RELATO DE GABIANO SOLDADO DE RIVERA Y TESTIGO PRESENCIAL DE LA MASACRE DE SALSIPUEDES

 

Del modo que comenzó la masacre y si no estuviesen a caballo Lavalle (argentino) y los suyos pudo terminar pasando cualquier cosa. Y si el Tuna hubiera también fallado y no les impide recuperar las armas, a lo mejor los masacrados éramos nosotros y no ellos. Al principio nos desordenamos mucho y dejamos escapar unos cuantos indios. Todavía no estábamos bien alineados. El que tubo mayor culpa de este desorden fue don Frutos porque antes le dio demasiado a la caña, no se si pa mamar a los caciques o para darse animo y cuando comenzó la cosa apenas se tenia en pie.

El 10 de Abril de 1831, Bernabé estaba acampado con los Charruas en la margen oriental del Salsipuedes, cuando cerca de las 3 de la tarde vieron aproximarse, a la cabeza de un impresionante contingente en el que ondeaban banderas uruguayas y argentinas, a don Frutos quien cabalgaba junto al general Lavalle y también a José Raña.

Don Frutos cabalgaba “vestido de Presidente”, en el sombrero había hecho poner una cinta de seda blanca y celeste a rayas finas y una faja igual le ajustaba la cintura pero le atravesaba un cinto en el que cargaba a la derecha su viejo sable.

Vestido así peleo, si se puede decir que peleo, al día siguiente.

Estuve a su lado a la hora del combate. Por eso puedo decirles como estaba vestido, porque la tarde anterior solo lo vi de lejos.

Los Charruas apenas lo vieron junto a este impresionante contingente, resolvieron vadear el Salsipuedes por el Paso del Rincón, sin consultar a Bernabé. Tan rápido se aprestaron y emprendieron la marcha que don Frutos al verlos, ordeno a su gente que se detuviera, para no alarmarlos más. Bernabé decidió acompañarlos y no fue al encuentro con su tío. Pero los indios no se conformaron con cruzar el arroyo sino que prosiguieron su marcha hacia el Norte, hasta guarecerse en la Barra del Tia Tucura. Para tranquilizarlos Bernabé soltó su caballada y ellos al rato, también lo hicieron.

Debe haberlos decidido el propio don Frutos que empezó a acampar en la orilla de enfrente.

Al día siguiente es decir el 11 de Abril de 1831 a las 9 de la mañana, Rivera cruzo en compañía de un grupo de 20 hombres y cuatro mujeres, venían a preparar el tan esperado encuentro. Me llamo la atención que no cruzara también Lavalle.

Al rato, el presidente se había granjeado definitivamente la confianza de los indios.

Corría mucha caña pero yo creo que don Frutos se mamo por necesidad, si no lo veían tomar igual que ellos, los caciques desconfiarían. Don Frutos tuvo el coraje y la confianza de ponerse en manos del coronel y del argentino Lavalle.

En el almuerzo, Rivera explico su supuesto plan a los caciques, les anticipo que en la tarde le presentaría al general Lavalle y dijo: somos demasiado chiquitos para meternos con el Brasil, si no contamos con el apoyo de los argentinos. ¡Fijense, si no, ustedes! ¡Pobres brasileros les vamos a dar flor de biaba!

A esa hora, Lavalle se entretenía dirigiendo cerradas marchas y contramarchas de caballería en las que participaban sus hombres y los nuestros.

Y todos indios y cristianos, se quedaron mirando al general argentino, admirando su bizarría y el orden con que los jinetes se habían estirado dibujando, por grupos un enorme circulo al que se terminaron cerrando con una infranqueable doble línea.

Los Charruas, pese a sus prevenciones, no llegaron a desconfiar de que el entrenamiento se pusiera en práctica esa misma tarde y contra ellos.

Tampoco lo sabía la mayoría de la tropa  y hasta una considerable proporción de los oficiales. Recién antes de vadear el arroyo Laguna se les comunicaría.

Oíamos las órdenes de Lavalle con claridad a pesar de que estábamos del otro lado del Salsipuedes.

Yo lo conozco dijo Venado estuvo unos cuantos meses en Yaguaron.

Nota: esto confirma que Venado no fue emboscado en Cueva del Tigre al menos un día antes de Salsipuedes como suponíamos en un articulo anterior, si fue emboscado pudo haber sido días después no antes.

