Melchora Cuenca, olvidada de la historia oficial


Melchora Cuenca…

 Julio  2012  Por Carol Guilleminot

Melchora Cuenca fue una de las esposas del general José Gervasio Artigas y su casa, hoy tapera, se encuentra a orillas del río Queguay, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Guichón.

Allí convivió la pareja y nacieron sus hijos Santiago y María y, en esa vivienda, ella vivió hasta finales de 1840 aproximadamente.

La suya es una historia bastante desconocida aunque fue testigo y partícipe clave de la etapa de apogeo y derrota del Prócer.
Te invito a leer su historia.

La pareja construyó su casa en un lugar muy estratégico, debido que se encuentra a la orilla de un gran río como lo es el Quéguay Grande. A pocos metros detrás de la tapera pasa el milenario camino de los indios, una traza que se extiende por miles de kilómetros uniendo las orillas del océano Atlántico con el centro de América del Sur, senda construida y utilizada por los primeros habitantes del continente, con los cuales la pareja tenía un buen relacionamiento.

A su vez, el lugar se encontraba cerca de la base de Artigas en Purificación, pero a su vez lejos del flujo y peligros de la orillas de río Uruguay, pues la familia del caudillo era un botín de guerra muy importante para sus enemigos.

Para conocer un poco más sobre la dueña de la casa que fue el centro de la investigación arqueológica que realizaron los estudiantes de Enseñanza Media de Guichón, resumimos algunos aspectos de su trabajo final, el cual acaban de presetar en España. A su vez, esperamos que este aporte de QUINTO DIA sirva para ampliar nuestro conocimiento de los años de Artigas en el suelo sanducero y de la esposa que tuvo aquí, una mujer olvidada por la historia oficial.

El contexto: Purificación y la Liga Federal

En mayo de 1815, Artigas instaló su campamento en Purificación, unos cien kilómetros al norte de la actual ciudad de Paysandú, cerca de la desembocadura del arroyo Hervidero, que desagua en el río Uruguay, y a unos siete kilómetros de la llamada Meseta de Artigas.

En este sitio pudo desarrollar sus ideas inspirado en el pensamiento europeo de la época, como la Ilustración, la Guerra de Independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa, y las doctrinas que perseguía la Constitución Española de Cádiz de 1812. Gracias a la Enciclopedia de Diderot, las ideas fueron muy estudiadas entre los sectores educados de Latinoamérica, en especial, por miembros del clero y la burguesía criolla de Hispanoamérica. En estos sectores sociales, las ideas de libertad, igualdad, progreso y soberanía entre otras corrientes se difundieron rápidamente, así como las ideas de Rousseau, Bayle, Mostesquieu, Voltaire y Raynal.

Purificación habría de transformarse en la capital de hecho de la Liga Federal. El comerciante escocés John Parish Robertson, que lo visitara en aquel entonces, describió así el sitio: “Tenía alrededor de 1.500 seguidores andrajosos en su campamento, que actuaban en la doble capacidad de infantes y jinetes. Eran indios principalmente sacados de los decaídos establecimientos jesuíticos, admirables jinetes y endurecidos en toda clase de privaciones y fatigas. Las lomas y fértiles llanuras de la Banda Oriental y Entre Ríos suministraban abundante pasto para sus caballos, y numerosos ganados para alimentarse. Poco más necesitaban. Chaquetilla y un poncho ceñido en la cintura a modo de kilt escocés, mientras otro colgaba de sus hombros, completaban con el gorro de fajina y un par de botas de potro, grandes espuelas, sable, trabuco y cuchillo, el atavío artigueño. Su campamento lo formaban filas de toldos de cuero y ranchos de barro; y éstos, con una media docena de casuchas de mejor aspecto, constituían lo que se llamaba Villa de la Purificación.”

Mucha gente llegó a Purificación desde sitios extraordinariamente distantes. No era gente común, a pesar que los tiempos eran muy turbulentos y llenos de peligro, a veces caminaban interminables distancias, buscando ese lugar que se convirtió durante algunos años, en la tierra de la libertad. Incluso de lugares remotos como el Paraguay.

Quién fue Melchora Cuenca

Fue en Purificación donde Artigas contrajo su segundo matrimonio en diciembre de 1815 (su primer enlace con Rosalía Villagrán había sido anulado a causa de su demencia) con Melchora Cuenca, una lancera paraguaya.

Esta mujer, mucho menor que él, conoció al Prócer pues su padre le traía víveres enviados por la Junta del Paraguay.

