RIVERA HA CONFESADO SER AUTOR DEL GENOCIDIO DE LOS CHARRÚAS


Por Eduardo Picerno: 

INVESTIGACION CONCLUYENTE

RIVERA HA CONFESADO SER AUTOR DEL GENOCIDIO DE LOS CHARRÚAS

La Apología del Genocidio:
Declaraciones del Dr. Sanguinetti y Martha Canessa

La leyenda negativa acerca de los charrúas se inicia con las versiones de los colonizadores, que como en todas partes, comienzan acusando y difamando a los grupos sociales que pretenden conquistar, someter o esclavizar. A estos hechos se les conoce, en general, como “Leyenda negra”. También la hubo de Artigas, y esas difamaciones tardaron muchos años en ser olvidadas.

De ese modo justifican ante el mundo y ante su propia conciencia el avasallamiento de los derechos de las personas que legítimamente habitan en las tierras que ellos pretenden.

Esta mentalidad colonizadora se ha trasladado a nuestros días produciendo mentalidades “colonizadas” que no reparan que aquellos indios, no por serlo dejaban de ser personas y seres humanos como todo homo-sapiens de este planeta, con sus pensamientos, sus emociones, sus odios y sus amores, y su propia cultura que tanto molestaba a los europeos.

Pues bien, hoy en día tenemos que hacer un esfuerzo en reconocer que cada grupo humano puede tener una cultura diferente, sin  que eso signifique que ser diferente equivalga a ser inferior. Las culturas humanas son relativas y los seres humanos ahora y siempre nacieron con los mismos derechos a vivir libremente  en sociedad, lo que permitió que nuestra especie haya evolucionado hacia la universalización del conocimiento y de la conciencia de su propia dignidad humana.

Por esto proponemos a los profesores de historia que se remitan a las investigaciones documentales sobre el tema de los charrúas.

En particular, debe conocerse que al principio de su vida constitucional, el Estado Oriental del Uruguay cometió un Genocidio, aniquilando a la Nación Charrúa.

En ese entonces, el presidente Gral. Rivera llevó a cabo la planificación y la ejecución de la matanza, así como fue el responsable de todas las medidas ilegales e inconstitucionales para borrar del país la cultura charrúa.

Pero hay compatriotas, con responsabilidades educacionales, que niegan los hechos de la realidad, seguramente porque desconocen los documentos irrefutables de la vituperable acción dirigida por el Gral. Rivera.

No es difícil encontrar publicaciones serias que contienen hasta las propias cartas de Rivera a Julián  Laguna y otras similares, que tenemos ordenadas en el Archivo Nacional, o en obras como “La Guerra de los Charrúas” de Eduardo Acosta y Lara, por ejemplo. Ultimamente en el libro “El genocidio de la población Charrúa” se reune todo aquel documento significativo que prueba rotundamente que existió genocidio.

La matanza de charrúas, a través de las cartas auténticas de Rivera

Cuando se leen las instrucciones que Rivera enviaba al Gral. Julián Laguna y otros subordinados, se aquilata cual fue su verdadera participación en el genocidio concretado el 11 de abril de 1831. Se podría decir que Rivera “confiesa” ser el autor del genocidio a través de las mismas.

Citemos párrafos textuales de 3 de dichas cartas:

1) Durazno, Marzo 10 de 1831

“… Es de mayor importancia que el Sr. Gral. Emplee todo su tino y destreza para hacer entender á los Caciques que el Egercito necesita de ellos p.a ir á guardar las Fronteras del Estado y que el punto de reunión será en las puntas del Queguay Grande; para cuyo efecto, se dirigen cartas á los Caciques Rondeau, y Juan Pedro, y que el Sr. Gral. les hará entregár instruyendoles de su contenido. Si ellos no cumpliesen lo prevenido en las citadas notas particulares, es preciso no alarmarse por esto, disimularles y conservarse siempre á su inmediación, y si posible fuese, reunido a ellos.

Si se moviesen para el centro de la Campaña es preciso seguirlos con cualesquier pretesto, hasta ver si se consigue que el todo ó parte del Egercito se incorpore á la fuerza de las ordenes del Sr. Gral.