El Yuca Luna no cesaba en escanciar caña hasta a las mujeres. Era tal la extraña distensión que se había logrado que, cuando Lavalle puso la tropa en formación, nadie se alarmo. ¡Mírenlo! Grito alborozado don Frutos ¡Ya viene para acá! El pobre ya estaba totalmente en pedo, pero bien dicen que el peligro despabila al borracho.

Al frente del escuadrón de Bernabé venia Venancio Flores *, que junto a Lavalle vadean el Salsipuedes por el Paso del Tia Tucura. Laguna cabalgaba a su lado, ocupando un discreto segundo plano.

Con disimulo, Fortunato Silva y una docena de hombres se pusieron a limpiar los asadores, casualmente en un punto bastante cercano, pero no demasiado, al montón de lanzas y arcos y carcajes que habían dejado los Charruas.

El ataque se desencadenaría cuando el propio don Frutos dispare su pistola, preferentemente, si las circunstancias lo permitían, sobre el cacique Venado.

La gente del Tuna Luna tenía la misión de lanzarse sobre las armas dejadas por los Charruas apenas sonase la señal de la matanza. Los de Bernabé se agruparían en torno al presidente y al coronel cerrando filas y descargando sus armas de fuego sobre todo Charrua cercano. Raña debía retroceder y costear todo el monte pa impedir que los guerreros Charruas o la chusma ganasen la espesura. La columna central de ataque serian los escuadrones Nº 2 y 3, los guaraníes de Bella Unión y los argentinos, estando toda ella al mando de Laguna.

El Yuca Luna seguía tendiendo su cuerno lleno de caña a todo “Charrua amigo” y brindaba por la republica de una manera que hacia reír a la indiada. Toda la tropa paso frente al campamento, como si fuera a seguir de largo.

Vi que me estaba descontrolando deseaba pasar cuanto antes por eso me sentía incapaz de seguir simulando. El tiempo no pasaba nunca. Lavalle avanzo, despacio tranquilo como si estuviera desfilando…”

Cuando el argentino llego al punto convenido con don Frutos demoro demasiado la señal, pero al fin llego la hora. El general vacilo un instante y, de pronto, saco un naco del bolsillo, se paro con dificultad para acercarse a Venado pero este permaneció sentado y casi no lo vio venir, porque no separaba sus ojos de Bernabé. El Yuca Luna se puso a silbar y las manos del cacique se transformaron, según lo pudo ver Gabiano, en puños crispados. Esta actitud de Venado volvió a desconcertar a don Frutos, quien busco al indio más próximo que estuviera parado. Y entonces se apresto a balbucear la hoy famosa contraseña, palmeándole el hombro con una sonrisa de borracho.

Todo el grupo de Bernabé recordó la instrucción que la noche anterior repartió el Yuca Luna: – Cuando me oigan silbar como un sabia mamado, queden listos. Y cuando el general diga la contraseña, antes de que pase mas nada, no vacilen. Ustedes de un lado, cubriendo al general; y los indios del otro. El que se demora de más, capaz que responde con su vida: va a quedar entre dos fuegos.

Préstame tu cuchillo, para picar tabaco pidió Rivera a partir de ahí, cuando el Charrua desconocido para Gabiano, le tendió el cuchillo, todo sucedió en un instante…

Estando atrás de don Frutos, nuestro capataz no supo cuando desenfundo su pistola. Pero oyó el estampido, vio la humareda y hasta olio la pólvora. En ese instante se juntaron el alarido del indio y el terrible grito del Yuca Luna: -¡Quieren asesinar al presidente!

El indio baleado cayo de espaldas y una de sus manos intentaba vanamente retener la sangre que le manaba por el cuello. Ningún hombre de Bernabé quiso quedar entre dos fuegos y a punta de daga o disparo de trabuco, comenzaron a despachar a todo Charrua que estuviera cerca. Trompetas y clarines llamaron al zafarrancho.

Los indios sin que los asistiera el previo aviso, quedaron por un instante aturdidos. El Yuca Luna quiso abalanzarse sobre Venado, porque tenía la orden de atraparlo con vida. Pero el cacique, que era el único que estaba prevenido por la sospecha que lo embargo desde que don Frutos saco su naco, lo aguardo en el suelo y lo dejo venir pero en el momento mas preciso se apoyo en sus brazos y juntando, doblando y estirando las piernas hundió sus talones en la parte donde mas le duele al hombre.

