LEYENDA DEL PALMAR GUENOA.


palmar

——-1ra. PARTE——

 

El árbol, como la palma

y toda mata viviente,

tiene corazón y mente,

uso de razón y alma.

Aunque viva en la calma

la planta puede pensar,

ver, oír y conversar,

pues si al viento se le antoja,

con el sonido de su hoja

palabras puede expresar.

 

 

Absorta en pensamientos

la planta pasa la hora,

pero también ríe y llora

porque tiene sentimientos.

Y cuando soplan los vientos

expresa sus emociones,

en largas conversaciones

habladas en su dialecto;

y de amistad y de afecto

crea buenas relaciones

 

 

 

 

He nacido en el palmar

y como su hijo me siento,

la voz que emite al viento

escucho hablar y clamar.

Su voz suele reclamar

por su glorioso pasado,

por eso me he enterado

del origen de su historia;

que hoy guarda mi memoria

y aquí la he recopilado .

 

 

 

 

Lo que la palmera cuenta,

cuando al viento yo la escucho,

es importante y es mucho

y su espíritu atormenta.

A sus dichos argumenta

y explica con raciocinio,

y como el llanto de un niño

que nadie puede calmar;

el murmullo del palmar

comenta de un genocidio.

 

 

 

 

Esas palmas, hace tiempo,

han sido seres humanos,

con cabeza, pies y manos,

cuerpo, vida y movimiento.

En días de fuerte viento

me fueron siendo descriptos,

sus costumbres y sus ritos

develando los misterios,

que guardan sus cementerios

los cuales forman cerritos.

 

————-2da. PARTE ————–

 

Río, laguna y bañado,

navegaban en canoa,

su nación era Guenoa

y la muerte han engañado.

Su pelo era enmarañado

y los pómulos salientes,

blancos y afilados dientes,

esbeltos y musculosos,

de negros y agudos ojos

y erguidas y anchas frentes.

 

 

 

Coronas de plumas de aves

cubrían sus pelos negros,

se tapaban con los cueros

de los pelajes más suaves.

Canoas eran sus naves,

sus armas fueron la lanza,

arco flechas y  la maza,

la honda y la boleadora;

armas que el indio elabora

para la guerra y la caza.

 

 

 

 

Otras tribus los plasmaban:

“hombres que plantas parecen

y al sol nuevo pertenecen”,

Nación Guenoa… llamaban

Tomaban mate y fumaban

tabaco en un cigarro,

cocinaban en cacharro

y ya no quedan rescoldos

de fogones, en los toldos

de paja, totora y barro

 

 

 

 

Los indios del sol naciente

solían cazar  con perros,

y construyeron los cerros

para pasar la creciente,

Tenían lo suficiente

con los frutos, los esteros,

almejas, peces costeros,

productos de su cosecha

y animales que el acecha

por territorios enteros.

 

 

 

 

Para construir sus cerros

juntaban plantas con lodo,

y entreverándolo todo

formaban grandes aterros.

En ellos hacían entierros

y hacían agricultura,

habitaban la escultura

en épocas de crecientes;

pues eran para estas gentes

la base de su cultura.

 

 

 

 

El joven de la nación,

para volverse guerrero,

debía pasar primero

por ritos de iniciación.

Cantando una oración

en los lugares desiertos,

pasaban días despiertos

y parados en rituales;

donde junto a sus iguales

comían carne de muertos

 

 

 

 

Eran bellos  los paisajes

que ellos habitaban,

por lo cual amaban

y adoraban sus parajes.

Y todos estos salvajes

en la cima de una sierra,

con danza y gritos de guerra

le juraban a una estrella;

que siempre cuidarían de ella

su bella y amada tierra.

 

 

 

 

Siempre al amanecer

y de manera habitual,

los indios este ritual,

acostumbraban hacer.

Mirando el sol nacer

parados permanecían,

y de lejos parecían

otras plantas del paisaje;

que con su bello plumaje

el paraje florecían.

 

————3ra. PARTE ————

 

Pero llegaron por mar

un pueblo muy diferente,

eran de otro continente

y este querían tomar.

Irían a  transformar

estos campos uruguayos,

trajeron vacas, caballos,

herramientas de metal,

armas de poder letal

y de un rey eran lacayos.

 

 

 

 

A cometer el  asalto.

más seguirían llegando,

arribaban navegando

desembarcando de un salto.

Construyó de muro alto,

el hombre blanco su fuerte,

y tenía como suerte

para el indio y su familia;

en una mano la biblia

y en la otra mano la muerte.

 

 

 

 

Dejó de estar consiente

el indio de su futuro,

no había lugar seguro

y cambiaba el medio ambiente.

Se formó muy buen jinete

y cazador de ganado,

pero nunca ha pasado

por situaciones tan malas;

acosado por las balas

de los que habían llegado.

 

 

 

 

Así dejaron sus cerros,

sus ranchos y sus cosechas,

llevándose lanza y flechas,

sufrieron varios destierros

Escapaban de los fierros

en el lomo de sus potros,

con pinturas en los rostros

corrían grandes distancias;

mientras que muchas estancias,

hacían su tierra, de otros.

