Victoria Charrúa


(Por Felipe Ignacio Díaz)

 
Cuando Alejandro Magno se adentró con su ejército al este, en el Imperio persa y más allá, una de las primeras cosas que notó fue el grave error de su admirado maestro Aristóteles, que le había inculcado que aquellas tierras eran habitadas por bárbaros incivilizados, que tenían abominables costumbres. Lejos de eso, Alejandro se topó con una civilización digna de admiración y respeto.
La imposición de la “otredad”, de un enemigo bárbaro, incivilizado y que desate el miedo en el “nosotros” que siempre simbolizará el bien, la civilización y el progreso, ha sido imprescindible para todos los imperios y civilizaciones con necesidad de imponer su verdad como la única posible y deseable, y Aristóteles lo sabía muy bien. Los romanos lo perfeccionaron y los españoles lo pusieron brutalmente en práctica cundo se apropiaron del nuevo continente, a finales del siglo XV. “Primicapienti de res nullius” es el principio romano que los españoles tomaron prestado y que significa algo así: “el que llega primero, tiene derecho a adueñarse de algo que, supuestamente, no tiene dueño”. Por supuesto que, lo que llamaron América, no tenía dueño porque, para los habitantes originarios, es la madre tierra la dueña de todos nosotros y no al revés. Pero esos infrahumanos  que no conocían la propiedad privada y que no eran cristianos, pasaron a ser los “otros” salvajes, incivilizados, bárbaros que había que someter, esclavizar o exterminar.
Es por eso que le propongo al lector el ejercicio de desprendernos de esa lógica impuesta por los “conquistadores” españoles, y que tengamos, aunque más no sea en estas líneas, una visión mucho más amplia y desprejuiciada del maravilloso y enriquecedor arco iris terrestre que conformamos entre todos. Que tengamos por seguro que no hay que temerles a las diferencias, sino respetarlas y aprender de ellas, para enriquecernos como seres humanos.
Victoria Villalba está radicada en Villa San Marcial, una pequeña localidad ubicada en el corazón de la provincia de Entre Ríos, de poco más de 600 habitantes, a mitad de camino entre Basabilbaso y Villaguay, transitando la ruta provincial Nº 20. Por el viejo andén de la estación “Gobernador Urquiza” de San Marcial, pasa el ferrocarril y pudimos ver un puñado de potenciales pasajeros, sentados a la espera del trasporte. “Preguntá por Vicky”, me había dicho en un mensaje telefónico, y así lo hice en el correo, donde me indicaron que vive a las afueran, como yendo a Santa Anita.
 DSCN4626
 
Andén de la estación Gdor. Urquiza, Villa San Marcial
 
Nos recibieron Delfina y su bebé Ramón, hija y nieto de Victoria, que nos hicieron pasar al living de la casa, mientras nos comunicaban que nuestra anfitriona se apersonaría unos instantes más tarde.  
Victoria entra, saluda y pone una manta oscura, con guarda pampa, en el piso. Sobre ella, un puñado de semillas, plumas de distinta variedades de aves y una piedra de cuarzo, del tamaño de una bocha, quebrada al medio.
 
Victoria: Esto es un cuarzo. Esta piedra es de Salsipuedes (República Oriental del Uruguay) Delfina (su hija) le sacó una foto, y esto era violeta. Cuando llegamos acá, cambió de color…
 
Salsipuedes es el lugar donde se produjo el ataque sufrido por Charrúas, en la República Oriental del Uruguay, el 11 de abril de 1831, por parte de tropas gubernamentales al mando de Fructuoso Rivera, a orillas del arroyo Salsipuedes Grande, afluente del Río Negro. En el ataque murieron, según fuentes oficiales, 40 charrúas y 300 fueron tomados como prisioneros, algunos de los cuales lograron huir. Entre las tropas oficiales hubo un muerto y 9 heridos. El hecho es frecuentemente referido como punto culminante del exterminio o genocidio del pueblo Charrúa.
 

salsipuedes

 
Monumento en Salsipuedes 
 
V: Pertenezco a la Nación Charrúa, a la Comunidad Pueblo Jaguar de Villaguay. Tengo dos mil doscientas sesenta lunas, o 43 años. A lo único que le tengo miedo… (Piensa) No es miedo, sino que cuido, son los pies y las manos, que son los que hablan de mí… Podemos hacer desastre con ellos, pero son mis únicas herramientas y es lo que muestro. Por esa razón me pongo anillos. Son una herramienta porque son parte en lo que atiendo, son parte en lo que recibo y el adorno en mis manos es para poder hablar, nada más… Uso tobilleras también para adornar mis pies, porque son los que me mantienen y son los que reciben la tibieza de la madre tierra. Es la energía… (Continúa explicando)Es porque todo en esta tierra, todo lo que está sobre ella, le pertenece. Nosotros no somos los dueños. Tampoco somos los antiguos dueños. Sino que somos parte de la trama sagrada y tomar esto (por la piedra de cuarzo) como propiedad de uno… no es que una sea una mala persona porque la traiga y la saque de su lugar, pero ella siempre perteneció ahí. Las semillas (Que puso sobre la manta) son por la sabia que tomamos, porque nosotras como mujeres, somos fuentes. Las plumas son porque tenemos que tomar la visualización de las aves, de tener a nuestros hijos cobijados hasta que se sepan defender. Esta es una pluma de “charito”, ñandú pichón (señala una de las plumas que penden de su oreja) porque el Charrúa vino del sur detrás del ñandú, del “Choique”.  El ñandú, cuando pisa, marca la cruz del sur en su huella, y ellos se guiaban siempre por la cruz del sur, dejándola atrás. Por eso hay similitudes con el Ranquel, el Tehuelche…
 
Victoria Villalba habla en un tono y un ritmo que transmite paz y tranquilidad. Tiene el cabello entrecano y llamativamente corto. “Y eso que ahora le creció un poco…” Nos dice Delfina con algo de alivio. Después nos enteraríamos el porqué de tan drástica determinación capilar.
 