El Sr. Gral. conocerá, que en todas las medidas prevenidas es importante la mayor prudencia, para no aventurar una empresa que, realizada traerá bienes muy efectivos al Pays, consolidando el crédito y reputacion militar de los Gefes que la han presidido…”

Fructuoso Rivera (rubricado)

Click aquí para ver el Documento Original (Folio 1)

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2) “Julián amigo. Salsipuedes en el potrero donde ya as estado.Marzo 28-1831”

(Se trata de su amigo Julián de Gregorio Espinoza)

“(Reservado) yo voi a marchar esta noche todo tengo listo en muy vuen estado p.a. la operacion de los charruas nada e querido decir al Gov.o de mis dispocion.s el buen estado en que las tengo p.a tener el gusto si logro como lo creo de q.e esta dificil operacion aparezca como de los avism.s y q.e tenga mas vulla q.e la que causo el arrivo de Garzon a esa después del tinteraso no lo dudes Julian la operación esta casi echa y una ovra q.e los desvelos de 8 Birreyes y p.r mas de 40 años no lograron rrealisarla. Sera grande Sera lindisimo Si tus mejor.s amigos Si tus compañeros de disgustos y de dias de Gloria dan anuestra patria esa Satisfacion ha! q.e glorioso Sera si ce concige sin q.e esta tierra tan priviligiada no se manchase con sangre humana.” (…) “tu am.o verdadero. Fructuoso.”

Click aquí para ver Documento publicado por la “Revista Histórica”.

Esto es una verdadera “Confesión” y de una persona que se siente “culpable”. ¿Por qué, si no, quiere ocultar los hechos?, (“nada he querido decir al Gobierno de mis disposiciones”). Rivera toma esta matanza como una fiesta, en la que será reconocido como no lo fueron 8 Virreyes que también querían exterminar a los charrúas. Y el concepto que tenía sobre los indios se aprecia cuando da a entender ellos no tendrían “sangre humana“, aunque cabrían otras hipótesis explicativas de esta extraña expresión. Ver libro “El genocidio de la población Charrúa”.

 

3) Campo, Abril 5 de 1831

“Mi estimado amigo D. Julian es en mi poder su nota de ayer y soi impuesto de las medidas tomadas p.a aser venir a los indios a este punto con este ojeto fue Bernabelito y no dudo q.e el los aga venir prontam.te yo no e querido moverme mas adelante ya p.r q.e podia ponerlos en desconfiansas o por q.e si se logra aserlos pasar el Queguay ya no seria dificil el sugetarlos del modo q.e uno quiera.  Sin envargo estamos prontos  p.a en caso sea preciso marchar sobre ellos lo que yo quiero evitar a todo tranze pues nos sera Ventajocicimam.te el sujetarlos sin estrepito aci es q.e estoi resuelto a esperar aquí asta ver si Vds. logran aserlos venir aci [¿ce niegan?] espero sus avisos continuados p.a [¿variar?] mis dispociones…”

F. Rivera (rubricado)

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Estas 3 cartas de Rivera son auténticas. Véase el propósito de engañar a los charrúas y atraerlos hacia un lugar donde quedaran prácticamente encerrados y tener la mayor facilidad para masacrarlos. Por supuesto que los charrúas no sospechaban las intenciones del Gobierno Oriental o mejor dicho, del que sería su ejecutor, el General Rivera.

Reconoce Rivera en la 2ª. carta, que en campo abierto sería muy difícil aniquilarlos, por más que  contaban con escuadras de soldados guaraníes al servicio de nuestro Ejército, escuadrones del Ejército nacional, del argentino y del brasileño, que  fácilmente cuadriplicaban el número de los charrúas.

Pero el Presidente no quería una batalla, “la quería evitar a todo trance”; quería un asesinato en masa, una acción “que no fuera difícil”, y en que los charrúas no pudieran salvarse, según se entiende en su carta.

En una carta de José Catalá a Gabriel Pereira –del 23-8-31-, le informa  que “ni uno solo ha escapado del lazo maestro que les armó este experto Jefe (Rivera)” y las ventajas políticas que la masacre representaría para el “riverismo” (en realidad José Catalá no informa correctamente, ya que algunos charrúas pudieron escapar de la emboscada).