Se entreparo, esquivo mi daga indecisa ya que estaba comprometido a no matarlo, me pateo en el mismo lugar, giro sobre si para ponerse de cara al arroyo, y sin otra arma que sus puños, a los que empezó a revolear como boleadoras, se abrió camino hasta el agua, seguido por 2 o tres de sus hombres. Enseguida tuve que esquivar, lo juro el galope del malacara del cacique que no dudo en ir en busca de su amo, o aterrado por los disparos de la gente de Raña, y como si fuera semental, cuatro yeguas lo persiguieron sin medir si atropellaban a cristianos o Charruas.

El desorden se hizo total. Entre los gritos, los estampidos, los relinchos, los aullidos de las mujeres y los alaridos de los hombres de guerra la tierra parecía temblar.

Yo busque recuperar la derecha de Bernabé, quien se había adelantado para cubrir a don Frutos y ya había herido de muerte a dos guerreros, de los cuales solo uno estaba armado. Rodearon así a don Frutos pero en los primeros instantes quedamos inmóviles y estupefactos, porque nadie nos atacaba, estando en el mismo vértice del combate.

Se diría que el espanto y el instinto de sobre vivencia operaban como fuerzas violentamente centrifugas. Los indios solo querían huir hacia el monte, el río, sus caballos o sus amigos.

Venado tenía la fama de ser el mejor guerrero Charrua y en ese prestigio basaba su influencia que trascendía su tribu y ejercía sobre toda la nación.

*Pegar dibujo mío de venado*

Se decía además que fue el cacique mas amigo de José Artigas quien envuelto por una situación apremiante en el combate de Arerungua acudió sin demora al amparo de Venado cuando también pudo guarecerse entre los suyos.

Gabiano tubo la oportunidad de verlo cerca durante largo rato esa tarde, les digo que para ser Charrua, me pareció bajo, casi tanto como un misionero. Lo vi. entrando en años; no le tuve miedo. ¡Suerte que solo pudo patearme!

Aquí encontramos un dato erróneo Antonio Díaz reporto como dos bajas mas importantes del combate de la Cueva del Tigre a Venado y Polidoro. Por lo que venimos de ver no fue así, Venado estaba en Salsipuedes y Polidoro por consejo de su adivino Minuan nunca fue a Salsipuedes ni Bernabé lo pudo convencer y habían huido al cerro pintado. Otro dato a resaltar que siempre afirma Eduardo Picerno es que en la masacre de Salsipuedes solo masacraron a Charruas.

En cambio Gabiano si confirma casi por entero, la versión de los Diaz de la también muy divulgada recriminación y captura de Vaymaca Perú. Este cacique por razones que nos podemos imaginar, se había retirado transitoriamente del grupo y dirigido al sauzal más próximo.

Cuando don Frutos se decidió a gritar la contraseña, Vaimaca detuvo sus pasos desde que resonó el balazo. Oyó también el grito desesperado del Yuca Luna.

No se si supuso al ver la huida de Venado, que su amigo había enloquecido. A veces cuesta salir de una pesadilla a pesar de estar ya con los ojos abiertos, al Cacique le costaba entrar en la realidad, pese al estruendo y a los gritos de sus compañeros quienes en todas partes, caían muertos y heridos. Había  sido el quien mas insistió entre los suyos para que se concurriera a la convocatoria del gobierno.

Así en ese estado de estupefacción, se había transformado en un blanco perfecto.

Y alguien de nosotros ya enardecido, disparo hiriéndole en el costillar, debajo de la tetilla derecha porque en ese instante había comenzado a retroceder hacia su caballo, pero si así fuera no había tomado conciencia de que su caballada estaba huyendo despavorida, o sucumbiendo a la cerrada descarga de fusileria que Lavalle le había encargado a Raña como mas urgente medida.

Gabiano no olvidara jamás la actitud del Cacique, quien apenas frunció el ceño cuando se le disparo y que recién se supo herido cuando se llevo la mano al lugar donde sintió el puntazo y la vio manchada con su propia sangre. Estaba tan borracho como don Frutos, lo único que atino a hacer fue abriendo y cerrando los puños enrojecidos, se arrimo con pasos lentos hasta encarar a don Frutos

Nos miraba sin decir nada; solo parecía pedir una explicación, ninguno de nosotros le disparo. Tendió entonces los brazos hacia el grupo mostrando las palmas ensangrentadas, fue recién con una voz “muy rara”, estremecida de espanto, que le grito a Rivera: ¡Mira, Frutos! ¡Frutos matando los amigos!