¿Cómo supo que era Charrúa?
 
V: Desde siempre… Cuando mamá y papá nos dejan a cargo de familiares, principalmente mi abuela. Toda gente del monte. Campos ajenos, pero siempre vivimos en el monte. Tal es así que las propiedades esas se vendían y les decían a los compradores: “Hay gente del monte adentro. No molestan, pero hay gente adentro. Si usted quiere, la podemos sacar y ponerla en otro lugar, pero siempre vivieron ahí y nunca hicieron problemas… ” Y bueno, siempre fuimos gente del monte. Después, al tiempo de ir a la escuela que íbamos a “papear” (comer) más que nada, había que tomar parte para el “Día de la Raza” y yo era medio indomable desde chica. Dos por tres me mandaban al rincón y de espalda, porque era cualquier cosa lo que yo decía, no coincidía para nada con la historia oficial.
Hay cosas y palabras que mi abuela decía y era muy sabia. Yo ya la conocí ciega, y eso que yo la conocí cuando yo tenía ocho años, más o menos, y ella pronunciaba algunas palabras (En idioma Charrúa), pero no delante de la gente. Principalmente ella era sola, siempre descalza y pelo largo blanco. Ella pronunciaba palabras y pedía protección siempre a la luna llena. Con el tiempo uno se va enterando cómo son estas cuestiones, las protecciones y todas estas cosas. Y ella pronunciaba muchos “Guidaí”. Era ciega y sin embargo no se perdía. Iba y hacía un fueguito y pedía protección a las “Guidaí” por todos nosotros. Éramos un montón de nietos que estábamos a su cargo.
Nunca nos faltó de comer. Comíamos una sola vez, eso si, pero nunca nos faltó de comer. Y algo espectacular era que las tortas fritas. Mi abuela ciega hacía el fuego (siempre el fogón afuera), estiraba la masa con las manos, con el revés de la mano sabía si la grasa estaba a punto… ¡Nunca se le quemó la grasa! Y muchas veces a una, mirándola, se le quema… Cuando hacía las tortas fritas eran de los dos lados iguales…
 

Foto Vicky

 
Victoria Villalba
 
¿Con su abuela vivían por acá, en la zona?
 
V: No, vivíamos en la zona de Villaguay. Yo nací en Villaguay  y me he criado en la zona de Lucas Sur Segundo (Al noreste de la ciudad de Villaguay). Ahí es donde pasé mi infancia con mi abuela y con parte de la familia. Parte de mi familia la creía loca a mi abuela. Si bien había diferencia de edades con sus hermanos, los más chicos con otro padre, tenían apellido y todo.  Habían estudiado y mi abuela no. Sin embargo ella siempre decía: “Ellos nos saben que son unos bichitos de luz…” Y ella siempre repetía “mucha luz” o “dale luz”, y la llamaba “Guidaí”. Guidaí es el nombre femenino del ciclo lunar. Los ciclos femeninos son las noches claras y los ciclos masculinos son las noches oscuras (zobá).
Lunas más acá, digo lunas pero serían años o tiempo más acá, yo ya estaba con el papá de mis chicos, le comenzaron a construir una casa en Jubileo (Junta de gobierno ubicada al este de la ciudad de Villaguay, y a 17 km de San Salvador), de material, y ella pidió que su habitación conservara piso de tierra. Los nietos decían: “¡Cómo va estar en piso de tierra!”. Le modificaron algunas cosas, pusieron su baño adentro, y ella decía: “Me hicieron el baño adentro y no voy a poder ver más la lechuza.” Claro, la escuchaban y decían que la abuela estaba “ida”, y para muchos de los que la cuidaban, la abuela estaba “ida”. Y en una de esas, que la fuimos a visitar para su cumpleaños… (Porque cuando le dieron el documento, ella puso una fecha: el 26 de agosto. Supuestamente, al momento de fallecer, lo hace con más de cien años) Ella se para y empieza a contar que a su primera hija la tubo en el monte, que parió debajo de un árbol (Le tiembla la voz). Por supuesto que fue echada por su padrastro que la había dado en préstamo (Como criada) a una familia de apellido “retumbante”. Y su primera hija es mi mamá. Decía que era una bebé hermosa, cuya primara cuna fue un cuero. Se asistió ella sola. Cuando llegó la noche, se la llevó a su madre, a escondidas de su padrastro. Mi mamá no me la había contado a esto, esto me lo cuenta mi abuela. De adentro (De la casa), la hija que la cuidaba nos dice: “No le hagan caso porque está perdida…”
 
Su abuela nunca había hablado de esto, hasta ese momento…
 
V: No… Y contó (su abuela) que en la crecida de no sé cuándo, ella vivía al lado del arroyo Villaguay, y que ahí, su mamá había escondido a su padre (Para que no lo llevara el ejército), que era un guaraní. Pero cuando su madre se hizo de marido otra vez, con un señor occidental, no le permitió verla a ella y sus hermanos. 
Una noche fría, mi abuela se quería levantar, a tomar su matecito galleta. La hija que la cuidaba le dijo que no se levantara. “¿No me voy a poder levantar en mi casa…?” le dijo mi abuela. Le quiso llevar el desayuno al otro día y le dijo que no iba a comer. “Tráiganme el enriado”, le dijo. El enriado era el tejido. Ella tejía precioso.
 