 

4) Párrafos iniciales de una carta del Gral. Rivera a Juan María Pérez, escrita a los dos días de la matanza de Salsipuedes desde Islas de Juan Tomas, paraje próximo al Paso del Sauce del Queguay. (Archivo General de la Nación, Montevideo. Arhivos Particulares, Caja 132, Carpeta 28, Folio 4. Libro “El País Charrúa” de Acosta y Lara, pág. 1/207)

“Sor D. Juan M.a Perez. Islas de Juan Tomas Abril 13 – 1831

Mi estimado amigo.- Ya Ud. savra p.r los partes dados al Gov o q.e el resultado sovre la horda de salvages q.e tanto an afligido a nuestro país, a correspondido a el empeño con q.e el Exto les a perseguido asta lograr su total esterminio y de lo q.e nos debemos felicitar. Si envargo, q.e todavía falta algo q.e aser paro lo mas difícil esta ya vencido. Con esta fecha pongo a dispocion del Gov.no a un Reg.to de Cavallería q.e debe servir de polecia en los terminos q.e la Ley previene” (…) “su am.o verdadero Fructuoso Rivera”.

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Otra carta de Rivera, fechada en Cuartel General, Salsipuedes, Abril 15 de 1831, confirma totalmente la destrucción de los charrúas y su persecución hasta su total exterminio. No puede quedar ninguna duda de los propósitos genocidas de quien firma la nota, Fructuoso Rivera.

Además véase que le recomienda al Comandante General de la frontera del Cuareim que extermine a los charrúas que vea huyendo de la frontera hace Brasil, de un modo implacable no quiso permitirles aún una retirada en busca de libertad y salvar sus condenadas vidas.

Esta es la mencionada carta: (hemos corregido la ortografía)

Sorprendida y destruida el 11 del corriente la horda salvaje de Charrúas esta indómita tribu ha pagado caramente sus antiguos y recientes crímenes, quedando muertos en el campo la mayor parte, y el resto con todas sus familias y ganados en poder de la división de operaciones. Y aún cuando han logrado escaparse de la misma suerte, algunos muy contados, las fuerzas del Ejército prosiguen en su alcance hasta su exterminio.

Para completar enteramente este triunfo que tanto importa a los más caros intereses de la Nación es de absoluta necesidad, que el Sr. Comandante General ponga en movimiento todas las fuerzas dependientes a sus órdenes, que guarecen esa frontera, en persecución de este puñado de bandidos hasta su total exterminio, sin desguarnecer los puntos principales en ella y sin diseminar las milicias de la Colonia, dando prontos avisos de las medidas tomadas a este respecto, al Presidente General en Jefe. Etc.

Fructuoso Rivera
Señor Comandante General de la Colonia del Quareim

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Rivera intenta engañar nuevamente, años después, sobre
los hechos que él mismo confesó  y dejó documentados

Durante su estadía en Brasil, Rivera es increpado por la prensa por la masacre de charrúas, y  contesta mediante una publicación en “El Iris” fechada en Río De Janeiro el 30 de Octubre de 1848

Dice: “… Se a min coube a fortuna e glória de acabar com uma horda de selvagens nomados e ferozes, abrigada nas escabrosidades do paiz, fiz o que outros nao puderam alcanzar antes de mim, e cumpri as ordens do gobernó, com grande satisfacçao das populaçoes, que por tantos annos foram victimas de correrias, roubos e mortes d´ aquelles bandidos.

Limitarme-hei porêm aos factos inventados.

E´falso que houvesse necessidade de atraiçoar os selvagens para os-destruir: nem estes selvagens foram nunca alliados do gobernó oriental, nem os orientaes, com quem eu tive a fortuna e honra de combater para cima de 35 annos, em mais de cem batallas, podian tener taes homens, desde que por utilidade geral, se-decretava o seu exterminio…” (Textual)

En esta carta que escribe en Río de Janeiro, acomoda los hechos del modo que más le conviene contradiciendo lo escrito años atrás.

Niega que tuviese necesidad de atraerlos y traicionarlos para destruirlos. También falta a la verdad cuando dice que los charrúas no combatieron con los soldados orientales de nuestra independencia, (desconociendo que el propio Artigas ya varias veces había mencionado la decisiva colaboración  de los charrúas en  diversas batallas).

Y todavía se siente orgulloso del asesinato cuando dice que a él le cupo la fortuna y la gloria de acabar con una horda de salvajes que otros (españoles, portugueses y brasileros) no pudieron alcanzar antes que él, en  3 siglos. Reiteramos que el secreto del aniquilamiento estuvo en el engaño, y en el ataque a traición cuando los charrúas estaban confiados y descuidados, lejos de sus caballos e incluso, algunos desarmados.

