Reconocimiento de la comunidad indígena en Uruguay implica la revisión del relato de la construcción de la nación.


Autocrítica

Hoy se conmemora el Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena. En este contexto se desarrolló ayer el Foro Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): Avances hacia su implementación en Uruguay.

Una niña con una guampa en sus manos, una capa de cuero y una vincha en su frente invitaba a ingresar a la sala. Una vez todos adentro, la niña se unió a otras personas de diversas edades y juntos hicieron sonar varias guampas y caracolas. Una vez que la ceremonia terminó, se presentaron como integrantes del Consejo de la Nación Charrúa (Conacha) y explicaron que lo que hicieron fue un llamado a sus ancestros. Contaron que recuperaron los instrumentos musicales de sus antepasados y que el llamado fue en las cuatro direcciones correspondientes a los puntos cardinales.

Luego se inició el primer panel: “¿A quién se aplica el convenio? Autoidentificación, derechos sociales y culturales”. A diferencia de lo que ocurre con los descendientes de indígenas que buscan conectarse con sus antepasados y sus raíces, los antropólogos invitados se encargaron de despegarse completamente de los colegas más veteranos. Tanto Nicolás Guigou como Gustavo Verdesio, ambos antropólogos especialistas en la temática, hicieron referencia a la “antropología caucásica” que ejercían los profesionales de antes. Además, ambos coincidieron al decir que pudieron ver las cosas desde otro punto de vista cuando se fueron a estudiar fuera de Uruguay.

Guigou, director del Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Udelar), sostuvo que durante años se dio cuenta de que “en Uruguay no hay indios”. “Hablar de Uruguay es hablar de la ausencia de indios”; “Hubo pero no hay”; “No hay, por tanto, ningún movimiento que se plantee como integrado por indígenas”. Así resumió Guigou algunas de las frases que escuchó a lo largo de su carrera y que aparecieron también en la historia nacional. Sobre el último punto se explayó diciendo que no faltaron investigadores profesionales que catalogaron de “no estar bien” a los que integran colectivos indígenas, a los que atribuyen “problemas psicológicos o psiquiátricos”. También se solía afirmar que se trataba de grupos de “farsantes” integrados por gente que tenía otros intereses. El investigador mencionó como ejemplo concreto al antropólogo Daniel Vidart, nombrado Doctor Honoris Causa por la Udelar, y cuestionó el título otorgado.

Verdesio también rememoró los dichos de Vidart e incorporó los del antropólogo Renzo Pi Hugarte, quien llegó a hablar de forma despectiva de la “charruamanía”. También habló de ideas peyorativas por parte de integrantes de la clase política, por ejemplo, las del ex presidente Julio María Sanguinetti, quien consideró a la comunidad como “primitiva”.

Teniendo en cuenta los avances en materia de investigación, la apertura científica a un “nuevo modelo” de antropología que ve con ojos críticos algunas percepciones del pasado, y la demanda de la comunidad, consideraron que Uruguay está más cerca de ratificar el Convenio de la OIT. Además, remarcaron que los discursos radicales ya no se escuchan, aunque hay una minoría de investigadores que todavía los sostienen.

El panel también estuvo compuesto por Juan Faroppa, integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo, y Andrés Scagliola, director de Políticas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social. Faroppa se refirió a los aspectos legales de la no ratificación, remarcando que se está incumpliendo con un derecho internacional.

Falta firmar

Mónica Michellena, delegada del Conacha que además comenzará a participar en forma activa en la Unidad Étnica Racial del Ministerio de Relaciones Exteriores, detalló a la diaria la importancia que tiene el convenio de la OIT. Sostuvo que no se refiere únicamente a los derechos laborales de los descendientes indígenas, sino que contempla todos los derechos del pueblo. Dijo que hace nueve años que están militando para que lo ratifiquen y que existen “miedos”, principalmente por parte de funcionarios del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, por lo que no lo terminan de ratificar.

Contó que los derechos territoriales que contempla el documento generan reparos. Explicó que las comunidades amparadas por el convenio internacional pueden hacer reclamos de territorios para conseguir desarrollarse. Michellena detalló que sus pedidos apuntan a la protección de bienes naturales, que son los lugares donde “estuvieron nuestros ancestros” y que cuentan con la “mayor biodiversidad”. A modo de ejemplo, mencionó a Montes del Queguay, ubicado en Paysandú.

En la jornada se escuchó la experiencia de Argentina, país que ratificó el convenio hace años.

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