¿Tejía en telar?
 
V: No, con crochet. Le habían enseñado la genta donde ella había estado “prestada”, y tejía muy lindo aun siendo ciega.
“¡Pero no mamá, tapate que hace frío!”, le dijo la hija. “¡Pero, no voy a poder  enredar!”, dijo la abuela. Se acostó, se tapó y en veinte días se murió… “¿No poder ser dueña de mi…?”  Ella no estaba inválida y tampoco quería dar trabajo.
 
Usted suele decir que a los uruguayos les dicen Charrúas por Entre Ríos. ¿Nos puede explicar cómo sería eso?
 
V: Cuando esto era “república” (Charrúa) y estaba todo unificado, las bandas (márgenes del río Uruguay) eran toda una sola cosa. En la República Oriental del Uruguay son Charrúas porque pasaban acá. De allá pasaban para acá y de acá pasaban para allá. No por ser nómade, sino por ser preservacionistas. En consecuencia, nosotros no tenemos una “AbyaYala”, o sea: una América pre-establecida. En el horizonte todo nos pertenece. No éramos “uruguayos” y “entrerrianos”, o de la isla, o de la bajada, o de la subida, eso no existía. Los límites vinieron después. Y, mayormente, los limites en la época que se instaló el federalismo. Al imponer religión (en tanto dogma cerrado) ya no perteneces… Al imponer religión tenés que estar al mando de… Lo ejércitos marcaron mucho ese límite y muchos (originarios) se escondieron. Acá, en esta zona, no es novedad, quien hizo todo ese desastre fue el ejército. Más precisamente, con un nombre específico: Urquiza. Los originarios eran carne de cañón. El que sí trató de darles un espacio, en cuanto a que eran gente con alma, fue Artigas. Él después, en el Paraguay, vive de los saberes de los pueblos originarios. Él se hizo curandero y aplicaba la medicina Charrúa. En los ejércitos, a la hora de curar al enemigo, a la hora de juntar los cuerpos y enterrarlos en una fosa, eran los Charrúas lo que hacían eso.
 
En 1536 la invasión de la flota española al mando de Pedro de Mendoza fue neutralizada por una “confederación” de Guaraníes de Corrientes, Charrúas de Entre Ríos, Chaná-Timbúes de Santa Fe y Querandíes de Buenos Aires. Eran 23.000 efectivos organizados militarmente y bajo un mandato político claro. La consecuencia de esa acción fue la neutralización de la mayor flota española enviada hasta ese momento a América. La corona española tardó casi 50 años en intentar nuevamente el control del Río de la Plata.
Trescientos años después, estas mismas cuatro provincias firman el Pacto Federal en 1831, el cual sentó las bases de la Confederación Argentina. Aunque mucho había cambiado la sociedad en ese tiempo que de “india” había pasado a ser mestiza, tanto en objetivos como en métodos y ámbito de actuación, hay una evidente continuidad entre ambos hechos. Por supuesto que ya, a mediados del siglo XIX, prácticamente nadie se enorgullecía de su linaje originario.
 
V: Nosotros (por los Charrúas), en la actualidad no tenemos fluidez con el idioma, mezclamos un poco. Al Charrúa siempre se lo asoció con la lechuza, porque las lechuzas tienen ese concepto mugriento de que cierra un huequito y sabe esconder, y lo abre del otro lado, y junta mugre. Y el Charrúa siempre juntaba, sabía juntar hasta el enemigo (muertos o heridos en batalla) para curarlo, lo escondía también. El perro siempre fue un gran amigo del Charrúa. Se han encontrado restos de Charrúas con su perro.
Más allá de la similitud que tenemos todos los pueblos, mayormente el Charrúa tiene mucho tacto y se maneja mejor en la noche, porque tenemos la protección ya que, al nacer, somos ofrecidos a la gran Guidaí, a la luna llena. Ella es la que nos da protección y nos cuida. Junto con los cuatro elementos que nos dan y nos quitan, nosotros vivimos en relación… Para nosotros una lluvia es bienvenida, un fuego es bienvenido, el agua, el aire, el viento, todo es bienvenido para nosotros. Y eso es lo que sabemos aprovechar. Más allá de que se nos enseñe, para nosotros no nos es desconocido. Nosotros nacemos con unas determinadas cualidades que, por cultura impuesta, las vamos perdiendo. Todos tenemos ese “instinto sabio” que después vamos perdiendo por cuestión cultural. ¿Qué nos diferencia con los animales? El razonamiento, supuestamente. Yo a mis hijos les enseñé, pero acá no podemos recolectar. Yo no puedo recolectar medicina. Hay, poca, pero hay. Comer en el monte y enseñarles a los chicos: comer el tala, el tas, el murucuyá, el caraguatá que también se come y tiene fibra que se puede sacar, recolectar la chilca negra, pero en estos tiempos no podemos por las fumigaciones. Mis hijos alcanzaron a conocer el camachuí, que es la mejor versión del Charrúa: ellas trabajan en comunidad y defienden todas, no como la abeja que trabajan para zánganos y una reina.
Políticamente se dice que en Entre Ríos no hay indios. ¡Ya estamos mestizados! Pero hay una fuente muy grande y está en uno querer llevar adelante esa lucha, o esa bandera, o defender el territorio… Territorio, ya nos quitaron todo pero, el poder expresarnos, el poder decir que existimos, los pocos, o los muchos que habremos. Somos muchos, pero es una cuestión ya establecida o impuesta que: “Si sos cristiano, sos cristiano…” No podés ser impuro… Nosotros no es que no creamos en dios, si en una fuerza superior…
 
