Los animales que vivían en Uruguay


EFE – 26/04/2013

Descubrieron restos de una decena de especies extinguidas como mandíbulas de gliptodontes y dientes de toxodon en la zona límite entre Canelones y Lavalleja

Glyptodon gliptodonte

Pavel Riha
Ilustración de un gliptodonte, animal que habitaba en el territorio que hoy es Uruguay
 

Restos de una decena de especies de animales extinguidos hace más de 10.000 años fueron localizados en Uruguay, un hallazgo que tiene “mucha importancia” para tratar de determinar si tuvieron algún tipo de relación con el hombre, destacaron este viernes científicos uruguayos.

Los hallazgos fueron realizados por el investigador autodidacta Federico López durante la última década en la cuenca del río Santa Lucía, cerca del límite entre los departamentos de Canelones y Lavalleja, próximos a Montevideo.

López localizó “restos óseos de una decena de mamíferos extinguidos” y, luego de ser sometidos a estudios de carbono 14, se llegó a la conclusión que tienen “entre 11.000 y 10.000 años de antigüedad”, destacó el doctor en paleontología Martín Ubilla, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Entre los restos fósiles descubiertos hay mandíbulas de gliptodontes, dientes de toxodon, un animal parecido a los actuales hipopótamos y fragmentos de mandíbulas de macrauchenias, similares a los actuales camellos. También se localizaron restos de dos tipos diferentes de caballos, de dos especies de perezosos gigantes y de ciervos.

Uruguay hace miles de años

Ubilla, que encabezó los trabajos de la clasificación de los restos, destacó que la “importancia” del descubrimiento está dada porque “indica” que tipo de animales vivieron en lo que hoy es Uruguay hace “pocos miles de años”. “Nos revela hasta cuándo sobrevivieron y abre una incógnita sobre su posible relación con el hombre”, agregó.

En sus trabajos de campo López localizó otros elementos arqueológicos que “podrían vincular” algunas de esas especies de animales extinguidas con el hombre, “pero ese es otro campo de estudio”, destacó el paleontólogo.

(El descubrimiento) nos revela hasta cuándo sobrevivieron y abre una incógnita sobre su posible relación con el hombre”, dijo el doctor en paleontología Martín Ubilla

López encontró también una piedra trabajada a mano y con forma de disco que presume perteneció a los primeros grupos humanos que ocuparon el territorio que hoy es Uruguay, denominados paleo indios.

Para que la ciencia avale este extremo se necesitan otras evidencias y elementos que lo confirmen.

Si un mastodonte fue comido por estos grupos humanos, “es necesario encontrar huesos quemados en un fogón, marcas de cortes o herramientas asociadas a ellos”, explicó López.

El investigador consideró “relevante” que varios de los huesos localizados tengan marcas que podrían ser cortes realizados por el hombre para alimentarse. 

http://www.cromo.com.uy/2013/04/encuentran-en-uruguay-restos-de-una-decena-de-especies-animales-extinguidas/

ESTILO – TAXIDERMIA

El hombre de los animales perpetuos

Gerardo Cantou es el único taxidermista científico del país y realiza obras para museos y particulares. Pese a trabajar para cazadores, no mata animales, da cursos de preservación y define a su oficio como un arte

+ Fernanda Muslera – 27.04.2013, 06:00 hs – ACTUALIZADO 21:35Texto: -A A+

 

Para el común de los mortales, la taxidermia es un misterio. Hay quienes desconocen la palabra, y la similaridad fonética rápidamente los lleva a pensar en un taximetrista, cuando en realidad se alude a la persona que realiza el oficio de taxidermista. Otros recuerdan el gusto de Norman Bates por disecar aves o al personaje de Ricardo Darín en El aura, bastante menos violento que el protagonista de Psicosis aunque también taciturno y recóndito. 

Como suele pasar, la realidad dista de la ficción. Es el caso de Gerardo Cantou, el único taxidermista científico de Uruguay, un hombre de apariencia atlética y alegre que no tiene reparos en mostrar su trabajo e incluso bromea acerca de él: “Lo único que no hacemos son suegras”, comenta.

