1811 – 11 de Abril – 1831- 184 años de impunidad, ni olvido ni perdón…


Veinte años justos separan a dos hechos históricos que en principio podrían ser considerados inconexos entre ellos y sin embargo están mucho más emparentados en sus esencias de lo que en principio solo parecería ser una coincidencia del almanaque.

Uno inicia, cual partida de nacimiento, la gesta que generaría el ideario Artiguista, el otro fue el vil intento de exterminio de una etnia que no encajaba en el plan de organización de un orden que acababa de vencer por la traición a ese ideario.

Jueves, 11 de Abril de 1811, Proclama de Mercedes.

A muy pocos días de producida la “Admirable Alarma”, llega a tierra Oriental José Artigas, nombrado segundo jefe de las milicias orientales.
El fuego de la revolución comenzaba a tener fuerza, se encendía e incendiaba toda la Banda Oriental.

Desde su cuartel provisorio en Mercedes Artigas lanzaba su arenga a los Orientales, los invitaba a plegarse a la revolución contra el poder monárquico, les exhortaba a defender la libertad, a ser libres e iguales, a desprenderse del sometimiento,
Ahí comenzaba la gesta.

Casi cinco meses después de la proclama del 11 de abril la Junta de Bs. As. convertía a los Orientales y su tierra en moneda de cambio para los vaivenes de la guerra, trataba el territorio oriental como botín de guerra y a su pueblo como un semoviente más, desoía sus reclamos, los desprotegía, los entregaba como presa fácil.
Todo lo cual provocó en los Orientales su pronunciamiento de autodeterminación.

Los hechos se suceden;
En octubre de ese mismo 1811, el nombramiento de José Artigas como Jefe de los Orientales; la entrega unilateral por parte de Bs. As. de la Provincia Oriental al poder monárquico, las Asambleas Orientales donde se expresa la soberanía de los pueblos, ”La Redota”, luego la vuelta al pago.
En agosto de 1812 el pronunciamiento de los jefes Orientales determinando la autonomía oriental, en diciembre; la “Precisión del Yi” ante la prepotencia porteña y sus intentos de neutralizar la soberanía oriental.
En abril de 1813 el Congreso de Tres Cruces, en él la “Oración Inaugural” y las Instrucciones con su proposición de Libertad, Soberanía e Independencia para la Provincia Oriental y la Confederación de Pueblos Libres para el conjunto de provincias, todo bajo el sistema de República.

Los bandos quedaban así armados, por un lado el centralismo porteño secundado por la oligarquía económica de Montevideo, las logias corporativas del poder de algunos pocos intentando el sometimiento de los pueblos para sus fines de rédito comercial y económico.

Enfrente, Artigas, su Liga de los Pueblos Libres con su proyecto de Confederación, o sea; la unión de estados soberanos que por pacto recíproco formarían un macro estado solidario, equitativo, plural, inclusivo y republicano.

Y está ahí, luego, el Reglamento Provisorio de reforma agraria del año 1815 diciendo;

”…que los más infelices sean los más privilegiados…”

”…los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos, podrán ser agraciados con suertes de estancia…”

Y está Artigas, en enero de 1816, diciendo todo lo contrario a las “justificaciones” que los genocidas darían en 1831 para la obscena y traidora matanza.

Decía el prócer;

”Es preciso que a los indios se trate con la mayor consideración, pues no es dable, cuando sostenemos nuestros derechos, excluirlos del que justamente les corresponde.
Su ignorancia y civilización no es un delito reprensible.
Ellos deben ser condolidos más bien por esta desgracia, pues no ignora usted quien ha sido su causante y nosotros ¿habremos de perpetuarla? ¿y nos preciaremos de patriotas siendo indiferentes a este mal?
Por lo mismo es preciso que los magistrados velen por atraerlos, persuadirlos y convencerlos y que con obras mejor que con palabras acrediten su compasión y amor filial”.
(Artigas, al gobernador de Corrientes, 31 de enero de 1816).

Vendrán luego la guerra, la traición y la felonía de los aliados y de algunos de sus lugartenientes que serán luego ideólogos y protagonistas cipayos de la matanza de Salsipuedes.
Tras eso la derrota militar, el confinamiento en la selva Paraguaya del prócer, su ideario, su proyecto al fin fue sometido y desterrado.
Lunes, 11 de Abril de 1831, Matanza de Salsipuedes.

