Farmacopea de la selva


“Cuando yo era niño, mi zona natal fue invadida por una plaga de langosta. Un anciano, vecino nuestro, quemó una “medicina” en su campo para alejarla. Al cabo de unas horas, las langostas habían arrasado todas las cosechas, hierba y árboles de la zona, dejando a todo el mundo con la aterradora perspectiva de una próxima época de hambre. Con mis propios ojos vi. que, a pesar de que todas las cosechas limítrofes estaban devastadas, la cosecha de mi anciano vecino había permanecido intacta. Había oído hablar antes de los increíbles poderes de las “medicinas tradicionales”, pero era la primera vez que las constataba personalmente…”.

Quien esto nos cuenta es un observador excepcional del folcklore, tradición y filosofía africanas, el Dr. John Mbiti. Nacido en Kenia en 1931, John Mbiti tuvo la posibilidad de cursar estudios universitarios en Uganda, Estados Unidos y Gran Bretaña, donde se doctoró en Filosofía. Pese a ello, jamás perdió el contacto directo con su pueblo, al que viajaba cada año. Esta equilibrada mezcla de tradición y formación indígena y occidental hace del Dr. Mbiti una de las opiniones más objetivas y cualificadas sobre la medicina tradicional africana. Sus obras, Concept of God in África (1970), The prayersof África (1975), o African religions and Philosophy, entre otras, son valiosas herramientas para comprender el complejo mundo tradicional africano.”
http://www.onirogenia.com/chamanismos/curanderos-chamanes-y-sanadores-medicina-magica/

Curanderos, chamanes y sanadores…

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Despreciados y difamados por la medicina oficial, los médicos-tradicionales, brujos, meigas, marabús y curanderos de todas las culturas, poseen desconcertantes conocimientos botánicos y fisiológicos que, sin embargo, podrían enriquecer nuestro conocimiento de la enfermedad y la lucha contra el dolor. Hemos recorrido diferentespaíses de África, América y Europa, para conocer in situ a los médicos-tradicionales de distintas culturas.

Supongo que muchos turistas, que buscando repelente de insectos, preservativos o aspirinas, hubiesen entrado en aquel local de La Habana se sorprenderían ante el cartel que presidía las estanterías semivacías de la céntrica farmacia: “Aquí usted puede adquirir su Medicina Tradicional Natural”. Ese sencillo cartel supone un excelente síntesis de la pacificación entre medicina alopática y homeopática que ha llegado a Cuba. Uno de los países que posee los médicos con mejor formación académica y que, sin embargo, no teme acoger la medicina tradicional en su seguridad social, en sus hospitales, y en sus farmacias… ¿Cuál es el secreto? ¿Acaso la medicina oficial en Cuba presta crédito a los curanderos y sanadores (charlatanes para muchos) que en el resto del mundo los Colegios Médicos persiguen como a la peste? ¿Se trata de un ejemplar ejercicio de tolerancia y reconocimiento al saber de nuestros mayores…? Sólo en parte.

El bloqueo que sufre el pueblo cubano hace que los medicamentos escaseen en toda la isla, y las “famélicas” estanterías de aquella farmacia eran un buen ejemplo. Y a causa de esas carencias farmacológicas, a los médicos “oficiales” no les quedó más remedio que acudir a los “hierberos” y a los “médicos tradicionales” que, desde hace generaciones, sanaban a sus vecinos con extraños ungüentos y pócimas mágicas… De esta forma, llevados por la necesidad, la moderna medicina “científica” y la tradicional medicina “mágica” han encontrado en Cuba su punto de intersección.

En diferentes viajes a la isla médicos, ATS y personal sanitario de toda índole nos comentaron los beneficios que la medicina tradicional puede aportar a la ciencia médica. Mas aún, algunos incluso nos acompañaron a las consultas de esos “médicos­brujos”, que combinan la farmacopea natural, la manipulación de “las energías”, y sistemas de diagnóstico que rayan lo extrasensorial… Algo que solo habíamos vistoantes en África, la cuna de esa misma medicina tradicional cubana, y de toda la humanidad.

