LA REVOLUCIÓN ARTIGUISTA (1811-1820)

julio 15, 2013 por Chan Tacuabe

            La Revolución Artiguista forma parte de la Revolución del Río de la Plata iniciada en mayo de 1810. Basados en la idea de que ausente el rey de España (prisionero de Napoleón), la autoridad vuelve al pueblo, en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata se reunió un cabildo abierto que destituyó al Virrey y creó una junta de gobierno.

De esta manera los dirigentes porteños desconformes con el sistema económico y político colonial tomaron el poder en nombre del pueblo e invocando la defensa del rey, para el cual se guardaban estos territorios mientras estuviera prisionero, Pero cuando esos dirigentes quisieron imponer el gobierno de la Junta al resto del Virreinato del Río de la Plata se encontraron con el rechazo desde varios lugares. La principal dificultad para imponerse que tuvo la junta creada en mayo de 1810 fue la desconfianza que los territorios del interior le tenían a Buenos Aires. Montevideo, que había sufrido las arbitrariedades de Buenos Aires en la “lucha de puertos” (competencia entre los comerciantes de ambos puertos para dominar el comercio del Río de la Plata), decidió no reconocer a la Junta. Pero en la campaña de la Banda Oriental se difundió el apoyo a la Junta creada en Buenos Aires. Fue así que se inició la Revolución Oriental o Artiguista.
            Al principio la revolución artiguista se hizo bajo el mando de Buenos Aires y los revolucionarios recibieron de ésta armas, dinero y hombres para enfrentarse con Montevideo. Pero luego la revolución conducida por Artigas se fue distanciando de Buenos Aires y tomó un camino propio, aunque nunca estuvo en la cabeza de Artigas la idea de convertir a este territorio (actual Uruguay) en una país independiente.
¿Por qué se produce la revolución oriental? ¿Quién era Artigas y cual fue es su importancia? ¿Cuáles eran realmente sus ideas? ¿Por qué fue perseguido y olvidado y luego fue transformado en héroe nacional? ¿Qué sucedió en la Banda Oriental durante la revolución? ¿Qué cambios se dieron y qué participación tuvo en ellos el pueblo? Trataremos de responder estas preguntas
 
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LAS ETAPAS DE LA REVOLUCION
La Revolución Artiguista ocupó un período corto de tiempo pero de intensa conmoción. Puede dividirse en cinco etapas:
Primera etapa. Sus inicios a partir de 1811 cuando se producen levantamientos armados en la campaña que reconocen a la Junta de Buenos Aires como autoridad legítima y por lo tanto se oponen al gobernador de Montevideo que no reconocía a aquella Junta. La rebelión logró tomar todo el territorio menos Montevideo que quedó en poder de los “regentistas”. Después de la batalla de Las Piedras (18 de mayo de 1811) Montevideo quedó sitiada por fuerzas orientales y porteñas.
Pero Montevideo tenía el dominio del mar y bloqueó el puerto de Buenos Aires. Se iniciaron negociaciones entre las autoridades de ambas ciudades y se llegó a un acuerdo conocido como “el armisticio de octubre”. (octubre de 1812).En el mismo Buenos Aires levantaba el sitio de Montevideo. Aquí comenzaron las discrepancias con los orientales que querían mantener el sitio hasta que Montevideo se rindiera. Las autoridades porteñas se dieron cuenta de que el caudillo de los orientales rebeldes era Artigas y comenzó a maniobrar para sacarlo del medio.
Segunda etapa. Corresponde a la maduración del proyecto artiguista de autonomía provincial. Ello ocurrió cuando en Buenos Aires, en 1813, se instaló una Asamblea Constituyente que debía resolver asuntos de la revolución que aún estaban pendientes. Hacía tres años que se habían producido los sucesos de mayo y aún se mantenía la fidelidad al rey de España Fernando VII. Se planteaba si se mantenía esa fidelidad o directamente se declaraba la independencia. Si se daba esto último se debía resolver la forma de gobierno a adoptar elaborando una constitución. Para el liberalismo imperante en la época, la constitución era fundamental para establecer en ella todo lo referido a las obligaciones y los derechos de los gobiernos y de los habitantes del país.
Cuando esa Asamblea Constituyente le solicitó a Artigas que la reconociera como máxima autoridad del Río de la Plata, el caudillo oriental entendió que no debía resolver él sino convocar al pueblo oriental para que decidiera. Para esto se convocó un congreso en abril de 1813, que se instaló en un lugar conocido como Tres Cruces (en el campamento de quienes sitiaban a Montevideo por segunda vez). Este Congreso resolvió reconocer a la Asamblea Constituyente instalada en Buenos Aires pero con algunas condiciones; se eligieron diputados para concurrir a esa asamblea y llevar esas condiciones que son conocidas como “las Instrucciones del año 13″.

 

Tercera etapa. Es la ruptura de Artigas con Buenos Aires. Los diputados enviados a la Asamblea Constituyente no fueron aceptados y el gobierno porteño trató de elegir otros que estuvieran de acuerdo con sus ideas. Artigas se retiró del segundo sitio de Montevideo (esta seguía estando en manos de los españoles) en enero de 1814. Se instaló en las costas del río Uruguay y comenzó a ejercer influencia sobre las provincias argentinas que estaban al otro lado del río.
Cuarta etapa. El año 1815 es el año del apogeo artiguista. Los españoles se retiran de Montevideo y todo el territorio oriental queda bajo el mando de Artigas. También lo reconocen como Protector las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba. La relativa paz que se vivió dentro de la Banda Oriental, a esta altura transformada en Provincia Oriental, permitió a Artigas comenzar a organizar la provincia. Se creó un gobierno, se hicieron elecciones y se intentó solucionar los problemas del campo que se venían arrastrando desde la época colonial a través del Reglamento para el fomento de la campaña, también conocido como “reglamento de tierras”.
Paralelamente a esto se hace más dura la lucha contra las tendencias unitarias de Buenos Aires.
Quinta etapa. Entre 1816 y 1820 el artiguismo debió enfrentar una agotadora lucha contra los portugueses que invadieron la P. Oriental. Se siguió luchando contra Buenos Aires, por lo que Artigas soportó dos frentes de lucha. Los caudillos artiguistas del litoral argentino vencieron a Buenos Aires pero Artigas fue derrotado por los portugueses en la P. Oriental. La hábil diplomacia porteña, los intereses personales de algunos caudillos artiguistas y el desgaste de la figura de Artigas, llevaron a un enfrentamiento de éste con algunos de aquellos caudillos. Derrotado Artigas se retiró a Paraguay en 1820, permaneciendo en aquel territorio hasta su muerte en 1850.
 
 
PRIMERA ETAPA: EL INICIO DE LA REVOLUCION Y LOS PRIMEROS          TRIUNFOS
 
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La Junta instalada en Buenos Aires en mayo de 1810 envió notas a todos los cabildos que eran parte del Virreinato del río de la Plata para que la reconocieran como autoridad en lugar del depuesto Virrey Cisneros.
En Montevideo, cuyo gobernador Francisco de Elío se había trasladado a España, se recibió a un delegado de la Junta que informó de la situación y se decidió convocar aun Cabildo Abierto para resolver que hacer. Al llegar información de que en España se había instalado un Consejo de Regencia para gobernar en nombre del rey y dada la tradicional enemistad que había con Buenos Aires, se decidió no reconocer la Junta. Elío regresó de España con el Título de Virrey, se instaló en Montevideo y le declaró la guerra a la Junta.
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Grito de Asencio, inicio de la revolución

Pero el interior de la Banda Oriental tomó una posición distinta. Al principio se reconoció a la Junta; luego ante la presión de Montevideo se mantuvo a la expectativa y finalmente se produjo la rebelión.