Fue la peor de las traiciones, aquella en que se recurre a la confianza de los amigos para hacerlos caer en una trampa sanguinaria, cruel e inhumana. Los niveles más bajos de los códigos morales del ser humano pudieron forjar esas maniobras genocidas.

Y de los documentos surge que lo tomaban como una diversión, y Bernabé Rivera se refería a la matanza con la frase “la jarana de los indios”.

¿Qué clase de moral pública y de valores éticos tenían estas personas?

¿Cómo en este momento de la civilización aún se pretende justificarlos?

Los documentos descubiertos no presentan dudas: Rivera fue el responsable del genocidio charrúa. Y a confesión de parte, relevo de pruebas, aunque abundan las pruebas.

¿EL GENOCIDIO FUE TOTAL?

Después de muchos años de investigaciones y búsquedas en diversos archivos nacionales y extranjeros, hemos podido recopilar mediante fotos digitales unos 200 documentos manuscritos que sirvieron de base para la edición del libro “El Genocidio de la Población Charrúa”, editado por la Biblioteca Nacional en el año 2008.

Expresamos que el genocidio de los charrúas fue total en el sentido de que el Presidente Rivera logró que a partir de del período 1831 – 1834, no naciera en el Estado Oriental un solo charrúa hijo de padre y madre charrúas. En ese sentido las tribus, o la etnia, o la población charrúa de Uruguay, o como quiera que se le llame, fue exterminada.

Si bien no se le dio muerte a la totalidad de los charrúas, los sobrevivientes fueron repartidos, principalmente mujeres y niños, a vecinos de los departamentos de Durazno, y de Montevideo. En ésta capital, hubieron muchos militares, incluso la hermana de Rivera, Agustina, que llevó charrúas en dicho reparto.

Repasemos la definición de genocidio, compuesta de cinco puntos:

1- Matanza de miembros del grupo.

2- Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros.

3- Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que lo lleven a su destrucción física, total o parcial.

4- Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo.

5- Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

También se aplica la Ley Uruguaya Nª 18.026, de fecha 25/09/2006.

Con estas medidas el Poder Ejecutivo (el Presidente Rivera y el Ministro de Guerra Ellauri), sin necesidad de aniquilar físicamente a todos los charrúas, destruyeron a la población, su cultura, sus tradiciones, su lenguaje, de modo tal que de los charrúas originales no quedó prácticamente nada. Solamente quedaban mestizos nacidos antes de Salsipuedes y el mestizaje obligado de mujeres y niños prisioneros, pero separados espacialmente, que formaron necesariamente parejas con personas no charrúas posteriormente..

Éste sería el segundo grupo de mestizos que pueden haber nacido por 1850 o antes, y que dan origen en las sucesivas generaciones al nacimiento de nuevos mestizos, cada vez más alejados del tronco charrúa original. Por ejemplo, si calculamos una generación cada 25 años, tendríamos que la primera generación de mestizos (de los sobrevivientes), la podríamos situar por 1850, la segunda en 1875, la tercera en 1900, la cuarta en 1925, la quinta en 1950, la sexta en 1975, y la séptima en el 2000.

Esto significaría, siempre en términos aproximados, que si después del año 2000 naciera un descendiente de charrúas, éste sería de octava generación a partir del charrúa original. Véase entonces que sino fuera por las crónicas y los documentos que vamos rescatando los investigadores, estos jóvenes descendientes de charrúas no sabrían absolutamente nada de las características de aquella población. A su vez la gran mayoría de los descendientes no saben que lo son, porque se les ha venido ocultando en general, lo sucedido con sus antepasados.

Hemos colocado la foto de la contratapa del libro “El Genocidio de la Población Charrúa”, donde Rivera le envía al Senador Julián de Gregorio Espinosa algunas armas que ha tomado del campo de Salsipuedes, para que las guarde como recuerdo, según le dice Rivera: “de esa tribu salvaje que ya no existe”.