Farmacopea de la selva

“Cuando yo era niño, mi zona natal fue invadida por una plaga de langosta. Un anciano, vecino nuestro, quemó una “medicina” en su campo para alejarla. Al cabo de unas horas, las langostas habían arrasado todas las cosechas, hierba y árboles de la zona, dejando a todo el mundo con la aterradora perspectiva de una próxima época de hambre. Con mis propios ojos vi. que, a pesar de que todas las cosechas limítrofes estaban devastadas, la cosecha de mi anciano vecino había permanecido intacta. Había oído hablar antes de los increíbles poderes de las “medicinas tradicionales”, pero era la primera vez que las constataba personalmente…”.

Quien esto nos cuenta es un observador excepcional del folcklore, tradición y filosofía africanas, el Dr. John Mbiti. Nacido en Kenia en 1931, John Mbiti tuvo la posibilidad de cursar estudios universitarios en Uganda, Estados Unidos y Gran Bretaña, donde se doctoró en Filosofía. Pese a ello, jamás perdió el contacto directo con su pueblo, al que viajaba cada año. Esta equilibrada mezcla de tradición y formación indígena y occidental hace del Dr. Mbiti una de las opiniones más objetivas y cualificadas sobre la medicina tradicional africana. Sus obras, Concept of God in África (1970), The prayersof África (1975), o African religions and Philosophy, entre otras, son valiosas herramientas para comprender el complejo mundo tradicional africano.

Resulta especialmente interesante el testimonio de un doctor en filosofía, profesor universitario y de marcada formación occidental, que confirma tantos relatos espectaculares sobre los prodigiosos poderes de la “medicina tradicional”.

Este concepto de “medicina tradicional” no se limita al tratamiento de las dolencias físicas del organismo humano, ya que en la particular religiosidad y filosofía tradicional africana, el hombre forma parte de un complejo entramado ontológico en estrecha relación con Dios, los espíritus, los antepasados, los animales y plantas y los objetos y fenómenos sin vida… Por esta razón, en los tratamientos para combatir el mal en cualquiera de sus manifestaciones, la “medicina tradicional” africana utiliza en sus diagnósticos, terapias y remedios, herramientas tan diversas y dispares como trances, ungüentos animales, plantas medicinales, espiritismo, mancias, piedras mágicas, danzas rituales, etc.

En sus estudios, el Dr. Mbiti refleja claramente que las diferenciaciones entre los “especialistas” hechas habitualmente por los antropólogos, a saber: brujos, curanderos, hacedores de lluvia, reyes y sacerdotes, normalmente no existen. Con frecuencia, un mismo personaje realiza varias de esas actividades, ocupando, lógicamente, un importantísimo papel social en la tribu o aldea.

Resulta fácil comprender ese “pluriempleo” de los médicos tradicionales africanos, conociendo la estructura de su sistema de creencias. Creencias en las que resulta incomprensible asumir conceptos como virus, tumor, célula, etc. Cuando un niño enferma de malaria, sus padres no pueden aceptar sencillamente que la picadura de un mosquito originó ese mal. Si ese mosquito picó a su hijo y no a otro niño, es por alguna razón, y esa razón aparece siempre ligada a la actividad de un espíritu o a un acto de hechicería.

Tal vez esa concepción mágica de la enfermedad es la que llevó a los colonos, misioneros y “civilizadores” blancos, a despreciar despóticamente a los médicos tradicionales, acusándolos de charlatanes, estafadores y fraudulentos. Y todavía hoy algunos antropólogos, médicos y demás ralea “racional” repite cuan eco aquellas viajas y pretenciosas voces “civilizadas” que considera un engaño cualquier tipo de medicina no certificada en una universidad… lamentable limitación.

Sin embargo, afortunadamente, cada vez más profesionales comienzan a replantearse que, tras esa compleja red de creencias ancestrales que parapetan la curación de los médicos tradicionales, se ocultan conocimientos valiosísimos para el avance de la medicina.