¿Cómo, cuándo y por qué? La revolución en la Banda Oriental se inició en la zona del litoral del río Uruguay. Allí se hacía sentir más la influencia de Buenos Aires donde se había instalado una Junta sustituyendo al virrey. El primer hecho revolucionario fue el Grito de Asencio (28 de febrero de 1811); se trataba de una levantamiento armado en la zona de Soriano, organizado por los caudillos locales Pedro Viera y Venancio Benavides. Un centenar de hombres derrotaron a la guardia local y tomaron sin resistencia a la ciudad de Mercedes. Más tarde, en carta dirigida al gobierno de Paraguay, Artigas reconoció ese suceso como el iniciador de lo que se llamó “la admirable alarma”. Esta fue un levantamiento de la campaña organizado por los caudillos locales de cada zona.
Se trataba de estancieros o comerciantes que tenían prestigio e influencia sobre sus vecinos; por ejemplo, Tomás García de Zúñiga, Joaquín Suárez y Pedro Bauzá en Canelones y Florida, Fructuoso y Félix Rivera en Durazno, Manuel Artigas en Santa Lucía, Juan Antonio Lavalleja en Minas, Blas Basualdo y Baltasar Ojeda en el litoral oeste.
Más allá de las simpatías con que podía verse a la Junta de Buenos Aires (no hay que olvidar que durante mucho tiempo el interior de la Banda Oriental había dependido directamente de Buenos Aires y no de Montevideo) otro hecho determinó la rebelión. Para obtener recursos en la guerra contra Buenos Aires, Elío exigió a los estancieros “donativos patrióticos”, es decir entregar dinero a la fuerza, y a los ocupantes de tierras sin título se les exigió regularizar la situación pagando al estado por la tierra que estaban ocupando. Estos intentos de obtener dinero en forma rápida, provocaron la disconformidad del campo. Eso explica que los estancieros promovieran el levantamiento contra Montevideo y que se sumaran a la rebelión con sus capataces y peones.
Pero el levantamiento era desordenado. Se trataba de levantamientos locales que carecían de unidad. La incorporación de Artigas a la rebelión le dio a ésta unidad de mando. Artigas era una figura que ya tenía una importante trayectoria en el campo oriental, era conocido y respetado por diversos sectores sociales.
Pepe Artigas, el “coquito” de la campaña. Al enterarse de que Artigas se había incorporado a los rebeldes, uno de los jefes militares españoles en Montevideo, José María Salazar, se lamentaba de ese hecho, reconociendo que Artigas era el “coquito” de la campaña, es decir un caudillo capaz de movilizar a mucha gente.
  

 
 

También Buenos Aires sabía de la importancia de tener a Artigas de su lado y por eso fue gratamente recibido cuando se puso a disposición de la Junta.

Pero ¿quien era Artigas, por que era tan importante su presencia para las fuerzas revolucionarias?
José Artigas nació en Montevideo en 1764 en el seno de una familia importante por su posición económica y social. Su abuelo Juan Antonio Artigas había sido una de los primeros pobladores de Montevideo y había ocupado varios cargos en el Cabildo. También el padre de José, Martín, había ocupado cargos en el gobierno de la ciudad. La familia, al ser una de las fundadoras de la ciudad, poseía chacras y campos.
Se sabe poco de los primeros años de la vida de José Artigas. Cursó la escuela en el Colegio de los Padres Franciscanos. Estando su familia, como todas las de la época a las actividades rurales, debemos suponer que desde muy joven se habituó a la vida rural y es posible que haya abandonado a su familia en la adolescencia para trasladarse al campo. Los pocos datos que se tienen indican que se dedicó a la venta ganado hacia Brasil, actividad prohibida por las leyes españolas pero que era habitual dadas las condiciones socio-económicas de la campaña. Documentación española de la época menciona a Pepe Artigas “contrabandista” conduciendo ganado rumbo a la frontera y el envió de soldados en su persecución.
Estas actividades en el medio rural fueron creando  relaciones con la gente de la campaña que después le permitirán conocerla y dirigirla. Además su vida, hasta donde sabemos era más de la de un hombre de campo que la de un habitante de la ciudad.

 

Cuando en 1797 el gobierno de Montevideo creó el Cuerpo de Blandengues para cuidar la frontera y poner orden en la campaña, se otorgaron indultos a “los contrabandistas, desertores y demás malhechores que andan vagando y huyendo de la justicia” si integraban dicho cuerpo. Artigas optó por ingresar al Cuerpo de Blandengues y obtener así el indulto. A partir de este hecho su vida es más conocida. Teniendo en cuenta su experiencia en las actividades rurales y su conocimiento de la campaña y su gente, obtuvo reconocimiento de sus superiores destinándosele para importantes tareas. Por ejemplo acompañó al investigador Félix de Azara cuando este recorrió el norte de la Banda Oriental y le ayudó en la tarea de fundar pueblos en la cercanía de la frontera con territorio portugués.
En 1805 se casó con Rosalía Villagrán Artigas que era su prima. Con ella tuvo un hijo, José María, y dos niñas que fallecieron a los pocos meses. No eran los primeros hijos de Artigas ya que tuvo otras relaciones antes y después de su matrimonio. Su primer relación amorosa conocida fue con Isabel Sánchez con quien tuvo su primer hijo, Manuel, en 1791. Posteriormente tuvo otras mujeres, siendo una de las más conocida Melchora Cuenca, “la paraguaya”.
Unos días antes del Grito de Asencio Artigas abandonó su puesto de Capitán de Blandengues y se trasladó a Buenos Aires para unirse a la revolución. Tenía 46 años y problemas de salud, por lo tanto su decisión no fue un impulso juvenil sino una resolución madura.
Volvió de Buenos Aires con un grado militar del ejército revolucionario. Esto significaba que el gobierno porteño le otorgaba autoridad, pero también pretendía subordinarlo. La Junta de Buenos Aires no tenía suficientes recursos militares para imponerse sobre el gobierno regentista de Montevideo y necesitaba de la participación de hombres como Artigas.
Las primeras victorias. Después del Grito de Asencio y los levantamientos en distintos puntos de la campaña, dominó un clima de entusiasmo propio de las revoluciones. Las milicias revolucionarias no formaban un verdadero ejército: era población rural levantada en armas. Estaba compuesta por los estancieros y sus peones y esclavos, los caudillos locales y sus seguidores, hombres sueltos, es decir los gauchos, indígenas. Todo ese grupo heterogéneo estaba unido por su oposición al “godo” nombre despectivo dado a los españoles (estos llamaron “tupamaros” a los rebeldes, nombre derivado del líder indígena peruano Tupa Amarú).
La rebelión fue ganando batallas en sucesivos enfrentamientos contra los españoles, lo que le permitió ir controlando el territorio. Finalmente las fuerzas rebeldes, a cuyo frente ya estaba Artigas, se enfrentaron en Las Piedras con el ejército español dirigido por el capitán Posadas el 18 de mayo de 1811. Los artiguistas triunfaron y esta victoria tuvo importantes consecuencias:
– Dejó a los rebeldes el dominio de todo el territorio oriental, quedando los españoles reducidos a la ciudad de Montevideo.
– Aumentó el prestigio de Artigas dentro y fuera del territorio oriental.
– Fue un importante estimulo para toda la revolución del Río de la Plata, ya que en ese momento se habían producido derrotas de las fuerzas revolucionarias en otras zonas (Alto Perú y Paraguay).
Inmediatamente después del triunfo de Las Piedras llegó un ejército desde Buenos Aires dirigido por José Rondeau que, sumado a las fuerzas orientales, puso sitio a Montevideo. Esta quedó aislada del resto de la Banda Oriental , conservando sólo la salida por mar.
El Virrey Elío, al ver que su situación era difícil y al no poder recibir ayuda desde España, solicitó ayuda a Portugal. España y Portugal estaban unidos en Europa a la lucha contra Napoleón y el rey de Portugal, establecido en Brasil, temía que la revolución rioplatense se extendiera a territorio brasileño. Las tropas portuguesas ingresaron a territorio oriental en julio de 1811.
El armisticio de octubre. El gobierno de Buenos Aires observó con temor el avance portugués en la Banda Oriental. Las tropas enviadas al Alto Perú habían sido derrotadas y se temía una guerra en dos frentes. Además el puerto estaba bloqueado por la escuadra española, que aún dominaba el Río de la Plata.  Como si esto fuera poco existían problemas políticos internos en el gobierno revolucionario. Había una clara tendencia a centralizar el gobierno en menos manos y la Junta fue disuelta formándose un Triunvirato.
Ante esta situación poco favorable Buenos Aires  se inclinó por negociar una paz con los españoles de Montevideo. Se hicieron diversas gestiones tanto en Montevideo como enrío de Janeiro. En esta última ciudad se encontraba el embajador inglés Lord Stranford que medió en el conflicto. A los ingleses les interesaba que los españoles, tanto los nacidos en Europa como los americanos, y los portugueses se mantuvieran unidos para enfrentar mejor a Napoleón.
Lo que se negociaba era: que los rebeldes levantaran el sitio a Montevideo, que Montevideo levantara el bloqueo al puerto de Buenos Aires, que los portugueses se retiraran de territorio oriental, que se estableciera una tregua a la guerra.
Los orientales fueron informados de las tratativas  de paz y Artigas decidió convocar una asamblea para que todos estuvieran informados y resolver en conjunto. Fue así que se hizo una primera reunión en la Panadería de Vidal, donde estaba el cuartel general artiguista. Los allí reunidos estuvieron de acuerdo en que no se debía levantar el sitio a Montevideo y se debía enfrentar a los portugueses. Tal posición fue trasmitida a Buenos Aires.
A pesar de esta opinión, Buenos Aires firmó una acuerdo de paz conocido como el Armisticio de octubre (20 de octubre de 1811) donde se comprometía a levantar el sitio y entregar a Montevideo todo el dominio de la Banda Oriental. A cambio Montevideo levantaba el bloqueo a Buenos Aires y solicitaba a los portugueses su retiro de territorio oriental. Ambas partes firmantes, el Triunvirato porteño y el Virrey Elío, reconocían a Fernando VII como el legítimo rey de España.
Diez días después de firmado el armisticio delegados de Buenos Aires informaron a los orientales lo establecido en él. Los jefes artiguistas solicitaron una nueva asamblea, que se reunió en la Quinta de la Paraguaya. Los allí reunidos se manifestaron contrarios al armisticio porque querían continuar con el sitio. Se mostraba claramente la discrepancia con lo resuelto por Buenos Aires. En esta misma asamblea se decidió designar a Artigas “Jefe de los orientales”. Este nombramiento marcó un giro importante de la revolución oriental, porque hasta ese momento el artiguismo se había limitado a ser la mano armada de Buenos Aires. La designación de Artigas como jefe indicaba la necesidad de los orientales de manifestarse como una organización política diferenciada de Buenos Aires, con intereses propios y con la necesidad de tener alguien que los expresara. A partir de la asamblea de la Quinta de la Paraguaya Artigas tenía dos cargos: el militar que lo subordinaba a Buenos Aires, y el político que lo ponía al frente de los orientales.
A pesar del descontento manifestado en la asamblea el sitio fue levantado. Las tropas dirigidas por Rondeau volvieron a Buenos Aires. Artigas fue designado por el Triunvirato como Gobernador del Yapeyú, territorio ubicado al oeste del río Uruguay.
 