No en el dios que quisieron imponerles…
 
V: El dios que te ve impuro… Que porque te vea desnudo estamos impuros, que porque somos pecado, o porque somos esto o lo otro. ¡No! Al contrario…
El hacerles desaparecer los nombres, la raíces…
V: Exacto… Bueno: ahí está el error que cometió el ejército…  Si bien hay muchas cosas que se están perdiendo, hay mucha memoria. En las iglesias hay registros. Mayormente, no ponían “nativa”.  Los nombres más conocidos en la actualidad son Guyunusa, Sepé… Guyunusa es nombre de mujer y fue una de las que llevaron como zoológico humano, a París. Hace unos años los trajeron.
 
A  la masacre de Salsipuedes asistieron varios centenares de Charrúas, convocados por el Presidente Fructuoso Rivera y el ejército para conciliar diferencias, ofreciéndoles integrar tropas de cuidado de la frontera. Hasta allí acompañó Guyunusa a sus familiares e integrantes de su tribu. 1200 Soldados al mando de Bernabé Rivera persiguieron y sentenciaron en el acto a 40 indígenas -según el parte de Rivera, y “miles” según la historia oral- y tomaron a 300 prisioneros, entre los que se encontraba Guyunusa, a la que le fue arrebatado su hijo, un niño pequeño del que no hay datos registrados. Los prisioneros fueron llevados a pie casi 300 km hasta Montevideo, donde algunos fueron vendidos como esclavos y otros permanecieron en cautiverio. Durante el año siguiente a la matanza de Salsipuedes, Bernabé Rivera se dedicó a continuar con el genocidio del pueblo Charrúa.
Guyunusa fue entregada al director del Colegio Oriental de Montevideo, el francés François De Curel, quien consideró que el contacto directo con sobrevivientes de una raza próxima a su extinción despertaría el interés del público y los científicos franceses, y solicitó al gobierno uruguayo autorización para el traslado a París en 1833. María Micaela Guyunusa, Laureano Tacuabé Martínez, Vaimaca Pirú y SenacuaSenaqué, fue la lista completa de “especímenes”. El grupo es conocido en Uruguay como “los últimos Charrúas”.
 
 Ultimos Charruas
Monumento de los últimos Cahrrúas (Montevideo, Uruguay) Guyunusa es representada con su hijo en brazos 
 
V: Dicen que hacíamos una alfarería “barata”, pero había una razón. La hacían precaria para poder trasladarse y después molerla. El agua se llevaba en sacos de ortiga, o una calabaza,  o de caraguatá que se le ponía cera de abeja para que sea impermeable. Llevaban enseres para el reparo, cueros para las chozas… Nada más… Las cerámicas Charrúas son muy simples. Lo dibujos que hay son muy simples. Las cerámicas, como eran parte de la tierra, se desarmaban y se devolvían a donde pertenecían, solo se tomaba prestado. Mayormente se usó la calabaza. Lo mismo que el ritmo. La música no es un ritmo negro (afro), sino que es una monotonía, se toca con calabaza y otros instrumentos, y tiene el sonido propio del corazón(ejecuta el ritmo con un tamborcito hecho de calabaza). Yo me estoy haciendo esta tambora y para ejecutarse tiene que ser “rezado”, quiere decir que, para ejecutarse, tiene que tener fuego. (Le limpia una poco de polvo al instrumento y comenta) Como en toda casa occidental, hay mucha tierra… (Risas). Esto (Señala lo que sería el parche de cuero del tambor) va al agua y se pone fuego. Un mayor me tiene que habilitar a mí para que esto sea ejecutado.     
Siendo grande, encuentro a mi papá, un señor muy conocido, descendiente de Climaco Acosta (Atahualpa Yupanqui lo nombra en su milonga “Sin Caballo y en Montiel”, por haberlo conocido en su paso por Entre Ríos). Mi papá es Blas Acosta, y comenta que su papá (Abuelo paterno de Victoria) era Charrúa que se hizo cargo de su mamá y sus hermanos, y que se casa con una española: Doña Brígida Otero, una persona de alta alcurnia que ensañaba a hablar: (Imita el acento español) “Esta gente no sabe hablar con propiedad. Estas mujeres no saben entablar una conversación.” Mi abuelo después se hizo alambrador y vivía en las estancias.
El idioma Charrúa no tiene más de sesenta palabras, por eso muchos no lo consideran idioma. Pero el Charrúa no es de decir muchas cosas. No sé si se dieron cuenta que, cuando entré, les dije “Jalaná”, que significa alegría o risa. Según el contexto, porque no se puede hablar entra mucha gente, porque se habla mirándose a los ojos, con humedad y con un tono determinado. Con cada expresión el timbre es distinto. Contamos (números) muy despacio y como amanece (Teniendo de frente el norte, el sol sale por el este, a la derecha, y se pone en el oeste, a la izquierda) Ahora estamos transitando una luna creciente, a medida que va hacia allá (Del este al oeste, de derecha a izquierda), va creciendo.
 