Entonces don Frutos nos grito: “! Atrápenlo! ¡Pero no me lo maten!” Y yo le oí clarito el primer sollozo.

Esa actitud le salvo la vida al Cacique; o, para ser precisos, apenas postergo el día y le empeoro el lugar de su muerte. Se entrego sin lucha porque estaba herido, desarmado y no disponía de su cuerpo.

http://www.charona.com/noticia.php?id=44

No digo que la lucha haya sido pareja, sino confusa, por uno o dos minutos: el tiempo que demoro en llegar el ala derecha de la caballería de Lavalle al frente. El ala izquierda mandada por Laguna, se partió en dos: la más cercana a Lavalle asistió al Tuna Silva e hizo imposible que los indios pudieran acceder a sus armas; la más lejana termino de espantar la caballada, y enseguida, se fue hacia el monte a cooperar con los hombres de Raña. La columna de Lavalle aplasto rápidamente todo intento de resistencia.

Lavalle en la lucha manejaba ambas manos, con la derecha, empuñaba el sable dando mandobles que cercenaban cabezas de indios; con la izquierda usaba la lanza como si fuera un estoque largo, y si fuera necesario con ella trancaba un embate.

Apenas movía el brazo; parecía tan solo picanear, pero indio que fue tocado, se desplomo degollado, a su tordillo lo guiaba con las rodillas.

Tan solo hicieron una marcha y una contramarcha al galope, luego se abrieron y cerraron el círculo, avanzando al mismo tiempo que Laguna.

Todo termino mucho mas rápido de lo que habíamos pensado.

Los indios que se escaparon fueron los que aprovecharon las indecisiones del comienzo.

Tuvimos suerte-comenta- Gabiano– de que en el desconcierto casi todos solo atinaron a huir  y de que los que alcanzaron alguna lanza estaban lejos de don Frutos. Bien pudimos haber perdido al general esa tarde.

Después ya controlada la situación, la caballería encabezada por Lavalle y Bernabé vadeo el Salsipuedes en persecución de los indios que se habían fugado; especialmente Venado. De tanto en tanto se escucho algún disparo. Eran tiros contra indios que huían a pie y que iban encontrando a su paso, pero no tan cerca para lancearlos.

Si el teniente Obes hubiera salido a perseguir Charruas, hubiera salvado su vida.

Nunca me olvidare de los alaridos de la chusma -nos dijo Gabiano-. Cuando quise acordar, las mujeres y niños ya eran ganado encajonado por los jinetes de Laguna del lado del monte y por los del Yuca desde el campo.

Los guaraníes fueron los encargados de circular entre ellos, encadenándolos. Si no hubieran cometido excesos, baleando incluso a una niña, tampoco hubiera muerto Obes. Todavía montado en su caballo, habrá visto ese y otro vejamen y se acerco, del lado del monte, a ponerle freno a los guaranies. Fue en esa circunstancia, en que la victoria estaba mas segura que nunca, que se produjo la única baja del ejercito esa tarde.

Gabiano lo vio morir: fue una de las muertes mas extrañas que yo haya presenciado y en mi vida he visto unas cuantas.

Estaba a unos 20 metros del teniente Obes, encendiendo un fogón. No miraba a Obes, ni al sauzal al que este se había acercado. De pronto sintió un silbido y no de savia ¿no seria un Charrua bombeando?

El instinto le hizo alzar la mirada y vio una lanza que, todavía muy alta pero tirada con gran precisión venia cayendo sobre el desprevenido cuello del teniente. El cuerpo hizo un ruido seco al caer sobre la arena. La lanza lo sostuvo, solo toco el suelo de la cintura para abajo y, enseguida, como un ahorcado, doblo la cabeza, estiro el brazo derecho hacia arriba y ese envión lo hizo caer, todo entero casi boca abajo. La cara se mantuvo en el aire; abrió la boca y soltó, como si vomitase, varias bocanadas de sangre.

Las indias y sus hijos festejaron con una aclamación de desesperado júbilo. Nunca supieron que el muchacho se había acercado a protegerlos.

Otros, a diferencia de Gabiano habían visto el punto exacto del monte desde el cual había aflorado la lanza y corrieron hacia allí sin preocuparse del teniente, a quien dieron por muerto. Al rato regresaron tres soldados arrastrando a un indiecito de diez años, quien aun se defendía como un león., pateando y mordiendo. Quien sabe por que, si porque era un niño o por respeto a su bravura, se le perdono la vida.

