Ijou-Bilú, India Valiente.


de Daniel Marzoratti

I

¡Ah guerrera de ojos hermosos!

entregaste la vida en la defensa

de tus hijos zambos,

que el negrero vino reclamando.

 

II

Los hombres se fueron de caza,

buscando alimentar a su gente,

aprovecharon los huincas su salida,

para arrasar los pirí a espada y fuego.

 

III

Algunos años atrás,

tu hermano trajo un hombre diferente.

Habías visto hombres así,

solo sirviendo al blanco.

 

IV

Ej-Oj lo rescató del mar,

y a tu cuidado lo dejó:

“Los blancos hacen cosas raras”, dijo,

“lo tiraron al agua encadenado”.

 

V

La piel morena empapada,

su enredado pelo transpirado;

con yuyos hervidos y cataplasmas,

quitaste el mal espíritu de su cuerpo.

 

VI

Junto a él aprendiste,

que ningún hombre nace esclavo,

sino que otros hombres esclavizan,

poseídos por el espíritu del egoísmo.

 

VII

Y por sobre todo, aprendiste

las sensaciones del amor.

Tú y él se apasionaron pronto,

cuando una fiebre se suplantó por otra.

 

VIII

Ej-Oj suspiró al saber la noticia,

Guamanaí (cuñado) nombró al africano,

que sin pasar mucho tiempo,

colaboró con la tribu en crecimiento.

 

IX

 

¡Ah guerrera de ojos hermosos!

Valiente al parir en primavera,

cual retoño, un niño igual a su padre,

Itaj nombrado por su pelo ensortijado.

 

X

Toia nació dos primaveras después.

Ser una pintura de su padre,

inspiró en ti el nombre,

al heredero de tus ojos.

 

XI

Dos magníficos premios de la vida;

fruto del amor más puro,

entre un hombre llegado de lejos

y una mujer que le ha dado cobijo.

 

XII

Pero una mañana llegaron,

un grupo de hombres armados,

que entrando a los pirí atropellando,

y matando al que se cruzaba.

 

XIII

Tres valiosas “piezas” interesaban,

un hombre negro y sus ascendencias;

a estos ladrones de vidas,

esclavos ellos mismos del sistema.

 

XIV

Guamanaí fue tomado de sorpresa,

único guerrero presente en los pirí;

solo una lanza se levantó defensora,

mas su anciano poseedor sucumbió.

 

XV

¡Ah Guerrera de Ojos Hemosos!

Como una yaguareté por sus hijos,

tomaste la lanza para defenderlos

y una espada te perforó el estómago.

 

XVI

El grito de dolor y bronca

que al llegar lanzó Ej-Oj,

te sacó de tu sopor de muerte,

“solo él puede hacer algo, debo resistir”.

 

XVII

Cuando Ej- OJ te encontró;

solo un hilo de voz te quedaba,

pediste ayuda para tus hijos

y un vómito de sangre te apagó.

 

XVIII

¡Ah Guerrera Ijou-Bilú!

¡Valiente como nuestros guerreros varones!

Puedes hacer el viaje tranquila, pues Itaj y Toia

fueron rescatados por sus inchalá (hermanos).

 

 

Daniel Marzoratti.

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