Llamativo una española que se casara con un indígena…
 
V: Era llamativo, pero para mí “ya había cometido pecado”… Y ella lo lleva a vivir a Buenos Aires para que sus hijas estudiaran. Ella enseñaba protocolo y ceremonial. Mi abuelo fallece muy joven, según mi papá, de tristeza.
Mi papá es, más bien, gaucho. Él es de defender al gaucho. Es el primer animador que tiene la provincia, hombre de letras, historiador. Y mi mamá, también la vi después de grande, muy católica, ella no asume su origen… Si bien ella habla, pero como algo antiguo, de que su abuelita sabía decir… Pero esa chapa de católica no se la saca nadie. Y, en cuanto a mis hermanos (tengo hermanos por parte de madre como por parte de padre y somos como dieciséis), somos solo dos los que abrazamos esta espiritualidad. Pero respetamos, como seres únicos e irrepetibles. Cuesta… Yo vivo con un “occidental”, muy occidental, va con reloj a todos lados, católicos…
 
¿Y su compañero ha respetado siempre su elección?
 
V: Si… Es una novela… (Risas) Cuando yo lo conozco al “vasco” (Oscar Leiva), él tenía fobia a las mujeres. Yo lo reté, pero lo reté mal: que respetara porque había convivido, había tenido hijos, su mamá y todo… Nunca pensé que esa mujer que después le iba a calentar los pies, sería yo… Yo vine acá (San Marcial) a darle sangre a un amigo de él. Él ya tenía su pareja, se la había presentado a su mamá y todo… Ya hace más de 22 años, tenemos hijos en común… Compartimos 5 hijos y ocho nietos…… Nuestros dos hijos varones están en el ejército… Él (por su compañero) se dedica a los caballos. Se define como gaucho, como domador, como jinete. Últimamente preparábamos yeguas para polo entre los dos, o los tres, porque uno de mis hijos también participaba. Yo soy “petisera”, y ahí te podes dar cuenta quien cuida a los caballos. Pero casi nunca lo acompaño (a su compañero), porque a mí no me gusta el juego. Yo no manejo plata… Yo no estoy acá por los bienes materiales… No hago futurología, pero lo que me toque… Y los hijos no nos pertenecen, son todos grandes. Ya estoy como dedicada más a mí…    
 
En el living de la casa se destacan varias fotos, de muy buena factura, de Don Leiva, “el vasco” como le dice Vicky,  en acción sobre los baguales, y Victoria nos señala que en algunas aparece uno de sus nietos adolescente, que también es jinete.
¿En su trabajo con los caballos, hay algo de su tradición o es occidental?
 
V: Si… Es una cuestión de los dos…
 
Un poco de todo…
 
V: El manoseo de abajo es “puño ancestral”, y el acariciar, y todas esas cuestiones. Ya en manos de Oscar (Leiva, Su compañero) es otra cosa; con el vasco es otra historia. Mi familia paterna siempre se dedicó a la mansedumbre india, incluso viven de eso, de traer un potro, secretearlo, mandarlo al suelo y salir montado, no a los corcovos. Eso siempre lo hizo mi papá y lo tratamos de hacer acá. Pero el vasco, como es comercial… Como los caballos de polo. Y  tenemos los caballos para prueba de riendas.     
Cuando yo le dije a Oscar (Leiva): (Vicky lo trata de “Usted”) “Vamos a conocer a mi gente pero mire que viven en el monte… Allá hay mesa, pero no comemos todos sobre la mesa. Los animales, allá son parte del patio y de la casa. El perro, el gato, el loro, todos andan sueltos. Y no se asuste si parece un zorrino, o una lechuza, o una gallina que esté sentada debajo de la cama… Los pisos son todos de tierra”. “Si, vamos, todo bien… Si yo también me crié en el campo…”, me dijo. Mi hija Delfina era bebé (Más de veinte años atrás) y me pidió la mamadera. Delfina no estaba acostumbrada y no quería acostarse en el suelo, ni con almohadón ni nada, y como hacía calos nadie la quería tener a upa para darle la mamadera. Entonces le dijo mi mamá que fuera a la cama. Se fue y volvió llorando porque la había asustado una paloma que estaba en el respaldo de la cama (Se ríe). Al tiempo me dice el vasco (Don Leiva): “Yo pensé que, como convivían con todos esos animales, la cama iba a estar olorosa, y no, había sido gente muy limpia…” (Risas) Claro: todo esto, occidentalmente, es sinónimo de mugre… Nosotros teníamos, guachos en el patio, hurones, zorrinos, chanchos jabalí, todo en un gran patio…  A mi hija le daba de comer de mi boca y mis cuñadas y mi suegra decías: “¡Cómo vas a hacer eso que le trasmitís la bacterias!”  ¡Ni que yo fuera un dragón de Komodo¡ (Risas. Es una lagarto gigante que se alimenta, mayormente, de carroña y su mordedura provocan infecciones letales) Pero es mi hija y nosotros (Por los Charrúas) tenemos esa visualización… De ser como las aves, por eso hay mucha pluma. Hay semillas porque somos fuente…
Esto (señala un cuchillito envainado que está sobre la manta) lo traje porque me pasó un caso…
 
Por si los visitantes son hostiles… (Risas)
 
V: ¡No! Porque esto, para mí, es una herramienta. Yo lo uso de “verijero”…
 
Inmediatamente caigo en la cuenta de que en mi cabeza occidental, todo se puede transformar en un arma y en una amenaza. Nuestra “civilización” naturalizó la violencia y la respira en todo momento.   
 
