Nuestros indígenas murieron “con las armas en la mano”


HISTORIADOR PRESENTA RESULTADOS DE SU INVESTIGACIÓN

Diego Bracco fotos florida intendencia

Publicado el 4/5/2014 – 12:51

Que nuestros indígenas murieron con las armas en la mano no es una novedad. Tampoco que los últimos charrúas fueron aniquilados por el caudillo colorado Fructuoso Rivera, en lo que conocemos como “Matanza del Salsipuedes” el 11 de abril de 1831.

En la historiografía uruguaya, la masacre del Salsipuedes fue mostrada como una “batalla”. Pero según la historiografía revisionista, se trató de “la primera de una serie larga de acciones en una campaña de persecución e intento de exterminio de los charrúas en los inicios de la República”.

El episodio de Salsipuedes ha sido, hasta en los tiempos actuales, motivo de encendidas polémicas y controversias. Numerosas personas y asociaciones indigenistas han enfatizado la extrema maldad de esa acción. Las muertes de charrúas en Salsipuedes no significaron la extinción de todos los miembros de los charrúas, pero si su desaparición como pueblo cultural.

La Intendencia de Florida promovió la presencia del historiador e investigador uruguayo Diego Bracco, quien reside en España, y la presentación de su libro “Con las Armas en la mano: Charrúas, Guenoa-Minuanos y Guaraníes”, en el marco del Proyecto del Turismo Histórico Religioso de la Ruta de los Jesuitas.

Bracco es profesor de Historia del Instituto de Profesores Artigas y doctor en Historia por la Universidad de Sevilla y por el Programa Europeo de Doctorado. Es investigador asociado del Museo Nacional de Antropología y está especializado en el pasado indígena del Río de la Plata.

El investigador explicó fragmentos de su libro, entre los que mencionó el ataque que le costó la vida a Juan Díaz de Solís por los indígenas de la cuenca del Plata. Agregó que en la década de 1730 amenazaron la propia existencia de la fortificada Montevideo, y que en 1801 aniquilaron una partida de 50 blandengues.

“Sin embargo, a la larga fueron vencidos. Cuatro grandes episodios bélicos ocurridos en territorio del actual Uruguay muestran que muchos guerreros murieron con las armas en la mano”.  Agrega además “lo vulnerable que eran cuando carecían de caballadas, y que la imposibilidad de mantener a resguardo a las mujeres y los niños los condujo inexorablemente a la derrota”.

En el siglo XVIII, los indígenas que predominaban eran los “guenoas – minuanes”, y los guaraníes asociados a los Jesuitas.

También dejó expresado su interés por investigar en el ataque a la Estancia La Calera de Nuestra Señora de los Desamparados de 1750, como los asentamientos “Guenoas – Minuanes” en la desembocadura del Arroyo Pintado sobre el Río Santa Lucía Chico. Un grupo de docentes y estudiantes de historias del CERP Centro realizará un informe sobre esta experiencia.

La charla de Bracco se enmarcó en un ciclo de contribución a mejorar el conocimiento sobre el período indígena en el departamento y la promoción de la Ruta de los Jesuitas. Para junio se prevé otra actividad del profesor Rodolfo González sobre “Identidad Guaraní en el Uruguay”, y otra intervención del profesor Padrón Fabre sobre “San Borja del Yi”.

¿Por qué estos individuos, tan diestros en el medio rural, fueron vencidos?”, se pregunta el historiador. Seguidamente Bracco analizó cuatro conflictos bélicos de gran peso en nuestra historia ocurridos en 1701, 1751, 1801, 1831.

Precisamente el de 1831 es el episodio del Salsipuedes. “En Uruguay todo el mundo sabe sobre Salsipuedes, pero cuando se le pregunta a la gente qué sabe sobre estos indígenas, es decir: qué sentían, cómo vivían, cómo se manejaban en su ecosistema, lo normal es que solo se sepa esto”, cómo murieron y no cómo vivieron, dijo Bracco. Por ello, al historiador compatriota no le interesa contar detalles de su muerte, sino lo que estas poblaciones hicieron mientras poblaron nuestro territorio.

