La confesión de Rivera, autor del genocidio Charrúa en 1833


    por Psic. José Eduardo Picerno (   El genocidio de la población charrua”)

    Dada las reiteradas apariciones de versiones del Dr. Sanguinetti y la Prof. Martha Canessa respecto a la inocencia de Rivera en la masacre de Salsipuedes y el exterminio de la Nación Charrúa y de su cultura, remito lo que se podría llamar La Confesión de Rivera, autor del genocidio charrúa.
Estos documentos y su análisis dan por tierra en forma rotunda con las mencionadas apreciaciones del Dr. Sanguinetti y la Prof. Martha Canessa.

 

     La Apología del Genocidio: declaraciones del Dr. Sanguinetti y Prof. Canessa

    La leyenda negativa acerca de los charrúas se inicia con las versiones de los colonizadores, que como en todas partes, comienzan acusando y difamando a los grupos sociales que pretenden conquistar, someter o esclavizar.

    De ese modo justifican ante el mundo y ante su propia conciencia el avasallamiento de los derechos de las personas que legítimamente habitan en las tierras que ellos pretenden.

    Esta mentalidad colonizadora se ha trasladado a nuestros días produciendo mentalidades “colonizadas” que no reparan que aquellos indios, no por serlo dejaban de ser personas y seres humanos como todo homo-sapiens de este planeta, con sus pensamientos, sus emociones, sus odios y sus amores, y su propia cultura que tanto molestaba a los europeos.

    Pues bien, hoy en día tenemos que hacer un esfuerzo en reconocer que cada grupo humano puede tener una cultura diferente, sin que eso signifique que ser diferente equivalga a ser inferior. Las culturas humanas son relativas y los seres humanos ahora y siempre nacieron con los mismos derechos a vivir libremente en sociedad, lo que permitió que nuestra especie haya evolucionado hacia la universalización  del conocimiento y de la conciencia de su propia dignidad humana.

    Por esto proponemos a los profesores de historia que se remitan a las investigaciones documentales sobre el tema de los charrúas.

    En particular, debe conocerse que al principio de su vida constitucional, el Estado Oriental del Uruguay cometió un Genocidio, aniquilando a la Nación Charrúa.

    En ese entonces, el presidente Gral. Rivera llevó a cabo la planificación y la ejecución de la matanza, así como fue el responsable de todas las medidas ilegales e inconstitucionales para borrar del país la cultura charrúa.

    Pero hay compatriotas, con  responsabilidades educacionales, que niegan los hechos de la realidad, al parecer desconociendo los documentos irrefutables de la vituperable acción dirigida por el Gral. Rivera.

    No es difícil encontrar publicaciones serias que contienen hasta las propias cartas de Rivera a Julián  Laguna y otras similares, que tenemos ordenadas en el Archivo Nacional, o en obras como “La Guerra de los Charrúas” de Eduardo Acosta y Lara, por ejemplo.

 

La matanza de charrúas, a través de las cartas auténticas de Rivera

    Cuando se leen las instrucciones que Rivera enviaba al Gral. Julián Laguna y otros subordinados, se aquilata cual fue su verdadera participación en el genocidio concretado el 11 de abril de 1831. Se podría decir que Ribera confiesa ser el autor del genocidio a través de las mismas.

    Citemos párrafos textuales de 3 de dichas cartas:

    1) Durazno, Marzo 10 de 1831: … Es de mayor importancia que el Sr. Gral. Emplee todo su tino y destreza para hacer entender á los Caciques que el Egercito necesita de ellos p.a ir á guardar las Fronteras del Estado y que el punto de reunión será en las puntas del Queguay Grande; para cuyo efecto, se dirigen cartas á los Caciques Rondeau, y Juan Pedro, y que el Sr. Gral. les hará entregár instruyendoles de su contenido. Si ellos no cumpliesen lo prevenido en las citadas notas particulares, es preciso no alarmarse por esto, disimularles y conservarse siempre á su inmediación, y si posible fuese, reunido a ellos.

    Si se moviesen para el centro de la Campaña es preciso seguirlos con cualesquier pretesto, hasta ver si se consigue que el todo ó parte del Egercito se incorpore á la fuerza  de las ordenes del Sr. Gral.