¿Qué harían los orientales que se habían rebelado y ahora quedaban nuevamente bajo el dominio de los españoles de Montevideo? Muchos  temían represalias de parte de los “godos”. Por eso muchos decidieron seguir a Artigas hacia el territorio donde había sido enviado y, refiriéndose a la situación en que habían quedado tras el armisticio hablaban de la “redota” o sea la derrota que habían sufrido, no por las armas sino por la resolución de Buenos Aires.

El éxodo: un pueblo en marcha. Al retirarse Artigas hacia el norte con destino a Yapeyú, numerosas familias lo siguieron. Preferían abandonar sus bienes, si los tenían, antes que quedar a merced de las represalias españolas y de los ataques de los portugueses. Es cierto que parte de aquella sociedad era nómade y además los soldados como los Blandengues, los gauchos y los peones, estaban acostumbrados a las largas recorridas. Pero en esta marcha iban también ancianos, mujeres y niños.

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A fines del siglo XIX el historiador Clemente Fregerio llamó “éxodo” a este traslado  de familias en forma voluntaria tras Artigas. Le daba así un carácter épico majestuoso al hecho con claras alusiones a un episodio bíblico (el éxodo de los judíos buscando la tierra prometida relatado en la Biblia y que universalmente se toma como modelo de sacrificio en búsqueda de cierto objetivo).
La marcha cruzó el río Uruguay y se detuvo junto al arroyo Ayuí (frente al actual departamento de Salto). Allí se instalaron las familias. Artigas mandó censar a los integrantes del campamento, registrando 845 carruajes, 800 familias con un total de 4031 personas, faltando registrar unos 100 carruajes que estaban mas alejados. A esto hay que agregar los integrantes de las milicias artiguistas que eran unos 6000.
El éxodo tiene la importancia histórica que ratifica a Artigas como conductor de los orientales. El abandonarlo todo para seguir a Artigas significaba que tenían confianza en él, que se sentían seguros en su cercanía; era una especie de plebiscito que no pasó por la formalidad de una acto electoral. Los meses que abarcaron la marcha y la estadía en el Ayuí, pusieron a Artigas en el papel de organizador de todo ese pueblo. Debía resolver problemas como los de la alimentación y mantener el orden, es decir cumplir funciones de gobernante.
Además aumentó la importancia de Artigas en las provincias del litoral argentino, con las cuales ahora tenía un contacto directo, e incluso con Paraguay con cuyo gobierno intercambio correspondencia.
Buenos Aires comprendió que el aumento del prestigio de Artigas podía ser peligroso para sus intereses. Por eso al reanudarse la lucha contra los españoles en territorio oriental, intentó desplazar a Artigas enviando al frente del ejército que debía reiniciar la lucha a una figura de primer orden de la política porteña: Manuel de Sarratea.
El conflicto con Sarratea.
Con la instalación del Triunvirato en setiembre de 1811, subió al poder la corriente unitaria o centralista que entendía que la revolución debía estar dirigida centralmente desde Buenos Aires, porque era mejor para mantener la unidad en la lucha contra los españoles y porque consideraba que la intelectualidad porteña representaba a la civilización destinada a llevar adelante el progreso e imponerlo sobre la barbarie que representaba el interior.
Atrás de esta actitud centralizadora también había claros intereses económicos: la oligarquía porteña quería tener el poder para decidir en materia comercial. El puerto de Buenos Aires tenía la llave para el ingreso y salida de productos. Las exportaciones e importaciones pagaban impuestos y el dinero recaudado quedaba en Buenos Aires.
Para imponer su voluntad el grupo dirigente porteño debía someter a las provincias evitando que estas tuvieran suficiente autonomía como para decidir por su propia cuenta. La unidad del pueblo oriental en torno Artigas había despertado recelos de la dirigencia unitaria. Por eso se envió a Sarratea al Ayuí para hacerse cargo de las operaciones que se iban a reiniciar en la Banda Oriental.  La tarea de Sarratea era romper la unidad de los orientales quitándole respaldo a Artigas y evitar que este obtuviera un triunfo resonante como el de Las Piedras. Por eso se le dio al ejército artiguista un papel secundario al marchar nuevamente sobre Montevideo.
Esto provocó la reacción de Artigas. Al percatase de la maniobra de Sarratea y de los intentos de desplazarlo decidió mantener su ejército separado del porteño. Mientras se reinició la lucha y se estableció nuevamente sitio sobre Montevideo, el conflicto de Artigas con Sarratea se mantuvo.
Finalmente, debido a cambios ocurridos en Buenos Aires (se impuso una corriente unitaria más moderada que formó un Segundo triunvirato) y a la presión de los jefes militares que acompañaban a Sarratea, este fue desplazado. Entonces Artiga se sumó al sitio de Montevideo.
Pero una cosa había quedado clara: el distanciamiento entre los artiguistas y el gobierno porteño.
 
 
SEGUNDA ETAPA: EL PROYECTO POLITICO ARTIGUISTA
 
El Segundo Triunvirato instalado en Buenos Aires convocó a todas las regiones del Río de la Palta a enviar diputados para integrar una Asamblea Constituyente que definiría la futura organización política de estos territorios.
La solicitud de reconocimiento a la futura Asamblea Constituyente le llegó a Artigas a través de Rondeau con quien compartía el mando del sitio. Artigas respondió que el reconocimiento de la Asamblea no podía decidirlo él personalmente sino que le correspondía a una asamblea de orientales. Para eso convocó a los pueblos del interior a elegir y enviar delegados a un congreso que sesionó en el paraje conocido como Tres Cruces donde Artigas tenía su campamento. En los primeros día de abril funcionó este congreso donde los orientales debían decidir, según lo propuso Artigas:
– si aceptaban a la Asamblea Constituyente, que ya estaba funcionando en Buenos Aires;
-si la aceptaban simplemente o ponían condiciones para su aceptación y en este caso que condiciones;
-y, si la Asamblea era reconocida elegir los diputados que se iban a enviar para representar a los orientales.
 

Esto fue manifestado por Artigas al inaugurar el Congreso de Tres Cruces, además de hacer una reseña de los hechos acontecidos desde el comienzo de la revolución.

