La sobreoferta de cereales de verano, liderada por la soja, pone en riesgo los suelos


En riesgo la gallina de los huevos de oro

+ Blasina y Asociados – 08.06.2012

  • © JUAN SAMUELLE

    Preocupa el desgaste del recurso suelo
Los suelos de Uruguay vienen dando soporte a un crecimiento agrícola sin precedentes, impulsado por la dupla trigo/soja que en el verano pasado tuvo un comienzo de diversificación a través del crecimiento de la siembra de maíz y sorgo. Los precios resultaban más que estimulantes para los dos cereales. El maíz se pagaba a US$ 300 por tonelada. El sorgo a US$ 200.
Un año después, Estados Unidos se encamina a la  mayor cosecha de maíz de su historia, los argentinos nos mandan el maíz quebrado sin retenciones, es decir con un subsidio indirecto, como si tuviera valor agregado, los mercados financieros empujan a las materias primas a la baja. Por eso, hay miradas de preocupación entre los agricultores cuando se está terminando de cosechar una zafra abundante tanto en maíz como en sorgo.

Algunos productores que están cosechando maíz en estos días y quieren venderlo no encuentren precios o los que encuentran, en el caso del sorgo, a veces llevan a que no valga la pena comercializar: Hay que resignarse a US$ 200 por el maíz y US$ 100 por el sorgo a levantar de chacra.

Este ajuste tiene consecuencias profundas literalmente: ¿qué pasará con los suelos uruguayos si la apuesta a la soja es la única que da un margen claro a los agricultores? Al menos en la próxima primavera el escenario planteado es ese.

Y el problema es que mientras el maíz y el sorgo devuelven a la tierra un carbono y un nitrógeno que tienen un valor intangible, la soja no devuelve casi nada al suelo, pero si le devuelve dólares al agricultor y al propietario que arrienda la tierra.

La soja de la próxima zafra, con entrega a julio de 2013, se vende a futuro a US$ 440. El maíz de esta cosecha en estos días no tiene precio, tanto menos el de la próxima cosecha. El sorgo, por sus características nutricionales, vale menos que el maíz. Ha tenido una gran cosecha. Abunda y no se exporta. La perspectiva de siembra parece indicar que el área bajará en forma acentuada esta primavera.

Porque el diferencial de los cereales con la soja es agudo. La corrección de los pronósticos brasileños la semana pasada volvió a ser sintomática de la situación mundial. Una vez más el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) modificó a la baja la producción estimada de soja de la vieja cosecha brasileña, y llevó a un récord la producción de maíz.

Las fuertes pérdidas de soja en la pasada cosecha del Mercosur siguen pesando en el mercado. Porque Estados Unidos, principal productor de cereales del mundo, apostó todas las fichas al maíz. Y ese es un factor que puede pesar fuerte en el segundo semestre del año.

Diez años atrás, Estados Unidos producía 230 millones de toneladas de maíz. Cuando en 2005 llegó a 300 millones de toneladas el mercado maicero quedó sometido a bajos precios y perdió área con la soja. Pero cuando la revolución del etanol cobró fuerza, las 267 millones de toneladas de los estadounidenses produjeron una suba furiosa de precios.

De 2008 en adelante Estados Unidos ha producido siempre más de 300 millones de toneladas. Pero este año las 375 millones de toneladas previstas son un récord, por lejos. Por ejemplo, respecto al año pasado, cuando se levantaron 314 millones de toneladas. El área de maíz le ganó espacios a la soja en Estados Unidos en esta siembra y por lo tanto las relaciones de precios se han volcado para el hemisferio Sur hacia la oleaginosa. Hay que compensar en el próximo verano lo que falta de soja en Estados Unidos.

Mientras esta semana el maíz en Chicago tocó sus mínimos precios en un año y medio, la soja resistió con firmeza y volvió a pelear por los US$ 500 que tuvo un mes atrás hasta que la crisis europea la puso a la defensiva.

El problema para Uruguay es que la relación soja/cereales está completamente desbalanceada hacia la oleaginosa. Y las señales de precios convalidan ese desbalance. Es más barato facturar US$ 1.000 con 2.000 y pocos kilos de soja que con 5.000 kilos de maíz. Y es imposible facturarlos con sorgo.

Eso complica a lo que ha sido uno de los lineamientos estratégicos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y que ha sido conceptualmente acompañado por los principales actores de la agricultura.
Los cereales de verano son fundamentales para cuidar los suelos. Pero la soja es fundamental para cuidar el bolsillo.