Algunas de las técnicas, aparentemente absurdas, de los médicos-brujo han resultado ser tremendamente efectivas. Pondré algún ejemplo. La mordedura de las serpientes “mamba-negra” es mortal. Se suponía que una persona muere a los cinco minutos de una mordedura. Sin embargo, inmediatamente después de la mordedura de uno de estos reptiles, el médico tradicional cavaba un agujero en el suelo igual a la estatura de la víctima. Quemaba leña en el agujero y lo cubría de hojas medicinales. Una vez quemada la leña, ponía aparte las brasas y colocaba a la persona, ya aparentemente muerta, en el agujero, cubriéndola seguidamente de más hojas medicinales y colocando nuevamente las brasas sobre esas hojas. El carbón no tocaba el cuerpo, pero éste recibía el efecto benéfico de las hierbas a través de los poros de la piel abiertos por el calor. Inmediatamente, la persona vomitaba y recobraba el conocimiento, tras lo cual el curandero le aplicaba otros remedios hasta su total recuperación. La tribu entonces consideraba que el médico tradicional había resucitado al muerto (existen muchos relatos de estas supuestas resurrecciones aparentemente milagrosas). Recientemente, la ciencia ha llegado a descubierto que la serpiente “mamba-negra” produce una catalepsia a la víctima antes de la muerte real, la cual se produce una hora después de la mordedura.

Efectivamente, no se trata de una resurrección, pero lo cierto es que el médico tradicional sabía, por alguna razón desconocida (probablemente relacionada con la observación de los animales), que el enfermo sólo estaba en coma, y conseguía sanarlo a través de un sistema tan espectacular como éste.

Otro ejemplo: en Zambia existe un tipo de árbol que al ser cortado expulsa un líquido que, al alcanzar el ojo humano daña gravemente la retina en poco tiempo. Cuando esto sucede, el médico tradicional trae a una nodriza. Esa mujer echa unas gotas de leche de sus senos en el ojo herido y éste se recupera inmediatamente.

Para el indígena africano ni la mordedura de la serpiente ni la savia que daña su ojo son casuales. ¿Por qué es precisamente él quien sufre ese daño y no otro? La causa última siempre es localizada en la brujería, los espíritus o similares. De ahí que el remedio físico de urgencia haya de ser complementado por remedios espirituales. Algunospersonajes que tuvimos oportunidad de conocer en Centro-África son sumamente representativos al respecto como Ñao, el hechicero de Ionasa, o Yangia, curandero mozambiqueño.

Estos personajes, como Ñao, presentan un inquietante aspecto. Con el cuerpo protegido por una especie de “armadura” de paja y ancho antifaz, junto con su hacha de piedra, sabrán espantar a los malos espíritus que traen la desgracia. Sus danzas y escalofriantes gritos aterrorizarían al más pintado… vivo o muerto. Doy fé de ello. Pero sería un error detenerse en sus estrambóticas danzas, y en su ridículo aspecto para enjuiciar su magia.Más allá de esas creencias ancestrales, que Ñao heredó de sus mayores, se ocultan los conocimientos de generaciones y generaciones de nativos, que han sabido desentrañar los secretos de la selva, para curar el dolor de sus semejantes…

Fórmulas mágicas y ungüentos secretos

Hace pocas semanas, en un mercado de Noadibou, en la frontera de la República Islámica de Mauritania, podíamos fotografiar a algunos “marabus” (médicos tradicionales islámicos) comercializando sus ungüentos secretos y sus extrañas pócimas mágicas. Pócimas y ungüentos muy similares a las que habíamos visto en otrosmercados parecidos, en otros puntos de Centro-África.

Más allá de los productos vegetales, las sales, las arcillas e incluso los excrementos animales son útiles en la farmacopea de la selva. La boñiga de vaca, por ejemplo, entra en una fórmula contra la hepatitis, la de gallina contra la enuresis, etc.

No es fácil, sin embargo, conocer el contenido íntegro de las recetas tradicionales. Los curanderos, absolutamente discretos en su trabajo, guardan infinidad de secretos. Habitualmente, por ejemplo, presentan a su paciente el remedio molido, precisamente para que no pueda conocer los ingredientes.

