SALSIPUEDES SEGÚN SUS CONTEMPORANEROS: Relato III (Bladh-Oxehufvud)

INTRODUCCIÓN:

Este documento fue elaborado por un sueco. Redactado por Carl E. Bladh, viajero sueco que se hallaba en Montevideo cuando la llegada de los indígenas prisioneros. Incluye referencias de un connacional, Teniente de Marina A. G. Oxehufvud, por lo cual se ha designado al documento “Informe Bladh-Oxehufvud”. Lo más destacado de este documento son las descripciones sobre el trato que le daban a los prisioneros y lo más importante, las apreciaciones personales. Estos gringos sintieron algo que los criollos no sintieron, humanidad. Muestra el sentimiento universal que tiene todo ser humano por aquellos que están sufriendo.

Es increíble que los criollo no tuvieran compasión o solidaridad con los charrúas y este grupo de gringos si.

Carl E. Bladh

TESTIMONIO:

“La mayoría de los indios existentes en Montevideo son prisioneros, tomados en 1831 a una tribu de la Banda Oriental por don Fructuoso Rivera, actual jefe de la Republica. Tuve la oportunidad de ver la llegada de estos infelices y la fortuna brutal como eran tratados y destruida su comunidad. El Teniente Primero de la Marina Real Sueca, Hr. A. G. Oxehufvud, quien en esa oportunidad se encontraba en la Banda Oriental, tuvo la gentileza de escribirme un relato de lo que él había presenciado y vivido en la grande y penosa catástrofe de los indios.

Un hermoso día de verano en el mes de Enero de 1831 – dice el Sr. Oxehufvud – iba viajando a caballo por las inmensas llanuras de la Banda Oriental, cuando en el horizonte noté una franja oscura que se movía lentamente entre los altos pastos que cubrían el campo. Mi caballo estaba cansado después de una larga jornada y yo mismo agotado y con hambre, hacía dos días que se me había terminado la carne seca y cruda, (charque), que llevaba, y era la comida típica de estos lugares. Apuré por lo tanto mi caballo para alcanzar lo que había visto en el horizonte, y pronto llegué a un destacamento de tropas de la Republica, que escoltaban unos cientos de indios que habían sido prisioneros, y a ellos me uní. El Presidente de Montevideo, en aquella época don Fructuoso Rivera, bajo el pretexto de lograr un acuerdo de paz con los indios, que vivían en los montes a la orilla del Río Uruguay, los había invitado a concurrir a un lugar cercano a la frontera norte de la Republica. Los indios que no sospechaban traición alguna, se presentaron en el lugar indicado en número de 400 o 500, encabezados por 4 o 5 caciques. Muchos de ellos ya se habían destacado por su gran valentía en la reciente guerra contra el Brasil, donde lucharon como aliados de Rivera. Después de las habituales ceremonias para este caso, y para eliminar cualquier sospecha, se había entregado a los indios barriles de caña y otros regalos. Los indios acamparon a un lado de las tropas de Rivera, y de a poco vaciaron los barriles, al tiempo que entonaban una triste canción. Tan pronto el efecto de la bebida se notó entre los indios, e inclusive, cuando muchos de ellos dormían, las tropas los rodearon con todo sigilo y con sables y bayonetas atacaron a hombre, mujeres y niños dándoles muerte. Pero los caciques y muchos de los indios vinieron cara sus vidas. Uno de los caciques que había adoptado el nombre de Rondeau, tomado del exgobernador de Montevideo, llegó a formar como una trinchera con los cadáveres de sus enemigos, y ya habían sucumbido más de quince soldados a su lanza, cuando se desplomó entre ellos, cubierto de sangre y heridas. Otro cacique llamado Brown, cuyo nombre se originaba en la admiración que sentía por el valiente Almirante Brown y las luchas que entablara con su flota ante Buenos Aires, se mantenía invicto en el lugar del combate, pese a haber perdido todos sus hombres. Algunos se inclinarán a creer que Rivera tuvo un gesto de admiración hacía el valiente cacique e impidió que fuera fusilado. Lamentablemente sospecho que esa no era la realidad, sino que Rivera deseaba regresar a Montevideo como un gran triunfador, llevando consigo numerosos y valientes prisioneros. Por tal razón dio orden de que se apresara vivo al cacique, lo que vino a costarle más bajas de lo que imaginaba. Dominado finalmente y con las manos aseguradas atrás, se lo reunió con los demás prisioneros. La gran arrogancia del indio en su desgracia y su resolución en la lucha a muerte, es carácter común entre ellos, inclusive entre los niños. Veamos un caso típico. Un jovencito de nombre Cordua, de edad de 13 a 14 años, ya hacía tiempo que revoleaba las boleadoras sobre su cabeza, y así se había defendido, dejando inclusive a un enemigo tendido en el suelo, muerto. Finalmente un jinete logró dominarlo, pero a las pocas yardas de ser conducido prisionero, el joven indio trepó de un salto a las ancas del caballo, y tomando el cuchillo del cinto del jinete mató a éste de una puñalada, arrojándolo a tierra. A plena carrera logró cruzar las líneas de caballería enemiga, pero el caballo estaba cansado y los que se lanzaron en su persecución no tardaron en apresarlo nuevamente. A este prisionero también le perdonaron la vida, para así aumentar el número de los que habrían de desfilar en Montevideo, donde quedaría demostrado que 400 jinetes bien montados y armados estaban en condiciones de luchar y vencer a 400 o 500 indios embriagados, de los cuales más de la mitad eran mujeres y niños. Naturalmente que esta caballería debería estar compuesta por hombres valientes y excepcionales jinetes, pues bien sabían que los indios aun borrachos no se entregarían sin una lucha a muerte.

