30 OCTUBRE DE 1848 CARTA DE RIVERA SOBRE EL EXTERMINIO DE LOS CHARRUAS


30 OCTUBRE DE 1848 CARTA DE RIVERA SOBRE EL EXTERMINIO DE LOS CHARRUAS PUBLICADA EN DIARIO IRIS DE RIO DE JANEIRO

Versión dada por Fructuoso Rivera sobre el exterminio de los Charrúas según una carta suya- en portugués-, publicada en El Iris, diario de Río de Janeiro.

Fuente: Boletín Histórico del Ejército Nº 193-196, pág 368. Carta reproducida por primera vez por el investigador J. J. Figueira tomado del original en Río de Janeiro.

Carta de F. Rivera publicada en “El Iris” de Río de Janeiro con fecha 

1º noviembre 1848. (Ver documento original en portugués)

TRANSCRIPCION Foja 1

(Traducción libre del autor)

Señor redactor del Iris.

Es mi deber comenzar por manifestar a Usted los testimonios de mi gratitud por la benevolencia, con que se ha dignado tratarme en su ilustrado periódico.

Si desde la revolución de 1810, muchos de mis actos han sido adulterados por mis enemigos, también muchas veces debí a la prensa de América y de Europa la justicia de desvanecer con la exposición de los hechos las inexactas imputaciones, como lo prueban cientos de documentos firmados por personas, que hoy se empeñan en deprimirme, y como lo demostró el señor Andrés Lamas, actual ministro de Montevideo en esta Corte en una recopilación de documentos que publicó El Nacional, en los años de 1845 y 1846, para el desarrollo de apuntes históricos que aun incompletos en lo esencial de la parte administrativa, da los medios de juzgarme desapasionadamente.

No pude por consiguiente leer sin espanto las calumnias de que El Americano, solo en el Nº 110, tuvo la precipitación de tronarse intérprete.

Por lo que toca a mis tendencias anti civilizadoras; a mi carácter de elemento disolvente; al juicio que hoy forman de mí mis más despreciados enemigos que en otro tiempo fueran mis panegiristas; dejaré todo sin respuesta: no así el siguiente parágrafo:

“Humano Rivera?! Pues bien concordaremos en tanto que nos diga que es humanidad en uno de sus muchos hechos, la destrucción de los Charrúas. Lo expondremos aunque muy brevemente.

Entre las tribus indígenas que los descubridores del Plata encontraran en su margen Oriental, sobresalía la de los Charrúas: bellísimos, nunca doblaron la cabeza al dominio europeo; habitado últimamente los campos del norte del Estado Oriental –y eran aliados de Rivera. Sus campos fértiles para desgracia de ellos fueron vistos un buen medio de ganar dinero con su venta mas para esto necesario era destruir la tribu. El proyecto que con este fin siguió Rivera fue simular estar descontento con los charrúas, procurar posteriormente su amistad, juntarlos en un punto para hacer las pases en un estilo popular; entonces cuando desarmados y entregados a la buena fe de su amigo, caerles con un ejército y exterminarlos. Ejecutó el proyecto como lo había planeado, y de la tribu de los Charrúas sobrevivieron apenas 20 que para Europa fueron llevados como objeto de curiosidad. Desocupados los campos fueron inmediatamente vendidos a Río-Grandenses: quizá de este dinero y de otro habido de igual forma, haya sido Rivera generoso. Mas si este hecho, que hemos mencionado es de un ser humano, dejamos a la conciencia del redactor del IRIS juzgarlo.” [Hasta acá reproduce Rivera párrafos del periódico El Americano.]

[Prosigue la carta de Rivera en sus propias palabras publicadas por El Iris de Río de Janeiro.]

He dejado pasar sin corregir mucha explosión partidaria, mucho frenesí de pasiones; pero esta vez una acusación es horrible y hecha en un país donde he sufrido muchas persecuciones, por el furor de mis enemigos, de que me termina de liberar la justicia del Gobierno Imperial, concediendo que no se me incomode más. No debo pues consentir que el silencio autorice esa gratuita falsedad.

Fácil me fuera, mostrar al Americano cuáles eran todos los terrenos al Norte del Estado Oriental, quiénes son los que los poseen, y de qué manera los adquirieron; probándole así cuán equivocado está en lo escrito; – que allí, en el tiempo a que se refiere, no tenían los Charrúas propiedad de ninguna especie, ni fueron señores de otras tierras que aquellas que pisaban.

Podría ocuparme de lo que fueron los Charrúas; de los inmensos males que, desde tiempo inmemorial, hicieron a la República y al Brasil; de sus depredaciones y ferocidades; de los esfuerzos vanos hechos por varios gobiernos para subyugarlos; de la noble sangre por ellos derramada, en la cual abulta la de mi/ hermano Bernabé, del joven [Maximiliano] Obes, del teniente coronel [Pedro] Bazán y de otros muchos Orientales; y de cuanto en fin fue patente para que el gobierno constitucional de acuerdo con las cámaras legislativas resolviese su total aniquilamiento. Si me cupo a mí la fortuna y la gloria de acabar con una horda de salvajes nómadas y feroces, abrigada en las escabrosidades del país, hice lo que otros no pudieron alcanzar antes de mí, y cumplí las órdenes del gobierno, con gran satisfacción de las poblaciones, que por tantos años fueron víctimas de correrías, robos y muertes de aquellos bandidos.

Pero me limitaré a los hechos inventados.