Algunos misioneros y cooperantes occidentales, fascinados por esos secretos mágicos, han dedicado su vida a estudiar los efectos curativos de esas formulas secretas, llevándose grandes sorpresas. De hecho, voces tan autorizadas como el Dr. Juan Bartolomé Martín, Coordinador de la Ayuda Humanitaria Española en el Tercer Mundo, y médico con gran experiencia en Somalia, Ruanda, etc., nos confesaba su admiración por los conocimientos botánicos y médicos de los brujos y hechicerostradicionales en África, la India, Sudamérica, etc.“¿Sabes que incluso hay algunos que son capaces de controlar sus constantes vitales hasta casi detener su propio corazón” -nos confesaba el Dr. Bartolomé hace pocas semanas en pleno desierto del Sahara-. Más aún: existen algunos casos en los cuales nativos graduados universitarios de vocación tardía, colgaron de pronto su título para retornar a sus aldeas y convertirse en curanderos.

Eso ha facilitado la convivencia de medicina convencional y curanderismo en África. Hemos visto personalmente muchos ejemplos.

En Nwabala (Malawi) nos reunimos con el Dr. Herman Nknoma (los indígenas llaman doctor a cualquier sanitario o practicante), responsable de un centro médico de la zona. Tras una larga conversación, el Dr. Nknoma nos muestra la “despensa de medicamentos”. La imagen es caótica: una estantería de madera alberga unas cajas de aspirinas, algunas de preservativos, alcohol, vendas y poco más.

“Igual que en otras muchas poblaciones indígenas del mundo -confiesa Herman Nknoma- los médicos no tenemos más remedio que convivir con los curanderos, porque resulta materialmente imposible disponer de medicamentos para todos los enfermos”. Este planteamiento resulta absolutamente comprensible teniendo en cuenta que en algunas semanas, hasta dos mil enfermos han pasado por el centro médico que el Dr. Nknoma dirige con la única ayuda de un grupo de voluntarios mínimamente instruidos. Las palabras del Dr. Nkoma podían haber sido pronunciadas por el farmacéutico de La Habana para resumir la idéntica situación de ambas medicinas…

La mágica medicina afro americana

Una parte de esa esencia mágica africana fue trasladada a América durante los siglos XVI y XVII. En esa época, los países europeos que habían “civilizado” el Nuevo Mundo comenzaron a trasladar indígenas africanos a tierras americanas en el vergonzoso tráfico de esclavos. A aquellos desgraciados les fue arrebatado todo -hasta a menudo la vida- en el nombre de Dios y de la civilización… afortunadamente algunos pudieron conservar en su interior sólo dos cosas, su religión ancestral, y los conocimientos “mágicos” heredados de sus médicos tradicionales.

De esta forma en Cuba, Jamaica, Brasil, Venezuela, República Dominicana o Haití, podemos encontrar a brujos y curanderos que han heredado de generación en generación, los secretos de esas formulas secretas, y ungüentos mágicos, que vimos enlos mercados del África Islámica o del África negra…

Sin duda el ejemplo más espectacular, e imprescindible, es el increíble Putré: el polvo Zombie.

Lejos de ser un producto de extraños sortilegios esotéricos, la zombificación es producto de una excepcional aplicación de la química natural por parte de los bokor -brujos vudú-. El polvo zombie es un compuesto elaborado a partir de un sinfín de productos de origen vegetal, animal y humano que, mezclados en su exacta proporción, producen el veneno más fascinante de la brujería afro americana.

Extractos de plantas, huesos humanos, tarántulas, sapos venenosos, gusanos y otros ingredientes no menos pintorescos forman parte de ese polvo zombi cuyo principal elemento radica en la tetrodotoxina contenida en el pez-globo haitiano. Esta sustancia es el veneno de origen animal más potente que existe.