-¡Se llamaba o le pusieron Cordua! Por ser el matador del joven Obes, fue por unos días la atracción de Montevideo. Todos lo querían ver en su celda del Cuartel de Dragones. Por su peligrosidad, no fue dado a ninguna familia. O casualidad murió enseguida, de unos vómitos y unos cólicos. No descarto que alguien haya mandado a envenenarlo.- Era tan chiquito…-pensó para si Gabiano-que todavía no puedo creer que haya sido capaz de arrojar la lanza con tanta fuerza y puntería…

Objetivamente, era un triunfo excepcional. Don Frutos había logrado con una sola baja y unos pocos heridos “lo que en cuarenta años no habían conseguido ocho virreyes”.

-Pero nadie festejo; nunca vi sobrar mas asado que esa noche. Ustedes no se imaginan lo que era el llanto de la chusma. No se los pudo hacer callar. Un coro de trescientos niños y mujeres cantaron, sin descanso, una endecha lúgubre y monótona.

A mi me caía muy mal; me daba cuenta de que no era solo una queja.

Al lado del dolor, se percibía, nítido y tangible, un odio suscitado en siglos.

Yo oía clarito una amenaza…una maldición.

Y no estaba borracho como el General, quien lo único que hacia era sollozar y gritar a cada rato: -¡Bernabelito, Bernabelitooo!

-¿Usted vio ese día a los caciques Rondo y Brown? Porque no los ha mencionado…

Como si lo moviera un resorte, Gabiano se aparto del asado y miro, pensó…

-Los conocía de nombre y los vi, a uno muerto y a otro vivo, al día siguiente.

Esa mañana del  12 de Abril sucedieron, uno tras otro, y desde el amanecer, muchos incidentes. La chusma rendida, hacia poco que se había silenciado y Gabiano había caído en un profundo sueño que le resulto muy breve porque, de pronto, irrumpió en el campamento una caballería y se agrego, a los cascos herrados de los caballos y a los gemidos de una carreta, el clamor de triunfales voces brasileñas.

No estaban uniformados pero portaban una bandera brasilera y otra uruguaya (las 2 banderas unidas por una masacre contra la Nación Charrúa).

Despertaron a los indios, quienes al ver los otros compañeros malheridos y engrillados, como al cacique Brown, volvieron a cantar quejas y maldiciones y a golpear sus grilletes con insinuado frenesí. No les puedo decir lo que gritaron cuando llego la segunda carreta.

Había llegado la gente de “Cuña Pirú”, les basto ver los cadáveres aun esparcidos de los indios y el volumen de la chusma reducida y encadenada con grilletes para darse cuenta que la operación de don Frutos (el primer presidente) había resultado un éxito tan rotundo que merecía ese festejo; al que añadieron su propio jubilo, porque ellos también habían vencido, pronto se supo que en la Cueva del Tigre. Aunque caía sobre sus espíritus el dolor de las cuantiosas bajas sufridas, que se podían contar por los cadáveres de hombres blancos que, de a dos, cargaban las mulas.

Muchos jinetes venían heridos y tres o cuatro hombres que traía la primera carreta, al cuidado de cinco soldaderas arremangadas y con la ropa ensangrentada, languidecían al borde de la muerte. El doctor Cousiños y sus ayudantes, quienes se habían aprestado a trabajar mucho en la tarde anterior y se habían visto beneficiados por la escasa cantidad de heridos del ejercito, tuvieron esa mañana un requerimiento tan sorpresivo como desbordante.

La segunda carreta penosamente arrastrada por una doble yunta de bueyes llego retrasada. El toldo henchido como el vientre de una embarazada cuantificaba la cosecha de la muerte.

-Cuando la vi venir, no se si media hora después, no entendí nada. Era lógico que los brasileros no mezclaran heridos con muertos, pero no entendí porque trajeron los cadáveres de los indios como si fueran un botín de caza. ¿Querían que don Frutos los viera con sus ojos y los contara?

 Era enorme, casi un carretón, más larga que alta. El toldo estaba deformado por los bultos de tantos cuerpos (según parte oficial de Rivera solo eran 40 Charrúas muertos y ya van 2 carretas con cuerpos) y por sus costados asomaban brazos y piernas. Tenía varias manchas de sangre; algunas secas, otras todavía recientes.Alguna pierna o algún brazo, cuando la carreta superaba apenas un desnivel del terreno, cimbraba como si tuvieran vida.