Su taller se encuentra situado en una casa rodeada por un patio florido en Nuevo París. Su pequeña oficina está atestada de animales inanimados: asoma un ciervo con su gran cornamenta, hay peces y jabalíes con bocas abiertas y dientes y colmillos amenazantes, aves de todo tipo, lagartos, serpientes en líquido y hasta dos pingüinos y un fósil de molusco de unos 15 millones de años. 

“Taxi quiere decir arreglo y dermia viene de dermis. En la taxidermia se trabaja solo con la piel”, explica Cantou –de 49 años, el pelo cortado al ras de la barba, la sonrisa y los dientes amplios–, quien diferencia su trabajo del embalsamamiento, práctica que nació con los egipcios. “Cuando se embalsama se quitan los órganos y nada más, no se busca dar la impresión de vida”, sostiene. 

Cantou, que se recibió de preparador naturalista en la Universidad de Ciencias Naturales de La Plata, se dedica tanto a la taxidermia científica (para los museos) como a la comercial, que prepara los animales como trofeos de caza. Además, trabaja en el Museo de Ciencias Naturales del Colegio Pío y con alumnos de secundaria, inculcándoles la importancia de la preservación de los animales (vivos). Aunque parezca contradictorio, Cantou resume la articulación de sus dos oficios: “Cuando un animal se muere hay dos opciones: o que se pierde o se conserve y que eso puede servir para fines educativos o para estudios. Me siento útil en ese sentido”, señala. 

Aunque su trabajo particular sea mayormente para cazadores, a Cantou no le gusta cazar. No obstante, esto no le representa un dilema ético. La mayor parte de los encargos que recibe son cabezas de jabalíes y de ciervos axis, a ritmo de unos tres trabajos por mes. “El jabalí es un animal introducido que no tiene más depredadores que el hombre, al igual que el ciervo axis. El jabalí es plaga; en nuestro país después de las sequías y las inundaciones es lo que da más pérdida a los agricultores”, sostiene.

Explica que la caza de estos cerdos salvajes es libre, mientras que para los ciervos axis el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca emite una autorización que dura 15 días en las que se puede matar a tres adultos machos de esta especie, la cual se solicita para aceptar un encargo de taxidermia. Pese a los controles, Cantou asegura que “en las semanan de Carnaval y Santa todo el mundo sale a cazar y dispara a todo lo que se mueve”. 

El taxidermista recibe además muchos trofeos de pesca como dorados y tarariras. Lo más difícil de hacer, dice, son los animales de pelo corto si se piden de cuerpo entero (algo que no es usual en Uruguay) y los peces, ya que hay que recuperarles el color. Estos se decoloran mucho al sacarlos del agua y con el curtido, pero se recuperan con anilinas o pinturas al óleo. Lo más fácil son las aves porque a cualquier deformación la tapan las plumas, aunque algunas muy pequeñas como el colibrí son mucho más complejas de resolver. Cantou comenta que no realiza trabajos de mascotas aunque la gente lo pide, porque “hay sentimiento” de por medio y no quiere que nadie le diga que el perro “tenía los ojos más claritos” o lo “miraba distinto”.

Tras vivir siete años en Buenos Aires, Cantou volvió a Uruguay en 1987 y se encontró con que la única taxidermista del país se estaba por jubilar y que las colecciones de animales de los museos estaban muy descuidadas. Aunque lleva décadas trabajando para varias instituciones, fue difícil convencer a las autoridades sobre la necesidad de que una persona se dedicara a mantener las colecciones y a taxidermizar animales que murieran en reservas o zoológicos. 

”Hay falta de interés”, comenta Cantou, quien dice heredar de su padre su pasión por la naturaleza. Como ejemplo, cuenta que hace un tiempo le llegó un envío con un tigre y que luego de hacerle la cabeza y dejarle el cuerpo como alfombra, se enteró de que el animal era del zoológico de Minas. El felino, que años atrás le había arrancado el brazo a una niña, fue tirado en un basural cuando murió. Un clasificador se lo llevó, lo cuereó y lo vendió a una persona por $ 5.000. “Medía 2,40 metros, era una belleza”, comenta Cantou con lástima porque el animal no fuera aprovechado por un museo. 

