Tierra de indios. Comechingones lanzándose al vacío comandados por el cacique Ongamira antes de ser avasallados por el ejército realista y convertidos en esclavos.

Nota de la autora:

Desde el cerro Colchiquín, se suicidaron los Comechingones lanzándose al vacío comandados por el cacique Ongamira antes de ser avasallados por el ejército realista y convertidos en esclavos.
Las “pircas” son las piedras con las cuales cada familia marcaba su propiedad y era muy común en todo Córdoba.

María Magdalena

Tierra de indios

Quiero ensalzar la belleza
de este día en que,
enroscado en el viento,
baja rodando del cerro, hasta sumirse en el río,
el canto del indio muerto.

Río bravío
eterno amigo de ancestrales habitantes
que desangraron su vida en tus riberas.
Vital representante de mi tierra
traes el legado de culturas indómitas
grabado a fuego entre tus piedras.

Tierra de indios
Agreste y dura
de espinillos y de sierras,
marcadas por derruidas pircas
que cantan al viento leyendas.

Tierra de vida.
Tumba elegida.
Córdoba mía.

Amores, voluntades, vidas, muertes,
sonidos de tambores, pies descalzos
gritos de júbilo,
llantos de guerra.
Morada del indio altivo y orgulloso
que prefirió morir en el barranco
antes que agachar su cerviz
al invasor y vivir esclavo.

Río no calles tus secretos
trae hasta mi desde la cumbre del cerro
el grito auténtico de la raza,
y así homenajear al que fue y será
de esta tierra,
el verdadero dueño.

http://caio.uy.over-blog.com/article-tierra-de-indios-comechingones-lanzandose-al-vacio-comandados-por-el-cacique-ongamira-antes-de-ser-74275986.html

Ongamira: dignidad de los Comechingones. De bellos paisajes, de tristes historias

Escribe: locoporcordoba

El día de presentaba agradable ya que el frío había cedido un poco, lo cual nos invitaba a” dar una vuelta” por las sierras, salir a la mañana y volver a la tarde. Este es un privilegio que tenemos los cordobeses, te subís al auto o al colectivo y en poco tiempo estas disfrutando de hermosos paisajes. El destino elegido en esta ocasión fue un valle poco conocido por la gente que no es de esta provincia: El Valle de Ongamira.

El Valle de Ongamira esta a 1200 msnm. a 125 Km. de la ciudad de Córdoba y a 35 Km. de Capilla del Monte. Es un valle surgido en el periodo cretásico ( unos 150 millones de años), está rodeado por cerros de arenisca colorada, gastados por la erosión y que adquieren singulares formas. El acceso a las grutas y aleros está en un predio privado y se debe abonar una entrada de $ 10,00, (no brindan ningún servicio).Se realiza un recorrido por senderos que pasan por cuatro cinco grutas, una de las últimas es la cueva del indio, donde hay varios morteros tallados en las piedras y que eran utilizados por los aborigenes del lugar.El recorrido dura aproximadamente 1 hora. En estos lugares se han encontrado restos arqueológicos pertenecientes a la Cultura Ayampitín (8000 años) y a otra que le sucedió desde el año 200 DC. hasta la llegada de ls españoles: Los Comechingones.

Pero mas allá de las bellezas naturales del lugar no se puede dejar de referenciar la historia del mismo. Este valle era habitado como dije, por los comechingones desde el año 200 DC. pueblo agricultor y recolector, hasta la llegada de los españoles. En el año 1574 los conquistadores al mando de Blas de Rosales atacaron el lugar con el objetivo de apoderarse del oro y sus tierras, su libertad. Pero los comechingones resistieron y Rosales fue muerto. Enfurecidos los españoles rodearon a los indigenas que se habían refugiado en el Cerro Charalqueta (1575 m.) llamado así en honor al Dios de la Alegría, la resistencia fue dura hasta que lograron subir con sus caballos por el oeste y masacraron a los aborigenes. Las mujeres, los niños y los ancianos, se suicidaron arrojarondose de la cima del cerro antes que caer en manos del opresor. A partir de este hecho el cerro pasó a llamarse Colchiquí, por el Dios de la Tristeza, de la fatalidad.

http://maps.google.com/staticmap?markers=-31.15,-64.3166667,gray1|-30.7666667,-64.4333333,red2|-30.85,-64.5166667,gray3|&path=rgba:0xff0000aa,weight:3|-31.15,-64.3166667|-30.7666667,-64.4333333|-30.85,-64.5166667|&size=380x292&maptype=hybrid&hl=es&key=ABQIAAAAHL-TrSjxiFoLiRXQu6ybCxRAVM9b6qxpmnn08SzxlGKV1OgSnhRmrCzeJWsbdvvhGkYAtIKAvD4tdA