Vicente Dias Gonzalvez y José Rodrigues Barbosa debieron esperar a ya muy avanzada la mañana para rendirle cuentas de don Frutos, quien se despertó y salió de su tienda, no les respondió con la alegría que ellos esperaban ni les deparo un trato efusivo; fue cordial por esa cortesía que le brotaba o a la que se sentía obligado y les organizo un gran almuerzo. Pero estaba con la mirada triste y fue muy parco en sus respuestas. Acaso sumaba el dolor físico de la jaqueca que le habrá quedado de resaca y la turbación de espíritu que había trasuntado desde la recriminación de Vaymaca Perú.

Gabiano, por cebador de mate del mate del General, oyó a los brasileños, quienes se disculparon por no haber traído vivo, como tan fervientemente les había encomendado, al cacique Rondo. Dijeron que les dio lastima matarlo, porque se defendió con honor. Por no atacarlo con decisión desde el primer momento, les costó ocho bajas y pudo guarecerse en la trinchera que fueron armando los cadáveres de sus enemigos. Después que me decidí- confeso Rodrigues Barbosa-tuve un disparo afortunado cuando él se asomo para lanzarnos una flecha ¡Que lastima! ¡Pero que lastima! Cuando después fuimos a buscar el cadáver nos dimos cuenta que esa era la última flecha de la que disponía.

Distinto fue el caso de Brown- comento Dias Gonzalvez, dejando entrever el orgullo de la misión mejor cumplida. Perdió a todos sus hombres y no hallo un lugar donde guarecerse. Un excelente tirador de mis hombres, le acertó en un codo y en la rodilla de la otra pierna. No le quedo otra alternativa que rendirse, porque llegamos a tiempo para arrebatarle el facón con el que, quiso quitarse la vida.

-A pesar del maldito nombre que se puso, yo…-comento don Frutos si pudiera haber elegido, me hubiera gustado que sobreviviera Rondo. Era…

-A pesar del maldito nombre que se puso, yo…-comento don Frutos si pudiera haber elegido, me hubiera gustado que sobreviviera Rondo

-Lo mas terrible que tuvo ese día fue el entierro de los indios…Yo creí que iba a ocurrir otra matanza…don Frutos no podía soportar lo que veía: los cuervos sobrevolaban el campamento. Se metió en su tienda y llamo al Yuca Luna.- NO te entretengas en enterrar a los indios. Ata los cadáveres de a tres o cuatro, cárgalos en las carretas y hundilos en el lagunon grande (¿estarán realmente los restos de nuestros Charruas allí?)

A pocas cuadras de la Barra del Tia Tucura –nos aclaro Gabiano– hay dos lagunas.-Pregúntale a don Vicente-siguió ordenando Rivera que va a hacer con sus muertos. El Yuca siguió parado. ¿Que te pasa?- le pregunto con voz cansada. ¿Que hacemos con el nuestro?

¿Con el nuestro, que creía que andábamos cazando perdices?-volvió a quejarse Rivera.

El Yuca aguardo con paciencia.  Y…dijo el presidente- nos lo llevamos, si nos da, a Durazno vamos a enterrarlo lo mejor que podamos. Por suerte el invierno nos va a ayudar para que dure lo más que pueda.

A la turba de indios cautivos ha de haberle llamado la atención que, mientras los muertos brasileños eran enterrados lo más adentro que se pudo del monte, cubriendo de piedras sus sepulturas y clavando cruces, los suyos eran atados tal como había ordenado don Frutos y cargados en los dos carretones. Cuando vieron que esa especie de cortejo rumbeaba recto hacia el lagunon comenzó de nuevo el clamor, que no ceso en los tres viajes que debieron hacer las carretas (entonces había mucho mas de 40 indios muertos, queda claro).

Desde el lagunon, oíamos sus gritos. ¡Pobre don Frutos lo que habrá sufrido!…

Agrega Gabiano; cuando encontramos al coronel Bernabé con la cabeza hundida en el charco yo enseguida me di cuenta de que ese detalle estaba cobrando lo que hicimos al tirar los cuerpos en el lagunon…No se, pero parece que los Charruas veneraban al agua como si fuera una diosa…Una diosa que si existiera era vengativa, porque cobro dos vidas: la de Bernabé seria en parte, una; la de Rodríguez Barbosa, por entero, la otra.