Sería largo detallar en profundidad el fenómeno de la zombificación. Baste decir que una vez elaborado el Putré, una auténtica obra de arquitectura química, el polvo es depositado en el suelo donde pisará la victima descalza, o se le soplará a la cara con la ayuda de un guante de goma. El polvo entra en el riego sanguíneo a través de la epidermis. Llega al corazón y produce una muerte aparente. Al menos lo suficientemente aparente como para que los médicos certifiquen la defunción y el “zombi” sea enterrado vivo. Después el bokor (brujo vudú) acudirá al cementerio para desenterrar al “muerto viviente”, haciéndole ingerir otro veneno que lo mantendrá permanentemente drogado y amnésico.

Sin embargo, para los haitianos, los zombis son víctimas de un hechizo que les roba el alma, que los bokor conservarían en una botellas blancas muy temidas en Haití. Ellos no conocen el terrible secreto de sus brujos quienes, de la misma forma que conocen extraordinarias formulas curativas, conocen los secretos más siniestros de las plantas y los venenos de la naturaleza….Y esa interpretación mágica de los zombis, acompañada de la habitual y pretenciosa superioridad del hombre-blanco, ha hecho que durante años la medicina despreciase las posibilidades del Putré, y otros poderosos anestésicos naturales, conocidos por los médicos y brujos haitianos, y que podrían ser muy útiles en cualquier hospital del mundo.

Todavía hoy los bokor y los houngans (sacerdotes) vudú, conservan en secreto la mayoría de sus formulas mágicas. Y confieso que la animadversión que en Haití sienten por los hombres blancos hace especialmente difícil la investigación de esos secretos.

Precisamente las sociedades secretas haitianas, extremadamente violentas en algunos casos, son las encargadas de velar por la confidencialidad de esos secretos, que no han de salir del país en manos blancas…

Psicólogos, masajistas y terapeutas

No cabe dudad de que la música puede influir en nuestro estado psicológico, y por tanto en nuestra saludo. Los cánticos, las danzas, y las catarsis que suponen muchas veces las celebraciones afro-americanas suponen una excelente terapia para los enfermos. Y eso lo sabían también los médicos tradicionales americanos mucho antes de que llegasen los hombres blancos o los negros con quienes luego serían mestizados.

Herederos de esa tradición médica precolombina son muchos país de santo del Camdomblé o la Umbandabrasileña.

A pesar de su función religiosa, estos sacerdotes pueden presentar una dimensión médica y terapéutica, como los “médicos mágicos” de todo el mundo.

Yo mismo he asistido a sesiones de umbanda y candomblé, en las que, aparentemente, se produjeron curaciones espontáneas sorprendentes.

En una ocasión presencié como una mujer, que había sufrido un aparatoso accidente, que le había dejado una pierna maltrecha, llegaba al terreiro de Candomblé con una la ayuda de dos familiares, ya que no podía andar por si misma. Durante el ritual el espíritu de Boyadero -un gaucho argentino- poseyó a la Nai de Santo que en todo momento, y a través de la médium que han cabalgado, se mostraba amoroso con la mujer, “como el padre que es con sus hijos”. Fruncía el entrecejo mientras escuchaba su problema, como si verdaderamente lamentase el dolor que sufría su devota. Por fin, comenzó a imponer las manos, y después a frotar enérgicamente la pierna herida. De vez en cuando se levantaba y propinaba fuertes abrazos a la mujer, que se dejaba hacer sin oponer resistencia. Más tarde me explicarían que de esa forma el loa estaba transmitiendo energía al miembro enfermo.

Después de unos minutos, la mujer empezó a doblar un poco la rodilla y volvió por sí misma a su asiento. Cuando, horas después, concluyó la sesión, yo mismo vi a esa mujer abandonar el terreiro por sus propios pies. Una visible cojera y las muletas que llevaba en la mano eran lo único que quedaba de su aparente discapacidad. A los ojos racionales de un escéptico europeo, probablemente fueron los masajes hábilmente ejecutados por las expertas manos de la médium los que sanaron a la enferma… porque al fin y al cabo todos sabemos que los dioses del Candomblé no existen… ¿o sí?