    El Sr. Gral. conocerá, que en todas las medidas prevenidas es importante la mayor prudencia, para no aventurar una empresa que, realizada traerá bienes muy efectivos al Pays, consolidando el crédito y reputacion militar de los Gefes que la han presidido…” Fructuoso Rivera (rubricado)

    2) Julián amigo. Salsipuedes en el potrero donde ya as estado. Marzo-28-1831” (Se trata de su amigo Julián de Gregorio Espinoza)

    “(Reservado) yo voi a marchar esta noche todo tengo listo en muy vuen estado p.a. la operacion de los charruas nada e querido decir al Gov.o de mis dispocion.s el buen estado en que las tengo p.a tener el gusto si logro como lo creo de q.e esta dificil operacion aparezca como de los avism.s y q.e tenga mas vulla q.e la que causo el arrivo de Garzon  a esa después del tinteraso no lo dudes Julian la operación esta casi echa y una ovra q.e los desvelos de 8 Birreyes y p.r mas de 40 años no lograron rrealisarla. Sera grande Sera lindisimo Si tus mejor.s amigos Si tus compañeros de disgustos y de dias de Gloria dan anuestra patria esa Satisfacion ha! q.e glorioso Sera si ce concige sin q.e esta tierra tan priviligiada no se manchase con sangre humana. (……………..) tu am.o verdadero. Fructuoso.

    Esto es una verdadera Confesión” y de una persona que se siente “culpable“. ¿Por qué, si no, quiere ocultar los hechos?,  (“nada he querido decir al Gobierno de mis disposiciones”). Rivera toma esta matanza como una fiesta, en la que será reconocido como no lo fueron 8 Virreyes que también querían  exterminar a los charrúas. Y el concepto que tenía sobre los indios se aprecia cuando da a entender ellos no tendrían “sangre humana”.

    3) Campo, Abril 5 de 1831 Mi estimado amigo D. Julian es en mi poder su nota de ayer y soi impuesto de las medidas tomadas p.a aser venir a los indios a este punto con este ojeto fue Bernabelito y no dudo q.e el los aga venir prontam.te yo no e querido moverme mas adelante ya p.r q.e podia ponerlos en desconfiansas o por q.e si se logra aserlos pasar el Queguay ya no seria dificil el sugetarlos del modo q.e uno quiera.  Sin envargo estamos prontos  p.a en caso sea preciso marchar sobre ellos lo que yo quiero evitar a todo tranze pues nos sera Ventajocicimam.te el sujetarlos sin estrepito aci es q.e estoi resuelto a esperar aquí asta ver si Vds. logran aserlos venir aci [¿ce niegan?] espero sus avisos continuados p.a [¿variar?] mis dispociones…” F. Rivera (rubricado)

    Estas 3 cartas de Rivera son auténticas. Véase el propósito de engañar a los charrúas y atraerlos hacia un lugar donde quedaran prácticamente encerrados y tener la mayor facilidad para masacrarlos. Por supuesto que los charrúas no sospechaban las intenciones del Gobierno Oriental o mejor dicho, del que sería su ejecutor, el General Rivera.

    Reconoce Rivera en la 2ª. carta, que en campo abierto sería muy difícil aniquilarlos, por más que  contaban con escuadras de soldados guaraníes al servicio de nuestro Ejército, escuadrones del Ejército nacional, del argentino y del brasileño, que fácilmente cuadriplicaban el número de los charrúas.

    Pero el Presidente no quería una batalla, “la quería evitar a todo trance”; quería un asesinato en masa, una acción “que no fuera difícil”, y en que los charrúas no pudieran salvarse, según se entiende en su carta.

    En una carta de José Catalá a Gabriel Pereira -del 23-8-31-, le informa que “ni uno solo ha escapado del lazo maestro que les armó este experto Jefe (Rivera)” y las ventajas políticas que la masacre representaría para el “riverismo” (en realidad José Catalá no informa correctamente ya que algunos charrúas pudieron escapar de la emboscada).