V: Me pasó, en Paraná, volviendo de la Universidad de Oro Verde, de dar una charla. Cuando terminó, viste que seguís hablando, y te quieren tocar, sacar fotos, y parece que te ahoga… Es mi sensación. No parece, pero soy tímida y, a veces, le tengo miedo a la gente, a la muchedumbre.  Entonces se me acerca una señora y me dice: “Tengo el pasaje y falta media hora para que salga tu colectivo, y hace media hora que está el remis esperándote.” Salgo descalza… Yo, mayormente, uso vinchas con pelo largo… Los chicos, al recibirse, querían la foto y me hacían teñir el pelo. Cuando terminaron las fotos, volví a mi cuestión natural, como no sabía cómo sacarme la tintura, me corté el pelo, me rasuré la cabeza… Retomando: cuando llegamos a la terminal de Paraná, me bajo rápido del remis. Yo uso un chiripá y tenía puesto el “verijero” y la vincha. En eso, veo que viene gente. Cualquiera al lado mío es grande, pero lo que venía era un ropero. Dejos mis cosas y quiero ir al baño. Ir rápido, sacándome el morral y me empuja en un pasillo oscuro que hay camino al baño, me estampilla contra la pared y me dice que me saque el “arma”. “¡Identifíquese!”, me dijo. Dejo los bolsos y me quiero agachar para buscar mi documento, me dice: “¡Sáquese el arma!”. Me enderezo y le pregunto: “¿Qué arma?”. “¿De dónde es usted?”, me preguntó y le contesté que soy de San Marcial. “¿Y dónde queda eso?”, me preguntó y le contestaste que es del Departamento Concepción del Uruguay. Me agacho para buscar los documentos en el bolso, otra vez me dice: “¡Sáquese el arma! ¿Usted es entrerriana?”. Le contesté que si, que soy más entrerriana que el zapallo y me preguntó: “¿Hacia dónde va?”. Le contesté que a Villaguay y me volvió a pedir que me sacara el arma. Me vuelve a empujar porque cría que yo le estaba tomando el pelo. Bajo el brazo y rocé el cuchillo con el codo. Ahí me di cuenta… “¿Esto es un arma? Para mí es una herramienta pero bueno…”, le dije. “Déjela e identifíquese”, me dijo. Guardé el cuchillito y la vincha en el bolso y quiso saber de dónde venía yo. Le dije que de Oro Verde. “¿Y así?”, me dijo. Le dije que si, que venía de dar una charla, en la facultad de Agronomía, sobre Pueblos Originarios y le mostré un carnecito donde dice que pertenezco a la Comunidad Pueblo Jaguar. “No sabía que había indios acá… Discúlpeme: “¿Me permite una foto?”, me dijo. (Risas)
 
 
V: Mayormente, siempre me vestí así, siempre con plumas, siempre descalza… No por el hecho de que quiera llamar la atención. Para mí es natural mostrar mis hombros… Mis hijos siempre se acostumbraron a esto, no les parecía raro. Varias veces les han preguntado, siendo chicos en la escuela, que ese es un tema también que debo agradecer, porque hay mucha gente muy cerrada. Tanto Delfina como mi hijo Wilson (el nombre se lo eligió su papá), al tener su primer sangrado y entrar en la adolescencia le di la libertad de que elijan… Pero no es una condición que yo les impongo. Ellos ven como es mi actuar diario, y a partir de ahí, que ellos puedan elegir y les fui pasando mi conocimiento. Está en ellos que lo tomen o no…
 
¿La elección que usted les da es saber o no de sus raíces?
 
V: Exacto… Ya en la escuela secundaria fui a hablar con el rector, de que ellos no iban a usar, en las fiestas patrias y demás cuestiones impuestas, la escarapela ni cantar el himno nacional. Mis hijos ya me lo habían preguntado en la primaria, que porqué yo no cantaba el himno, o la marcha a Entre Ríos. Eso se los expliqué y les dije que yo iba a hablar por ellos, porque respeto la institución, porque es para formarlos. Cuando se empezó a establecer el “Día de Diversidad Cultural” hicimos láminas, los acompañaba. Por un lado fue polémico y por otro lado no. Por eso agradezco mucho a la escuela. A la escuela de acá. (Por San Marcial)…
 
No debe ser fácil encontrar una institución que respete esta elección…
 
V: En la primaria la escuela se llama “Gobernador Urquiza” y en la secundaria “Entrerrianía”. Con todo esto, el rector se interesó. “Yo también tengo raíces pero no sé cómo encarar…”, nos dijo. En el Senado Juvenil mi hijo hizo un trabajo (año 2011). Ahí presenta el trabajo de la “Identidad” y propone un “Día de la Mujer Originaria de Entre Ríos”. Después se decepcionó, porque al ir los trabajos elegidos al Senado Juvenil, se supone que beneficia a la provincia, pero benefició solo a un pueblo. Igualmente le pidieron copia del trabajo, porque el mismo jurado, el mismo Senado, no sabían que existen seis comunidades… Onkaiujmar de Paraná, Hue Guidai Bera de Maciá, Ytu de Concordia, Comunidad Charrúa de Federal, Comunidad Charrúa de Sauce de Luna y nosotros: Comunidad Pueblo Jaguar de Villaguay. Hasta nos pidieron personería jurídica, supuestamente para poder tener algún beneficio…
 
Honorable Cámara de Diputados de la Nación
Trámite Parlamentario  92 (18/07/2007)
Sumario: EXPRESAR BENEPLACITO POR EL OTORGAMIENTO DE LA PERSONERIA JURIDICA A LA COMUNIDAD CHARRUA, PUEBLO JAGUAR, DEL DEPARTAMENTO DE VILLAGUAY, PROVINCIA DE ENTRE RIOS.
Firmantes: OSUNA, BLANCA INES.
Giro a Comisiones: POBLACION Y DESARROLLO HUMANO.
(Copiado de la página de la Cámara de Diputados de la Nación)
 
En una charla que usted dio, comentaba que un artista había dicho que grabó con el coro de la  Escuela Alternativa Charrúa Etriek, porque ahora “está de moda”. ¿Podría comentar como fue esto?
 