Existan o no son muchos los chamanes, médicos brujos y médicos tradicionales sudamericanos que conocen todos los secretos del cuerpo humano, y son capaces de obrar auténticos milagros a ojos de nuestros fisioterapeutas más expertos solo con sus manos y oraciones.

Don Felix Morales Ceballos, por ejemplo, es uno de los chamanes mexicanos más conocidos dentro y fuera de su país.

Nacido hace más de medio siglo en el humilde barrio de Santa Anita, en la localidad de Cuernavaca, fue educado en el seno de una sencilla familia de probres recursos económicos. Desde niño manifestaba una gran energía, siendo un joven inquieto y travieso. Y fue precisamente durante una de sus correrías infantiles como descubrió sus poderes. Un amigo se lesionó seriamente y Don Felix se colocó a su lado, invocó a Dios y curó al niño utilizando solo su propia saliva. Desde entonces consagró su vida a lacuración. Durante su entrevista con MÁS ALLÁ Don Félix nos mostró alguna documentación referida a algunas de sus más espectaculares curaciones,“incluso levantar a un enfermo de su silla de ruedas”.

Este conocido chamán mexicano se considera heredero de una tradición mágica ancestral. “Cuando Hernán Cortés llegó a México -nos explicaba Don Félix-llevaba con él soldados, sacerdotes, etc. Pero cuando la reina de España le dijo que le enviaría algunos doctores, él dijo que no los necesitaba, porque en México había mejores doctores. La ciencia, por medio de la naturaleza estaba muy adelantada, y algunos sacerdotes, al ver que aquellos médicos de Moctezuma curaban al momento lo llamaron brujería. Hoy nosotros demostramos esos poderes de curación que nuestros ancestros ya conocían”.

Así en Oriente como en Occidente

Para Don Felix resulta sencillo tratar el cuerpo humano para recomponer huesos, fracturas, etc. Y si él lo hace en el contexto de la tradición mágica precolombina, otros curanderos lo hacen en la tradición mágica europea. Y es que en el Viejo Continente no nos faltan personajes tan legendarios como los chamanes rusos, los brujos mexicanos, los houngan haitianos, los país de Santo brasileños, los hechiceros africanos, y otros médicos-mágicos del mundo. Por ejemplo las míticas meigas gallegas. A medio camino entre la leyenda y la realidad, lo cierto es que las meigas, aunque no creamos en ellas, haberlas las hay …

Las meigas -y meigos-, cuya traducción correcta sería la de sabias -y sabios-, eran (más que son) una especie de “psicoterapeutas rurales”, que hacían las veces de curandero, psiquiatra y asesor del pueblo.

La tradición gallega está repleta de casos ejemplares sobre la genialidad de estos personajes y de su “mágica medicina”. Ana Ferreiro -directora del Centro LAGUZ en La Coruña- y heredera de la tradición moderna de las meigas gallegas urbanas, ha recopilado muchos de esos casos: “Uno de los ejemplos más geniales -declara Ana Ferreiro a MÁS ALLÁ- se produjo aquí mismo, en La Coruña. Un chico obeso acudió al meigo porque tenía una gran depresión; su novia le había dejado; había perdido el trabajo y se sentía muy enfermo. El meigo lo auscultó con “su magia” y le dijo que debía beber todos los días, antes de que el primer rayo del sol saliese- agua de 7 fuentes del pueblo. A partir de ese día el joven, que creía estar siguiendo una formula mágica del Sabio, se levantaba al alba, y corriendo recorría todo el pueblo para beber agua de 7 fuentes. Con aquel ejercicio comenzó a perder peso, ganó energía, seguridad en si mismo, y al cabo de dos meses su vida empezó a cambiar completamente… Si el meigo le hubiese dicho que su problema era solo que debía hacer footing a diario no le habría hecho caso… Todos necesitamos un poquito de magia en nuestra vida de vez en cuando…”.

