Democracia, laicidad y diversidad


OPINIÓN

“En cuanto a la población descendiente y defensora de originarios y sus comunidades, sufren desde los inicios de las instituciones una situación de postergación social imposible de reivindicar sin el diseño y la aplicación de políticas de reconocimiento como se ha hecho con otros colectivos vulnerados en sus derechos. La Nación Charrúa, con su diversidad de pueblos indígenas, esperan aún por las Acciones Afirmativas Artiguistas. “que los más infelices sean los más privilegiados” y la firma del Convenio 169 de la OIT como tributo a los derechos humanos de etnias vulneradas durante la colonia y arrinconadas de por vida.” 

Publicado el 17/5/2014 – 7:00

Como agrupación cultural, religiosa y política afroamerindia, tenemos lineamientos de trabajo encaminados o proyectados entre los cuales destacamos el interés por la reglamentación del aspecto cultural de la ley de acciones afirmativas para afrodescendientes. Queremos contribuir con el trabajo de revisión histórica a efectos de cumplir con la aprobada ley 19.122, concretamente en lo concerniente a la educación y la cultura. Esto incluye los cultos afro que son parte fundamental de la cultura afro.

Estamos interesados en la implementación de la Ley de Educación aprobada en el 2009 para que se aplique la laicidad inclusiva allí definida, un reclamo también del Diálogo Interreligioso. El objetivo es que se brinde información de la diversidad religiosa existente en la sociedad, naturalmente multicultural, y se imparta este conocimiento como parte de la currícula educativa de primaria y secundaria.

Los gurises salen de la escuela sabiendo lo que es un cura católico o padre, y está bien, son parte de la historia, pero ni se imaginan o se imaginan mal por la ausencia de datos fehacientes (más preconceptos y propaganda en contra), lo que es un chamán, un pajé, un Pai o una Mae. Ni bien surgen esas palabras, el imaginario popular asocia a curro, chantería y vulgaridad, chiste, clandestinidad o, en el peor de los casos, brujería. Muy pocos saben que son títulos honoríficos sagrados provenientes de tradiciones afroindígenas, raíces olvidadas.

Debe ser entendida “La laicidad —como dice el programa de nuestro partido de Gobierno Frente Amplio— como aceptación del pensamiento divergente, pluralidad de opiniones, análisis crítico, debate racional y democrático de saberes, respeto por la expresión de la diversidad de ideas, creencias y enfoques”.

En cuanto a la población descendiente y defensora de originarios y sus comunidades, sufren desde los inicios de las instituciones una situación de postergación social imposible de reivindicar sin el diseño y la aplicación de políticas de reconocimiento como se ha hecho con otros colectivos vulnerados en sus derechos. La Nación Charrúa, con su diversidad de pueblos indígenas, esperan aún por las Acciones Afirmativas Artiguistas. “que los más infelices sean los más privilegiados” y la firma del Convenio 169 de la OIT como tributo a los derechos humanos de etnias vulneradas durante la colonia y arrinconadas de por vida.

Siguiendo recomendaciones de organismos internacionales de DDHH (ONU), también nos proponemos potenciar el Diálogo Interreligioso como herramienta de convivencia social, involucrando actores políticos de todos los partidos y gobernantes. La reconstrucción del tejido social es responsabilidad colectiva, y las religiones como fuentes naturales de valores, debemos dar el ejemplo con señales de solidaridad, unión en la diversidad e intercambio cultural.

Urge la revisión de políticas públicas para desplazar modelos hegemónicos heterosexistas, machistas, racistas, eurocéntricos y similares, que condicionan la vida social de los uruguayos y conducen sin remedio a estereotipos, preconceptos, estigmatizaciones y a la jerarquización de costumbres e idiosincrasias dominantes.

Importa el reconocimiento de la diversidad cultural de nuestro país a nivel nacional y el tratamiento específico y en equidad de intereses, tarea en la que se incluya la palabra de los vulnerados como interlocutores válidos en el relato y posible inclusión y solución de su peripecia en el engranaje cívico de la comunidad uruguaya y latinoamericana que nos unifica. La palabra es integración.

“Desde la llegada del FA al gobierno, se avanza en la construcción de un proyecto de país diferente que supone transformaciones sustanciales en términos de consolidación de un Uruguay más democrático, en pleno desarrollo de las libertades, productivo e innovador y con mayor justicia social” (Bases Programáticas FA 2015-2010).
Trabajamos para que crezca y se enriquezca la democracia, que sea más sólida, que se ensanche y que se profundice, que tenga más peso y contenido.

http://www.republica.com.uy/democracia-laicidad-y-diversidad/

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