 

Rivera intenta engañar nuevamente, años después, sobre los hechos que él mismo confesó y dejó documentados

    Durante su estadía en Brasil, Rivera es increpado por la prensa por la masacre de charrúas, y contesta mediante una publicación en “El Iris” fechada en Río de Janeiro el 30 de octubre de 1848. Dice: “… Se a min coube a fortuna e glória de acabar com uma horda de selvagens nomados e ferozes, abrigada nas escabrosidades do paiz, fiz o que outros nao puderam alcanzar antes de mim, e cumpri as ordens do gobernó, com grande satisfacçao das populaçoes, que por tantos annos foram victimas de correrias, roubos e mortes d´ aquelles bandidos.

    Limitarme-hei porêm aos factos inventados.

    E´falso que houvesse necessidade de atraiçoar os selvagens para os-destruir: nem estes selvagens foram nunca alliados do gobernó oriental, nem os orientaes, com quem eu tive a fortuna e honra de combater para cima de 35 annos, em mais de cem batallas, podian tener taes homens, desde que por utilidade geral, se-decretava o seu exterminio… (Textual)

    En esta carta que escribe en Río de Janeiro, acomoda los hechos del modo que más le conviene contradiciendo lo escrito años atrás.

    Niega que tuviese necesidad de atraerlos y traicionarlos para destruirlos. También falta a la verdad cuando dice que los charrúas no combatieron con los soldados orientales de nuestra independencia, (desconociendo que el propio Artigas ya varias veces había mencionado la decisiva colaboración de los charrúas en diversas batallas).

    Y todavía se siente orgulloso del asesinato cuando dice que a él le cupo la fortuna y la gloria de acabar con una horda de salvajes que otros (españoles, portugueses y brasileros) no pudieron alcanzar antes que él, en 3 siglos. Reiteramos que el secreto del aniquilamiento estuvo en el engaño, y en el ataque a traición cuando los charrúas estaban confiados y descuidados, lejos de sus caballos e incluso, algunos desarmados.

    Fue la peor de las traiciones, aquella en que se recurre a la confianza de los amigos para hacerlos caer en una trampa sanguinaria, cruel e inhumana. Los niveles más bajos de los códigos morales del ser humano pudieron forjar esas maniobras genocidas.

    Y de los documentos surge que lo tomaban como una diversión, y Bernabé Rivera se refería a la matanza con la frase “la jarana de los indios”.

    ¿Qué clase de moral pública y de valores éticos tenían estas personas?

    ¿Cómo en este momento de la civilización aún  se pretende justificarlos?

    Los documentos descubiertos no presentan dudas: Rivera fue el responsable del genocidio charrúa. Y a confesión de parte relevo de pruebas, aunque abundan las pruebas.

 

     Status de ciudadanos y los valores charrúas

    No había ningún derecho a asesinarlos. Si cometían algún delito, según la Constitución flamante, estaba la Justicia para procesarlos. Ya existía un Código Penal que se aplicaba a quienes eran “ciudadanos naturales” por haber nacido libres en el territorio y los charrúas también eran “ciudadanos legales” por haber participado como combatientes en las luchas por la independencia. Esto lo reconocía la Constitución de 1830.

    ¿Y sus valores? ¿Eran arcaicos?

    El compromiso de la palabra que aún se mantiene en reductos de nuestra campaña, era original de los charrúas. En 1573 por dar la palabra de protección y albergue a un desertor español, tuvieron que luchar para defenderlo y en la 2ª. batalla perdieron a su Cacique Zapicán, a su sobrino Abayubá, que murió mordiendo las riendas de un animal que nunca había visto antes, mientras lo atravesaban con la espada, y 200 charrúas más. ¿Y por qué murieron? Por cumplir la palabra dada a un español.

    ¿Y la clemencia para los vencidos, popularizada por Artigas que vivió entre los charrúas de los 14 a los 33 años? Nunca “remataban” a los heridos, sino que los llevaban a sus tolderías para curarlos y muchos se quedaban allí para siempre.