Ilustración del siglo XVI sobre matanzas de indígenas. Imágenes como esta se pudieron haber visto en Salsipuedes, quizás era mas común en los conquistadores no tanto en criollos.

A pocos días de mi encuentro con ésta fuerza armada, Rivera hizo su entrada triunfal en Montevideo. Iba a caballo delante de sus valientes (en el original se utiliza la palabra sueca “tapare” que es en tono irónico y burlesco) compañeros de armas y atrás venían los prisioneros, rodeados de una fuerte guardia. Los hombres tenían las manos atadas a la espalda, y las mujeres llevaban los hijos pequeños en brazos y a los mayores de la mano. Los indios cubrían su cuerpo con pieles, las indias tenían una especie de falda de pieles y algunas una camisa vieja. Los niños iban desnudos. Se notaba en ellos una gran falta de higiene, y cuando avanzaban por las calles, éstas se llenaban de un hedor muy fuerte. Después de su llegada todos fueron encerrados en un corral, bajo custodia. Se les entregó leña y carne y se hizo un fuego, formándose grupos de 10 o 12 personas alrededor de varios fogones. Apenas asada la carne y aún en buena parte cruda, fue consumida con avídez.”

Prisioneros charrúas entrando a MontevideoPrisioneros charrúas entrando a Montevideo

Nota: Me pregunto: ¿porque creerle a un sueco que, como Bladh, visito nuestro país y tan solo vio a los Charruas llegando a Montevideo, escucho el relato de un compatriota y tomo apuntes que perdió en un naufragio por lo que el libro que publico en Estocolmo debió escribirlo apelando tan solo a su memoria?

¿Como ve por ejemplo Eduardo Picerno este relato?:

El documento incluye El Uruguay de 1831 a través del viajero sueco Carlos Eduardo Bladh, donde hace una descripción de Montevideo y sus costumbres, el encanto la belleza de las mujeres montevideanas y el día en que presencia la llegada de los prisioneros Charruas desde Salsipuedes. Posteriormente continua la versión del marino sueco Oxehufvud en relación a las circunstancias que rodearon la matanza de los Charruas de Salsipuedes. Esta contiene varios errores comenzando por la fecha (“un domingo de enero”), y los hechos que relata no coinciden con otras versiones, también expone costumbres de los Charruas que ha tomado de sus lecturas.

En general no hay seguridad de la veracidad de los contenidos aunque resultan interesante literariamente.


4 Respuestas a “SALSIPUEDES SEGÚN SUS CONTEMPORANEROS: Relato III (Bladh-Oxehufvud)

  1. DEBERÍAMOS COMO URUGUAYOS BORRAR NUESTRA LA HISTORIA EL CONCEPTO DE QUE RIVERA ERA UN CAUDILLO Y CAMBIAR EL NOMBRE A EL DEPARTAMENTO, PARQUE, CALLE Y TODO QUE TENGA SU NOMBRE PORQUE LO ÚNICO QUE ERA UN GRAN TRAIDOR QUE ABUSABA DE LA CONFIANZA DE LOS INGENUOS
    SOY CLAUDIA.

  2. Siempre me enorgulleci de mi pasado Español soy Descendiente de los Primeros Fundadores de montevideo en la Cedula tengo los Vitiricos de Identificacion como descendiente indigena siempre de pequeño hacia puntas de flechas arcos con cierta inclinacion la sangre tira ahora me estoy dedicando a haberiguar de que tribu desciendo debido a que mi Arbol Genealogico lleva 250 años en la Region yo supongo puede ser Guarani o algun cruce aqui Gracias

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