Y los médicos tradicionales lo saben. Tal vez por eso salpican sus recetas de oraciones, formulas secretas, y crípticos mensajes… Pero nuestra dogmática ciencia oficial debería ser la primera en realizar una cura de humildad, y saber separar el grano de la paja para enriquecerse de una forma de medicina que, a lo largo de toda la historia, en todos los pueblos del mundo, ha sanado el cuerpo y la mente de millones de seres humanos. Eso sería mucho más inteligente que el pretencioso dogmatismo de atacar como falso, lo que simplemente no conocemos… y tal vez por eso tememos…

ANEXO: La iniciación del médico-brujo en África

Los “médicos tradicionales”, “hombres de la medicina” o wanganga (como se les denomina en suahili y en muchas otras lenguas bantúes) pueden llegar a su profesión de las formas más dispares.

Unos sienten su vocación a edades tempranas; otros en su juventud, madurez o incluso en la ancianidad. En muchas ocasiones, el cargo de “médico tradicional” se transmite hereditariamente. Otros creen haber sido llamados a este trabajo por los espíritus o por los muertos vivientes, y otros son entregados a este oficio aún siendo niños por sus padres. En estos casos, los niños ingresan sin necesidad de su consentimiento en “escuelas tradicionales”, donde bajo rígidos adiestramientos accederán a todos los secretos de la “medicina tradicional”.

Entre los Azande de Sudán, por ejemplo, la preparación de un futuro wanganga comienza a los cinco años con un ritual de iniciación. Tras pasar un examen meticuloso, desarrollado por el que será su maestro, en el cual el aspirante habrá de demostrar que sus intenciones son rectas y honestas, el joven ingerirá una pócima que“fortalecerá su espíritu”. Seguidamente, se le conducirá a la fuente de un arroyo, donde comenzará su aprendizaje de hierbas, árboles y arbustos con los que en el futuro confeccionará las medicinas. Muchos de estos curanderos son célibes y siguen una estricta moral. En esto se diferencian de los brujos, que carecen de ética y buscan hacer el mal.

Llegado el día, el aspirante es iniciado públicamente para que toda la tribu pueda reconocerle como investido del don de la medicina. A partir de ese momento, el nuevo wanganga podrá inscribirse en las asociaciones o corporaciones que agrupan a los curanderos azandes. Desde ese momento, el “médico tradicional” se ocupará de las actividades más variopintas, que irán desde el ritual de “golpear la tumba” (una especie de medicina post-mortem que pretende despertar al muerto para que acuda a la casa del brujo que originó la enfermedad que lo mató y así vengarse para sanar su espíritu) hasta proveer de perchas o “clavijas medicinales” a una nueva casa (un remedio preventivo para alejar la enfermedad de ese hogar), pasando por la elaboración de todo tipo de amuletos y fetiches, como máscaras o figuras, que protegerán al propietario de embrujamientos o “mal de ojo”…

