Los afroamericanos y su aporte al artiguismo

Capítulo VI

A r t i g a s
el resplandor desconocido
(ensayo histórico)
© GONZALO ABELLA

Los afroamericanos componen una de las tres raíces centrales de la América mestiza y mulata.

     Ya no son africanos viviendo en América: cuatrocientos años de resistencia los vincularon con los pueblos y con el ecosistema americano, y si en éste se modificaron los rituales con aquéllos se intercambiaron pautas culturales.

     Además los afro protagonizaron en América gigantescas epopeyas libertarias. Entre otras hazañas formaron los Palenques (territorios liberados) de esclavos fugados o cimarrones allá por Cartagena de Indias, y el “Quilombo” (terra da liberdade) en Pernambuco bajo la dirección de Zumbí dos Palmares. La alianza con los pueblos originarios y con los criollos rebeldes fue una constante de estas gestas.

     El aporte afro a la cultura latinoamericana y a su identidad es evidente.

     Pues bien. Una sutil variante de la “Leyenda Negra” artiguista insinúa malévolamente que Artigas nunca se atrevió a enfrentar directamente a los traficantes de esclavos. Se basan en la frase del Reglamento Provisorio de 1815 en que Artigas establece explícitamente que también los “negros libres” tienen derecho a la tierra y en una carta de Artigas ya derrotado a su hijo mayor, pidiendo que a los dos ancianos esclavos que tuvo la familia Artigas “no les falte para los vicios”.

     Permítaseme por ello transcribir aquí dos textos que sentí la necesidad de escribir para salir al paso de esta insinuación. Tienen la ventaja de estar escritos en momentos en que yo tenía muy fresca la argumentación usada para la calumnia; hoy la he olvidado un tanto, porque sus mismos difusores se repliegan luego prudentemente por un tiempo, confiados quizás de que algo del veneno paralizante que derramaron haga su efecto pero temerosos de un enfrentamiento directo que los dejaría muy mal parados. Como sé que vuelven, siempre vuelven, he aquí mi respuesta, que por suerte no fue la única.

http://www.chasque.net/vecinet/abella12.htm

Anexo 1 al Capítulo VI

Artigas y la esclavitud

Sólo se puede comprender cabalmente a Artigas a partir de sus acciones y de su actitud ante los hechos; nunca a partir de sus escritos. Los escritos fueron dictados por las necesidades coyunturales de su negociación permanente con el mundo criollo de racionalidad puramente “occidental”, al cual él no pertenecía. “Mi gente no sabe leer” es su principal definición de pertenencia (comentario ante el escrito de Cavia que lo calumnia).

     En la etapa que fue reconocido como Protector de los Pueblos Libres afirmó: “Los indios tienen el principal derecho”. Esta frase, una de las más citadas, no fue comprendida aún en su pleno significado. Maggi empezó a advertirlo en su libro “Artigas y su hijo…”. Es una clave importante.

     El Reglamento de Tierras de 1815 se define como “Provisorio”. Este término es crucial: para Artigas aún no era el momento de dictar las leyes generales de la Confederación, porque aún no estaba garantizada la plena participación de todas las culturas en plano de igualdad; y no era aún el momento de establecer las leyes definitivas para la Banda Oriental dado que en muchas ciudades y especialmente en Montevideo, los grupos de poder no permitían la libre decisión de las mayorías.

     “Provisoriamente” se establece la expropiación de los “malos europeos y peores americanos” y se proclama a título expreso el derecho de los negros “libres” a la propiedad de la tierra “de tal manera que los más infelices sean los más privilegiados” (textual, en el Reglamento Provisorio). ¿Por qué expresamente sólo para los negros libres?

     Porque básicamente existían cuatro situaciones entre los afroorientales:

      1) los que habían optado por la comunidad libertaria, elección afín a la cultura de sus mayores. Eran hombres y mujeres afro que se habían refugiado en el monte y en el “lejano Norte” charrúa. Los jóvenes en su mayoría integraron los “batallones de libertos” artiguistas donde nadie reclamaba papeles para comprobar que no eran “fugados”. Se hacían reconocer como libres con sus propias lanzas, y eran fuerza esencial de la Revolución. Para estos grupos estaba previsto (como demuestra Maggi en el caso de los charrúas) grandes estancias comunitarias y no parcelas sueltas. Cuando el “pardo” Encarnación Benítez reclama para sí una extensión inmensa en 1815, la prestigiosa historiadora Lucía Sala cree ver allí un abuso de este legendario montonero negro; en los hechos, era la misma política seguida por Artigas años antes, cuando reclamaba “para sí” la inmensa estancia de Arerunguá (en realidad, Artigas la reclamaba para la nación charrúa).

