Un molusco capaz de degradar glifosato


Ecología

Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el Museo Argentino de Ciencias Naturales hallaron que el mejillón dorado, que invade ríos y embalses de la Argentina, puede descomponer el herbicida presente en las lagunas de las pampas cultivadas con soja.

DESTACADA — POR  EL 21/06/2012

Limnoperna fortunei, un molusco de agua dulce oriundo del sudeste asiático que se estableció en algunos ríos y lagos de la Argentina, es capaz de degradar el glifosato.

Descargar archivo MP3 de Entrevista a Daniel Cataldo

Hoy se arrojan unos 200 millones de litros de glifosato sobre los cada vez más extensos campos sembrados con soja. Además de los efectos dañinos para la salud humana, que han sido denunciados, hay estudios que muestran que este agroquímico no es inocuo para los organismos que habitan en lagos y lagunas de la pampa sojera.

Pero ahora habría una buena noticia: un molusco de agua dulce oriundo del sudeste asiático y que en las dos últimas décadas se estableció en algunos ríos y lagos de la Argentina, es capaz de degradar el glifosato. Se trata de la especie Limnoperna fortunei, un pequeño bivalvo más conocido como mejillón dorado.

Así lo afirma un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el Museo Argentino de Ciencias Naturales, que publicó sus resultados en la revista Ecotoxicology and Environmental Safety.

“Colocamos una concentración de glifosato similar a la que llega normalmente a las lagunas en la llanura y vimos que la presencia de Limnoperna hizo que el herbicida disminuyera al 40 por ciento en muy pocas horas”, relata el doctor Daniel Cataldo, docente del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la FCEyN. Los investigadores trabajaron con  concentraciones de glifosato de 16 y 19 miligramos por litro de agua. Si bien no hay registros precisos de la cantidad de herbicida que llega a los cuerpos de agua, algunos estudios indican valores de hasta 14 miligramos por litro de agua.

Los bivalvos fueron recolectados en la costa del Río de la Plata; los más pequeños tenían hasta 13 milímetros de largo, y los grandes, 22 milímetros. En primer lugar, se comprobó que éstos soportaban altas concentraciones de glifosato, de hasta 40 partes por millón, y que, en pocas horas, disminuía la proporción del herbicida en el agua. “Luego determinamos qué partes del organismo contribuían a ese efecto, e hicimos experimentos con las valvas solas y con el cuerpo completo”, precisa Cataldo, que también es  profesional del CONICET.

Así, confirmaron que el biofilm, o ecosistema bacteriano que recubre las valvas, participa en la degradación del herbicida, pero el organismo en su conjunto tenía un efecto mayor. Ya se conocía que ciertas bacterias tienen la capacidad de degradar glifosato, pero no se sabía que podían actuar asociadas con el mejillón.

Mejillones en acción

En un primer momento, el glifosato se “pega” a la superficie de las valvas y también sobre el tejido blando. Luego comienzan a actuar las bacterias que descomponen el herbicida.

“Este estudio muestra que el mejillón dorado puede servir como agente biológico para moderar los efectos del glifosato sobre los cuerpos de agua”, afirma la doctora Haydée Pizarro, también docente del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la FCEyN e investigadora del  CONICET, quien hace tiempo viene estudiando el efecto del glifosato en el agua dulce.

¿Limnoperna es la solución para eliminar el glifosato de las aguas? “Este es un primer paso muy auspicioso, pero tenemos que seguir trabajando”, señala Cataldo, y aclara: “Hay que tener en cuenta que este bivalvo, al degradar el herbicida –que es un órganofosforado–, elimina fósforo promoviendo la eutrofización de las aguas, lo que favorece la proliferación de algas potencialmente tóxicas”.

En Embalse Río Tercero, los investigadores habían determinado que la presencia de Limnoperna aumentaba la proliferación de macrófitas, o plantas sumergidas. Asimismo, en el embalse de Salto Grande, habían visto que incrementaba las poblaciones de cianobacterias tóxicas.

De todos modos, es más grave la presencia de glifosato por ser un agente muy agresivo para la vida en las lagunas.

Los investigadores aclaran que no es conveniente introducir el mejillón en lagunas adonde éste no haya llegado de manera natural. “Sería peor el remedio que la enfermedad”, concluye Cataldo.

 

El bivalvo invasor

Cataldo estudia a Limnoperna desde hace más de 15 años, cuando este molusco ingresó al país como polizón en barcos que venían desde Asia. “Todo comenzó porque fuimos consultados por la central nuclear Atucha I”, relata Daniel Cataldo. Los sistemas de refrigeración del reactor presentaban problema porque el molusco taponaba las cañerías. Así el investigador empezó a estudiar el ciclo de vida de esos organismos, su crecimiento y reproducción, con el fin de mitigar sus efectos en centrales nucleares e hidroeléctricas. “Trabajamos con distintos tóxicos, que fueran biodegradables”, comenta.

El mejillón en cuestión se alimenta filtrando fitoplancton, bacterias y partículas orgánicas en suspensión, y elimina nutrientes, en especial nitrógeno y fósforo. Así, modifica la proporción de estos nutrientes, haciendo que cambie la población de fitoplancton. Cada mejillón filtra  unos  500 mililitros por hora. De estos organismos puede haber más de 100 mil por metro cuadrado. “En Río Tercero, la gran población de Limnoperna podría filtrar, en 2-3 días, toda el agua del embalse”, dice Cataldo.

http://noticias.exactas.uba.ar/?p=3305

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