¿Y si los incas eran bromistas?


Porque lo que estás viendo es Patallacta, que no es lo mismo que Llactapata, aunque muchos confunden una y otra, o las llaman de la misma manera.
Lo de que los incas pudieran ser bromistas o amantes del juego de palabras tiene una primera anotación en contra. ¿Quién asegura que eran incas, esos recién llegados en la viejísima historia peruana, los que construyeron originalmente esas ciudades y le pusieron un nombre?

Terrazas impresionantes y un camino único en todo el planeta.


Lo que sí importa destacar es que esta civilización –a la que no deberíamos osar ponerle otro nombre que el genérico “andina” al menos hasta que pueda discernirse sin prejuicios la compleja superposición de culturas–, fue tan poderosa y extendida que dejó más rastros arqueológicos que los mismísimos mayas, que son un caso bastante semejante. Sólo en la Mesopotamia y en algunos lugares del lejano oriente, puede uno caminar entre milenios como es posible hacerlo en el valle del Urubamba. Y que no me vengan con la tontería tan europea, de que las civilizaciones americanas son casi recientes, una cosita de nada, que hay que soportar dado que no desaparecieron del todo.
Por el éxito de audiencia de los artículos anteriores, es que insertamos el de esta ciudad que nos hizo notar el amigo Alberto Moroy. Él y quien escribe, somos autores de otros aportes que le pueden interesar a los lectores pues sumándolos, ayudan a entender un poco más esto de lo que fuera de los peruanos y bolivianos no sabemos casi nada, aunque en nuestro caso al menos lo reconocemos.  Si quieren hacer un repaso, acá van algunas urls de Viajes:

http://viajes.elpais.com.uy/2012/03/12/choquequirao-otra-ciudad-perdida

http://viajes.elpais.com.uy/2010/10/22/fortalezas-incaicas-en-el-amazonas

http://viajes.elpais.com.uy/2010/10/19/piramides-de-5000-anos-en-peru

http://viajes.elpais.com.uy/2011/02/14/lima-cuzco-3

http://viajes.elpais.com.uy/2010/06/28/venerar-al-sol


En realidad importa poco el nombre Patallacta; puede que haya dos ciudades ambas con esos nombres capicúas, pero están a corta distancia y el lío posiblemente se arme por el significado de “Pata” (altura) y “Llacta” (pueblo) según aseguraba el propio Hiram Bingham que no fue el descubridor de todo esto ni mucho menos, pero fue el primero en darle la importancia que tiene.
Lo más interesante de esta ciudad es que contrariamente a lo que indica su nombre, nace en el llano justo donde el Cusichaca confluye con el místico y fecundante río Urubamba que baja potente desde la montaña en verano, pero torrencial y desbordante en tiempo de lluvia y deshielos. El río abre un surco entre las montañas y deja valles aluvionales donde todo crece. Es como el Nilo para los egipcios, todavía hoy.
Es justamente el río el que le da la forma tan original que tiene Patallacta, siguiendo los meandros y trepando hasta bien alto en la montaña para aprovechar hasta el último tramo de su fertilidad. Es gracias a ciudades como éstas, todavía pobladas, que se hicieron posibles las fortalezas y/o templos construidos en las alturas acalambrantes, como es el caso de Machu Picchu.


Podrías llegar hasta aquí de manera temeraria haciendo un proyecto individual, con lo cual da por seguro que correrás riesgos y te perderás alguno de los mejores momentos de tu vida, compartiendo días de caminata y de campamento con alguno de los descendientes de quienes edificaron esta formidable cultura. Son corteses, saben lo que hace, pero no son muy expansivos a menos que logres hacerlos entrar en confianza. Lo bueno es que podés integrar tu expedición a Patallacta con tu visita a Machu Picchu por el camino del Inca, posiblemente el trekking más apasionante que  pueda brindar el planeta entero; mirá lo que te digo.
El camino habría que comenzarlo en Chilca y no en el km. 88, cruzando el Urubamba por un puente colgante que te deja sin respiración. Debajo, en ciertas estaciones, el ríoruge airado arrastrando piedras enormes en busca de remansos donde volcar su fertilidad. En la otra orilla está Patallacta, esa joyita que nos demuestra que esta cultura diseñaba sus urbes de una manera para nada uniforme, sino ajustada a la conveniencia.