Es falso que hubiese necesidad de traicionar los salvajes para destruirlos: ni estos salvajes fueron nunca aliados del Gobierno Oriental, ni los Orientales con quienes yo tuve la fortuna y la honra de combatir por más de 35 años, en más de cien batallas, podían tener tales hombres, desde que por utilidad general se decretaba su exterminio.

Es igualmente falso, que yo haya vendido un único palmo de terreno que pudiera pertenecer a los Charrúas. Nunca tuve precisión de ser generoso con la fortuna ajena, por cuanto la que me dejó mi fallecido padre me proporcionaba abundantemente con qué servir a mis amigos, y obtener otras propiedades, por trámites regulares, sin apoderarme de lo que fuese el Estado.

(Traducción del autor de copia auténtica de carta del Gral. Rivera, ver foto del texto original en portugués)

Tal vez que el Americano, haya oído decir que, en el año de 1835, el Presidente de la República del Uruguay vendió por más de 90 leguas cuadradas de una área de terrenos, propiedad del Estado; que el Gobernador de Montevideo, D. Gaspar, [de] Vigodet, cedió sin llenar las formalidades de la ley, al portugués D. Felipe Contucci, por servicios practicados contra los llamados patriotas; y que esos terrenos fueron, en efecto, vendidos a infinitos brasileros.

Mas en ese caso, es un engaño de nombre, pues ese Presidente era el Señor D. Manuel Oribe, yerno y heredero de Contucci.

Solo es verdad que se repartieron los Charrúas porque a ellos no quisimos destruirlos del todo; y que tres fueran llevados a Francia por el señor de Curel, a quien fueran dados. Es esa la única cosa exacta que El Americano escribe relacionado a los Charrúas; aúnque allí mismo burlaran su buena fe contándoles que habían sido veinte los llevados a Francia. Ni de ese hecho sin embargo se encontrará prueba de los sentimientos de humanidad que dictaban esa providencia. [Rivera quiere indicar que El Americano no fue capaz de encontrar una prueba de sentimientos humanitarios ya que no los  mató a todos, sino que  se repartieron algunos. Pero también se equivoca Rivera, porque no fueron 3 sino 4 a Francia, otro murió en el viaje y varios a las Malvinas).

Nota:  charrúas en Malvinas…

La historia del “Gaucho Rivero”. Según me dijeron este personaje era un mestizo charrúa de Entre Ríos que fue como colono a las Malvinas junto también con otros charrúas. También en 1834 el gobierno de Rivera mando un barco a las Malvinas con prisioneros charrúas de las masacres. Rivero junto con 5 charrúas de Concepción del Uruguay (serán sus lugartenientes) llegan a Malvinas en 1827 para trabajar en una estancia lanar de un gringo. En 1833 debido a la rivalidad entre el gobierno de Rosas y la Corona Británica, los ingleses ocupan las islas sin mayor dificultad. La invasión fue el 3 de enero y provoco que los ciudadanos británicos de las islas tuvieran más privilegios que los criollos e indígenas. A los peones de las estancias lanares (en su mayoría criollos e indígenas) no se les pagaba con dinero sino que bonos. También se produjo una segregación entre ciudadanos de origen anglosajón y los que no lo eran. Muchos piensan que el motivo de la rebelión no fue el nacionalismo sino la exclusión social a la que eran sometidos. Es así como el 26 de agosto se revelan los peones rurales (en su mayoría charrúas pero también un mapuche chileno y un par de criollos). Degüellan a todas las autoridades britanicas y llevan a los ciudadanos de ese origen a un islote, apartados de los rebeldes. Bajan la bandera británica e izan una bandera argentina improvisada (unos trapos celestes y blancos). Al poco tiempo los rebeldes se apoderan de toda la Isla Soledad y degüellan a los pocos estancieros lanares que allí habían. Una fragata inglesa rescata a los británicos prisioneros del islote. El Gaucho Rivero trata de construir una barcasa para ir al Continente y comunicarle al gobierno de Rosas lo que estaba sucediendo en las islas. El 9 de enero de 1834 dos fragatas inglesas invaden la colonia de Puerto Luis (único centro poblado del archipiélago). Los enfrentamientos desencadenados allí llevan al incendio y destrucción del poblado. Los “gauchos” e “indios salvajes” (como les decían los gringos) se ven obligados a replegarse hacia el interior de la Isla Soledad. Finalmente el 18 de marzo de 1834 Rivero y un par de hombres (los únicos que quedaban) se rinden ante las autoridades inglesas tras ser rodeados. Él y los otros prisioneros son llevados a Montevideo y liberados allí. Recordemos que Rivera era aliado de los británicos contra Rosas. Antonio Rivero más conocido como “El Gaucho” muere en 1845 en la Batalla de la Vuelta de Obligado peleando del lado de los federalistas rosistas contra los ingleses y franceses. Una historia bastante intereante.

Aporte de Martín Delgado

A no ser con palabras, aserciones banales, o calumnias de enemigos, será imposible destruir mi exposición; pues no hay para denigrarme ni hechos dignos de fe, ni un testimonio de personas que puedan modificar la consideración que los hombres de bien nunca negaron a quien es…

Fructuoso Rivera         (De Usted… saludo)

Río de Janeiro, 30 de Octubre de 1848”

(Traducción del autor de copia auténtica de carta del Gral. Rivera, ver foto del texto original en portugués)

Documento adjunto en el libro de Eduardo Picerno “El genocidio de la población Charrua”

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