 

EL GENOCIDIO FUE TOTAL</p>
<p>Después de muchos años de investigaciones y búsquedas en diversos archivos nacionales y extranjeros, hemos podido recopilar mediante fotos digitales unos 200 documentos manuscritos que sirvieron de base para la edición del libro "El Genocidio de la Población Charrúa", editado por la Biblioteca Nacional en el año 2008.</p>
<p>Expresamos que el genocidio de los charrúas fue total en el sentido de que el Presidente Rivera logró que a partir de del período 1831 - 1834, no naciera en el Estado Oriental un solo charrúa hijo de padre y madre charrúas. En ese sentido las tribus, o la etnia, o la población charrúa de Uruguay, o como quiera que se le llame, fue exterminada.</p>
<p>Si bien no se le dio muerte a la totalidad de los charrúas, los sobrevivientes fueron repartidos, principalmente mujeres y niños, a vecinos de los departamentos de Durazno, y de Montevideo. En ésta capital, hubieron muchos militares, incluso la hermana de Rivera, Agustina, que llevó charrúas en dicho reparto.</p>
<p>Repasemos la definición de genocidio, compuesta de cinco puntos:</p>
<p>1- Matanza de miembros del grupo.</p>
<p>2- Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros.</p>
<p>3- Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que lo lleven a su destrucción física, total o parcial.</p>
<p>4- Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo.</p>
<p>5- Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.</p>
<p>También se aplica la Ley Uruguaya Nª 18.026, de fecha 25/09/2006.</p>
<p>Con estas medidas el Poder Ejecutivo (el Presidente Rivera y el Ministro de Guerra Ellauri), sin necesidad de aniquilar físicamente a todos los charrúas, destruyeron a la población, su cultura, sus tradiciones, su lenguaje, de modo tal que de los charrúas originales no quedó prácticamente nada. Solamente quedaban mestizos  nacidos antes de Salsipuedes y el mestizaje obligado de mujeres y niños prisioneros, pero separados espacialmente, que formaron necesariamente parejas con personas no charrúas posteriormente..</p>
<p>Éste sería el segundo grupo de mestizos que pueden haber nacido por 1850 o antes, y que dan origen en las sucesivas generaciones al nacimiento de nuevos mestizos, cada vez más alejados del tronco charrúa original. Por ejemplo, si calculamos una generación cada 25 años, tendríamos que la primera generación de mestizos (de los sobrevivientes), la podríamos situar por 1850, la segunda en 1875, la tercera en 1900, la cuarta en 1925, la quinta en 1950, la sexta en 1975, y la séptima en el 2000.</p>
<p>Esto significaría, siempre en términos aproximados, que si después del año 2000 naciera un descendiente de charrúas, éste sería de octava generación a partir del charrúa original. Véase entonces que sino fuera por las crónicas y los documentos que vamos rescatando los investigadores, estos jóvenes descendientes de charrúas no sabrían absolutamente nada de las características de aquella población. A su vez la gran mayoría de los descendientes no saben que lo son, porque se les ha venido ocultando en general, lo sucedido con sus antepasados.</p>
<p>Hemos colocado la foto de la contratapa del libro "El Genocidio de la Población Charrúa", donde Rivera le envía al Senador Julián de Gregorio Espinosa algunas armas que ha tomado del campo de Salsipuedes, para que las guarde como recuerdo, según le dice Rivera: "de esa trivo salvaje que ya no eciste".</p>
<p>Continuaremos con el tema.

 

Status de ciudadanos y los valores charrúas

No había ningún  derecho a asesinarlos.  Si cometían algún delito, según la Constitución flamante, estaba la Justicia para procesarlos. Ya existía un Código Penal que se aplicaba a  quienes eran “ciudadanos naturales” por haber nacido libres en el territorio y los charrúas también eran “ciudadanos legales” por haber participado como combatientes en las luchas por la independencia. Esto lo reconocía la Constitución de 1830.

¿Y sus valores? ¿Eran arcaicos?

El compromiso de la palabra que aún se mantiene en reductos de nuestra campaña, era original de los charrúas. En 1573 por dar la palabra de protección y albergue a un desertor español, tuvieron que luchar para defenderlo y en la 2ª. batalla perdieron a su Cacique Zapicán, a su sobrino Abayubá, que murió mordiendo las riendas de un animal que nunca había visto antes, mientras lo atravesaban con la espada, y 200 charrúas más. ¿Y por qué murieron? Por cumplir la palabra dada a un español.

¿Y la clemencia para los vencidos, popularizada por Artigas que vivió entre los charrúas de los 14 a los 33 años? Nunca “remataban” a los heridos, sino que los llevaban a sus tolderías para curarlos y muchos se quedaban allí para siempre.

¿Recuerdan a Domingo Lares, el español que seguía luchando solo, con un  brazo quebrado contra varios charrúas? No lo mataron, lo tomaron vivo y lo llevaron como homenaje a su valentía a sus toldos, donde fue curado y vivió un tiempo con  ellos.