El Congreso aceptó reconocer a la Asamblea Constituyente pero  siempre y cuando esta  aceptara ocho condiciones. Algunas de ellas hacían referencia a los sucesos ocurridos con Sarratea y a que no se levantara el sitio de Montevideo. Pero las más interesantes son las dos que plantean la relación de la Banda oriental con el resto de las provincias. Se dice allí que se reconocerá que los pueblos de la Banda Oriental forman una provincia con plena libertad y que esta provincia forma una confederación ofensiva y defensiva con las otras provincias y que ninguna de ellas intentará someter a las otras. Estaba aquí expresada en síntesis la idea federal. Esta idea será parte de las que los diputados designados por el Congreso de tres Cruces llevarán a la Asamblea.
Las Instrucciones del Año 13. El Congreso luego de decidir aceptar a la Asamblea Constituyente y poner sus condiciones eligió cinco diputados para enviar y le dio las instrucciones que lo que debían proponer en la Asamblea. Dichas instrucciones eran una especie de borrador de las ideas expuestas en el Congreso y seguramente de las ideas expresadas por Artigas.
Se conocen tres textos de las Instrucciones pero el aceptado como auténtico o aquel que expresa mejor las ideas artiguistas es el que tiene fecha del 13 de abril de 1811.
En dicho texto la primer instrucción se refiere al tema de la independencia y sostiene que la Asamblea Constituyente debe declarar la independencia absoluta de estas colonias, disolviendo toda vinculación política con España. El tema de la independencia aún no había sido abordado públicamente por los gobiernos que se habían sucedido en Buenos Aires. Desde 1810, de hecho el Río de la Plata y casi toda la América española era independiente, pero aún no se había declarado oficialmente. Incluso había temor de que la población aún no estuviera preparada para aceptar la separación de España; no debemos olvidar que la revolución había comenzado como una lucha entre españoles, juntistas y regentistas y todos reconocían a Fernando VII como el legítimo rey.

 

La Provincia Oriental había sufrido la guerra contra los españoles que aún estaban sitiados en Montevideo y esto seguramente había radicalizado las posiciones. Por eso se consideraba que ya era el momento de decir claramente que se quería la independencia. No se trataba de la independencia de la Provincia Oriental sino de todos los territorios españoles del Río de la Plata.
Otro tema que planteaban las instrucciones era el de la organización política de las provincias. En varios artículos y en forma desordenada se hace referencia al tema. En algunos casos se habla de confederación y en otro de estado federal confundiendo ambos conceptos. Jurídicamente son cosas distintas pero seguramente quienes planteaban el tema no tenían totalmente clara la diferencia; para algunos historiadores se querían ambas cosas pero en diferentes etapas.
Una confederación de estados es un conjunto de estados que forman una alianza o liga para lograr un objetivo común, por ejemplo defenderse de otros países. Obtenido el objetivo la confederación puede desaparecer, incluso los estados que la integran pueden renunciar a ella.
En cambio en un estado federal estamos ante un estado, cuyas regiones o provincias mantienen autonomía, o sea que pueden tener leyes distintas siempre y cuando no vayan en contra de las leyes generales para todo el estado.
El artiguismo no se proponía separar a la Provincia Oriental del resto de los territorios del Río de la Plata que habían formado el virreinato en la época colonial; lo que si se reclamaba era autonomía, poder tomar decisiones propias e incluso tener su propio ejército.
Para algunos historiadores (por ejemplo Petit Muñoz) la propuesta de Artigas era por etapas. El principio básico estaba en la idea de que con la revolución el pueblo oriental se había convertido en soberano, o sea había reasumido sus derechos y por lo tanto podía decidir su destino. Cada pueblo, cada aldea era libre, pero se ponían de acuerdo para estar unidos en una provincia y ésta se mantenía unida por pactos con otras provincias mientras se mantuviera la guerra con España. O sea que había una primera organización que era una confederación: una alianza entre las provincias para hacer la guerra.
Cuando la guerra terminara, las provincias tendrían tiempo para profundizar esa alianza y ahí se transformarían en un estado federal, o sea que habría una constitución y un gobierno común para todas las provincias (la constitución federal y el gobierno federal). Pero como las provincias tenían poblaciones y producciones diferentes, tenían intereses distintos, era necesario que conservaran cierto poder de decidir por si mismas, o sea cierta autonomía. Por eso cada provincia tendría su constitución y su gobierno (la constitución provincial y el gobierno provincial).
Artigas se habría inspirado para estas ideas en la organización política de Estados Unidos. Se sostiene por parte de algunos historiadores que a través de un libro publicado por el venezolano García de Serna, Artigas tenía conocimiento de la constitución de EEUU y de varios de sus estados miembros y de fragmentos del libro del revolucionario Thomas Payne, “El sentido común”, donde este justificaba la independencia de aquel país.
Si analizamos las instrucciones a la luz de esta interpretación y la relacionamos con lo ya dicho sobre las condiciones exigidas para reconocer a la Asamblea Constituyente, podemos afirmar que el planteo artiguista era el siguiente:
– Con la invasión napoleónica a España y los sucesos que le siguieron no había más autoridad española y por lo tanto, al no haber gobierno legítimo, el poder volvió al pueblo.
– Por lo tanto los orientales, como los restantes habitantes de la América española, son libres de decidir su destino
– Los orientales recurren a los porteños para que los ayuden a luchar contra los españoles. No se someten  a Buenos Aires sino que hacen una alianza ofensiva-defensiva con ella.
– Los orientales deciden formar parte de un mismo estado con las otras provincias del Río de la Plata. Para eso envían diputados a la Asamblea Constituyente.
-Esta Asamblea debe aprobar una constitución y si los orientales están de acuerdo con lo que se dice en ella la aprobarán. Pero no se les puede obligar a que la acepten. Lo mismo sucede con los demás pueblos del Río de la Plata. Cada provincia tiene derecho de aceptar o no la constitución. Si la acepta pasa a formar parte del estado federal.
– Si bien la Provincia Oriental, al aceptar la constitución, pasa a formar parte de un estado (las Provincias Unidas) mantiene su autonomía para decidir todo aquello que la constitución no le prohíbe. Los temas que son de interés de todas las provincias los resuelve el gobierno federal; los temas que son interés exclusivo de una provincia los resuelve el gobierno de esa provincia.
Este es en síntesis el planteo federal que hace Artigas.
Las instrucciones expresan que la forma de gobierno que se adoptara es la republicana. De esta manera los artiguistas salían al cruce de los intentos de establecer una monarquía en el Río de la Plata. Inspirados por el liberalismo moderado europeo, algunos integrantes de la clase dirigente porteña proponían que el poder ejecutivo quedara a cargo de un monarca e incluso se envió delegados a Europa a buscar algún príncipe europeo que quisiera ser coronado como monarca rioplatense. Los artiguistas, inspirados en un liberalismo más radical eran partidarios de establecer una república.
Las instrucciones también establecen la necesidad de que tanto el gobierno federal como el gobierno provincial tengan división de poderes, otro concepto propio de liberalismo político que va a inspirar estas revoluciones. Además un artículo reclamaba que el despotismo militar será aniquilado con trabas constitucionales. En plena revolución, donde la guerra era lo cotidiano, los jefes militares se transformaban en personajes populares y de gran influencia. Este artículo prevé la posibilidad de que algún militar quiera usar su prestigio para imponerse y establecer un gobierno personal y tiránico. Posiblemente lo sucedido en Francia con Napoleón era un ejemplo de lo que no se quería que sucediera por estas tierras.
Otro tema abordado en las instrucciones es el de los derechos, indicando que el gobierno promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.
También había instrucciones que se referían exclusivamente a la Provincia Oriental. En el texto de las instrucciones los pueblos de la Banda Oriental aparecen mencionados como un todo unido, con una sola jurisdicción y se le llama Provincia Oriental. Al usar esta expresión, la revolución artiguista le da jerarquía política a este territorio y lo pone en pie de igualdad con las otras provincias.
Al referirse al territorio oriental como una sola provincia, negaba la división de la época colonial en tres partes con autoridades diferentes: la parte que dependía de Montevideo, la que dependía de Buenos Aires y la que dependía de las Misiones. Establecía además la frontera de la provincia y reclamaba como parte integrante de ella los pueblos de Misiones que habían sido ocupados por los portugueses.
 
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TERCERA ETAPA: LA RUPTURA CON BUENOS AIRES.