La matanza: historia con gusto a traición

En 1830, el propio Juan Antonio Lavalleja recomendaba a Rivera adoptar acciones “más activas y eficaces” para la seguridad de los vecindarios y la garantía de las propiedades afectadas por los charrúas, a los que consideraba “malvados que no conocen freno alguno que los contenga” y que no podían dejarse “librados a sus inclinaciones naturales”.

La decisión de poner fin a esos grupos charrúas habría quedado así a cargo de Rivera, quien mantenía buenas relaciones con algunos caciques. Desde su posición de presidente, Rivera convocó a los principales caciques charrúas, Venado, Polidoro, Rondeau y Juan Pedro -junto con sus mujeres y niños-, a una reunión a realizarse en un potrero formado por el arroyo Salsipuedes, diciéndoles que el Ejército los necesitaba para cuidar las fronteras del Estado.

Según los relatos, el 11 de abril de 1831 asistieron a la reunión varios centenares de indios, que fueron agasajados y emborrachados. En un momento, Fructuoso Rivera le pidió a su amigo el cacique Venado que le alcanzara su cuchillo para picar tabaco, y entonces lo habría matado de un tiro. Esa habría sido la señal para iniciar el ataque. Inmediatamente fueron rodeados por una tropa de 1.200 soldados al mando de Bernabé Rivera. Según la historiografía oficial -basada en el informe de Rivera- el saldo fue de 40 indígenas muertos y 300 prisioneros. Entre las tropas hubo 9 heridos y 1 muerto.

Los indígenas prisioneros fueron trasladados a pie hasta Montevideo. La mayor parte de ellos, fundamentalmente mujeres y niños, quedaron a cargo de familias de Montevideo donde sirvieron como esclavos. Cuatro de los sobrevivientes (Vaimaca Pirú, Tacuabé, Senaqué y Guyunusa) fueron entregados a un francés llamado François De Curel, quien los trasladó a París donde fueron exhibidos como ejemplares exóticos de América. Todos murieron en cautiverio. La única excepción fue Tacuabé, que logró huir con la hija de Guyunusa nacida en Francia, y no hubo más registros de su paradero.

La persecución no se agotó en la matanza de Salsipuedes. Bernabé Rivera tuvo un especial empeño en encontrar y exterminar a los que lograron escapar, en lo que él mismo describió como “el gran interés que [yo] tomo en la conclusión de los infieles”.

Luego de Salsipuedes, Bernabé Rivera fue enviado por el Presidente en busca del cacique Venado, que había huido con su gente hacia el litoral, cruzando el río Uruguay hacia territorio argentino. Según la versión más aceptada, lo encontró en el cerro Pintado y, con engaños, logró que lo acompañase junto a su gente (que no pasaban de 12) hasta la estancia de Bonifacio, un amigo suyo que se prestó a lo que iba a suceder. Los indios llegaron a la estancia y se les sirvió una cena en la cocina. Mientras estaban comiendo, trancaron la puerta y, a través de las ventanas, hombres armados los ejecutaron fríamente, según el estremecedor relato de Manuel Lavalleja.

Muchas campanas

Los historiadores, tanto liberales (colorados) como nacionalistas (blancos), presentaron el exterminio como una afirmación de los “valores nacionales”, en un caso, o de la “civilización”, en el otro.

El ex presidente Julio María Sanguinetti relativizó la importancia de la matanza, y la importancia de los charrúas como cultura al expresar: “No hemos heredado de ese pueblo primitivo ni una palabra de su precario idioma […], ni aun un recuerdo benévolo de nuestros mayores, españoles, criollos, jesuitas o militares, que invariablemente los describieron como sus enemigos, en un choque que duró más de dos siglos y los enfrentó a la sociedad hispanocriolla que sacrificadamente intentaba asentar familias y modos de producción, para incorporarse a la civilización occidental a la que pertenecemos”.

NOTA: Porque siguen diciendo que solo murieron 40?a uds les parece una cifra razonable para una masacre?fueron muchos mas eso dice el parte oficial de guerra de Rivera, q podemos confiar de ese genocida traidor?fueron mas de 400 entre mujeres y niños los masacrados, x eso se habla de genocidio o etnocidio la cifra de 40 no le cierra a nadie…

Nuestros indígenas murieron “con las armas en la mano”

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