¿Era ésta una civilización arcaica y sin valores, como declara Sanguinetti?: “ Lo que desaparece después de Salsipuedes no es por lo tanto un grupo humano, sino un modo arcaico de vida …” El Dr. Sanguinetti es de la idea que los charrúas no constituían un grupo humano!, entonces resulta claro que al eliminarlos no se comete homicidio ni genocidio.

Hubo un indigno genocidio, y una violación de la Constitución por el Presidente Rivera, ya que en caso de conmoción interna debió haber solicitado al Parlamento las “medidas prontas de seguridad” o de lo contrario aplicar la ley para los delitos comunes.

Cualquier persona o grupo que robara o cometiera un delito debía ser juzgado conforme a derecho. ¿Por qué no sucedió esto con los charrúas? En muchas crónicas hemos leído que quienes cometían los delitos no eran charrúas sino bandoleros comunes en la campaña que se hacían pasar por indios.

Esa violación de la primera Constitución fue avalada por la Alta Corte de Justicia, quien  debía destituir al Presidente en caso de atentar contra la Constitución. Pero tampoco lo hizo.

Antes, como hace pocos años, fuera de la Constitución  se mató a personas y desaparecieron sus restos. ¿Saben  Ustedes que no apareció aún ningún resto de los cerca de 300 charrúas muertos en Salsipuedes? La similitud aún abarca otros ítems, pero dejemos aquí.

 

¿En qué consiste un genocidio?

Para el común de las personas se sabe que es la destrucción de grupos humanos en forma injusta. Pero este concepto con el transcurrir del tiempo se ha venido perfeccionando.

Estamos a fines del año 2005. El promedio de las personas bien informadas, no ignoran que Naciones Unidas aprobó el 17-7-98 el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. En el marco de la protección de los DD.HH., este tratado fue firmado por Uruguay el 19-12-2000, y posteriormente ratificó su adhesión el 28-6-2002.

Sobre el Genocidio se dice en el Art. 6:

Genocidio

A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;

b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;

d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;

e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

 

Las afirmaciones de la profesora Martha Canessa y el Dr. Sanguinetti
estarían configurando una apología del genocidio charrúa

Según el semanario Búsqueda del 1º de diciembre de 2005, la Prof. Canessa habría declarado que los charrúas “eran muy pocos, violaban, robaban, y mataban, y el entonces presidente Fructuoso Rivera no tuvo otra alternativa que civilizar y poner colonos, así que no se puede hablar de que haya promovido un genocidio”.

“Eran muy pocos”, dice Canessa. Entonces, ¿Qué necesidad tenia Rivera de atacarlos indefensos y con tres ejércitos?

El hecho de ser muy pocos no justifica que alguien tenga derecho a borrarlos física y culturalmente de su tierra natal.

Dice la Prof. Martha Canessa de Sanguinetti, que los charrúas “mataban”. Pero a la fecha, se sabe que esos charrúas que mataban, según todas las crónicas históricas objetivas, lo hacían en defensa de algo, de su tierra, de su vida o de la independencia de la Patria.

Otros crímenes atribuidos a charrúas posteriormente eran aclarados y no surgía allí la responsabilidad de los indios, sino de malhechores que aparentaban ser indios, y para este tipo de delitos, como ya dijimos, estaba la Justicia Penal.

Dice la Profesora, que “violaban”. No hay documentos serios que refieran  que los charrúas protagonizaron esa clase de atentados, evidentemente esto es parte de la leyenda negra que fabricaron los colonizadores.

En realidad quienes eran violadas eran las chinas charrúas, de cuyos embarazos surgieron tantos mestizos que luego dieron origen al gaucho y miles de descendientes. Recordemos que durante dos siglos y medio a partir de la conquista, solo llegaban a estas tierras hombres solos y en la Banda Oriental no existía ninguna mujer blanca todavía, entonces es fácil imaginar quien violaba a quien.

Además, Rivera, que buscaba todo tipo de acusaciones contra los charrúas, no hubiera pasado por alto alguna violación, si hubiera existido. Esto debe ser el mayor argumento contra lo que afirma la Dra. Canessa, que es aún más rigurosa que el propio Rivera contra los charrúas, señalándoles una conducta que no existió en los hechos ni en los documentos. Y si hubiera existido, estaba la Justicia para condenarlos.