    ¿Recuerdan a Domingo Lares, el español que seguía luchando solo, con un brazo quebrado contra varios charrúas? No lo mataron, lo tomaron vivo y lo llevaron como homenaje a su valentía a sus toldos, donde fue curado y vivió un tiempo con  ellos.

    ¿Era ésta una civilización arcaica y sin valores, como declara Sanguinetti?

    Hubo un indigno genocidio, y una violación de la Constitución  por el Presidente Rivera, ya que en caso de conmoción interna debió haber solicitado al Parlamento las “medidas prontas de seguridad” o de lo contrario aplicar la ley para los delitos comunes.

    Cualquier persona o grupo que robara o cometiera un delito debía ser juzgado conforme a derecho. ¿Por qué no sucedió esto con los charrúas? En muchas crónicas hemos leído que quienes cometían los delitos no eran charrúas sino bandoleros comunes en la campaña que se hacían pasar por indios.

    Esa violación de la primera Constitución fue avalada por la Alta Corte de Justicia, quien debía destituir al Presidente en caso de atentar contra la Constitución. Pero tampoco lo hizo.

    Antes, como hace pocos años, fuera de la Constitución se mató a personas y desaparecieron sus restos.

    ¿Saben ustedes que no apareció aún  ningún  resto de los cerca de 300 charrúas muertos en Salsipuedes? La similitud aún abarca otros ítems, pero dejemos aquí.

     ¿En qué consiste un genocidio?

    Para el común de las personas se sabe que es la destrucción de grupos humanos en forma injusta. Pero este concepto con el transcurrir del tiempo se ha venido perfeccionando.

    Estamos a principios del año 2006. El promedio de las personas bien informadas, no ignoran que Naciones Unidas aprobó el 17-7-98 el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. En el marco de la protección de los DDHH, este tratado fue firmado por Uruguay el 19-12-2000, y posteriormente ratificó su adhesión el 28-6-2002.

    Sobre el Genocidio se dice en el Art. 6: A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo; e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

 

     Las afirmaciones de la profesora Martha Canessa y el Dr. Sanguinetti

     estarían configurando una apología del genocidio charrúa

    Según el semanario Búsqueda del 1º de diciembre de 2005, la Prof. Canessa habría declarado que los charrúas eran muy pocos, violaban, robaban, y mataban, y el entonces presidente Fructuoso Rivera no tuvo otra alternativa que civilizar y poner colonos, así que no se puede hablar de que haya promovido un genocidio“.

    “Eran muy pocos”, dice Canessa. Entonces, ¿Qué necesidad tenia Rivera de atacarlos indefensos y con tres ejércitos?

    El hecho de ser muy pocos no justifica que alguien tenga derecho a borrarlos física y culturalmente de su tierra natal.

    Dice la Prof. Martha Canessa de Sanguinetti, que los charrúas “mataban“. Pero a la fecha, se sabe que esos charrúas que mataban, según todas las crónicas históricas objetivas, lo hacían en defensa de algo, de su tierra, de su vida o de la independencia de la Patria.

    Otros crímenes atribuidos a charrúas posteriormente eran aclarados y no surgía allí la responsabilidad de los indios, sino de malhechores que aparentaban ser indios, y para este tipo de delitos, como ya dijimos, estaba la Justicia Penal.

    Dice la Profesora, que violaban. No hay documentos serios que refieran que los charrúas  protagonizaron esa clase de atentados, evidentemente esto es parte de la leyenda negra que fabricaron los colonizadores.

    En realidad quienes eran violadas eran las chinas charrúas, de cuyos embarazos surgieron tantos mestizos que luego dieron origen al gaucho y miles de descendientes. Recordemos que durante dos siglos y medio a partir de la conquista, solo llegaban a estas tierras hombres solos y en la Banda Oriental no existía ninguna mujer blanca todavía, entonces es fácil imaginar quien violaba a quien.

    Y si robaban, como acusa la Profesora, eran castigados por su propia disciplina y moral. Recuérdese a aquel cacique que estaba conversando con un cronista de la época y pasaron unos indios corriendo a otro. Se excusó el cacique y alcanzó al perseguido dándole algunos “macanazos” (palos) y derribándolo del caballo. Al volver al trote, dijo simplemente al cronista: “robó…robó.”

