SANGRE CHARRUA- Testimonios

HACE CUATRO SIGLOS Y MEDIO

En las cercanías de la desembocadura del arroyo Solís… La gente de esta tierra son hombres muy robustos y grandes : de rostro son muy feos; traen el cabello largo : algunos se horadan las narices y en los agujeros traen metidos unos pedazos de cobro muy brillante; todos andan cubiertos de pieles; duermen en el campo donde les anochece; no llevan consigo otra cosa que pieles y redes para cazar ; usan como arma una pelota de piedra del tamaño de la bala de un falcón y de ella sale un cordel de una braza y media de largo y en el extremo lleva una borla grande de plumas de avestruz : y tiran con ella como con honda. No comen más que carne y pescado ; son muy tristes y la mayor parte del tiempo lloran. Cuando muere alguno de ellos según el parentesco, así se cortan los dedos: por cada pariente una articulación, vi que muchos viejos no tenían mas que el dedo pulgar. Su habla gutural como la de los moros (Pero López de Souza de “Diario de navegación” (Año 1531)

LA NACION CHARRUA

La nación charrúa fue antiguamente muy numerosa; extendiase desde la costa del Paraná septentrional, hasta las riberas del mar del Norte; gente muy belicosa, crecida y animosa. Siendo tan inconstantes y variables, como todos los indios muestran su genio aun en sus habitaciones, que son portables, formadas de cuatro palos y unas débiles esteras que las plantan donde les coge la noche ; con que teniendo tan pocas raíces en la tierra, fácilmente se trasponen a otra parte sin que se les conozca sitio determinado ni asiento fijo ; sino, hoy aquí, mañana allí , siempre peregrinos y siempre en su patria, hallándose en todas partes para su útil y gozando los frutos del país según las estaciones del año; pero en tiempos de guerras, retiran sus rancherías a los bosques más cerrados y espesos, donde sea difícil penetrar, y andan muy vigilantes de día y de noche con perpetuas centinelas. Arman guerra con los comarcanos, por causas muy ligeras, y su modo de pelear es levantando al embestir, un horrendo y bárbaro grito que espante a sus enemigos. Estos suelen ser más ordinariamente otra nación llamada de los yaros, tan bárbara como la charrúa : y por muchos años, fueron enemigos jurados de los guaraníes de nuestras reducciones quienes padecieron de ellos asaltos continuos, en los pueblos del Yapeyú y la Cruz que son las fronteras. En todas estas costumbres , son semejantes a los charrúas los yaros mencionados, los martidanes , y los genoas. Estos viven entre el río Uruguay y el mar del Norte, en tierras poco sanas; comercian con los portugueses de la Colonia de Sacramentos, de quienes reciben alfanjes y lanzas para sus guerras , por el interés de ser ayudados de ellos, para hacer corambre en las vaquerías de los castellanos. Para convocarse unos a los otros en tiempo de guerra, se valen de humos, o del resplandor de grandes hogueras que enciende cada cacique en su territorio; con que si distan mucho unos de otros, avisan con estos correos, en cuya inteligencia están muy diestros, que hay muchos o pocos enemigos ; y cuando es necesario unirse toda la nación a la defensa. (Pedro Lozano de “Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán”

ASI VIO UN ESPAÑOL A LOS INDIGENAS

 Regulo la estatura media de los Charrúas una pulgada superior a la española; pero los individuos son más igualados, derechos y bien proporcionados, sin que entre ellos haya un contrahecho o defectuoso, ni que peque en gordo ni en flaco. Son altivos, soberbios y feroces; llevan la cabeza derecha, la frente erguida, y la fisonomía despejada. Su color se acerca tanto o más al negro que al blanco, participando poco de lo rojo. Las facciones de la cara, varoniles y regulares; pero la nariz poco chata y estrecha entre los ojos. Este algo pequeño, muy reluciente, negro, nunca de otro color, ni bien abiertos. La vista y el oído doblemente perspicaces que los de los españoles. Los dientes nunca les duelen ni se les caen naturalmente aun en la edad muy avanzada, y siempre son blancos y bien puestos. Las cejas negras y poco vestidas. No tienen barbas , ni pelo en otra parte, sino poco en el pubis y en el sobaco. Su cabello es muy tupido , largo, lacio, grueso , negro , jamás de otro color, ni crespo, ni se les cae: sólo encanece a medias en edad muy avanzada. La mano y pie algo pequeños y más bien formados que los nuestros : el pecho de las mujeres no tan abultados como el de otras naciones de indios. No se cortan el cabello, y las mujeres le dejan flotar libremente pero lo atan los varones y los adultos ponen en la ligadura plumas blancas verticales (…) Nadie cubre la cabeza y los varones van totalmente desnudos sin ocultar nada ; pero para abrigarse cuando hace mucho frío , suelen tener una camiseta muy estrecha de pieles sin manga ni cuello (…) No tienen juegos, bailes , cantares ni instrumentos músicos , tertulias ni conversaciones ociosas y les es tan desconocida la amistad particular, como que nunca se avienen dos para cazar, ni para otra cosa que para la común defensa. Su semblante es inalterable, y tan formal que jamás manifiesta las pasiones del ánimo. Su risa se limita a separar un poco los ángulos de la boca, sin dar la menor carcajada. La voz nunca es gruesa ni sonora, y hablan siempre muy bajo, sin gritar aun para quejarse si los matan: de manera que si camina uno diez pasos adelante , no le llama el que le necesita, sino que va a alcanzarle (…) Los varones cabezas de familia se juntan todos los días al anochecer, formando círculo sentados en sus talones, para convenirse, en las centinelas que han de apostar y vigilar aquella noche, porque nunca las omiten, aun cuando nada teman. Dan cuenta allí de si en lo que han caminado aquel día han descubierto indicio de enemigos, y hace cada uno relación de los campos adonde irá a cazar. (Félix de Azara de “Historia del Paraguay y del Río de la Plata”)

3 Respuestas a “SANGRE CHARRUA- Testimonios

  1. EL INDIO
    Fernán Silva Valdés de “Poemas Nativos”

    Venía
    no se sabe de dónde.
    Usaba vincha como el benteveo,
    y penacho como el cardenal

    Si no sabía de patrias sabía de querencias.
    Lo encontró el español establecido;
    pescador en los ríos, cazador en los bosques,
    bravío en todas partes, y cerrándole el paso
    con arreos de guerra, vivo o muerto,
    siempre como un estorbo, siempre como una cuña
    entre él y el horizonte.

  2. Modelando en barro de rebeldías,
    pasa como una sombra, desnudo y ágil,
    por los senderos ásperos de la Leyenda.
    Esbelto, musculoso, retobado en hastío,
    entre cobre y rojo estaba su color;
    una señal de guerra le hacía punta a su instinto
    y entonces, por sus venas
    en vez de correr sangre corría sol.

  3. Vadeaba los arroyos en canoas;
    entraba a las querencias de las fieras,
    o ambulaba durante varias lunas
    en una aspiración horizontal
    -Curtido de intemperie,
    rojo de sol o húmedo de tormentas-
    en los días rayados de chicharras
    o en las noches tubianas de relámpagos.

    La conquista española enderezó sus rumbos;
    y las tribus que erraban por rutas diferentes
    se ataron en un haz, alrededor de un jefe,
    para rodar a un tiempo
    como las boleadoras.

    No sabía reír ni sabía llorar;
    bramaba en la pelea como los pumas,
    y moría sin ruido, cuando mucho
    con un temblor de plumas, como mueren los pájaros.

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