Y si “robaban”, como acusa la Profesora, eran castigados por su propia disciplina y moral. Recuérdese a aquel cacique que estaba conversando con un cronista de la época y pasaron unos indios corriendo a otro. Se excusó el cacique y alcanzó al perseguido dándole algunos “macanazos” (palos) y derribándolo del caballo. Al volver al trote, dijo simplemente al cronista: “robó… robó”.

Las denuncias de los nuevos ganaderos a partir de 1930 por robos, deben interpretarse teniendo en cuenta la cultura y la libertad de aquel pueblo que habitaba desde hacía unos 2 o 3 mil años el lugar, y vivía su estilo. Y cazaban y pescaban, en lo que consideraban, legítimamente, su tierra. Ellos no fueron a cazar a España ni a Brasil, lo hacían en su hábitat. ¿Es muy difícil comprender esto?

Dice también la Prof. Canessa que, Rivera tuvo mala suerte, tuvo mala prensa”.

Contestaríamos que la primera mala prensa que tuvo fue la de sus propias cartas, como las que reproducimos más arriba, de donde surge explícitamente, dicho por él y de su puño y letra, todas las medidas, los planes, la incitación al engaño y a la trampa a los charrúas para que se les llevara a un lugar donde Rivera los esperaba con fuerzas militares desmesuradamente superiores para ejecutar la sangrienta masacre.

Y la mala suerte de Rivera puede haber sido que hoy se conozcan estos documentos, o sea, podamos ejercer nuestro derecho a recordar, a saber y a conocer la verdad de los hechos acaecidos en 1831.

Martha Canessa también afirma que los “uruguayos han inventado el mito de los charrúas, en cambio Rivera es un personaje auténtico”.

Innumerables documentos históricos dan cuenta de la existencia de los charrúas que fueron vistos por los españoles ya en el año 1515. Existen muchas descripciones de los charrúas como la de Félix de Azara, cerca de 1800. Además reconoce Azara que los españoles durante dos siglos no los han podido someter y por el contrario los charrúas han matado mas españoles que los millones de indios del imperio de los Incas y de Moctezuma juntos, y dice Azara: “Ustedes pensarán que se trata de una población muy numerosa”: “pues no pasan de 400 hombres de guerra”.

De entre todos los documentos nadie podrá dudar de la palabra de Artigas. Cita varias veces a los charrúas, en esos términos o como los “indios bravos”. En varios de sus partes hace referencias como esta: “los enemigos pagaron su obstinación ante la intrepidez de la caballería charrúa”, etc. etc.

También se pregunta la Prof. Canessa: “¿130 charrúas son un genocidio?”

Esta pregunta queda contestada con los ejemplos de genocidio expuestos en el artículo 6 de la Corte Penal de Roma.

De manera que no interesa la cantidad, si son 130, 100 o 1000, interesa la intención de aniquilar un grupo humano.

Pero además de la matanza, la Corte de Roma, o sea, Naciones Unidas y Uruguay, que ratificó el tratado, entienden como genocidio el “Traslado por la fuerza de niños de un  grupo a otro grupo”. Estas acciones se conocieron como el “reparto”. Y si quedara alguna duda, trascribimos una breve carta donde Ellauri, Ministro de Rivera, le pide a su amigo Comandante Felipe Caballero:

“hágame el gusto de remitirle á D.a. Agustina Rivera un chinillo, y á  la Madre una china mocetona aunq.e sea de las q.e están criando. P.a  mi escójame dos chicuelas como de ocho á diez años q.e p.r la mañana á las ocho mandaré p.r ellas antes de la bulla. Soy su affmo. am.o.” (Textual)

Siguiendo a Rivera, les sacaron los hijos a las mujeres charrúas, que se arrancaban los cabellos de desesperación. Hace 30 años sucedió lo mismo, pero ahora y antes la violación del lazo familiar es un acto que repugna la conciencia. El secuestro de niños, es considerado hoy genocidio. Y dice Canessa que eran los charrúas quienes  violaban!!!

En suma, los charrúas existieron, no fueron un mito ni un invento, y también existió Rivera, y de ambos da cuenta Artigas, cuya palabra creemos sea indudable para todos. Todo está documentado.

En cuanto a las declaraciones del Dr. Sanguinetti, ha dicho que los indios murieron a causa de la gripe y no a causa de la decisión del General Rivera. Que se trataba de un modo arcaico de vida, como si por ser arcaico no tuviera sus valores que ya hemos expuesto, no hubieran sido valientes, defensores de la independencia, y aliados de Artigas. Nos preguntamos si por ser arcaicos no tenían derecho a vivir como todo ser humano.