    Las denuncias de los nuevos ganaderos a partir de 1930 por robos, deben interpretarse teniendo en cuenta la cultura y la libertad de aquel pueblo que habitaba desde hacía unos 2 o 3 mil años el lugar, y vivía su estilo. Y cazaban y pescaban, en lo que consideraban, legítimamente, su tierra. Ellos no fueron a cazar a España ni a Brasil, lo hacían en su hábitat. ¿Es muy difícil comprender esto?

    Dice también la Prof. Canessa que “Rivera tuvo mala suerte, tuvo mala prensa“.

    Contestaríamos que la primera mala prensa que tuvo fue la de sus propias cartas, como las que reproducimos más arriba, de donde surge explícitamente, dicho por él y de su puño y letra, todas las medidas, los planes, la incitación al engaño y a la trampa a los charrúas para que se les llevara a un lugar donde Rivera los esperaba con fuerzas militares desmesuradamente superiores para ejecutar la sangrienta masacre.

    Y la mala suerte de Rivera puede haber sido que hoy se conozcan estos documentos, o sea, podamos ejercer nuestro derecho a recordar, a saber y a conocer la verdad de los hechos acaecidos en 1831.

    Martha Canessa también afirma que los uruguayos han inventado el mito de los charrúas, en cambio Rivera es un personaje auténtico.

    Innumerables documentos históricos dan cuenta de la existencia de los charrúas que fueron vistos por los españoles ya en el año 1515. Existen muchas descripciones de los charrúas como la de Félix de Azara, cerca de 1800. Además reconoce Azara que los españoles durante dos siglos no los han podido someter y por el contrario los charrúas han matado más españoles que los millones de indios del imperio de los Incas y de Moctezuma  juntos, y dice Azara: “Ustedes pensarán que se trata de una población muy numerosa”: “pues no pasan de 400 hombres de guerra”.

    De entre todos los documentos nadie podrá dudar de la palabra de Artigas. Cita varias veces a los charrúas, en esos términos o como los “indios bravos”. En varios de sus partes hace referencias como esta: “los enemigos pagaron su obstinación ante la intrepidez de la caballería charrúa”, etc. etc.

    También se pregunta la Prof. Canessa: “¿130 charrúas son un genocidio?

    Esta pregunta queda contestada con los ejemplos de genocidio expuestos en el Art. 6 de la Corte Penal de Roma. De manera que no interesa la cantidad, si son 130, 100 o 1000, interesa la intención de aniquilar un grupo humano.

    Pero además de la matanza, la Corte de Roma, o sea, Naciones Unidas y Uruguay, que ratificó el tratado, entienden como genocidio el “Traslado por la fuerza de niños de un grupo a otro grupo”. Estas acciones se conocieron como el “reparto”. Y si quedara alguna duda, trascribimos una breve carta donde Ellauri, Ministro de Rivera, le pide a su amigo Comandante Felipe Caballero: “hágame el gusto de remitirle á D.a. Agustina Rivera un chinillo, y á  la Madre una china mocetona aunq.e sea de las q.e están criando. P.a  mi escójame dos chicuelas como de ocho á diez años q.e  p.r la mañana á las ocho mandaré p.r ellas antes de la bulla. Soy su affmo.  am.o. (Textual)

    Siguiendo a Rivera, les sacaron los hijos a las mujeres charrúas, que se arrancaban los cabellos de desesperación. Hace 30 años sucedió lo mismo, pero ahora y antes la violación del lazo familiar es un  acto que repugna la conciencia. El secuestro de niños, es considerado hoy genocidio. Y dice Canessa que eran los charrúas quienes violaban!!!

    En suma, los charrúas existieron, no fueron un mito ni un invento, y también existió Rivera, y de ambos da cuenta Artigas, cuya palabra creemos sea indudable para todos. Todo está documentado.

    En  cuanto a las declaraciones del Dr. Sanguinetti, ha dicho que los indios murieron a causa de la gripe y no a causa de la decisión del General Rivera. Que se trataba de una cultura arcaica, como si por ser arcaica no tuviera sus valores que ya hemos expuesto, no hubieran sido valientes, defensores de la independencia, y aliados de Artigas. Nos preguntamos si por ser arcaicos no tenían derecho a vivir como todo ser humano.

