LOS CHARRUAS Y LOS MINUANES

En el siguiente fragmento de la carta de Rivera a Dorrego, queda demostrado que en principio entrega los pueblos de las misiones a la Republica Argentina.

“(…) No es menos digna de la consideración de V. E la conducta de los indios minuanos y Charruas, que al mando de los caciques Polidoro y Juan Pedro, acompañaban, bajo la dirección del capitán Juan Francisco Fernández (…)

Esto es cuanto la Republica Argentina ha ganado…”

Un dato importante es el que se refiere al comportamiento militar de los indios minuanes y Charruas, al mando de los caciques Polidoro y Juan Pedro.

Dice Rivera que los minuanes tienen como cacique a Polidoro, y los Charruas a Juan Pedro. Este dato de Rivera aclarara muchas discusiones mantenidas hasta el presente, sobre si los Charruas están mezclados con los minuanes y por ende, si ambas poblaciones han sido victimas de la masacre de Salsipuedes.

Mas adelante se vera que, cuando son invitados los indios a concurrir a la trampa, los únicos que desconfían son el Cacique Polidoro y su Adivino (nombre dado a un Charrua de mucha jerarquía en la tribu, que aconsejaba al cacique y cumple una función semejante a la de los chamanes). Quizás fue el Adivino quien desconfío de la invitación que Rivera les hace para reunirse en Salsipuedes.

Polidoro por Tacuabe Acosta tecnica acuarela liquidaCacique Polidoro

 

En dos oportunidades, Julián Laguna envía a dos Charruas para convencerlos, sin éxito, y esos emisarios Charruas se quedan con los minuanes que, al mando de Polidoro, se dirigen al Cerro de la Piedra Pintada y desaparecen de los registros de la historia de la Provincia Oriental.

Se concluye entonces que los muertos en Salsipuedes son solamente Charruas. Y así lo han afirmado Rivera, el gobierno, los militares, la prensa y el pueblo; a partir de que Uruguay se constituye como estado en 1830, se nombra siempre una sola población de indígenas: los Charruas.

PRIMERAS DENUNCIAS PUBLICADAS O INFORMADAS

AL GOBIERNO SOBRE DELITOS DE LOS CHARRUAS

Noticias sobre los Charruas, después que Rivera los abandona cuando conquista las Misiones.

Concluida la guerra con el Brasil, los Charruas, que habían acompañado a Rivera en los últimos tiempos de ella, pasaron a ocupar los campos del otro lado del Río Negro hacia la frontera, donde acostumbraban habitar. Cuatrocientos guerreros contaba todavía esta Nación que obedecían a dos caciques o jefes, Vaimaca Perú y Rondo. Siempre habían sido muy adictos a Rivera, ya sea por la preferencia que este daba a los soldados indios, o ya también, quizás, por aquel arte con que ha sabido granjearse en todas épocas de buena voluntad de esta clase de gente.

Tenialos, pues, Rivera, de su parte, así como tenia también a la gran población de guaranies que trajo de la antigua Provincia de las Misiones, para servirse de ellos en sus planes de dominación sobre su patria. Parecía, por lo tanto, que en vez de perseguir a los Charruas, trataría de halagarlos y mantenerlos a su devoción. Así lo había hecho antes. Pero una circunstancia nueva que había ocurrido, trajo también una novedad en el animo de Rivera para con los Charruas.

En ese estado, los Charruas que han pertenecido al ejército del Norte vuelven a estar “desasidos” y retoman su hábito de alimentación secular. Pero alrededor de su hábitat  en “Arerungua”, ya se han establecido algunos hacendados, como José Canto, uno de los que más denuncias harán contra ellos.

Hay certeza de que en los primeros meses de 1829 los Charruas no dan motivo de queja, ya que probablemente estén todavía formando parte de un contingente supervisado por Rivera, cuidando la frontera con Brasil y a la espera de entrar en acción según el vaivén político y los objetivos de su jefe, lo que se ve reflejado en la carta de Rivera a Lucas Obes.

Con fecha 1ro de agosto de 1829, aparece la primera queja. El hacendado José Canto le avisa al general Laguna que teme a los Charruas, y que cerca del lugar que el va a poblar-zona de asentamientos indígenas- hay quejas recientes de robo de caballos y ganado de algunas estancias.

Los Charruas no se alejan mucho de su hábitat, que se ubica en las inmediaciones de Arerungua, y toman el ganado de las adyacencias para su alimentación y otros usos. Esto se contrapone con lo que expresan los comunicados oficiales de que “los Charruas hacían incursiones en el estado, etc.”

Leyendo las denuncias, resulta claro que se mueven  en un entorno de territorios perfectamente limitado, que comprende los campos de la estancia de 105.000 hectáreas que ha comprado Artigas en 1805.,tierras realengas que Javier de Viana le otorga por escrito a cambio de servicios.

Nunca se ha demostrado fehacientemente que el hecho de que los Charruas tomen ganado o caballos pueda considerarse un delito. Se recuerda que dichos animales se dispersan desde el siglo XVII en el territorio de la Banda Oriental, y que los Charruas que ocupan desde centurias esas tierras se apropian de ellos en forma natural, tal como de otros animales que cazan para subsistencia.

Los territorios no están limitados por alambrados, y cualquier persona puede ocupar terrenos y arrear ganado libremente, constituyéndose en propietario de hecho.

Cuando los indios encuentran alguna tropilla, quizás el criterio que manejan es el de recuperar o recobrar animales que se consideran con derecho a tener.

Cuando el país se independiza y se redactan los términos de la Constitución aprobada en 1830, se omite (o casualidad) parlamentar con los Charruas para explicarles que comienza a regir una nueva Constitución y una situación jurídica diferente sobre las tierras y las propiedades; temas estos en que necesariamente tienen que participar los Charruas, dado que es una población importante, ancestral, que mucho ha aportado a la independencia y por tanto corresponde lograr un entendimiento claro entre las partes.

Por  lo tanto se considerara un lapso que va desde el 1ro de enero de 1829 hasta el 11 de abril de 1831 (comienzo del genocidio), para examinar las denuncias que se realizaron contra ellos.

Basado en el libro de Eduardo Picerno “El genocidio de la poblacion Charrua”

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4 Respuestas a “LOS CHARRUAS Y LOS MINUANES

  1. a mas de 500 años seguimos luchando por la igualdad, y por la vida misma…sabemos lo fácil que seria para nosotros entregar tierras a sus verdaderos dueños..hay un vacío tremendo en el corazón de todo Uruguayo…por q no están o por q no pudimos hacer nada…pero en Latino América hay miles de aborígenes q están esperando respuestas, fui a Paraguay hace unos días visite la plaza Uruguay y casi me muero, tenemos q unirnos mucho mas utilizar los adelantos q tenemos para ello y hacer algo por esta gente si no dentro de pocos años seremos parte de una triste historia…q debe terminar.
    Andres de Minas

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