Armado el sistema de dominación por las minorías económicas, sus oligarquías, el reparto de poder incumbía a las tierras, incluso y sobre todo aquellas tierras que fueron dadas a los más pobres y a los más infelices que estaban en los territorios de aquellos que según palabras, voluntad y hechos del prócer debían de ser condolidos y tratados con la mayor consideración.

Los que eran tenidos en consideración por Artigas por sus derechos ancestrales a la tierra, ahora no encajaban en un sistema de uso, abuso y explotación. Debían, por tanto, ser eliminados, destruidos, neutralizados, al igual que aquel que ahora estaba confinado en el Paraguay.

Las logias de poder, la oligarquía económica, como aves rapaces se abalanzan sobre las tierras de aquellos dueños ancestrales y de propietarios que en su momento fueron privilegiados por el reparto porque habían sido infelices y ahora tenían que volver a serlo en el sistema imperante y triunfante antiartiguista.

Al igual que hicieron con Artigas recurrieron a la traición, el engaño, porque tanta libertad, tanto derecho y tanta equidad solo se podían combatir con igual cantidad de perfidia, ignominia y perversión.

La constitución jurada el año anterior legalizaba el poder de los menos sobre los más, de los ricos sobre los pobres, de las asociaciones de poder sobre la legalidad.
Pero eso solo sometía al blanco y al mestizo sumisos, no podía someter al libre de naturaleza, de nacimiento.
No podía someter al indígena.

Ese seguía su lucha por lo que le correspondía por derecho, por herencia, por lo que le estaba siendo robado, usurpado, arrancado por la fuerza bruta.

La negociación no era posible en los términos que les imponían, ya que la única intención era someter, poseer, mercantilizar, subyugar y ellos estaban por fuera de ese sistema, no lo entendían, no lo compartían y no lo podrían vivir.

Así cobra sentido histórico, justificación cínica, perversa y vil, la matanza del 11 de abril de 1831, fue un golpe más del exterminio, ya no de una raza, sino de algo mucho más grande, era el intento del exterminio de una idea, de una forma de entender la vida y su convivencia en sociedad.

Se trataba de aniquilar a los dueños de un derecho, para robarlo y ponerle precio. Poseer sus tierras, su espacio y por tanto sus vidas.

Los perpetradores no tienen perdón histórico por lo hecho ya que no los justifica la época, porque ya en ella Artigas había dictado sentencia de cómo se debía proceder con los indígenas.
Y no lo había solamente dicho, sino también, lo más importante, lo había realizado.
El ejemplo, la guía, la jurisprudencia, el acto, estaban ya marcados, realizados y aceptados por ambas partes.
Se había decretado y realizado la inclusión sin sometimiento, el juntarse sin mezclarse y el convivir con tolerancia y negociación.
El único inconveniente es que eso iba en detrimento del poder de unos pocos, en contra de su codicia y en desmedro de su poder.
La inclusión, el dar derechos y convivir no eran ya una opción.

Los traicionados, engañados y asesinados en Salsipuedes y en los sucesivos combates, encerronas y celadas, nunca habían leído las palabras de aquella proclama de Mercedes de 1811, y seguro que ni escuchado de boca de un hombre que no fuera de su estirpe, la esencia de aquella arenga, pero ella, en su contenido, ya era mucho antes parte de su historia.
Tal vez porque Artigas la aprendió primero de ellos y luego fue recién que la lanzó en aquel abril del año once.

Lo que sí es seguro que aquellos indómitos, al caer por última vez al suelo, un instante antes que sus pupilas se dilataran para siempre, que su sangre regara la tierra que los vio nacer, estaban honrando como un mandato ancestral las palabras que hacía veinte años el prócer dirigía a sus Orientales:

“…TIEMBLEN ESOS TIRANOS DE HABER EXCITADO VUESTRO ENOJO, SIN ADVERTIR, QUE LOS AMERICANOS DEL SUD, ESTÁN DISPUESTOS A DEFENDER SU PATRIA; Y A MORIR ANTES CON HONOR, QUE VIVIR CON IGNOMINIA EN AFRENTOSO CAUTIVERIO”.

Memoria eterna para los inmolados en Salsipuedes.
Memoria eterna para la gesta de la Patria Vieja.

Foto de Francisco García.
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