Melchora Cuenca era paraguaya, hija de un español y una madre mestiza, poseía relativa cultura, rostro atrayente y cierta esbeltez que conservó como fiel tributo de la raza guaranítica.

En Purificación fue maestra y después de abandonar ese lugar la pareja se dirigió al Queguay, cerca de montes que José Artigas administró para proveer de sustento a su familia, lugar donde tuvieron a sus hijos, Santiago (nacido en 1816) y María (nacida en 1819).

El constante crecimiento de influencia y prestigio de la Liga Federal atemorizó tanto a los unitarios de Buenos Aires y Montevideo como al Reino Unido de Portugal, Brasil yAlgarve. En agosto de 1816 numerosas tropas luso-brasileñas invadieron la Provincia Oriental, con la complicidad tácita de los unitarios que se habían fortalecido en Buenos Aires y del embajador porteño en Río de Janeiro. Con la intención de destruir al caudillo y su revolución, las tropas luso-brasileñas atacaron por tierra y mar. Junto a Artigas, participaron en la defensa de su provincia sus lugartenientes: Juan Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués, Andrés Latorre, Manuel Oribe, el misionero Andrés Guazurary, apodado “el indio Andresito”. En cuanto a Fructuoso Rivera, éste traicionó a Artigas pasando a servir a los portugueses y brasileños.

Al parecer, allí en el Queguay surgieron desavenencias entre Artigas y Melchora, pues ella se negó a acompañarle en 1819. Debido a su superioridad numérica y material, las fuerzas luso-brasileñas al mando de Carlos Federico Lecor vencieron a Artigas y sus lugartenientes y ocuparon Montevideo el 20 de enero de 1817, aunque la lucha continuó por tres años en el medio rural.

Indignado por la pasividad de los unitarios instalados en Buenos Aires, Artigas les declaró la guerra, al tiempo que enfrentó a los luso-braileños con ejércitos que se vieron diezmados por sucesivas derrotas.

Después de tres años y medio de resistencia, la batalla de Tacuarembó, de enero de 1820 significó la derrota definitiva de Artigas, que debió abandonar el territorio oriental, al que ya no volvería. Varios de sus lugartenientes cayeron prisioneros o abandonaron la lucha.

Fructuoso Rivera, por su parte, se pasó al ejército brasileño de ocupación. Rodeado por todos lados por los lugartenientes de Francisco Ramírez y viendo su causa definitivamente perdida, el 5 de setiembre de 1820, Artigas cruzó el río Paraná hacia el exilio en Paraguay, dejando atrás su patria y su familia.

La separación dejó un profundo dolor en el alma de su esposa Melchora, que se sintió traicionada y presa del deshonor, y seguramente vivió llena de amargura el resto de su vida.

En el Queguay hasta 1846

Luego, desde Mandisoví Melchora Cuenca regresó a su vivienda a orillas del Quéguay en 1821, bajo la tutela de Manuel –hijo primogénito de Artigas– quien la terminó abandonando. Habiendo quedado sin recursos para hacerse cargo de sus hijos, Melchora realizó tareas humildes como lavar, planchar y confeccionar ponchos para otros.

Ocultándose aún de los portugueses en el Queguay, encontró a Fructuoso Rivera, comandante general de la campaña a las órdenes de Lecor. Fue Rivera quien le expidió salvoconductos y le solicitó que le entregase a su hijo Santiago para educarlo, a lo que ella entonces se negó.

En 1825, luego del desembarco de los patriotas en la playa de la Agraciada, se intensificó la vigilancia de los brasileños sobre Melchora –a quien consideraban, evidentemente, una figura muy peligrosa– que se salvó gracias a la protección de Bernardina Fragoso, esposa de Rivera. Finalmente, su hijo Santiago quedaría bajo la tutela del entonces general y primer Presidente de la República, Rivera, en 1832, agregado a su escolta.

Melchora siguió viviendo en el Queguay hasta 1846 con su hija y nietos, cuando viajó a Concordia para rencontrarse con su hijo Santiago.

En setiembre de 1850, llegó a casa de Santiago un oficial del ejército paraguayo con un sobre del presidente de Paraguay Francisco Solano López, en el que le informaba acerca de la muerte de José Artigas.

Luego de mucho dudarlo, Santiago se lo comunicó a Melchora, quien le respondió con tranquilidad: “Mentiras, son mentiras de los enemigos. Pobres mentiras.” En Concordia Melchora murió cerca de 1870, envenenada por las emanaciones de un brasero colocado en su habitación.

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