    Estamos en presencia, sin duda alguna, de un genocidio, porque no interesa el número total de víctimas, sino la intención de aniquilar un grupo humano.

    Los que están haciendo la apología del genocidio, no quieren aceptar los DDHH de los charrúas, y que todos esos derechos fueron violados al ser matados como animales en un potrero.

    De este modo hemos confrontado los hechos descritos por el propio Rivera que constituyen moral y jurídicamente un genocidio según los conceptos de Derechos Humanos vigentes. Toda esta realidad tan actual, tan documentada está siendo negada por algunas personas que tienen la función de educar y trasmitir con veracidad los hechos históricos. La defensa tan forzada y con argumentos rebuscados que se hace de Rivera y las acusaciones sin fundamento contra los charrúas constituyen unaapología del genocidio perpetrado en 1831.

    Conste que no tuvo responsabilidad genocida ningún partido político, ni el colorado ni el blanco, ya que éstos surgieron en 1836, con la Nación Charrúa ya exterminada.

    Uno de los Derechos Humanos fundamentales es el conocimiento de la verdad. Por lo tanto instamos a quienes tienen responsabilidades, a informarse tanto de la documentación histórica de nuestro pasado, como sobre Derechos Humanos y los tratados que han sido ratificados por Uruguay sobre genocidio.

    Creemos que es hora de reflexión: no se puede seguir adulterando la realidad histórica, y los ciudadanos de hoy, no somos tan incautos como aquellos que creyeron en quienes los llevaron al genocidio. Hoy tenemos los documentos probatorios, por lo tanto, el genocidio y el fraude ya no tienen cabida. Es la hora de la verdad y de la dignidad.

    Si bien es un derecho recordar, saber la verdad es una obligación para tener el derecho a opinar, y a enseñar correctamente a nuestros hijos y a las generaciones del porvenir.

    Entregar una verdad a una persona, a un niño, es respetar su dignidad humana y debe ser motivo de nuestro orgullo el hacerlo honesta e ilustradamente. / vecinet

      (*) Investigador del pasado uruguayo y de los Charrúas, descendiente de víctimas del genocidio charrúa.

           http://www.internet.com.uy/charruas/html/acerca_del_autor.html

sumario

2- Rivera había ofrecido su ayuda en 1820 para matar a Artigas

    por Gonzalo Abella

(extractado del libro Artigas, el resplandor desconocido -ensayo histórico- http://www.chasque.apc.org/vecinet/abella00.htm)
Capítulo VIII Releyendo documentos. Habla Artigas y hablan sus contemporáneos

    http://www.chasque.apc.org/vecinet/abella17.htm

   (…)Antonio María de Freitas había publicado en 1944(24) las cartas de Rivera pidiendo a Ramírez que matara a Artigas; Rivera llegaba a ofrecer su ayuda para ese fin.

    No sé qué repercusión tuvo eso en 1944, porque yo no había nacido, pero hace muy pocos años un joven estudioso de la historia uruguaya, Oscar Montaño, volvió a publicar estas cartas ¡y la fotografía reproduciendo hasta la firma de Rivera! en su libro “Umkhonto”(25).

    Pensé que los riveristas iban a poner el grito en el cielo diciendo que los documentos eran falsos, pero hicieron algo más inteligente: usando su influencia decretaron que el libro de Montaño no existe, y no se habla de él en la gran prensa ni en la televisión mientras se reeditan con gran marketing libros riveristas que omiten este episodio y otros igualmente graves.

    “Quien calla, otorga” dice un viejo refrán. Pero si se hace callar todas las campanas grandes, ¿qué se otorga?

    Reproduzco aquí también un fragmento de estos documentos. Rivera a Ramírez, segunda carta con el mismo asunto:

    “Todos los hombres, todos los patriotas deben sacrificarse hasta lograr destruir enteramente a José Artigas; los males que ha causado al sistema de libertad e independencia son demasiado conocidos para nuestra desgracia, y parece excusado detenerse en comentarlos cuando nombrando al monstruo parece que se horripilan.”