Don Frutos casi volvió a ser el de siempre recién al mediodía del martes 12. Fue a esa hora que firmo el parte y dispuso licencia para las milicias de Paysandú y el envió de la muchedumbre salvajea Montevideo (a pie claro) para convertirla en una porción útil de la sociedad y en especial de las familias menesterosas de esa ciudad”, según consta en su decreto.

La comitiva salio el miércoles 13, encabezada por el general Julián Laguna, al mando de dos compañías de caballería. Ese día, apenas se habían alejado los cautivos, don Frutos comenzó a hurgar en el montón de objetos Charruas que se había juntado, como basural, en la proximidad de una gran roca. Ya estábamos a punto de quemar esa porquería-comento Gabiano. El general se puso a elegirse paro para si una lanza, un arco y un carcaj al que lleno de flechas mas prolijas que hallo. También un buen mazo de hondas de distinto tamaño y boleadoras para avestruces y para caballos. No desestimo un quillapi, bien dibujado, pero que estaba ensangrentado, y termino recogiendo una estera de junco. Miro a Gabiano y le pregunto sonriente: Sargento ¿como anda de ánimo para hacerse un viajecito largo?

Gabiano le contesto: siempre estoy para lo que usted mande, mi general. Rivera parecía abstraído, como si fuese una idea profunda, dijo: para nosotros los paisanos, estos tarecos hediondos son una porquería, pero para la gente de ciudad, tienen su valor.

Esa insólita comisión eximio al sargento de participar en el hecho que, por lejos, fue la mayor infamia de la campaña: la matanza de Venado y el resto de sus guerreros.

Siempre se valoro entre la documentación de Rivera las cartas a Julian Espinosa. Hubo una esquela que llamo mucho la atención no por información histórica que aportara, sino por sus peculiaridades psicológicas ¿Que recias emociones habrá experimentado don Frutos, para ocurrírsele, a escasas horas de la masacre, dar prueba de su amistad con el envió de unos despojos de la horda exterminada?

Uno no puede dejar de subrayar este pedido: “conserva esas memorias de esa tribu salvaje que ya no existe”. Esta datada en el Río Negro, el 15 de abril y el “dador” no era otro que nuestro relator Gabiano.

El mismo día que Gabiano partió hacia el Sur, Bernabé salio al mando de una compañía…

Fin de la tercera parte y ultima sobre la masacre de Salsipuedes que lamentablemente no fue la última ya que la intención de estos genocidas era el exterminio total de la gloriosa raza Charrua….

 

Basado en el libro de Tomas de Mattos “! Bernabé, Bernabé!”

 

     

     

16 Respuestas a “RELATO DE GABIANO SOLDADO DE RIVERA Y TESTIGO PRESENCIAL DE LA MASACRE DE SALSIPUEDES

  1. Los guaraníes fueron los encargados de circular entre ellos, encadenándolos. Si no hubieran cometido excesos, baleando incluso a una niña, tampoco hubiera muerto Obes. Todavía montado en su caballo, habrá visto ese y otro vejamen y se acerco, del lado del monte, a ponerle freno a los guaranies. Fue en esa circunstancia, en que la victoria estaba mas segura que nunca, que se produjo la única baja del ejercito esa tarde…

  2. -Pero nadie festejo; nunca vi sobrar mas asado que esa noche. Ustedes no se imaginan lo que era el llanto de la chusma. No se los pudo hacer callar. Un coro de trescientos niños y mujeres cantaron, sin descanso, una endecha lúgubre y monótona.

    A mi me caía muy mal; me daba cuenta de que no era solo una queja.

    Al lado del dolor, se percibía, nítido y tangible, un odio suscitado en siglos.

    Yo oía clarito una amenaza…una maldición…

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  4. LE DOY GRACIAS A LOS CHARRUAS POR SU VALENTIA Y LES PIDO PERDON AL MISMO TIEMPO POR LA VERGUENZA Y COARDIA DE NUESTRO PRIMER PRESIDENTE, POR MI FLIA ,MIS HIJOS Y ESPOSA MIL VECES PERDON A LA HEDROICA NACION CHARRUA. CRACIAS POR LA HERENCIA EN LA SANGRE QUE NOS DEJARON A TODOS LOS ORIENTALES DE LEY. LA VERDADERA GARRA CHARRUA