 

 

 

 

Estos indios canoeros,

desde la popa a la proa,

desarmaron su canoa

y se hicieron caballeros

Con nuevas armas y cueros,

costumbres y situaciones,

a sus viejas tradiciones

les fueron diciendo adiós,

y conocieron a un dios

en jesuíticas misiones.

 

 

 

 

Nunca tuvieron consuelo

por dejar su vida cómoda,

para vivir como un nómada

y un extraño por su suelo.

En aquel desigual duelo

enfrentan armas que estallan,

por sobrevivir batallan

y serán de héroe sinónimos;

miles de indios anónimos

que el tiempo y la historia callan.

 

 

 

 

Comentarios y canciones

hablaban de su bravura,

y la vida era más dura

en plenas revoluciones.

Así nacientes naciones

contaron con sus servicios,

hizo grandes sacrificios

por una patria unida;

y regresó a la huida

con nuevas pestes y vicios

 

 

 

 

Los hombres blancos luego

todos los indios encuentran,

los acorralan y enfrentan

desestimando su ruego.

Y por las armas de fuego

que llevaban los soldados,

a indios de todos lados

acribillaron  balazos;

y la tierra vio en sus brazos

morir sus enamorados.

 

———–4ta. PARTE ————

 

Dicen, y fue cierto,

que después de ese día,

este paraje cedía

terreno al desierto.

Se calló el concierto

de los pájaros en vuelo,

y volvía el desconsuelo;

el monte en cenizas,

la fauna en carnizas

y el río en seco suelo.

 

 

 

 

Porque este paraje amaba

y eran parte de su ser,

la tribu que vio nacer

y  en su suelo muerta acaba.

Una  sequía reinaba

nada hubo de comer,

nada hubo de beber,

miseria, dolor y sangre,

sufrimiento, sed y hambre,

y no volvió a llover.

 

 

 

 

El dolor trajo pobreza

a esta tierra aún sin nombre,

conquistada por el hombre

que buscaba su riqueza.

Y mostraba su tristeza

con seca y con calor,  

expresado un dolor

agónico y profundo,

por haberse ido del mundo

los que le daban valor.

 

 

 

 

Y Ir al cielo no quiso

un indio que antes murió,

donde su muerte ocurrió

es su mejor paraíso.

Así que allí en el piso,

antes que fuera a partir,

dios le hubo de impartir

un milagro para hacer;

que volviera a nacer

sin que lo puedan parir.

 

 

 

 

Y antes de que en dunas

se transformaran los campos,

en un silencio los cantos

y en salares las lagunas.

Hojas se hicieron las plumas

del indio que antes muriera,

en un tronco de madera

quedó transformado el cuerpo;

resucitando aquel muerto

vuelto una alta palmera.

 

 

 

 

De ese cuerpo salieron

al culminar el reencarne,

cubiertas de sangre y carne

las balas que antes lo hirieron.

Al salir se convirtieron

de la palma su semilla,

sembradas por la cuchilla

otras palmas procrearon;

y más indios reencarnaron

de esta forma sencilla.

 

 

 

 

Así todos sus hermanos

que corrieron misma suerte,

se le unieron en la muerte

igualmente transformados.

Pronto quedaron formados

por estos bellos lugares,

muchos y grandes palmares

que, como en el amplio cielo,

crearon en este suelo,

para las almas, hogares.

 

 

 

 

Al ver sobre la colina

de nuevo su negra sombra,

el indígena se asombra

y su tristeza culmina.

De alegría  ilumina

su cuerpo hecho palmera,

y esta tierra recupera

la felicidad y el gozo;

y el vestido más hermoso,

el verde de primavera.

 

————-5ta. PARTE ————

 

Con cuerpos fuertes y altivos

se parecen esas palmas,

a los indios de sus almas

aun que estén  inactivos.

En cada parte hay motivos

que su otra vida encierra,

y si ves en esta tierra

esos palmares ya viejos,

parecen indios de lejos,

dispuestos para la guerra.

 

 

 

 

En la palmera que escojas

hay una verdad que abruma,

de que una vez fueron pluma,

pues lo parecen sus hojas.

Y también sus frutas rojas,

que calma la sed y el hambre,

son de indio carne y sangre;

y las balas que lo hirieron,

en cocos se convirtieron,

que dan vida como madre.

 

 

 

 

Tajos le dejó el sable

y la bala agujero,

en el ya curtido cuero

de aquel indio indomable.

Y haciéndose responsable

de esta historia que es nuestra,

la palmera la demuestra

pues son de indio cicatrices;

las que de copa a raíces

el tronco de palma muestra.

 

 

 

 

Sus troncos suele anegar,

el agua de las crecientes,

 han de resistir pacientes

por no poder navegar.

Pero pudieron legar

su  nave, que reflorece,

en la palma que florece;

pues cuando su vaina abra,

pequeña canoa labra,

que al mundo muestra y ofrece.

 

 

 

 

Como en un viejo ritual,

sin conciencia y sin culpa,

comemos la rica pulpa

de su fruta espiritual.