Dice la Wikipedia que Patallacta fue incendiado por Manco Inca Yupanqui , quien destruyó una serie de asentamientos a lo largo del Camino del Inca en su retirada del Cusco en 1536 para desalentar la búsqueda en español. En parte debido a estos esfuerzos, los españoles nunca descubrieron el Camino Inca a Machu Picchu o cualquiera de estos otros asentamientos asentamientos. Pero no es para nada meritorio, pues destruyó todo antes que ellos y con tanta prolijidad que muchos lugares nunca volvieron a ser habitados.
Cuando uno se enfrenta al aniquilamiento practicado por los conquistadores y perfeccionado por los colonizadores, frecuentemente lo domina una iracundia tan loca que suele pasar por alto que uno generalmente es descendiente de esos mismos depredadores. Y, por otra parte, no hay que olvidar que los conquistadores depredaron a los depredadores , pues ni los incas, ni los mayas, ni los aztecas eran angelitos sino tipos casi tan crueles como el ser humano actual. ¿Quizás se salvan los guaraníes?
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Para que tengas una idea de la diversidad arquitectónica de estos tipos, acá tenés a Moray, una curiosidad  a la que le asignan poderes magnéticos y otras tonterías, en lugar de apreciar su verdadero portento, que es el de asegurar agricultura absolutamente variada durante todo el año. Entre los círculos superiores y los inferiores, hay diferencias de temperatura de 15 grados, nada menos. Y además, como hacían los indígenas de las Islas Canarias, logran que el rocío de la noche se escurra hacia las siguientes plataformas. ¿Vos te imaginás lo que puede lograr un buen agricultor con estos beneficios?  O dicho de otra manera; los incas no atropellaban a la naturaleza obligándola a aswumir las formas que creían les eran convenientes, sino que tomaban a la naturaleza como es y trataban de sacar provecho de ese encastre. Todo lo cual es resistido por muchos de los arquitectos de hoy, que necesitarán algunos milenios más para comprender algo tan sencillo.
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Pues bien, Patallacta-Llactapata es una urbanización singular, pero como dijimos, las ciudades andinas son todas diferentes entre sí, porque las determinaba su ubicación geográfica o la funcionalidad que justificaba su existencia. No eran tableros geométricos como ahora, sino sinuosidades capaces de permitir el flujo de agua potable y aguas servidas por sistemas de sifón y vasos comunicantes, acompasándose con paredes que nunca eran totalmente verticales sino que se ajustaban a un ángulo tan perfecto que las piedras volvían a su posición luego de los frecuentes terremotos de la zona. Los españoles no aprendieron nada de esa sabiduría sino que rompieron todo, hecho este sí, que resulta altamente reprochable.


Por su ubicación trepando desde el llano y la proximidad del río, Patallacta podía sostener mucha población que no parece el caso, o bien surtir de alimentos a muchas ciudades próximas, entre ellas las imponentes Machu Picchu y Choquequirao. Toda la historia oficial da por cierto un imperio central, el Tahuantinsuyo, con sede en Cusco (así, con “s” como lo exige la Academia Mayor de la Lengua Quechua), descartando no sin cierto desprecio, la posibilidad de “ciudades estado” como las que caracterizaron a la Grecia clásica o la Italia renacentista. En el valle del Nilo, del Ganges y en los valles del lejano oriente, fueron frecuentes las unidades administrativas independientes aún compartiendo culturas, en sistemas de auto ayuda semejantes a las confederaciones actuales de países cercanos como Argentina y Brasil.
Pero claro, esas audacias no congenian con una historiografía curiosamente imperial, centralizadora y simplificadora del relato. En general los imperios tendían a subsistir durante algunas  generaciones de líderes poderosos y salvajemente mesiánicos; duraban algunos siglos más si lograban modificar las religiones para asignarse derecho divino. Pero finalmente, el poder se dispersaba y algunos derechos volvían a prevalecer, como el de permanecer con el corazón dentro del cuerpo, el cráneo sin ningún agujero, a salvo de empalamientos y crucifixiones.

Así parece haber ocurrido en la sagrada cuenca del Urubamba, conquistada por Pachacutec hacia 1440, pero para nada desierta pues según la historia más racional y verídica que están reconstruyendo los peruanos, Machu Picchu y todas estas ciudades y asentamientos, existían en la región desde tiempo inmemorial. No hace demasiado tiempo se descubrieron en Perú unas pirámides cuya arquitectura en nada se asemeja a éstas construcciones andinas, las cuales eran contemporáneas de las pirámides egipcias y los zigurats mesopotámicos. ¡Cuánto más faltará por descubrir!

Fuentes de información y fotografías. También sitios útiles para programar un viaje:

http://en.wikipedia.org/wiki/Patallacta

http://es.wikipedia.org/wiki/Cuzco

http://www.camino-inca.comhttp://www.cuscotravelguide.com/es/inft07.php

http://viajes.elpais.com.uy/2012/03/15/y-si-los-incas-eran-bromistas/

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