  5. LE DOY GRACIAS A LOS CHARRUAS POR SU VALENTIA Y LES PIDO PERDON AL MISMO TIEMPO POR LA VERGUENZA Y COBARDIA DE NUESTRO PRIMER PRESIDENTE, POR MI FLIA ,MIS HIJOS Y ESPOSA MIL VECES PERDON A LA HEROICA NACION CHARRUA. GRACIAS POR LA HERENCIA EN LA SANGRE QUE NOS DEJARON A TODOS LOS ORIENTALES DE LEY. LA VERDADERA GARRA CHARRUA
    SIENTO

  6. No podemos pedir perdón por lo que no hicimos, ni sirve para nada, lo que debemos hacer es difundir la verdad y reconocer a los charrúas como lo que son , los libertarios de nuestra patria, la caballería de Artigas y nuestros antepasados aún presentes en muchos de nuestros compatriotas y enorgullecernos de ellos.-
    Archibaldo

  7. SIENTO DOLOR Y MAS DOLOR ,AL CONOCER EN DETALLES SEMEJANTE GENOCIDIO ; LO QUE ME ALIVIA EL DOLOR ES EL VALOR Y ESPIRITU DE LA NACION CHARRUA ,DEMOSTRADA EN SEMEJANTE MASACRE DE SU RAZA !

  8. MÁS ALLÁ DE LA VIDA SEGUIRÁ PRENDIDO EL FUEGO DE LA SANGRE PURA DE LOS VALIENTES CHARRÚAS, EN CADA CORAZÓN NOBLE DE ALGUNOS URUGUAYOS, QUE SEGUIREMOS GUARDANDO EN NUESTROS CORAZONES LA RAZA HEROICA QUE LATE, LATE Y SEGUIRÁ LATIENDO POR SIEMPRE

  9. Desde la adolescencia cuando tenía que concurrir a la plaza de mi ciudad, ya sea por actos “patrióticos” o simple esparcimiento, miraba los monumentos y me preguntaba como era posible que el indio no tubiera el suyo al lado del procer si fueron sus más leales hasta en sus últimos años, Han pasado desde entonces casi 50 años y me sigo preguntando lo mismo. Y porqué no se baja todo cuadro, estatua, etc del maldito HP de Rivera.

  10. NACION CHARRUA ARTIGUISTA ORIGINARIA
    Les entrego a modo de comentario un poema de mi autoría, en el cual reflejo mi reconocimiento a la bravura de vuestra Nación y a su resurgir a la eternidad, en la historia de nuestro país, y dedicado a la memoria de los charrúas que dieron su vida ,luchando junto a nuestro Prócer José Artigas, por una patria en que, ” los más infelices sean los más privilegiados “.
    Vaymaca Perú, ya herido, le gritó a Rivera:” ¡ Mirá, Frutos!¡ Frutos matando a los amigos !”

    EL GRITO DEL CHARRÚA
    Cual lágrimas de sangre
    cayeron de los ceibos
    sus purpúreos pétalos,
    los arrollos gimieron,
    al surcar sus aguas
    entre los pedregales.
    El grito del Charrúa
    retumbó entre montes
    de molles y coronillas,
    y su eco se extendió
    por valles y cuchillas.
    Bernabé cayó de rodillas
    ante los jóvenes charrúas,
    que defendiendo su estirpe,
    arremetiron con valentía,
    ante el ataque cobarde y genocida
    de quien los perseguía.
    Así fué que en Salsipuedes
    una raza charrúa se extinguía…
    y a pesar de todo… esta resurge !
    El grito del charrúa aún se oye
    entre los ceibos, molles,coronillas,
    de los arroyos en sus orillas,
    y su eco aún retumba
    por valles y cuchillas.

  11. Abril ..nos trae un nuevo aniversario de la terrible e injusta masacre de la heroica raza Charrua :Siento en mi corazon el dolor y la injusticia ! Yo tengo medios hermanos x cuya venas corre sangre charrua .,tengo un sobrino nieto de 11 añitos que es un tipico indiecito charrua , respetuoso de las piedras , de las plantas de los animales , es mi orgullo y mi esperanza ….Yo los siento en el viento , en los pajaros del monte , en los rios y cañadas , en las mangueras de piedra , en las colinas ,en las cuchillas …ellos estan entre Nosotros , no se han ido ni lo haran jamas ! Ellos permanecen en su Tierra x siempre ; sembrados en y entre nosotros !

    • que lindo lo que cuentas,si me das permiso me gustaria compartir tu relato gracias y tb es mi sentir, salud!

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