Los panfletos atrasados


El respeto a las reglas, a las leyes, y a las normas ambientales que rigen en un país, es lo que diferencia a una nación seria de un país bananero, ¿en dónde quiere vivir Mujica?

El Presidente se equivoca feo. Sus palabras defendiendo a Aratirí, y su ataque ciego a cualquiera que osa marcar una discrepancia, vuelve a mostrar a un político agresivo, intolerante, pero sobre todo, con el libreto atrasado sobre lo que está pasando en el mundo.

El primer error de Mujica es meter todo en una misma bolsa. Según él, hay gente que se opone a cualquier cosa que pueda implicar “progreso” para el país, y mencionó el tema de la regasificadora, de la energía eólica, la forestación y la soja. Y en medio de eso, como al pasar, el proyecto de Aratirí. Es mezclar manzanas con ferrocarriles. Para empezar, la oposición a la regasificadora, o a la energía eólica, se debe al reclamo de pobladores locales que no quieren esos emprendimientos cerca de sus hogares, pero hay un fuerte consenso nacional sobre su necesidad. Sobre la forestación, sería bueno acordarse qué decía Mujica cuando los gobiernos blancos y colorados impulsaron ese desarrollo productivo. En el caso de Aratirí estamos hablando de un proyecto que va a cambiar el mapa nacional, que va a implicar una actividad minera extractiva en plena zona fértil productiva agropecuaria. Bien distinto a los ejemplos que él menciona de Finlandia o Noruega, donde se hace en zonas desoladas en las que es imposible otro tipo de producción. Se trata de una actividad contaminante, no renovable, que afectará a cientos de predios vecinos, y que insumirá el uso casi exclusivo de varios kilómetros de costa oceánica altamente productiva en actividades renovables y modernas como el turismo.

Como si fuera poco, se trata de una empresa ignota, sin ningún antecedente de una explotación semejante, y que no da explicaciones claras de cómo recuperará las zonas afectadas por su funcionamiento. Pero además, es un proyecto ideado en base a cálculos realizados en pleno boom del precio de los minerales. Un ciclo que ya ha comenzado a declinar. ¿Quién garantiza en estas épocas de cambios vertiginosos que la demanda y precio de estos minerales se va a mantener por 30 años? ¿Quién se hace cargo de los destrozos, si en un par de años la ecuación deja de ser rentable? No se trata de una oposición cerrada y absoluta al proyecto. Es sólo que así como está planteado, brinda más dudas que certezas.

Acá viene el segundo error de Mujica. Despreciar a la gente con formación académica y que pretende trabajar seriamente los temas, como es el caso esta vez, de la Dinama. ¿Cómo puede ser que el Presidente salga a decir que el proyecto se concreta en noviembre sí o sí, cuando los expertos que deben analizar su impacto ambiental y autorizarlo, todavía no reciben de la empresa la información para hacerlo? El respeto a las reglas, a las leyes, y a las normas ambientales que rigen en un país es lo que diferencia a una nación seria de un país bananero, ¿en dónde quiere vivir Mujica?

Un tercer error del Presidente Mujica, repetido e irritante, es arremeter contra cualquiera que se anima a marcar un matiz con su forma de ver el mundo. Ahora le tocó a la Asociación Rural, a la que acusó de oponerse a Aratirí para tener “peones baratos”, y de estar siempre reclamando inconstitucionalidades. Primero, si los asesores de Mujica estudiaran un poquito más antes de redactar las leyes, no habría reclamo que prosperara. Segundo, en un país con 6% de desempleo, y donde la mano de obra en el medio rural es cada vez más escasa, tecnificada, y mejor paga, las palabras de Mujica solo se explican por dos motivos: la ignorancia supina de lo que pasa en el país, o la mala fe y el resentimiento.

El último error del Presidente es tal vez el más grave, pero el menos achacable a su responsabilidad. Es no entender que el avance tecnológico mundial hace que este tipo de desarrollos como el minero, sean cada vez más anacrónicos. Vivimos en tiempos de impresoras 3D, de revolución biotecnológica, de avances inimaginables en la creación de materiales en laboratorios. Que un país con nuestra escala, nuestra mano de obra, y nuestra ubicación global, crea que el hierro puede ser el futuro, solo cabe en la cabeza de un político cuyo ideal de desarrollo es el de la revolución industrial.

Para cerrar, una sugerencia para el Presidente. Sería bueno que dejara de citar a Latorre y su triste frase de que los orientales son ingobernables. Para poder decir eso, primero habría que intentar gobernar, cosa que a la vista de los resultados de sus ya cuatro años de gestión, está claro que nunca ha hecho.

 

El respeto a las reglas, a las leyes, y a las normas ambientales que rigen en un país, es lo que diferencia a una nación seria de un país bananero, ¿en dónde quiere vivir Mujica?

http://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/panfletos-atrasados.html

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