“Cronicas de la gran serpiente”, la verdad de la conquista

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“Cronicas de la gran serpiente”, la verdad de la conquista

“Crónicas de la gran serpiente”, el documental de Darío Arcella acerca de la conquista española del “nuevo continente” y sus consecuencias de genocidio y explotación en los últimos cuatro siglos, se estrenó anoche en diferentes Espacios Incaa de todo el país.
Según su autor, que invirtió 14 años de trabajo para llegar a la copia final, se trata de memorias que vuelven desde un tiempo ancestral a hablarnos además del pasado, del presente y del futuro.En todo este período, Arcella registra diferentes grupos étnicos, como los de la comunidad diaguita de los Quilmes en Tucumán, la coya de Salta, la mapuche de Neuquén, la ishir karcha del Paraguay, la aymara queshwa de Bolivia y Perú y también la lakota de Nuevo México, en Estados Unidos.

Delante de la cámara del documentalista que debutó con “Warnes aparte” (1991) y que para Canal 7 dirigió “Culturas en contacto”, serie en ocho episodios que salió al aire entre 1997 y 2002, desfilan mineros, campesinas, artesanos y cazadores que muestran desde su saber los antiguos y actuales rostros del desprecio y la explotación.

Para lograr un efecto más contundente, Arcella recurre a textos de cuatro siglos atrás, como los de Bartolomé de las Casas, que fueron los primeros en cuestionar la participación activa de la iglesia católica en la tarea de conversión forzada con forma de genocidio.

También apela a escritos de Charles Darwin y hasta a fragmentos de los noticieros “Sucesos Argentinos” de mediados del siglo XX, así como a animaciones especiales que dan vuelo a algunas leyendas, como la del zorro que parece la de Icaro, pero en el Chaco.

Para las voces que acompañan el relato desde el off, Arcella elige a Juan Palomino, mientras que otros papeles son interpretados por Walter Santana, Aldo Barbero, Miguel Padilla, Luis Aronosky y Coike Pirafilu, entre otros.

En octubre último, “Crónicas de la gran serpiente” obtuvo una mención especial en el Festival Cinecien, otra como mejor documental del Primer Festival Nacional de Cine Indígena en Patagonia, de Neuquén y el premio Moisés Huentelaf en el 3er. Festival de Cine de los Pueblos Indígenas y Originarios del Mundo realizado en Valparaíso, Chile.

-¿Cómo nació la idea de este documental?

-Por un lado la cuestión filosófica que une al continente es una relación llana con la naturaleza, donde hombres, dioses y animales están en un mismo nivel. Lo que trajo el hombre europeo es la jerarquía.

La idea de la película es contrastar esos dos discursos, como dos posiciones irreconciliables. Solo con una mirada oriental no de opuestos sino de complementarios se podría aceptar.

-¿Y cómo interpretás el tema de la conquista?

-El derecho romano vino a ocupar territorios no por la razón sino por la fuerza. Y la religión lo que hizo es acentuar la fuerza. Cuando los ingleses llegaron al territorio wichi a principios del siglo XX con las madereras, el azúcar, los misioneros lo que hacían era reclutar mano de obra para esos lugares en nombre de Dios y sobre todo demonizar su forma de vida, que significa algo así como de ser resplandeciente pasar a ser un demonio. Esta gente con el tema sexual no tenían el más mínimo pudor de nada. Los homosexuales podían ser interpretados como chamanes, incluso venerados. Ojo, esto no habla de ningún mundo ideal…

-Eso está claro, pero había una mirada que consideraba como negativo todo lo de esas culturas.

-Si. Para poder instaurar el derecho romano se tenían que instalar no solo por la fuerza sino desarticular todo ese sistema de pensamiento. Una de las formas que más funcionó en estos territorios fue la pérdida del idioma, porque en la lengua está la estructura del pensamiento. Había lenguas en las que no existía el no, porque no existía como concepto y así un montón de cosas. Pensar de esa forma era imposible para los españoles porque es una cuestión de estructura del pensamiento, que viene con mucha historia atrás. Los españoles llegaron a instalar que ser indígena era una ofensa.

-Entonces pensaste en todos estos lugares siguiendo la idea de sus comunes denominadores…

-Para serte franco, antes de hacer esta película leí “Memorias del fuego”, de Eduardo Galeano, quien a través de pequeñas anécdotas azarosas cuenta una gran historia, porque lo que importa es la línea de discurso. Era cuestión de jugar ese mismo juego que a fin de cuentas es solo una forma narrativa. Hay mucho de ese libro en mi película.

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