V: Bueno…  Él es un señor con el cual yo he compartido escenario, porque en mi época de juventud fui bailarina. No me han pasado los años, pero si los kilos, por eso dejé… (Risas) Este hombre hizo un trabajo, grabó con alemanes y de otras nacionalidades. “Y como ahora está de moda, grabé con la escuela Charrúa Etriek”, dijo en una entrevista radial. Esta es una escuela que hace un trabajo bellísimo, pero es una escuela “alternativa”… Muestra al Charrúa, pero no lo muestra francamente, a dos manos… Supuestamente tenemos gente que nos representa en el I.N.A.I. (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) que nunca se contactaron con nosotros para informarnos de sus actividades.
Estaba por ir a verlo al teatro “3 de Febrero” a este artista, cuando se presentaba con este trabajo discográfico, pero me indignó tanto que dijera eso por radio… La versión que cantaron es una rogativa. Me molestó que lo dijeran mal y lo tradujeran mal. Pero bueno: si ese es su sentir, si eso es lo que ellos sienten al cantar, si eso es lo que él siente… está bien, allá ellos… Pero me tocó mal el hecho de que él es un eximio músico y que no se interesara, que no se empapara en la consecuencia. Y ahí es como que quedé con Charrúa Etriek… (Hace una mueca con la boca, apretando los labios y moviendo las comisuras hacia abajo, en gesto de desilusión).
 
Victoria evitó cuidadosamente dar el nombre de este artista. La canción se llama “Basqüadé”, y aquí se puede ver la interpretación en el teatro “3 de Febrero” de Paraná:
 
V: De los años que hace que yo integro la comunidad, que son bastantes ya… Cuando mi hija Delfina iba a la escuela secundaria y a través de la escuela que reconoció tener alumnos Charrúas. Y por un resarcimiento moral, ella recibió una beca de estudios durante tres meses.
La comunidad Pueblo Jaguar esta diseminada en varios lugares. Sus integrantes están “desparramados” ¿No?

V: Para mucha gente, las comunidades actuales, no son vistas como tales porque estamos dispersos. Dispersos por el hecho de, además del genocidio, no poder hablar en voz alta y gritarlo a los cuatro vientos, de poder practicar con fluidez nuestra espiritualidad y estamos obligados por los tiempos que vivimos, por cuestiones laborales.
 
¿Y cuando tienen que tomar una decisión, decidir una acción, cómo hacen? ¿Se reúnen?
 
V: Yo gozo del privilegio de estar más en contacto con la tierra y la naturaleza. Mayormente, la gente de la Comunidad Pueblo Jaguar vive en la ciudad. Algunos son abogados, otros son profesores, etc. Si a mí se me hace difícil, que estoy acá en contacto con animales y todo, para ellos es mucho más difícil poner los pies sobre la tierra. Tengo el privilegio de no manejar plata y ellos continuamente están obligados… Porque por más que planten en el fondo de la casa, o en un cajón, o un departamento, se nos hace difícil. Por decirlo de alguna manera y sin ofender a nadie, seguimos a la multitud. Los hijos de la mayoría tienen otra actividad y se reconocen,  respetan y están con las manos y un pie en la comunidad, y el otro pie en cuestiones de la religión. Porque hay testigos de jehová, hay evangélicos, católicos y es algo con lo que se lucha constantemente. Como definidos y plantados, somos muy poquitos. Por ejemplo: El jefe que teníamos, porque para trámites burocráticos hay que tener un jefe, es profesor de una escuela primaria que está rodeada de soja, y tiene que imponer los atributos como director porque el protocolo así lo exige. Y uno está como partido porque, por cuestiones protocolares y de trabajo, uno los tiene que hacerlos reconocer, tiene que hacerlos respetar, pero en su profundidad uno se pregunta: ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué sigo al occidental?
Acá, en mi casa con el vasco, lo único que respeto yo es el horario de su comida, al medio día. Después, la casa limpia, todo… “Tenemos una casa, vivamos en ella, no para ella…” Ese es mi pensamiento. Este no es el ámbito que yo hubiera querido para recibirlos a ustedes…
Como Comunidad nos reunimos. Más precisamente, tratamos de no involucrar nuestras casas ni nuestras familias. No tenemos un lugar, un espacio propio. Siempre se elige un lugar público, mayormente es el balneario (De Villaguay), o alguien consigue algún permiso para entrar en algún campo y estar en el río Gualeguay, para estar y fortalecernos nosotros. A veces el tema de los solsticios no los podemos hacer por lluvias, o porque alguno tiene trabajo, o está con exámenes, o tiene audiencia… Ocupaciones occidentales. Porque nosotros nos renovamos cada solsticio y todo tiene su porqué: Los solsticios para los vientos, los solsticios de verano, de otoño, de invierno; y en invierno es cuando nosotros nos renovamos, junto con la madre tierra que se mete para adentro y quedan los árboles desnudos Porque dicen que las raíces van buscando humedad; no, van buscando la sabia que está profunda. Y ese es un momento en que nosotros tendríamos que tener descanso.
 
¿Y las reuniones son solo a nivel espiritual, o también se toman decisiones?
 