 

La Asamblea Constituyente reunida en Buenos Aires no aceptó a los diputados enviados por el Congreso de Tres Cruces, argumentando que no se había cumplido con el procedimiento correcto para elegirlos. En realidad, más allá de los formalismos, el sector unitario de la asamblea trataba de impedir que los sectores federales fueran mayoría. Otras provincias argentinas también tenían proyectos similares a los que llevaban los representantes orientales y el federalismo podía llegar a ser mayoría.
Se convocó a un nuevo congreso que se reunió en la Capilla de Maciel y no en el campamento de Artigas como el anterior. Artigas pidió a los delegados de los pueblos que pasaran por su alojamiento para ser informados de los que había resuelto el anterior congreso. Las invitaciones cursadas por Rondeau omitieron esta parte y los delegados concurrieron directamente al congreso, limitándose a invitar a Artigas a que fuera a informar. Artigas no lo hizo y solicitó que se suspendiera el congreso y se hiciera una nueva convocatoria. Rondeau se negó y amenazó con levantar el sitio como había ocurrido en octubre de 1811. Entonces Artigas decidió retirarse del sitio y marchar hacia el norte (enero de 1814).
El Congreso de Capilla Maciel había mostrado división en las fuerzas orientales ya que muchos aceptaron lo resuelto por Buenos Aires.  Tal vez por eso Artigas decidió marcharse y buscar apoyo en la campaña.
Para Buenos Aires el retiro de Artigas era un acto de traición. En esos momentos el Triunvirato había sido disuelto y el poder ejecutivo había sido centralizado en manos de una sola persona: el Director Supremo designándose para ese cargo a Gervasio Posadas. Este pidió la captura de Artigas declarándolo fuera de la ley y enemigo de la patria.
El retiro de Artigas del sitio parecía beneficiar a los españoles que estaban sitiados, ya que los sitiadores eran menos; sin embargo al no recibir ayuda de España las autoridades de Montevideo optaron por rendirse. Así terminaba el dominio español en el Río de la Plata. Inmediatamente Montevideo fue ocupada por el ejército porteño quien se dispuso a luchar contra Artigas. Este se había establecido junto al río Uruguay y mantenía contactos con las provincias del litoral argentino, mientras dominaba el interior de la P. Oriental. Durante el año 1814 hubo enfrentamientos entre artiguistas y porteños hasta que a comienzos de 1815 los jefes artiguistas Rivera y Bauzá derrotaron a los porteños en la batalla de Guayabos.
El ejército de Buenos Aires se retiró y los artiguistas pudieron entrar en Montevideo. La Provincia Oriental estaba en manos de los orientales.
 
 
CUARTA ETAPA: APOGEO DEL ARTIGUISMO (1815)
 
En el año 1815 la influencia de Artigas alcanzó la mayor extensión territorial. Lo reconocieron como Protector las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba.
Era el jefe militar y político de la Provincia Oriental donde logró el dominio completo al obtener después de cuatro años de lucha, el control sobre la ciudad de Montevideo.
La relativa paz que se vivió durante 1815 permitió a los artiguistas esbozar una obra de gobierno tanto en la P. Oriental como en las otras sobre las que Artigas tenía influencia.
La Provincia oriental autónoma. Desde que los porteños se retiraron de la provincia y hasta que esta cae en manos de los portugueses, los orientales gozaron de autonomía, es decir formaron su propio gobierno tratando de aplicar lo expresado en las instrucciones del año 13.
La autoridad máxima era Artigas que se mantuvo en su campamento de Purificación, junto al río Uruguay, porque era un punto estratégico desde donde podía atender los asuntos de la P. Oriental y de las provincias federales que lo seguían. En abril de 1815 los pueblos de la P. Oriental lo nombraron Gobernador y Capitán General dándole doble autoridad: civil y militar.
La organización institucional fue flexible adaptándose a las circunstancias que se vivían: se trataba de un proceso revolucionario, donde los españoles había sido derrotados pero se temía que regresaran con una expedición de reconquista y donde la guerra con el unitarismo porteño estaba siempre latente.
Además de Artigas había otra autoridad que era el cabildo de Montevideo, este actuaba con jurisdicción no solo en la ciudad de Montevideo sino sobre todo el sur de la provincia, por eso se le llamó Cabildo Gobernador.
En un primer momento, la primera mitad del año 1815, Artigas designó a Fernando Otorgués como delegado para que actuara junto al Cabildo. Otorgues desde que entró con sus gauchos en la ciudad de Montevideo provocó temores entre el patriciado montevideano. Un sector, españolista, temía las represalias de los revolucionarios, y otro sector, el que había apoyado al revolución, quería un cambio que le permitiera manejar sus negocios sin las trabas de España, pero no estaba interesado en cambios profundos y que afectaran sus intereses económicos. No veían con buenos ojos a los elementos populares del artiguismo, gente ruda de campo.
Además Otorgues tomó una actitud severa con los españoles controlandolos con firmeza y hubo algunos desbordes autoritarios de las milicias artiguistas.
El Cabildo protestó por la severidad de Otorgues y Artigas lo envió a la frontera norte donde había amenaza de invasión portuguesa.
A mediados de año Artigas designó a otro delegado, Miguel Barreiro y a un Comandante de Armas, Fructuoso Rivera, para que co-gobernaran junto al Cabildo. Barreiro, hombre de confianza del caudillo, actuaba como intermediario entre Artigas y el Cabildo. Rivera, Comandante en Armas era el encargado de las tropas de la capital y de vigilar que se cumplieran las órdenes de Artigas. El Cabildo cumplía funciones similares a las de la época hispánica. Su integración se hacía con delegados de   todos las ciudades al sur del río Negro que tenían cabildo.
El norte del río Negro, zona con pocos habitantes y donde la amenaza portuguesa era constante era gobernada por Artigas a través de alcaldes y comandantes militares.
Principales realizaciones del artiguismo. Durante el corto de tiempo en que los artiguistas dominaron la provincia se intentaron tomar medidas de gobierno, entre otras las siguientes:
– Un inventario de todos los bienes del estado.
– Una reorganización de la recaudación de impuestos estableciéndose aduanas en Montevideo, Colonia y Maldonado.
– Disponer de los bienes de aquellos que habían emigrado y que eran opositores a la revolución.
– Establecer que la venta  de productos extranjeros dentro del territorio de la provincia sólo podían hacerla los nacidos en territorio americano, lo mismo que la venta de ganado y derivados de la ganadería.
– Una división departamental. La P. Oriental quedó dividida al sur del Río Negro en seis departamentos: Montevideo, Colonia, San José, Soriano, Canelones y Maldonado, con un cabildo para encargarse de la administración.
– El Reglamento de tierras que repartía bienes y ganado.
 
 
EL REGLAMENTO DE TIERRAS
Por su importancia el reglamento de tierras merece un análisis detenido.

 

