de color castaño claro y ligeramente ondeados. La raíz del pene está provista de gran cantidad de vello. Microscópicamente, no se constata ninguna diferencia notable con lo que se constata en los europeos”.

“Se pudieron arrancar varios vellos con su bulbo, que se examinaron al microscopio. El bulbo es normal, ligeramente más pequeño que los de los europeos. Presenta en su parte superior un grueso cúmulo de pigmento, mientras que su parte inferior está menos fuertemente pigmentada”.

“El tallo del vello tiene un canal medular interrumpido, pequeño y muy fuertemente pigmentado”.

“No parece haber una diferencia notable entre lo que se observa en europeos, aunque los vellos del pubis de Sena-qué son más finos que los de un francés; miden, en efecto, apenas 90 mieras de diámetro, mientras que el grosor medio entre los europeos es de 121 micras”.

El laboratorio de Antropología del Museo posee también el esqueleto completo de Vaimaca Perú; está inscrito en el catálogo con el número 6565 y proviene del laboratorio de Fisiología del mismo establecimiento, cuya dirección asumió Fluorens en 1838.

El cráneo fue descrito y dibujado por Morton. Sus principales medidas fueron dadas por Quatrefages y Hamy. La pelvis fue estudiada y reproducida por Verneau. Las clavículas fueron medidas por Pasteau.

El esqueleto lleva todas las marcas de las lesiones que Dumoutier relevó sobre Perú: exostosis muy acusada de la parte anterior y media de la diáfisis de la tibia derecha, que no corresponde a una fractura; fractura del tercio superior de la diáfisis del radio izquierdo; fractura de la décima costilla izquierda. No hay, por lo tanto, ninguna duda sobre la identidad de la pieza.

El cráneo presenta una sinostosis casi total de la región lambdoidea. Los huesos propios de la nariz están desviados hacia la izquierda, deformación muy visible en el molde de la cabeza. Los terceros molares faltan en ambos maxilares; en el inferior, los dos primeros molares tienen cinco cúspides.

Las inserciones musculares están marcadas muy fuertemente, tanto en el cráneo como en la mandíbula y en el esqueleto en general.

El cráneo es voluminoso, de forma ovoide, poco desarrollado en altura, netamente braquicéfalo, la cara baja y ancha, europrosopa, mientras que la nariz es alta y estrecha, siendo leptorrino.

La estructura del individuo vivo, reconstruida según el método de Manouvrier(64) a partir de la longitud de los huesos largos es de1,64 m., cifra muy próxima a aquélla indicada por Dumoutier:1,62 m.

Los fémures son muy robustos, con la línea áspera muy fuertemente acusada. Lo mismo sucede con otros huesos, en particular los húmeros que no tienen agujero del olécranon.

Veamos las conclusiones de Verneau:

“La pelvis de este indígena difiere, al primer análisis, de aquéllas que nosotros hemos examinado (es decir, las de las otras razas americanas) por un menor ensanchamiento de la pelvis mayor La relación del diámetro antero-poste-rior máximo es exactamente la misma que en europeos, al igual que la relación de la altura con el ancho “.

“Se distingue de estos últimos por un ensanchamiento inferior que involucra todos los diámetros transversos de la excavación “.

“La circunferencia superior es algo menos ancha. El borde superior está poco curvado en su parte anterior; las espinas iliacas antero-superiores tienen la misma desviación que en nosotros. La cresta ilíaca, bastante desarrollada de adelante hacia atrás, presenta un espesor de20 mm. a nivel del tubérculo del glúteo medio “.

“Las fosas ilíacas internas están menos extendidas, puesto que el hueso es más delgado que en nuestras razas “.

“El borde anterior ofrece el mismo desarrollo y su porción ilíaca, la misma inclinación”.

“El diámetro anterio-posterior del estrecho superior aumenta al mismo tiempo que el diámetro transversal disminuye; a pesar de esto, el estrecho superior está lejos de tener forma circular”.

“El diámetro antero-posterior del estrecho inferior está, por el contrario, disminuido en forma notable, en tanto que el diámetro transverso está aumentado”.

“Las espinas ciáticas presentan una desviación considerable. Las dimensiones de la escotadura ciática mayor están reducidas”.