¿Un Niño al rescate?

El área de sorgo parece quedar limitada a los establecimientos que lo usarán para sus propias necesidades. Productores lecheros y feedloteros tienen que abastecerse del cereal más rústico y eficiente en costos para la alimentación animal.

Bajará, y complicará a aquellos productores que hoy lo compran sin dificultades a precios de oferta. Será un desafío para la lechería y el feedlot del próximo invierno lograr una alimentación del ganado a bajo precio.

Por ahora la situación es la inversa. Los productores tienen pasturas, el otoño fue benévolo. Hay una abundancia de forraje en reserva como pocas veces. Los fardos redondos se observan por doquier. Sigue como tarea pendiente lograr una exportación estable y voluminosa de sorgo.

En el caso del maíz, la consolidación de un fenómeno Niño en el Pacífico sería de fundamental importancia para que se mantuviera al menos la interesante área del año pasado.

Aunque el precio sea relativamente bajo, con buenas lluvias el cultivo puede llegar a 7.000 u 8.000 kilos y de esa manera a través de la productividad que traen las lluvias compensar el bajo precio. Por ahora el gigantesco cultivo de Estados Unidos, que ocupa la mayor área desde 1937, arranca bien. Ya está todo emergido, fue sembrado mucho más temprano que otros años. Y la calificaciones que semanalmente reporta Estados Unidos sobre su estado indican que el 57% está en buen estado, el 23% está aceptable y el 15% está excelente. Una muy buena calificación. Aunque falta la mayor parte del ciclo por cumplirse, todo hace pensar que la producción maicera mundial superará los 900 millones de toneladas. Será la mayor producción que el ser humano haya logrado alguna vez de cualquier tipo de cultivo.

Y la escapatoria para los productores uruguayos es que las lluvias de verano contribuyan –claro que modestamente– a ese récord de la agricultura mundial.

Pero a la vez, un verano lluvioso, con un millón de hectáreas de soja y al mismo tiempo un poco más de 100 mil de maíz, significará una acentuación de los problemas de erosión que por doquier asoman.

Mientras la soja valga, los suelos pueden esperar. Un razonamiento peligroso que pone en riesgo a la tierra, nuestra gallina de los huevos de oro.

Dos esperanzas: Fonterra y la Cuota 620

El consumo de ración viene creciendo aceleradamente. Informó El Observador esta semana sobre la duplicación de las ventas de Prolesa con destino al mercado lechero. Hasta el martes el sector lucía amenazado por una presión bajista en el precio de los lácteos. El remate de Fonterra trajo alivio, reportó subas que superaron las expectativas y revirtieron buena parte de los descensos anteriores. Esto, y los intensos fríos, pueden significar un empuje de demanda por sorgo, la que parecía aletargada.

La mejor chance de que el precio de la leche se mantenga permite abrigar esperanzas de que, de la mano del creciente uso de ración, la producción lechera mantenga un crecimiento de dos dígitos. Si eso es suficiente para animar a los agricultores a mantener al sorgo en las rotaciones, quedará para ser visto en octubre cuando haya que sembrar.

Desde el sector cárnico, el cupo 620 es una señal de intensificación y mayor complementariedad de pasturas con granos, puede ir gradualmente aumentando el volumen de raciones usado en la producción de carne.

No es sólo que el cupo exija un alto contenido energético en la dieta durante los últimos 100 días del animal. Es que toda la recría tiene que intensificarse para que llegue precozmente al peso necesario para ingresar a los corrales. El mercado del sorgo está quieto. Pero puede ponerse a andar.

Etanol estabilizado

Una consecuencia no del todo visible del enorme déficit fiscal de Estados Unidos es que los subsidios ya no fluyen fácilmente hacia el etanol.

Tras varios años de aumentar la participación del alcohol de maíz en la mezcla con la gasolina, el uso en el mercado estadounidense se ha estabilizado, lo que permitiría tras la próxima cosecha estabilizar a los precios.

El uso industrial de maíz en Estados Unidos saltó de 50 millones de ton en el año 2000 a 160 millones de ton en 2010.

Desde ese entonces prácticamente no ha cambiado. Tal vez anticipa un período de más calma en el precio de los granos, luego de la frenética primera década de este siglo.

http://www.elobservador.com.uy/noticia/225598/en-riesgo-la-gallina-de-los-huevos-de-oro/

 

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