Antecedentes Artigas compartía con la élite dirigente la preocupación por la recuperación económica de la provincia, deteriorada por las guerras a partir de 1811. En carta dirigida al Cabildo de Montevideo, en mayo de 1815, Artigas señalaba: “Los males de la guerra han sido trascendentales a todo. Los talleres han quedado abandonados, los pueblos sin comercio, las haciendas de campo destruidas y todo arruinado, la miseria agobia al país…”  
Para Artigas el desarrollo económico debía ir acompañado de la creación de una sociedad más justa en la que los más infelices serían los más privilegiados, punto que tal vez no fuera compartido por la élite.
La ganadería era la riqueza básica de la provincia. Los ganados habían precedido a los hombres en el poblamiento del territorio. Las tierras no tenían un valor en si mismas sino por el ganado que pastaba en ellas. Desde la época colonial se arrastraban varios problemas que afectaban a la explotación ganadera: la indefinición de la propiedad por falta de cercados y de marcas de ganado, la falta de vigilancia que permitía el robo y el contrabando de ganado, la explotación extensiva y la matanza indiscriminada, la falta de propietarios que residieran en el campo y la existencia de poseedores de tierras que si vivían en ellas pero no tenían título de propiedad.
Con la revolución la situación se agravó. Disminuyó el ganado porque los ejércitos se alimentaban del ganado que encontraban en la marcha. Muchos estancieros y capataces abandonaron las estancias porque se unieron a la revolución. Muchos propietarios españoles huyeron y abandonaron sus tierras. Faltó mano de obra porque los peones también estaban luchando. Los hábitos de trabajo, que ya eran pocos en la colonia, se perdieron definitivamente. Ante la falta de autoridad fue más fácil para los portugueses ingresar a territorio oriental y hacer arreos hacia Brasil.
Esta situación requería un plan que solucionara tanto aspectos económicos como sociales. Artigas, en coordinación con los principales estancieros, redactó el “Reglamento Provisorio para fomento de la campaña y seguridad de los hacendados” aprobado el 10 de setiembre de 1815.
Contenido del Reglamento. El título oficial del reglamento señala su carácter y sus objetivos. Su carácter era provisorio porque la intención era tomar medidas urgentes que luego se complementarían y ajustarían sobre la marcha. Sus objetivos eran dos: 1)el fomento de la campaña por medio del asentamiento de gente en el campo que permitiría una mayor producción; 2) la seguridad para asegurar la tranquilidad de los hacendados. También había un objetivo político: castigar a los enemigos de la revolución ya que ellos perderían las tierras que se entregarían a otros.
El aspecto más trascendente del reglamento es el reparto de tierras y ganados que anunciaba.
¿Cuál era el origen de las tierras y el ganado a repartir?
Se basaba en la expropiación por motivos políticos pues los terrenos a repartir eran los de “los emigrados, malos europeos y peores americanos”. Los emigrados eran aquellos propietarios que se habían ido de la provincia huyendo de los artiguistas; los malos europeos eran los españoles opositores y los peores americanos eran los criollos contrarios al artiguismo.
También se repartirían las tierras que habían sido donadas o vendidas por las autoridades españolas o porteñas entre 1810 y 1815, es decir desde el comienzo de la revolución.
La expropiación era sin pago de indemnización. Se tomaba en cuenta si los expropiados eran casados y el número de hijos que tenían para dejarles lo suficiente que les permitiera vivir. De los solteros contrarrevolucionarios todo era disponible.
¿Quienes eran los beneficiados con los repartos?
El concepto básico para repartir las tierras y el ganado era que “los más infelices serán los más privilegiados”. El texto del reglamento aclara a quienes se consideraba más infelices: los negros libres, los zambos (mestizos de indio y negro), los indios, criollos pobres y las viudas pobres. El reglamento contempló la situación de las muchas viudas que había dejado la guerra y que quedaban al frente del hogar, con hijos y sin bienes.
En el reparto tenían prioridad los casados sobre los solteros y los americanos ante cualquier extranjero. La familia fue contemplada por el artiguismo tanto a la hora de castigar como de premiar: el más perjudicado era el contrarrevolucionario soltero y el más beneficiado el criollo pobre casado.
¿Qué bienes recibían los beneficiados?
Los bienes entregados eran tierras y ganado. La tierra consistía en una suerte de estancia de legua y media de frente por dos de fondo. Tenían la forma de un rectángulo cuyo frente era el lado menor que daba hacia las corrientes de agua, de esta manera se hacía un reparto más equitativo del agua necesaria para el ganado.
Esta tierra permitía criar una cantidad de ganado suficiente para que los poseedores de ella vivieran adecuadamente. Se calcula que se podían extraer unos 360 cueros al año lo que permitía satisfacer las necesidades de la familia beneficiada.
¿Qué obligaciones tenían los beneficiados?
Los que recibían la tierras debían mostrar su interés de establecerse en ella construyendo un rancho y dos corrales. Tenían un plazo de dos meses para hacerlo con un mes más de prórroga. Si cumplido este tercer mes no lo habían hecho, la donación quedaba anulada y la tierra se entregaría “a otro vecino más laborioso y benéfico para la provincia”.
El beneficiado sólo podía recibir una suerte de estancia, o sea sólo un terreno y no podía venderla ni hipotecarla. Esta prohibición remarcaba la razón por la cual se entregaba la tierra: para ser trabajada, para poder explotar el ganado en forma productiva y no para hacer dinero vendiéndola. Además se evitaba que alguien comprara varias de estas suerte de estancia formando latifundios o aumentando los ya existentes.
El reglamento no prohibía ni atacaba a los latifundios que ya existían, pero evitaba que se formaran otros con las tierras repartidas.
¿Qué medidas de seguridad establecía el reglamento?
Se formaba una policía rural encargada de “desterrar a los vagabundos y aprehender a malhechores y desertores” Los hacendados debían entregar una papeleta a sus peones como comprobante de que estaban trabajando y los que al ser detenidos en el campo  no llevasen papeleta eran considerados vagos y serían enviados a las milicias artiguistas.
Se prohibía la matanza de ganado sin propietario y del hembraje y  el arreo hacia Brasil.
Para cumplir estas disposiciones el reglamento otorgaba facultades a las autoridades existentes y creaba otras. Las autoridades que intervenían en la aplicación del reglamento eran, por orden jerárquico: Artigas, el Cabildo Gobernador, el Alcalde Provincial, tres subtenientes y los jueces pedáneos.
El territorio de la provincia se dividía en cuatro zonas que quedaban a cargo del Alcalde Provincial y de tres subtenientes. Cada uno de ellos en su zona tenían que ver los terrenos disponibles y recibir las solicitudes de tierras. Entregaban la tierra al beneficiado y lo comunicaban al cabildo. Este otorgaba el título de propiedad. El Alcalde y los subtenientes podían designar jueces pedáneos para que los ayudaran en la tarea.
Artigas debía ser informado periódicamente de la aplicación del reglamento.
Objetivos del reglamento. Eran varios:

 

a) Políticos: el artiguismo estaba en su apogeo pero necesitaba consolidar su poder ampliando su apoyo social. El reparto de tierras era un premio a los revolucionarios artiguistas y la creaba un grupo comprometido con la revolución y dispuesto a defenderla porque de ella había recibido su tierra.
b) Económicos: recuperar la ganadería superando la forma primitiva de explotación. Las matanzas indiscriminadas y el traslado de ganado hacia Brasil debían terminar. Había interés de aumentar el número de ganado y mantenerlo y para eso se creaba una clase de propietarios medianos cuidadosos de sus propios bienes.
c) Sociales: desarrollar una clase media rural fuerte, estimular la formación de familias afincadas en el campo e inculcar hábitos de trabajo. Se remediaban las injusticias sociales favoreciendo a aquellos que hasta el momento eran los más pobres y se fomentaba el poblamiento del campo y la sedentarización del gaucho.
 
 
LA LIGA FEDERAL
 
 Liga_federal

En 1815 la influencia de Artigas llegó a varias zonas delRío de la Plata. Varias provincias lo designaron como Protector y adoptaron el sistema federal para relacionarse entre ellas. Se pueden distinguir claramente dos casos: las provincias del litoral (Entre Ríos, Corrientes y Misiones) y las más alejadas Santa Fe y Córdoba

La unión de las provincias del litoral en torno a Artigas se vio favorecida por la proximidad geográfica y por la similitud entre ellas en su geografía, economía y sociedad. Se trataba de praderas fértiles con salida fácil al mar a través de los ríos Uruguay o Paraná. Tenían una economía ganadera y una sociedad con mucho peso de los caudillos rurales.
La agrupación de estas provincias del litoral en torno a Artigas se inició en 1814. Entre Ríos, carente de centros urbanos importantes tenía a los caudillos como actores principales. Esos caudillos, propietarios de ganado tenían intenciones de comerciar su ganado con el exterior sin la intervención del puerto de Buenos Aires de quien siempre habían dependido. Decidieron separase de los porteños y buscar el apoyo de Artigas. Con el apoyo de este derrotaron al ejército porteño en la batalla de Espinillo y reconocieron a Artigas como Protector.
En Corrientes los sectores federales destituyeron al gobernador que era favorable a Buenos Aires y lo sustituyeron por un artiguista. Un congreso provincial designó a Artigas como Protector.
En Misiones existía una masa indígena considerable. Allí también los caciques-caudillos se unieron a Artigas, destacándose la figura de Andresito.
El triunfo de los artiguistas sobre los porteños en la Provincia Oriental aumentó el prestigio de Artigas en las provincias. En Santa Fe, zona muy importante porque era el territorio de paso entre Buenos Aires y las provincias del norte (Tucumán, Alto Perú), los caudillos artiguistas Hereñú y Manuel Francisco Artigas derrotaron a las tropas de Buenos Aires y el nuevo gobernador adhirió a la causa federal y se unió a los artiguistas. En Córdoba un cabildo abierto decidió separarse de Buenos Aires También triunfó el federalismo y se pusieron bajo la protección de Artigas. Pero en estas dos provincias la influencia artiguista fue menor y de poco tiempo; la existencia de fuertes tendencias “provincialistas”, la existencia de caudillos con intereses personales (como Estanislao López en Santa Fe) o de oligarquías que no veían con agrado el predominio de elementos populares en los artiguistas, llevaron a su separación y limitaron la influencia de Artigas en la zona. Además estaban más alejadas territorialmente y no hubo contacto directo con el Protector ni con sus ejércitos.
El conjunto de estas provincias unidas en torno a Artigas ha sido llamado Liga Federal; Artigas se refería a ellas como “el sistema de los pueblos libres”. Nunca existió una constitución o leyes comunes a ellas (salvo un acuerdo aduanero) no se firmó un pacto de alianza entre todas ellas. La unión era muy débil y estaba dada por la defensa del federalismo (aunque algunos historiadores consideran que no era un federalismo doctrinario sino una especie de “defensa instintiva de la autonomía”), el enfrentamiento a Buenos Aires y la figura de Artigas. Por esto último las provincias que estuvieron más cerca de Artigas (y más lejos de la influencia porteña) fueron las que más tiempo permanecieron en la liga.
El reglamento aduanero de 1815. Artigas intentó regular el comercio de las provincias federales entre ellas y con el exterior. Hay varios documentos pero el más importante, aprobado el 9 de setiembre de 1815, es el “Reglamento Aduanero para las provincias confederadas de la banda oriental del Paraná”, o sea que se aplicaba a la Provincia Oriental, Entre Ríos, Corrientes y Misiones.
Este reglamento establecía aranceles aduaneros para el comercio con el exterior y el libre comercio entre las provincias.
Los aranceles se aplicaban con tarifas diferenciales o sea que el valor del impuesto variaba de un producto a otro, y tanto se aplicaban a la importación como a la exportación.
En lo que se refiere a los aranceles de importación se establecía una tasa general del 25% sobre el precio de la mercadería que ingresaba.  Esa tasa bajaba al 15% para el tabaco y la azúcar, al tratarse de productos de consumo popular y que no se producían en la región. Entre un 15 y un 20% pagaban el papel, el vidrio, la loza y los muebles, productos que tampoco se producían en la región. Tratándose de productos hechos en países americanos el arancel era de 5%, favoreciendo el intercambio comercial con los países hermanos con los cuales no se descartaba una futura unificación.
No pagaban ningún impuesto de importación los productos necesarios y beneficiosos para el desarrollo de las provincias como los libros, las imprentas, las medicinas, las máquinas e instrumentos de ciencia. Tampoco pagaban impuestos la pólvora y las armas, elementos necesarios para territorios que aún estaban en guerra. Tampoco se pagaba impuestos por la introducción de oro y plata.
Por el contrario el arancel subía a un 40% cuando se trataba de productos importados que competían con la producción artesanal local como era el caso de los zapatos y ropas.
En cuanto a los aranceles de exportación eran bajos para estimular las ventas al exterior. Se cobraba un impuesto del 8% a la exportación de cueros, grasas, crines y cuernos. Pagaban sólo un 4% el jabón y el carbón de leña, que tenían más trabajo incorporado y por lo tanto daban más empleo a la mano d obra local. No pagaban ningún impuesto la exportación de galletas y harina, estimulando la agricultura y la instalación de molinos.
El arancel  de exportación subía a un 10% en el oro y un 12% en la plata, porque se quería evitar su salida del país.
 