    Después le anuncia a Ramírez que su nuevo amo, el invasor portugués Barón de la Laguna pide:

“…que usted acabe con Artigas y para eso contribuirá con cuantos auxilios estén en su poder

    Y concluye:

    “Con respecto a que yo vaya a ayudarle puedo asegurarle que lo conseguiré” (para) “ultimar al tirano de nuestra tierra

     No son hechos circunstanciales en Rivera. Rivera en algo es consecuente: en su inconsecuencia. Jorge Pelfort, en carta al semanario Búsqueda(26) y citando nuevamente a Freitas y por él a La Gaceta Mercantil de Buenos Aires de 1833, nos recuerda un comentario de Juan Antonio Lavalleja, jefe de los Treinta y Tres Orientales que iniciaron la Cruzada Libertadora de 1825:

    “Cuando tomé prisionero en 1825 al General Rivera se le halló en la cartera una autorización para que ofreciera mil pesos al que le entregara mi cabeza” (la de Juan Antonio Lavalleja, G.A.) “y otros mil al que le presentase la del entonces Mayor y ahora General Manuel Oribe“.

    El archivo de Pelfort nos da todavía otro aporte interesante sobre la personalidad de Rivera a través de una carta de Don Frutos escrita muchos años después (ya próxima su muerte en Melo). Curiosamente Pelfort encuentra reproducido este documento en un suplemento dominical del difunto diario “El Día” de Montevideo, de fecha muy reciente: 6 de marzo de 1977.

    Escribió Rivera: “Yo creo no poder regresar tan pronto a la capital para ocuparme del gobierno y de la política porque lo que más importa es el completo exterminio de los blancos” ( por supuesto se refiere a los partidarios del Partido Blanco o Nacional, no a los caucásicos ).

    Pero si esto es así, ¿qué hace la imagen de Rivera en las escuelas públicas del Uruguay? ¿Cómo se permite el violento atentado a la verdad histórica de presentar a un enemigo jurado del artiguismo, como su continuador? ¿Cómo se armoniza la tan mentada “laicidad” de la escuela pública con el homenaje a un personaje cuyo único mérito fue fundar un partido político tradicional y aborrecer al otro?(…) / vecinet

Notas del autor en el libro original en papel y versión Internet:

(24) “La revolución Oriental de 1825”. FREITAS Antonio María de, 1944, Montevideo, Ed. del autor.

(25) “Umkhonto” de MONTAÑO Oscar, Ed. Rosebud, Montevideo, 1997.

(26) Carta al semanario “Búsqueda” de Montevideo publicada el 23 de Diciembre de 1998, firmada por PELFORT Jorge

sumario

Ver también otros capítulos del libro:

– Capítulo V Pueblos originarios, la primera fuente del artiguismo http://www.chasque.apc.org/vecinet/abella07.htm

– Anexo 1 al capítulo V Algunas preguntas sobre los charrúas http://www.chasque.apc.org/vecinet/abella08.htm

3- Para conocer más sobre los Charrúas

     “(…) El viejo espíritu charrúa no ha muerto. Forma parte de nuestra identidad. Está vivo en los descendintes directos que aún viven en suelo uruguayo y en el de paises hermanos. (…)
     Honor eterno a estas mujeres y hombres artiguistas caídos en Salsipuedes, en Paso del Queguay, en las proximidades de la Cueva del Tigre y en tantos otros pasajes de su martirologio conmovedor.(…)”

Proclama de Salsipuedes 1998

  –  Los Charrúas Artiguistas por Rodolfo Porley http://www.chasque.net/vecinet/charru00.htm

–  Escudo federal-artiguista de la Provincia Oriental http://www.chasque.net/vecinet/escudo.htm

–  El Laberinto de Salsipuedes por Rodolfo Porley http://www.chasque.net/vecinet/charrua1.htm

–  La Memoria Perdida  http://www.chasque.net/vecinet/piedras.htm

–  ¿Porqué rescatar solo lo indígena? por R. Martínez Barbosa http://www.chasque.net/vecinet/charrua0.htm

–  Leyenda del Ceibo y del Churrinche http://www.chasque.net/vecinet/ceibo.htm

–  Listado de voces Charruas http://www.chasque.net/vecinet/voces.htm

  –  ¿Por qué los Charrúas?