V: Si, si… Se toman decisiones… ¡Se chusmea también! (Risas) La personería jurídica la tenemos desde el 2007, cuando fallece Rosa Albariño, que sale nuestro libro “Entre Ríos: La gran isla charrúa”, con una ilustración, que era para repartirse en las escuelas y  después no sé qué se hizo. Se ha querido imponer la educación bilingüe y con eso no estoy de acuerdo. Como en el norte que se enseña Wichi con castellano. No es que no queramos o que tengamos falta de voluntad. Lo que pasa es que nuestra espiritualidad no se enseña rápido, no se puede enseñar matemática si tenemos una base de cuatro, no se puede enseñar el contenido de la espiritualidad cuando tenés soja o con el ruido permanente. Se necesita una internación distinta a lo que el chico está habituado a leer, porque lo que nosotros enseñamos no se plasma en un cuaderno, es vivencial. Porque en nuestra enseñanza va también la medicina, va la racionalidad comestible. No es arrancar y coleccionar plantas y llevar a la escuela, no. Porque también tenés que relacionarlo con las lunas, con los solsticios, lo que está abajo y lo que está arriba, lo que tiene fruta y lo que no tiene fruta. Te lo digo a grandes rasgos, pero es muy amplia la consecuencia.
 
La bibliografía consultada para esta nota le pertenece a un autor muy respetado en los círculos académicos.
¿Lo conoce a Juan José Rossi?
 
 juan-jose-rossi
Profesor Juan José Rossi
 
V: Un señor que vive de nosotros, pero no nos acepta a nosotros. Un señor que no nos puede mirarnos a los ojos. Es un señor que me huye, no sé por qué. Él no nos actualiza: “vivieron, vivían…” Tiene muchos datos pero no nos muestra ni nos nombra en la actualidad; no nos incluye en la actualidad. “Las comunidades eran las de antes, no las de ahora…” Como si nos extinguimos y lo que hay ahora son mestizos.
 
Busca y saca un trozo de tela circular, dividido en cuatro porciones iguales en tamaño, pero distinto color: rojo, marrón, verde y azul. En cada una de estas porciones hay una inscripción.
 
 bandera
Bandera Charrúa
 
V: Esto va sobre una base negra. Esto simboliza cuando el Charrúa gozaba de la plenitud, de cuando se dividieron las tierras, tiempos de guerra cuando lo hicieron desaparecer y la parte azul simboliza el resurgimiento. Esta es la bandera Charrúa.
Mucha gente dice que por quéno nos damos a conocer, porqué no nos juntamos, porqué no peleamos… Porque se está dando de esta manera… Hay apuro entre nosotros, porque hay viejos que se están yendo…
 
Las cifras oficiales reconocen que  un total de 676 personas de origen Charrúa habitan en Entre Ríos. Pero teniendo en cuenta un estudio genético de la Universidad de Buenos Aire del año 2005, que determinó que el 56% de los argentinos tenemos antepasados  indígenas, deberíamos repensar cómo hemos construido la “otredad” en nuestro país. Deberíamos dejar de sentirnos ajenos a las cuestiones de los originarios, para empezar a sentir que somos la misma cosa. (http://old.clarin.com/diario/2005/01/16/sociedad/s-03415.htm )
No son una “moda” ni una “atracción turística”. No son pasado extinto ni criaturas extravagantes dignas de ser exhibidas como “curiosidad”. Están entre nosotros y en nuestra sangre. Son parte indivisible de nuestra identidad.
Como tantas otras naciones originarias, los Charrúas fueron sometidos, perseguidos, esclavizados, despojados, usados, maltratados, forzados a ser extraños en su propia tierra y asesinados. Pero, como tantas otras naciones originarias, el Charrúa sigue vivo en nuestra sangre, nos guste o no nos guste.   
 
Anuncios

2 Respuestas a “Victoria Charrúa

  1. Con cierto malestar y mucho dolor, tengo la necesidad de hacer esta intervención: Pertenezco a la Escuela Popular Charrua Etriek y tengo varias objeciones que hacer a las declaraciones de Victoria. Primero, me gustaría saber que quiere decir ella con que no mostramos la identidad charrúa “francamente, a dos manos”, cuando ella nunca ha participado ni ha asistido a ninguna de las acciones desarrolladas por nosotros -desarrollaré esto más adelante)-. Segundo; ella expresa desilusión con nosotros – a quienes no tiene empacho de prejuzgar-, por las declaraciones hechas por Miguel González, a quien se cuida de nombrar (pre juiciosamente estaría dando a entender que compartimos sus dichos -de los que nos enteramos en esta nota-, si no, no tendría sentido la desilusión). Tercero, pareciera que se bebiera informar a ellos a través del INAI de nuestras acciones, cuando nosotros no tenemos ninguna relación legal con ese organismo ya que NO TENEMOS PERSONERÍA JURÍDiCA -sí la tiene Pueblo Jaguar, acatando las disposiciones del organismo con la promesa de beneficios, y en realidad ese fue el origen de esa comunidad, a instancias de los beneficios posibles de recibir por parte del estado o fundaciones por tener personería jurídica (nosotros nunca entramos en ese juego)-, somos un emprendimiento comunitario de una COMUNIDAD REAL. Último: precisamente, por no dejar de ser absolutamente francos se produjo nuestro alejamiento de Pueblo Jaguar (que por aquel entonces Victoria ni cerca estaba de pertenecer todavía)-, porque pareciera que eso fuera una condición para acceder a la personería jurídica –puedo desarrollar mucho sobre esto, pero mucho se podrían sentir afectados y sinceramente no está en mi la intención de acrecentar la discordia, y espero que está bola de nieve generada por esta persona no me lleve a tener que hacerlo).

    Javier Humberto Alvarez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s