la liga federal1

 

Este reglamento consagraba una unión aduanera de las provincias que serviría de base para su posterior integración política. Con el reglamento las provincias actuaban como si se tratara de un sólo país en materia comercial. Tenían los mismos impuestos de importación y exportación y si un producto importado pagaba el impuesto en una, ese producto podía pasar luego a las otras provincias sin volver a pagar el impuesto.

 Esta unión aduanera requería de un puerto atlántico para las exportaciones e importaciones. Ese puerto era Montevideo que estaba en inmejorable situación geográfica y poseía el personal administrativo capacitado. Los productos de las provincias del litoral que antes salían por el puerto de Buenos Aires ahora podían hacerlo por Montevideo.

 

La resolución de que las mercaderías de origen americano pagaran un arancel bajo demuestra que la idea integracionista de Artigas iba más allá del ámbito estrecho de la Liga Federal. La idea era lograr una integración de más territorios donde se podía complementar la producción de distintas regiones: la ganadería y sus derivados de la P. Oriental y Entre Ríos, la yerba mate y la madera de Misiones y Corrientes, las pasas y las nueces de Mendoza, las telas de algodón de Catamarca y La Rioja, los productos agrícolas de Santa Fe, etc.
¿Qué podían obtener las provincias del proyecto político-económico artiguista? Los pueblos del interior del ex-virreinato del Río d la Plata habían apoyado la revolución impulsada desde Buenos Aires en mayo de 1810 con la expectativa de derogar el régimen colonial que les impedía el total desarrollo de sus economías y restringía sus posibilidades de gobernarse a si mismos. Como vecinos esperaban obtener la posibilidad de decidir en los temas de su interés; como productores esperaban obtener la libertad de exportar su producción sin depender en forma exclusiva del puerto de Buenos Aires; como consumidores esperaban que los productos elaborados en el exterior les llegaran sin arruinar a la producción artesanal local y sin la intermediación de Buenos Aires que aumentaba su precio.
Pero la revolución, dirigida por la alta burguesía porteña (el patriciado), partidaria del liberalismo económico, había frustrado las expectativas. El libre comercio decretado por las autoridades había volcado sobre las provincias cantidad de mercaderías inglesas que competían con los productos de los pequeños talleres artesanales dejando sin trabajo a numerosos artesanos. En lo político los sucesivos gobiernos instalados a partir de mayo de 1810 habían mantenido y agravado la dependencia del interior con la capital.
El federalismo difundido por Artigas ofrecía a las provincias la posibilidad de integrase a un proyecto que les permitía la autonomía provincial teniendo cada provincia su propio régimen de impuestos, su propio ejército, decidir sobre sus economías. Como cada provincia era demasiado débil para depender de si misma, el “sistema de los pueblos libres” les permitía tener cierta relación y coordinación, por ejemplo un sistema aduanero común, integrar sus producciones complementandose, usar los ríos comunes (Paraná y Uruguay) para trasladar sus mercaderías y utilizar un puerto que no fuera Buenos Aires para exportar. El proyecto federal artiguista integraba la economía del interior, minera, agrícola y artesanal (teniendo como eje el puerto fluvial de Santa Fe) con la economía ganadera del litoral, usando como puerto de exportación a Montevideo, la antigua rival de Buenos Aires desde la época colonial.
¿Por qué fracasó la Liga Federal? Las razones son varias:
1) La imposibilidad de extender el sistema a más territorios. Al no integrarse Paraguay (encerrado en si mismo y sin querer tener relaciones con el resto de los territorios del ex-virreinato), Alto Perú (territorio donde aún estaban peleando con los españoles), Cuyo (San Martín estaba allí preparando el ejército para cruzar los Andes y no estaba interesado en los problemas internos de las provincias), la integración económica era débil. Además, la participación de Córdoba y Santa Fe en la Liga fue escasa.
2) La guerra permanente que le hizo Buenos Aires. El federalismo artiguista socavaba la base económica del dominio porteño al impedir a este seguir teniendo la llave para el ingreso y salida de las mercaderías. Si las exportaciones no se realizaban desde Buenos Aires, los exportadores se perdían el negocio y además no se cobraban los aranceles aduaneros que se obtenían con las ventas al exterior de los productos de las provincias (dinero que las provincias nunca recibían). Las autoridades porteñas habilmente generaron la desconfianza de las burguesías de las ciudades provinciales (Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Montevideo) hacia el artiguismo, al que mostraron como un movimiento popular, de ascenso de las clases bajas, la temida “chusma” que podía hacerles perder los privilegios de clase social. Eso explica que importantes personajes de las provincias que en su momento fueron artiguistas, fueron cambiando de bando uniéndose a Buenos Aires y abandonando a Artigas.  En cambio, “la chusma” se mantuvo con Artigas hasta el final.
3) La invasión portuguesa, con el estímulo y apoyo de Buenos Aires, y la caída de Montevideo en poder del jefe portugués Carlos Federico Lecor, quitaron a la Liga el único puerto que podía ser usado para evitar a Buenos Aires. Finalmente el triunfo portugués en la P. Oriental privó a Artigas de la base de sus recursos económicos, la ganadería, para mantener la guerra y la organización del sistema. Los caudillos artiguistas de las provincias, al ver la derrota de Artigas en la P. Oriental, decidieron salvar sus intereses personales y los de sus provincias, separándose del Protector. Francisco Pancho Ramírez, caudillo entrerriano, y Estanislao López, caudillo santafecino, firmaron el Pacto del Pilar (febrero de 1820) con Buenos Aires sin consultar a Artigas  desconociendo la autoridad de éste. Artigas reprochó a Ramírez el acuerdo y finalmente se produce la lucha entre ambos que termina con la derrota de Artigas y su internación en territorio paraguayo.
Con el alejamiento de Artigas del escenario rioplatense, el patriciado porteño tenía las manos libres para proseguir con su política centralista y el proyecto federal integrador de las provincias desapareció.
 