El proceso

Cantou se calza un delantal, afila unos cuchillos e ingresa a su taller, custodiado por dos lagartos disecados, y poblado de frascos con polvos y líquidos, herramientas y pieles colgando. Sobre la mesada yace la cabeza de un ciervo de gran cornamenta con el cuello libre, como si fuera un títere. El animal acaba de ser descongelado y el olor no es fuerte, ya que es tapado por el intenso aroma a resina.

Cantou procede a abrir el cuero a la altura de las orejas, y le hace un corte en V atrás del cuello para ir sacando la piel hacia adelante y desprenderlo del amasijo de carne en proceso de putrefacción que se encuentra debajo. Mientras tanto, el taxidermista comenta el proceso, que tarda en total unos 60 días. “El animal generalmente se recibe congelado. Hay que evitar el primer grado de descomposición porque si no no se puede curtir. Se hace una ficha técnica con datos y medidas, se realiza una escisión en el cuerpo y se extrae absolutamente todo, queda la piel como si fuera una alfombra. Esa piel se seca y después se curte en  líquido. La ficha técnica es lo que tomamos de referencia para el maniquí. En realidad los animales son pieles que están rellenas con un maniquí que puede ser de fibra de vidrio o de poliuretano expandido y le da la forma a la posición que uno quiera hacer”, explica. El poliuretano expandido es la última tendencia en la taxidermia, que décadas atrás recurría a rellenar los animales con paja o estopa. “Ahora se hace una matriz y se llena con poliuretano, que viene en aerosol”. Este luego se convierte en una masa compacta y se retira el molde.

Después se colocan los ojos de vidrio (que se importan de España) y una vez que se ajustó el maniquí al cuero se cose e inicia el proceso de secado. Con posterioridad vienen los detalles de terminación: controlar que el cuero no se deforme, en jabalíes, por ejemplo, hacerle una lengua de cera de prótesis dental. Y lo más importante: darle al animal el aspecto de que está vivo: a la lengua, por ejemplo, se le pasa barniz para que dé la sensación de humedad, lo mismo que a los lagrimales. 

Tras una hora, el taxidermista finalmente separa la piel por un lado, y la cabeza roja-blanquecina del ciervo, por otro, donde destacan los ojos como dos huevos podridos y la lengua negra. 

Aunque el turismo de caza atrae muchos extranjeros a Uruguay (ver recuadro), alrededor del 90% de los clientes de Cantou son hombres uruguayos de todas las edades y estratos sociales. Entre ellos nombra al jugador de Cerro, Claudio “Chancho” Dadomo, a quien llaman así por su afición a la caza y quien sumó a la actividad a varios compañeros del plantel. 
El porqué hay gente que siente la necesidad de colgar las cabezas de animales como trofeo seguramente tenga que ver con el deseo de demostrar seguridad, pero esto es algo difícil de entender para alguien ajeno a la caza, dice Cantou. Pero la taxidermia, señala, es un arte.

“Un animal bien hecho tiene que tener dos condiciones: si está bien curtido, con los años se mantiene sin problema. En segundo lugar, si uno lo mira y le parece que está vivo. (…) Partís con una piel y a esa piel le das vida”.

País de cazadores

 

Además de por sus playas, Uruguay está siendo conocido cada vez más como destino del turismo de caza. Según datos de 2012, existen unos seis cotos de caza y 30 empresas que traen extranjeros para este fin. Rincón de los Matreros, en el departamento de Treinta y Tres, es uno de los sitios que se dedica a la caza mayor, y en esta estancia se cazan jabalíes, ciervos axis, damas y colorados, chivos y mueflones. El costo por día con alojamiento, guía y comida incluida es de US$ 200. Rincón de los Matreros recibe mayormente turistas brasileños y también estadounidenses. No obstante, en Uruguay es más común la caza menor (aves),  que concentra alrededor del 90% de este turismo. Aunque parezca sorprendente, en el país también se pueden cazar búfalos asiáticos. Esta actividad se desarrolla en la Estancia La Bacana. Según la página web de Coto de Caza Outfitters (que figura como representante de la estancia) el precio por la temporada de búfalos es de $ 1.900, todo incluido y con descuento del 50% en la estadía para aquellos que no consigan matar a ningún animal. El predio, de 3.300 hectáreas, está ubicado en Florida.

http://www.elobservador.com.uy/noticia/249229/el-hombre-de-los-animales-perpetuos/

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