       2) los que habían fugado de Montevideo antes de la entrada de Otorgués, que eran libres por definición (“eligieron el lado de la libertad”) y enlistaban en las montoneras gauchas integrándose a los rancheríos paisanos, expresión multicultural por excelencia;

       3) los que habían comprado su libertad y eran “negros libres” pero huérfanos de toda propiedad (precisamente para ellos es el Reglamento). Son una parte de “los más infelices” porque están desprovistos de todo y serán por ello, según el Reglamento, parte de “los más privilegiados”; el texto los cita expresamente, excluyendo implícitamente a las comunidades afro en armas, que culturalmente no reclaman “suertes de estancia” individuales.

       4) los que continuaban esclavos. Entre éstos deben distinguirse los que continuaban siéndolo por la presión de sus antiguos amos de aquellos otros que mantenían su antigua situación por razones de vejez u opción personal. Entre los primeros, había esclavos que eran “propiedad” de connotados enemigos del sistema (si estos esclavos fugaban eran recibidos con alegría por los afroamericanos de la Liga, y su propia fuga los hacía libres) pero otros eran “propiedad” de “estancieros patriotas”(!!) Reitero: en este último caso estoy hablando de personas forzadas a ser esclavas, no de aquellos que mantienen su puesto al servicio de familias criollas, en una época de cambios turbulentos e inseguridades, en una situación formalmente de esclavos pero por una opción personal.

     Los esclavos forzados por estancieros “patriotas” fueron un punto de fricción permanente entre Artigas y los cabildos. En todos los casos, estos estancieros “patriotas” esclavistas vocacionales, traicionaron la Liga Federal entre 1814 y 1817.

     Un estudio serio sobre Artigas no puede separarse de la investigación del papel que jugó Joaquín Lencina (Ansina), el destacado combatiente y sabio afrooriental que lo acompañó desde 1795 a 1850.

     Como esclavo, Ansina se vinculó en Brasil al pensamiento emancipador afroamericano, llegando a ser un prestigioso ideólogo de esa corriente continental. Si Artigas no fuera un radical antiesclavista, y un hábil conspirador, su conducta en relación a Ansina no podría justificarse. Recuérdese: 1) lo compra advertido que es un esclavo peligroso, con antecedentes de fugas y líder de levantamientos (muy mal negocio); 2) le da la libertad de inmediato, el mismo día (peor aún); 3) lo recomienda para el Batallón de Pardos Libertos del Cabildo de Montevideo (como quien dice, lo dona al gobierno colonial); 4) Ansina está al mando de su batallón cuando los esclavos de Montevideo se levantan en 1803 y se fugan por el Portón de San Pedro, hacia las tolderías charrúas, sin que el batallón de pardos tenga tiempo de reprimirlos (¿Ansina era muy lento?); 5) Ansina acompaña a Artigas en todas sus campañas y en todos los años de exilio (¿no es algo excéntrico para un hombre como Artigas, que duerme en el suelo, legisla desde una cabeza de vaca, y que se desprende de la espada de Mayo para recuperar la lanza indígena, tener un africano liberto para que le cebe el mate?).

     Ansina y Artigas fueron grandes conspiradores: conocieron, antes de que se escribiera, aquella frase de José Martí: “hay cosas que para que triunfen han de andar ocultas”. Nada menos misterioso hoy que las crípticas palabras del único poema de Ansina en que habla de sí mismo: “Ansina me llaman/y Ansina yo soy/ sólo Artigas sabe/ hacia dónde voy.”

     Dicen los que todo relativizan, generalmente para cubrir su propia flojera (porque nada es ingenuo en la interpretación de la Historia) que Artigas nunca decretó a título expreso la “abolición de la esclavitud”. ¡Rigurosamente cierto! No podía hacerlo, como ningún indio, ningún afrooriental y ningún gaucho podía hacerlo tampoco. La abolición de la esclavitud fue siempre (¡en la historia de toda América!) la hipócrita resolución de los poderosos que modernizaban sus formas de opresión. Desde la óptica de los de abajo, su brújula de siempre, Artigas habló en forma más radical (“hablaré de una vez y hablaré para siempre”, solía decir); y puso como condición para el pacto con Buenos Aires en 1813 que la Confederación promoviese la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”.  Más claro…

     Continúo, porque no es un tema menor. He aquí mi segundo trabajo dentro de esta línea argumental, cuando se volvió a acusar a Artigas de contemplaciones con los esclavistas en fecha mucho más reciente:

http://www.chasque.net/vecinet/abella13.htm

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