Estamos en presencia, sin duda alguna, de un genocidio, porque no interesa el número total de víctimas, sino la intención de aniquilar un grupo humano.

Los que están haciendo la apología del genocidio, no quieren aceptar los DD.HH. de los charrúas, y que todos esos derechos fueron violados al ser matados como animales en un potrero.

De este modo hemos confrontado los hechos descritos por el propio Rivera que constituyen moral y jurídicamente un genocidio según los conceptos de Derechos Humanos vigentes. Toda esta realidad tan actual, tan documentada está siendo negada por algunas personas que tienen la función de educar y trasmitir con veracidad los hechos históricos. La defensa tan forzada y con argumentos rebuscados que se hace de Rivera y las acusaciones sin fundamento contra los charrúas constituyen una apología del genocidio perpetrado en 1831.

Conste que no tuvo responsabilidad genocida ningún partido político, ni el colorado ni el blanco, ya que  éstos surgieron en  1836, con la Nación Charrúa ya exterminada.

Y por supuesto que hacer la apología,  panegírico o  hasta un himno de exaltación del genocidio charrúa no constituye ninguna falta ni delito. Es la opinión de unas pocas personas que hemos detectado, y que tienen acceso a la prensa oral y escrita.

Pero opiniones versus verdades contra la propia confesión de Rivera, y por escrito, ¿qué poder pueden tener? 

Tarde o temprano deberán reconocer que Rivera fue el ideólogo y el ejecutor de la masacre sangrienta, que se regocijó con  ella, se sintió orgulloso de haberlos “exterminado” y luego trató de disimularlo en lo posible frente al Gobierno del Estado Oriental.

Hoy se sabe la verdad. Ved la firma de Fructuoso Rivera en esas cartas delatoras.

Enhorabuena, entonces, ¡tenemos la verdad!

Uno de los Derechos Humanos fundamentales es el conocimiento de la verdad. Por lo tanto instamos a quienes tienen responsabilidades, a informarse tanto de la documentación histórica de nuestro pasado, como sobre Derechos Humanos y los tratados que han  sido  ratificados por  Uruguay sobre  genocidio.

Creemos que es hora de reflexión: no se puede seguir adulterando la realidad histórica, y los ciudadanos de hoy,  no somos tan incautos como aquellos que creyeron en quienes los llevaron al genocidio. Hoy tenemos los documentos probatorios, por lo tanto, el genocidio y  el fraude ya no tienen cabida. Es la hora de la verdad y de la dignidad. Pero además en el propio momento histórico del genocidio este fué señalado por la prensa de la época como un delito de “lesa humanidad” (ver libro “El genocidio de la población Charrúa”, ediciones Biblioteca Nacional 2009).

Si bien es un derecho recordar, saber la verdad es una obligación para tener el derecho a opinar, y a enseñar correctamente a nuestros hijos y a las generaciones del porvenir.

Entregar una verdad a una persona, a un niño, es respetar su dignidad humana y debe ser motivo de nuestro orgullo el hacerlo honesta e ilustradamente.

Psic. José Eduardo Picerno
Investigador del pasado uruguayo y de los Charrúas
Montevideo, enero 2006

aPARCERIA RIVERA TRAIDOR

Encendiendo sus parlantes puede escuchar
la canción charrúa “Salsipuedes”
http://www.internet.com.uy/charruas/swf/musica/salsipuedes.swf

Título: ” Salsipuedes”
(En recuerdo al genocidio charrúa ordenado por Fructuoso Rivera)
Música: Alan Gomes
Textos: Ernesto Michoelsson (Investigador)

En las puntas del Queguay
Cerquita del Salsipuedes
Una cita está esperando,
Una cita con la muerte.
Hay olfato en los caciques
Que no fueron al llamado,
Sepé, Vencol, Polidoro,
Presintieron algo raro.
Aquellos que concurrieron
Todos juntos y cercados
Hacia la historia más negra
Sus almas están volando.
Las mujeres con sus hijos
Sobre los montes, a un lado.
Luego allá en Montevideo,
Como perros al Reparto.
La violencia trae violencia,
Nada conduce a la luz,
Y Bernabé paga todo
En Yacaré Cururú.

http://www.internet.com.uy/charruas/html/genocidio.html

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