“Hacia adelante, la arcada pubicana muestra la misma abertura que en europeos. La distancia aumenta entre los tubérculos isquio-pubianos internos, como entre los agujeros sub-pubianos”.

“La porción isquio-pubiana de la pelvis es alto alta; la altura total de la pelvis es, por lo tanto, menor”.

“La pared posterior de la excavación, es decir, el sacro, como la pared anterior, más desarrollada en sentido vertical. El ancho de este hueso es, en la base, también más grande. En cuanto a otras dimensiones transversales, están poco modificadas”.

“El ancho de la cavidad cotiloidea lo quita de la altura. La longitud del agujero sub-pubiano está disminuido, mientras que el ancho no se modifica “.

“En el Charrúa, las diferencias están principalmente en la excavación de la pelvis. La abertura superior está agrandada de adelante hacia atrás; para la abertura inferior, por el contrario, el aumento se da en los diámetros transversales”.

“Esta excavación está limitada por paredes muy fuertes y más desarrolladas en sentido vertical, aunque el ancho de la pelvis menor esté aumentado”.

El Museo posee, además, el molde endocraneano de Perú (Colección del Museo, número 19246).

No está dentro del marco de este estudio el buscar las afinidades étnicas de los Charrúas. Quise solamente trazar la historia de los últimos sobrevivientes de esta importante tribu y poner a disposición de todos, los documentos desconocidos o mal conocidos. De todos modos, me permito señalar las semejanzas singulares que ofrece el cráneo de Perú en relación con el tipo braquicéfalo que Verneau describió en los Patagones, y con los cráneos araucanos dela Patagonia.

Será suficiente poner ante los ojos de los lectores algunas medidas comparativas:

Tipo braquicéfalo         Antiguos Araucanos     Araucanos Modernos  Charrúas

Capacidad (cm3)         1.516   -.-        1.390   1.515

Indice cefálico horizontal          87.71   82.76   83.27   86.63

Indice cefálico vertico-transversal        97.11   97.16   94.51   90.60

Indice cefálico vertico-longitudinal        84.59   80.89   72.06   78.49

Indice nasal      49.36   48.13   49.46   45.83

En los Araucanos de Chile predomina el mismo tipo, pero aparece mezclado con otro elemento, este último, dolicocéfalo (que pertenecería, quizá, a la raza de Lagoa Santa).

La estatura presenta resultados similares a los obtenidos en base a los índices craneanos. Los Araucanos modernos tienen una estatura de1,57 m. enla Patagonia, de1,636 m. en Chile y de 1,603 en el archipiélago de Chiloé. Estos valores se acercan bastante a los de la estatura de nuestros indígenas:1,62 m.

Fuente:

 

Los últimos Charrúas. Prólogo y traducción: Mónica Sanz. Edciones de la Plaza. 2.002

 

 http://pueblosoriginarios.com/textos/charruas/charrua10.html

 

JEAN SOULASSOL ERA EL CHARRÚA LAUREANO TACUABÉ

 

Un interesante descubrimiento nos llega de la mano del destacadísimo investigador de los Charrúas en Francia, el Sr. José Joaquín Figueira. (Ver el aviso en francés de la época al final de la página).

En efecto, ha sido “vox pópuli” que los charrúas fueron exhibidos y trabajaron en circos. Específicamente Tacuabé, el más joven de los 4, que contaba a su llegada a Francia con 23 años, tal como lo registraron varios documentos hallados en Lyon, y como figura en la respectiva partida de bautismo enla Iglesiade San Benito, de la ciudad de Paysandú, a nombre de ” Laureano Tacuavé Martínez, hijo de indios de esta jurisdicción”

En una sesión realizada hace tiempo en el Centro de Estudios del Pasado Uruguayo (CESPAU) en 1965, se realizaron exposiciones de J. J. Figueira, junto con Juan Carlos Sábat Pébet, (alias “Inchalá”, la primera persona que utiliza esta voz charrúa que significa “hermano”), entre otros, el primero de los cuales ha dejado estos testimonios de sus exhaustivas investigaciones en Francia.

Dice Figueira con sólidos argumentos, que a la muerte de Vaimacá y Senaqué en París, Tacuabé, Guyunusa y la hija de ésta, nacida en parís el 20-9-33, fueron conducidos a Lyon al año siguiente, 1834, probablemente porque quienes los tutelaban estaban siendo perseguidos por la policía a raíz de una denuncia de M. Auguste de Saint Hilaire, debido, más que nada a las condiciones muy poco higiénicas, y sobre todo al inhumano trato que se les estaba dando a estos indios.