 
 
QUINTA ETAPA: LA INVASION PORTUGUESA Y LA DERROTA DEL          ARTIGUISMO
 
La clase dirigente porteña no aceptó el predominio artiguista en las provincias. El federalismo, la autonomía de las provincias para decidir su destino, y la política aduanera que intentaron aplicar aquellas provincias, no convenía a sus intereses. La clase dirigente quería mantener el control del comercio exterior a través del puerto d e Buenos Aires; de esta manera obtenía dinero actuando como intermediario y cobrando los aranceles. Si las provincias comerciaban directamente con el exterior o a través de otro puerto, por ejemplo Montevideo, perdían ese control.
Por eso la actitud de hostilidad hacia Artigas de los gobiernos que se sucedieron en Buenos Aires. Tal hostilidad llevó incluso a estimular la invasión portuguesa a la Provincia Oriental como forma de deshacerse de Artigas y terminar con su influencia.
El Director supremo Carlos de Alvear envió a Río de Janeiro a Manuel García para proponerle al rey de Portugal, Juan VI, que se coronara rey de las Provincias Unidas, sin unir a estas con el territorio de Brasil. Pero la propuesta incluía también que la P. Oriental si pasara a ser parte del Brasil.
Estas iniciativas fueron luego retomadas por el Congreso de Tucumán reunido en 1816.
Pero esa no es la única causa que explica la invasión portuguesa.
Existía un tradicional interés de los portugueses de extender sus dominios hasta el Río d el Plata al que consideraban el “límite natural” entre sus posesiones y las españolas. Este interés de extender sus territorios había aumentado desde que Juan VI había decidido quedarse en América. El rey portugués había venido a Río de Janeiro escapando de la invasión napoleónica. Pero en 1815, derrotado Napoleón en Europa y libre el territorio de Portugal del dominio francés, Juan VI decidió quedarse en Brasil y ser rey “desde América”. Por lo tanto intentó aumentar su poder y prestigio extendiendo sus dominios americanos ya que no podía extenderlos en Europa donde ya no era una país importante.

 

Además, y este el principal argumento de los portugueses para justificar su invasión a territorio oriental, se temía que la acción del artiguismo se contagiara al sur del Brasil. Allí había rebeliones de tipo federal y republicano que podían llevar a que ese territorio, limítrofe con los territorios donde Artigas ejercía el protectorado, terminara separándose de Portugal. Por otra parte no hay que olvidar que los artiguistas reclamaban territorios tomados por los portugueses: las Misiones Orientales.
También existía un interés de los saladeristas de Río Grande del Sur por el territorio oriental que le proporcionaba ganado. Los arreos de ganado hacia su territorio habían sido  impedidos por Artigas para recuperar la ganadería oriental.
Pero también desde la P. Oriental hubo quienes vieron con buenos ojos la invasión portuguesa.
La oposición a Artigas en la P. Oriental. Al iniciarse la revolución Artigas emergió como una personalidad capaz de unificar la voluntad de la población y por eso la élite dirigente vio en él el instrumento para crear un gobierno estable. La clase dirigente quería cambios pero al menor costo posible. Para ellos el cambio era participar en las decisiones cosa que el régimen colonial español no les permitía.
Artigas necesitaba el apoyo del patriciado oriental porque tenían influencias y poder económico; eran necesarios para la administración, ya que tenían conocimientos adquiridos durante la colonia.
Pero a medida que el artiguismo se radicalizó y propuso cambios más profundos, la clase dirigente comenzó a tomar distancia. Había desconfianza hacia el ejército gaucho cuyo mantenimiento significaba un alto costo en ganado; la guerra con Buenos Aires paralizaba el comercio y no todos estaban de acuerdo con el reglamento de tierras.
La clase dirigente concentrada en Montevideo anhelaba seguridad y orden. Los portugueses ofrecían eso. No debe extrañarnos que miembros del Cabildo Gobernador los recibieran con homenajes de bienvenida.
Desarrollo de la invasión. La invasión se inició en agosto de 1816. Los invasores, con el nombre de “Ejército Pacificador” ingresaron a territorio oriental en dos columnas: una por el sureste bajo el mando del General Carlos Federico Lecor (que tenía el mando de toda la invasión) y otra por el norte.
El plan de Artigas fue evitar que ambas columnas se unieran y llevar la guerra a territorio de Brasil para cortar los suministros a los invasores y ponerlos a la defensiva.
Los portugueses obtuvieron rápidos éxitos en el sur donde derrotaron a Rivera en India Muerta y en el mes de enero de 1817 ingresaron a Montevideo. Los artigusitas mantuvieron el control del interior durante 1817. Pero algunos jefes fueron capturados y otros, persuadidos por la campaña diplomática emprendida por Lecor, abandonaron a Artigas. Oribe y Bauzá pasaron a Buenos Aires, Lavalleja, Andresito y Otorgués fueron tomados prisioneros. Rivera, luego de la derrota artiguista en Tacuarembó, firmó un acuerdo con Lecor (febrero de 1820) y se incorporó a los portugueses.
La intención de atacar territorio brasileño y tomar las Misiones fracasó por el espionaje, las infidencias y la superioridad portuguesa. Los ejércitos de Portugal eran superiores en número y armas; muchos de los soldados habían sido entrenados por los ingleses y habían peleado contra Napoleón.
La derrota final del artiguismo. Derrotado en territorio oriental, Artigas pasó a las provincias del litoral argentino buscando apoyo para continuar la lucha. Los intentos para que el gobierno de Buenos Aires declarara la guerra a Portugal fracasaron. Formalmente la P. Oriental era parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuya organización se estaba discutiendo en un Congreso reunido en Tucumán. Pero el gobierno porteño no sólo no declaró la guerra a los portugueses, sino que, aprovechando la ocasión, atacó a los artiguistas en el litoral.
Mientras los artiguistas eran derrotados en la P. Oriental, del otro lado del río derrotaban a los porteños en la batalla de Cepeda (1 de febrero de 1820). El Director Supremo, que en ese momento era Rondeau, renunció, y las Provincias Unidas quedaron disueltas. Buenos Aires quedó como una provincia sin ningún poder sobre el resto del territorio rioplatense y con los porteños asustados por la presencia cercana de las “montoneras” gauchas.
La situación parecía favorable a Artigas. Pero no lo fue porque:
A) En Buenos Aires una asamblea eligió gobernador a Manuel de Sarratea, antiguo enemigo de Artigas.
B) Los caudillos triunfadores en Cepeda, Estanislao López y Francisco Ramírez, no sentían obligación de estar sometidos al protectorado de Artigas. Buscaron un acuerdo por su cuenta con Buenos Aires dejando de lado a Artigas.
Sarratea no desaprovechó la ocasión y con López y Ramírez firmó el Pacto del Pilar (20 de febrero). En este acuerdo se establecía el fin de la guerra entre las provincias federales y Buenos Aires, se aceptaba el federalismo como el sistema para la futura organización de las provincias (aunque esto quedaba para resolver en un futuro congreso) y se “prometía” ayuda a los orientales para su lucha contra los portugueses. En el texto se mencionaba Artigas como Capitán General de la P. Oriental y no como Protector de los Pueblos Libres.
Artigas no aceptó el Pacto del Pilar y le reprochó a Ramírez por firmarlo. Esto provoca la guerra entre Ramírez y Artigas. El pacto incluía un artículo en el cual Buenos Aires se comprometía a entregarle armas a Ramírez; estas fueron usadas contra Artigas. Artigas contó con el apoyo de Corrientes y Misiones (Pacto de Avalos). Pero fue derrotado y perseguido trasladandose hacia el norte.
 Artigas-Demersay
Artigas en Paraguay, se considera el
único dibujo auténtico de Artigas

El 5 de setiembre de 1820 cruzó el Paraná e ingresó a territorio de Paraguay con los restos de su ejército: un grupo de indios y negros. Tal vez su intención era buscar apoyo en los sectores federales paraguayos para proseguir la lucha. Pero el gobierno de Paraguay, dirigido por Gaspar Rodríguez, temeroso de que la presencia de Artigas estimulara una rebelión federal o sirviera de excusa a Portugal para atacar a Paraguay, lo envió hacia el interior.

Artigas en el Paraguay. Al mismo tiempo que enviaba a Artigas hacia una zona alejada, Gaspar Rodríguez fusiló a los dirigentes federales paraguayos que podían unirse a Artigas.
Veinticinco años pasó Artigas en San Isidro del Curuguaty. Al morir Gaspar Rodriguez, como aún se lo consideraba peligroso (tenía 76 años) fue hecho prisionero durante seis meses.
En 1844 el nuevo gobernante de Paraguay Carlos Antonio López invitó a Artigas a trasladarse a las cercanías de Asunción, haciéndole una casa en la quinta que aquel poseía.  Allí pasó Artigas sus últimos años hasta su muerte el 23 de setiembre de 1850.
A pesar de los intentos de uno de sus hijos, José María, y de alguno de los gobiernos del nuevo estado que se había creado en la Provincia Oriental a partir de 1830, nunca aceptó regresar al territorio oriental.
 
 

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