Del Romanticismo a la Solidaridad, Bernardino GarcíaAbuelo Charrúa

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http://caio.uy.over-blog.com/article-ongamira-dignidad-de-los-comechingones-de-bellos-paisajes-de-tristes-historias-74274039.html

ONGAMIRA- Comechingonia – Planeta Tierra

“Tomo la luna en el agua, la he traído…” (*)

Vacía socavada habitada
huellas en la tierra en la piedra
musgo líquenes arcilla roja
rumores eco una pluma de cóndor
tiznes de fuegos habidos
senderos rodeando los megalitos
caracoles del Pacífico
anteriores a la parición de los Andes
Meteoritos del algún planeta o asteroide herido marcaron
una ranura en el aire:
soles y lluvias -como una fragua- la cauterizan.

Ventanas triangulares que hizo el viento.
Morteros cilíndricos que hicieron los talentos
a la sombra de equinoccios y solsticios, trazando constelaciones pétreas.
Gotea en un cuenco eterno un rocío de otros tiempos.
Silbidos.

Los cestos ya no están como
tampoco quienes los trenzaron.
Los pliegues de las rocas murmuran
dónde se calentó el abrazo, dónde se lavó al hijo.

Aquí estoy después de siete mil lunas
Cavernas ojos de cielo,
abriendo oteo horizontes
cerrando oteo memorias

Aleros para el avistaje,
la contemplación,
la determinación y
los encuentros:
con lo estelar, lo plumífero, lo ígneo, lo lumínico.

“Yo no estudio la cosas, ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas…” (**)

Lilah Ríos

(*)Alberto Assadourian en referencia a la captación de la imagen de la luna reflejada en el agua de conanas y
morteros
(**)AtahualpaYupanqui me lo recuerda en su poema “Destino del hombre” de Canto del Viento


2 Respuestas a “Tierra de indios. Comechingones lanzándose al vacío comandados por el cacique Ongamira antes de ser avasallados por el ejército realista y convertidos en esclavos.

  1. ONGAMIRA- Comechingonia – Planeta Tierra

    “Tomo la luna en el agua, la he traído…” (*)

    Vacía socavada habitada
    huellas en la tierra en la piedra
    musgo líquenes arcilla roja
    rumores eco una pluma de cóndor
    tiznes de fuegos habidos
    senderos rodeando los megalitos
    caracoles del Pacífico
    anteriores a la parición de los Andes
    Meteoritos del algún planeta o asteroide herido marcaron
    una ranura en el aire:
    soles y lluvias -como una fragua- la cauterizan.

    Ventanas triangulares que hizo el viento.
    Morteros cilíndricos que hicieron los talentos
    a la sombra de equinoccios y solsticios, trazando constelaciones pétreas.
    Gotea en un cuenco eterno un rocío de otros tiempos.
    Silbidos.

    Los cestos ya no están como
    tampoco quienes los trenzaron.
    Los pliegues de las rocas murmuran
    dónde se calentó el abrazo, dónde se lavó al hijo.

    Aquí estoy después de siete mil lunas
    Cavernas ojos de cielo,
    abriendo oteo horizontes
    cerrando oteo memorias

    Aleros para el avistaje,
    la contemplación,
    la determinación y
    los encuentros:
    con lo estelar, lo plumífero, lo ígneo, lo lumínico.

    “Yo no estudio la cosas, ni pretendo entenderlas.
    Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas…” (**)

    Lilah Ríos

    (*)Alberto Assadourian en referencia a la captación de la imagen de la luna reflejada en el agua de conanas y
    morteros
    (**)AtahualpaYupanqui me lo recuerda en su poema “Destino del hombre” de Canto del Viento

  2. Estuve allí hace unos días, medité, ingresé en los mágicos mundos de las energías no siempre bien comprendidas y los vi. Al finalizar mi sesión tenía los ojos hinchados y mi ropa mojada por tanto llanto, no podía hablar porque mi garganta ardía por tantos gritos proferidos durante el despojo de las vidas mas ancianas y las más jóvenes,
    Sentí el mágico impulso de arrojarme yo también al vacío, al fin de cuentas, ese día no pude ayudar a nadie, y sólo pude presenciar el anuncio de cada muerte-vida, cuando con los brazos abiertos uno a uno o en grupos, iban tragando el viento, al tiempo que disolvían valientemente tras de sí, las ignominiosas cadenas. de los azorados invasores.
    Yo estuve y participe de las energías que aun hoy, no se han disuelto en torno al mítico sitio.

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