Esa fruta natural

cuando se encuentra madura,

es tierna y sin gordura

por ser de indio fuerte y dulce;

con el sabor agridulce

de una vida bella y dura.

 

 

 

 

Por  ser noble el indio bruto,

al culpable de su lamento,

le brinda como alimento

su propia carne en un fruto.

Como pagando tributo

al autor de su desgracia,

es así que por su gracia

con sus frutas alimenta;

también hogares calienta

su penca, con eficacia.

 

 

 

 

Cuando a su penca abraza

la llama de una hoguera,

se quemará la madera

que es carne de aquella raza.

Se escuchará de esa braza

de vez en cuando algún ruido,

que resuena lo ocurrido

a la palma en el suceso;  

que a su ser de carne y hueso

con balazos ha destruido.

 

 

 

 

Este palmar en su suelo,

igualmente que un país,

se afirma en la raíz

del pasado de su abuelo.

Porque todo aquel pueblo

que a su raíz  profunda,

olvide, ignore o confunda,

perderá todo soporte;

para que el viento del norte

lo derribe y lo hunda

 

 

 

 

Tronco de curtido lomo,

frutas de carne humana,

canoas que siempre emana

y cocos de negro plomo

Con hojas que lucen como

plumas en coronación,

 esta gran reencarnación,

que si arde suena a pólvora;

constituye la obra póstuma

de la Guenoa Nación.

 

————6ta. PARTE ————-

 

Una amplia zona abarca

su territorio agreste,

en el Uruguay al este

y el sur de Brasil demarca

En  este suelo es su marca

los cerritos y el palmar,

va de las sierras al mar

pasando ríos, esteros,

cantos de chajá y teros,

en campo hecho alambrar

 

 

 

 

Los indios cuando vivieron

hicieron un juramento,

dejarlo de testamento

quisieron cuando murieron.

Porque ellos jamás hirieron

esta tierra en diez  mil años,

sin embargo los extraños

hombres blancos de estos tiempos;

en solamente quinientos

han causado muchos daños.

 

 

 

Terraplenes y canales

cambian al agua sus cursos,

para obtener los recursos

de estas tierras ancestrales.

Secando los humedales

y quemando la maciega,

destruye en forma ciega

el hombre con sus sistemas;

y acabando ecosistemas,

la vida en la tierra, siega.

 

 

 

 

El hombre hoy por activo,

cambia a la tierra su esencia,

transformando su apariencia

con ganados y cultivo.

Pastos y monte nativo

pajonales y totoras,

millares de aves cantoras

y de animales salvajes;

ya no pueblan los paisajes

como en épocas de otrora.

 

 

 

 

Las palmas desde lo alto

ven con muchos desagrados,

a su cerritos sagrados

ser tomados por asalto.

Esos templos dan un salto

en el tiempo a otras eras,

guardando unas calaveras

que sirven de testimonio;

de un rico patrimonio

que dañan las arroceras.

 

 

 

 

Porque sufren retrocesos,

los cerros que son su tumba,

el ruido a motor retumba

arando tierra con huesos.

El hombre con sus procesos

destruye ese gran legado,

que construyó en el pasado

de la palmera, su ancestro;

que es de ella y también nuestro

por nacer en este pago.

 

 

 

 

Pues su sangre aún perdura

en venas de muchas gentes,

la legaron descendientes

que adoptó esta cultura.

Aunque ya no es sangre pura

de aquella tribu extinta,

junta con raza distinta

produce cruzados fetos;

y a los hijos y los nietos

con rasgos Guenoas pinta

 

————7ma. PARTE ———

 

Como un gran monumento

a los indios que se han ido,

los palmares han servido,

de su vida, documento.

Son el mejor argumento

de aquella historia trágica,

que de manera nostálgica

 estos palmares añejos;

a los indios, como espejos,

reflejan en forma mágica.

 

 

 

Parece la palma fuerte,

vivir por la eternidad,

pero ella tiene una edad

y un tiempo para la muerte.

Los retoños son su suerte

y la única esperanza,

pues cuando la muerte alcanza

a la palma vieja y alta,

su alma se desprende y salta

a una nueva, en mudanza

 

 

 

 

Y otro peligro afrontan

estas palmeras ya viejas,

porque las vacas y ovejas

comen las nuevas que brotan.

Y en las palmeras que cortan

o les cae rayo o centellas,

sangran las yagas aquellas

que sufrieron de indios;

porque esta vez sí…dios

los llevará a las estrellas.

 

 

 

 

Hoy nuestro medio ambiente

esta como los palmares,

con las selvas y los mares

en gran peligro de muerte.

Pero  ténganlo presente

si las palmeras cortamos,

y si juntos no cuidamos

esta tierra mal  herida;

con ella se irá la vida

de los que la  habitamos.

 

 

 

 

Así acaba este cuento,

que me contó el palmar,

palmas que aprendí a amar

por su pasado tan cruento.

Hoy su terreno frecuento

y mi espíritu se esmera,

para que el día en que muera,

así como un indio más,

para no partir jamás,

reviva en una palmera.

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Nación Guenoa.

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