La muerte de Guyunusa por tuberculosis se produce el día 22-7-34, en el Hôtel Dieu de Lyon. (este gran Hospital tenía unos 700 años de antigüedad), pero unos días antes, ya Tacuabé estuvo presente en las arenas de las llamadas “Montañas Francesas” donde se brindaban espectáculos de tipo circenses, tales como domas de animales salvajes y otras exhibiciones.

En la cartelera, figuraba..”El Hércules de los Hércules, JEAN SOULASSOL, (las “A” en cursiva, no tenemos explicación del porqué, pero se escribía “A”-, véase aviso), maravilloso por su fuerza maxilar y su fuerza india… y un tal Louis Walli, considerado como “Hércules Español”.

Todo esto coincide con la inscripción enla Pensióndel Sr. Maurice Parret, sita en el Nº 5 del Cour des Archers (calleja sin salida de Lyon), que aún subsiste casi sin modificaciones, de los saltimbanquis Laureano Tacuabé , de Montevideo, y Alphonse Calasse, de París, únicos personajes con esa profesión según registros que llevabala Policíade Lyon por ese entonces.

José Joaquín Figueira ha deducido que Jean Soulassol es el charrúa Tacuabé y que Louis Walli es el parisino Alphonse Calasse.-

De este modo se eludía nombrar a Tacuabé para evitar la persecución policial que habíamos señalado sobre quienes explotaban a nuestro charrúa.

Hay otras evidencias que señala Figueira, por ejemplo es notable que días antes de la muerte de Guyunusa, el nombre de Jean Soulassol es desplazado, y el mismo día que fallece, es quitado de cartelera. (Es decir Tacuabé no se presentó al circo).

También es sugestivo que el Circo, desaparece de Lyon cuando a fines de julio del 34 se descubre que los charrúas están en esa Ciudad, no obstante haber anunciado que estaría por 2 meses más allí presentando sus funciones.

Posteriores investigaciones y deducciones lógicas de Figueira le hacen pensar que sin dudas ese espectáculo también había sido ofrecido en París por dicho circo, y que este desaparece, llevándose consigo a Tacuabé y a la niñita, que de paso debemos aclarar era hija de Guyunusa y de…Vaimacá Perú!!!

Por tanto no serían ciertas las versiones acerca de la muerte de Tacuabé ni de la niña, y tampoco de su tan mentada “fuga”. Simplemente se fue con el circo y se perdió de vista así como cambió su nombre por el más artístico de JEAN SOULASSOL.

La reflexión final es que así como se dice que el Charrúa asombraba a los Franceses, a nosotros nos asombran ahora este tipo de descubrimientos, emergentes del ingenio, el estudio y la sagacidad de nuestros investigadores, y en este caso concreto nos referimos a José Joaquín Figueira.

(Agradecemos al Investigador J.J. Figueira por este invalorable aporte al conocimiento del final de los charrúas en Francia, QUEDANDO PROHIBIDOLA REPRODUCCIÓN YPUBLICACIÓN DE ESTE MATERIAL)

(Es copia exacta del anuncio que se colocó en las paredes de Lyon en 1834)

(Es copia exacta del anuncio que se colocó en las paredes de Lyon en 1834)http://www.internet.com.uy/charruas/html/jean.html


2 Respuestas a “LOS ÚLTIMOS CHARRUAS EN FRANCIA NOTAS Y ESTUDIOS REALIZADOS ALLÍ

  1. Me ha parecido un documento extraordinario y de gran valor cultural !!
    Es preciso recuperar documentos e investigaciones de este tipo ya que son de gran riqueza para nuestra memoria historica, y para nuestra identidad cultural.
    Tambien es hora que a traves de gente comprometida en el tema se reedite nuestra verdadera historia y sea incluida en textos escolares y otros, llegando asi a boca de todo el mundo!! Es necesario hacerlo.
    Agaradezco a todos aquellos que estan involucrados en dicha empresa.
    Gracias.
    Daniela.

  2. Pingback: Hasta dónde nos lleva nuestra genética. – Mi Granito de Arena·

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