Manuel Carballal

“La mordedura de las serpientes “mamba-negra” es mortal. Se suponía que una persona muere a los cinco minutos de una mordedura. Sin embargo, inmediatamente después de la mordedura de uno de estos reptiles, el médico tradicional cavaba un agujero en el suelo igual a la estatura de la víctima. Quemaba leña en el agujero y lo cubría de hojas medicinales. Una vez quemada la leña, ponía aparte las brasas y colocaba a la persona, ya aparentemente muerta, en el agujero, cubriéndola seguidamente de más hojas medicinales y colocando nuevamente las brasas sobre esas hojas. El carbón no tocaba el cuerpo, pero éste recibía el efecto benéfico de las hierbas a través de los poros de la piel abiertos por el calor. Inmediatamente, la persona vomitaba y recobraba el conocimiento, tras lo cual el curandero le aplicaba otros remedios hasta su total recuperación. La tribu entonces consideraba que el médico tradicional había resucitado al muer…Ver más
Farmacopea de la Selva</p>
<p>"La mordedura de las serpientes “mamba-negra” es mortal. Se suponía que una persona muere a los cinco minutos de una mordedura. Sin embargo, inmediatamente después de la mordedura de uno de estos reptiles, el médico tradicional cavaba un agujero en el suelo igual a la estatura de la víctima. Quemaba leña en el agujero y lo cubría de hojas medicinales. Una vez quemada la leña, ponía aparte las brasas y colocaba a la persona, ya aparentemente muerta, en el agujero, cubriéndola seguidamente de más hojas medicinales y colocando nuevamente las brasas sobre esas hojas. El carbón no tocaba el cuerpo, pero éste recibía el efecto benéfico de las hierbas a través de los poros de la piel abiertos por el calor. Inmediatamente, la persona vomitaba y recobraba el conocimiento, tras lo cual el curandero le aplicaba otros remedios hasta su total recuperación. La tribu entonces consideraba que el médico tradicional había resucitado al muerto (existen muchos relatos de estas supuestas resurrecciones aparentemente milagrosas). Recientemente, la ciencia ha llegado a descubierto que la serpiente “mamba-negra” produce una catalepsia a la víctima antes de la muerte real, la cual se produce una hora después de la mordedura.</p>
<p>Efectivamente, no se trata de una resurrección, pero lo cierto es que el médico tradicional sabía, por alguna razón desconocida (probablemente relacionada con la observación de los animales), que el enfermo sólo estaba en coma, y conseguía sanarlo a través de un sistema tan espectacular como éste."<br />
fuente:http://www.onirogenia.com/chamanismos/curanderos-chamanes-y-sanadores-medicina-magica/<br />
fotografía:http://es.123rf.com/photo_10049203_altamente-venenosa-serpiente-mamba-negra-de-sudafrica.html
QHAPAQ ÑAN – CAMINO PRINCIPAL ANDINO

El Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino es un valor patrimonial excepcional y
universal, compartido por seis países andinos. Conforma una red vial que integra
territorios y pueblos diversos, dentro de una dimensión continental. Compromete
las experiencias milenarias de las sociedades andinas frente al reto que planteaba
la comunicación, el manejo y la articulación de uno de los territorios más desafiantes del mundo.
Con una red de más de 50.000 km de recorrido, el Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino fue la expresión concreta de un gran proyecto que tuvo como propósito integrar social, política y económicamente gran parte del territorio de los Andes,
bajo una organización denominada Tahuantinsuyo. El Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino, recogiendo las experiencias y concreciones de sociedades anteriores y
contemporáneas, integró una extensa región de compleja geografía, con una de las
mayores diversidades biológicas, culturales y lingüísticas del planeta, representada
en las múltiples sociedades que habitaron los Andes sudamericanos.
Desde el centro político de poder, Cusco, el Qhapaq Ñan – Camino Principal
Andino articuló amplios territorios que hoy día forman parte de Colombia, Ecuador,
Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Estos espacios, vertebrados por tres ramales longitudinales principales y un conjunto de caminos secundarios transversales, conectan los distintos ecosistemas asociados con la cordillera andina, incluyendo su sacralidad y simbolismo. El Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino integra un conjunto de paisajes culturales, a través de una red vial que articula, incluso hoy, el horizonte
panandino.
No obstante las múltiples potencialidades que poseen estos territorios, tienen
una alta vulnerabilidad ecológica y social que afecta a más de diez millones de
personas, una población principalmente rural que vive en condiciones de pobreza.
Solo incluyendo este factor, se entenderá la totalidad del significado de este legado
cultural y se logrará insertar en las políticas de desarrollo de los países andinos,
para ofrecerlo a las presentes y futuras generaciones como Patrimonio Mundial.
El Plan de Acción Regional busca sentar las bases regionales para definir, ejecutar y supervisar acciones nacionales actuales y futuras, con el Qhapaq Ñan –
Camino Principal Andino como eje articulador de una visión común de desarrollo
sostenible, que conduzca al mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones
andinas, y a la conservación y promoción del capital cultural, social y natural asociado. Como punto de partida para su diseño se efectuará una consulta amplia con las
comunidades, donde se espera identificar con precisión, elementos que se proyecten hacia el beneficio social, para que, en el marco de la lucha contra la pobreza, el
presente Plan de Acción Regional Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino retome
los principios originales de su construcción: desarrollo económico, integración y
comunicación.
http://www.oei.org.ar/noticias/CaminoPrincipalAndino.pdf

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