URUGUAY NO CUMPLE COMPROMISO CON LA ONU


La Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas le obliga a consultar a los pueblos originarios antes de aprobar proyectos mineros.
“Es un mito, lo de los Charrúas es un mito, y hay que terminar con los mitos”
le dijo el Presidente Mujica a Mónica Michelena, delegada del Fondo Indígena
de nuestro país, cuando ésta le explicaba cómo nos estamos organizando los descendientes
de los pueblos originarios para reclamar nuestros derechos.
El diálogo se dio a bordo de un avión en el que casualmente se encontraron, y según cuentan testigos, la actitud y el tono de voz del mandatario, reflejaron molestia ante la sola mención de los derechos de la nación Charrúa. No deja de ser una anécdota, pero sirve para ilustrar el pensamiento de Mujica en torno a este tema.
La anécdota vino al caso cuando el pasado viernes 22 de febrero nos reunimos con Anomar Santana, integrante del grupo Bascuadé del Consejo de la Nación Charrúa. La hermana llegó a Treinta y Tres para ratificarnos todo el apoyo de su grupo y del CONACHA en nuestra lucha en defensa de la tierra que en los últimos tiempos ha tenido como tema central a la minería de gran porte que se pretende autorizar en nuestro país y que afectaría directamente a nuestro Departamento.
El eje central de la reunión mantenida, fue el texto de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, de cuyo estudio surge claramente que el gobierno uruguayo está omiso al cumplimiento del compromiso contraído cuando fue uno de
los 143 países que votó esta declaración el 13 de septiembre de 2007. Si se respetara
a sí mismo, nuestro país debería honrar su voto afirmativo en la Asamblea general de la ONU, cumpliendo las disposiciones de esta declaración.
Es especialmente interesante lo que establece el artículo 32 de ese documento: “Los pueblos indígenas tienen derecho a determinar y elaborar las prioridades y estrategias para el desarrollo o la utilización de sus tierras o territorios y otros recursos. Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de sus propias instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que afecte a sus tierras o territorios y otros recursos, particularmente en relación con el desarrollo, la utilización o la explotación de recursos minerales, hídricos o de otro tipo.”
En Censo realizado el año pasado en nuestro país, demuestra que hay un 5% de la población uruguaya que se reconoce con ascendencia de pueblos originarios. Ello es muy significativo, teniendo en cuenta que desde la fundación del estado uruguayo, ha habido una campaña de exterminio y se ha enseñado en nuestras escuelas que en este país “no hay indios”. A los pocos sobrevivientes del genocidio (en su mayoría niños y niñas) se les obligó a usar nombres “cristianos” y a someterse a la cultura europea, para que olvidaran las prácticas y costumbres de sus antepasados .La cultura indígena se ha denigrado al punto de ridiculizarla en comparación con la del conquistador europeo. A pesar de todo ello y de la poca difusión que se le dio a la pregunta sobre origen étnico incluida por primera vez en el pasado Censo, más de 170.000 uruguayos dijeron tener ascendencia indígena.
¿Qué pasaría si realmente el Estado uruguayo cumpliera con su compromiso ante la ONU? El artículo 29 de la referida Declaración dice: “Los pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente y de la capacidad productiva de sus tierras o territorios y recursos. Los Estados deberán establecer y ejecutar programas de asistencia a los pueblos indígenas para asegurar esa conservación y protección, sin discriminación.” Y el artículo 38 establece:
“Los Estados, en consulta y cooperación con los pueblos indígenas, adoptarán las medidas apropiadas, incluidas medidas legislativas, para alcanzar los fines de la presente Declaración.”
Mujica está a tiempo. Puede asesorarse y descubrirá que los Charrúas no son un mito, que no fueron exterminados totalmente, que aún hay descendientes de esa orgullosa sangre que se están organizando a pesar de todas las dificultades de vivir en un país donde la mayoría de la población cree extintos a los pueblos primitivos. Puede promover un cambio cultural para que los textos de estudio le reconozcan el lugar que tuvieron en la lucha por la independencia y que digan la verdad sobre las razones políticas que hubo detrás de las matanzas organizadas por su antecesor Fructuoso Rivera.
Mujica puede optar por seguir siendo el Rivera de hoy o puede reivindicar el pensamiento artiguista que decía respecto a los pueblos originarios: “nadie tiene mayor derecho que ellos…” Aníbal Terán Castromán Anomar Iris Santana, Perita Parlamentaria y Diplomada en Derecho Indígena Un momento de la reunión con el Grupo Olimar Pirí.

 

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