–  El primitivo hombre de América y los Charrúas

      http://www.internet.com.uy/charruas/html/hombre_america_y_charruas.html

Cómo se pobló el Uruguay y la aparición de los charrúas. Características físicas de los charrúas. El lenguaje de los charrúas. ¿Cuántos eran los charrúas?

–  Los charrúas y sus costumbres http://www.internet.com.uy/charruas/html/charruas_y_sus_costumbres.html

     Características de la vivienda charrúa. Utensilios. Indumentaria. Creencias. Entretenimientos. La navegación.

–  Organización social http://www.internet.com.uy/charruas/html/organizacion_social.html
     Las familias charrúas. Los caciques. Comportamiento en épocas de guerra. Economía y alimentación de los charrúas.

  –  Salsipuedes http://www.muldia.com/Historia/charruas/salsipuedes.htm

  –  Salsipuedes Nunca Más! http://members.tripod.com/indiauy/vaimaca/salsipue.htm

     Los charrúas según diversas fuentes
    Descripciones acerca de los charrúas según diversas fuentes, durante la colonización. Se analizan la interesada visión del conquistador, el desprestigio y la desvalorización que dará origen al prejuicio anticharruísta.
– 
Don Pedro Lozano S.J.  /  Don José Guevara S.J.  /  Don Félix de Azara  /  Don Faustino Salaberry S.J.
– Etnocidio: El Etnocidio sufrido por los Charrúas. Los sucesos. (1era. Parte)
– 
Artigas: Relación de los Charrúas con José Gervasio Artigas.

     Algunos libros publicados sobre los Charrúas:

   El genocidio de la población charrua de Eduardo Picerno, Artigas y su hijo el Caciquillo, de Carlos Maggi; Uruguaypirí, de Danilo Antón; Piríguazú, de Danilo Antón; El pueblo jaguar, de Danilo Antón; Canaexé, de Sergio Sánchez; El último Charría. De Salsipuedes a la actualidad, de Rodolfo Martínez Barbosa; Artigas y el lejano norte (refutando la historia patria), de Carlos Maggi; Amerrique. Los huérfanos del paraíso, de Danilo Antón; Bernabé, Bernabé, de Tomás de Matos; Artigas ñemoñare (descendientes), de Nelson Caula; Pueblos y Culturas aborígenes del Uruguay, Angel J. Zanón; Charrúas, Guenoas y Guaracíes, Diego Bracco; La Memoria Invensible, Gonzalo Abella;Nuestra Raíz Charrúa, Gonzalo Abella; Mitos y Leyendas de la Banda OrientalGonzalo Abella.

http://www.chasque.net/vecinet/noti796.htm

2 Respuestas a “La confesión de Rivera, autor del genocidio Charrúa en 1833

  1. Veo que al principio se citan documentos que solamente yo he recopilado de los distintos archivos y publicado en el libro “El genocidio de la población charrúa” que editó la Biblioteca Nacional. Pero no se menciona la fuente ni el permiso del autor Eduardo Picerno para publicarlo. Hay derechos de autor son obras protegida por AGADU. ésta es una. Al menos hubieran avisado que iban a tomar del libro esos datos, incluso párrafos míos figuran allí. Y no es que no quiera que se difunda este horror sino que se respete a quienes trabajamos muchos años en el tema, dando horas de vida y a costo de nuestro dinero, nadie ayudó a financiar la obra.

    • Lo raro es que tenes el protagonismo al principio dice por Eduardo Picerno pero bueno mil disculpas Eduardo lo saque de tu libro porque fui uno de los primeros en comprarlo en persona cuando te trajimos con aquecha y la dirección de cultura a Paysandu para que lo presentes ya te lo he aclarado y explicado,compre el libro igual aclaro la fuentes entonces disculpas, abrazo Christian Acosta

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