INDÍGENAS EN GUAVIYU DEPARTAMENTO DE PAYSANDU


“Como recortados de la propia naturaleza, como testimonio vivo de la perpetuidad de algunas razas, sus rostros evidencian las impresionantes marcas del pasado y de un presente que se perfila con muy extrañas perspectivas, conviviendo con un nomadismo singular, pero entendible a la vez. Nos referimos al grupo indígena que se ha establecido a corta distancia del centro termal de Guaviyú, cuyos integrantes, quince en su totalidad, moran a pocos metros de la carretera.

Precarias pero acogedoras chozas se perciben apenas entre la espesura del monte y un bien delineado camino nos conduce a ellas, atravesando algún alambrado y sorteando molestas espinas. La primera impresión es notable, su aspecto recio nos indican que nos encontramos frente a una especie de “portero”, quien, con no poco recelo y justificada reserva, se comunica en un casi perfecto idioma español. Su nombre es Marcelo, tiene 23 años de edad y, a juzgar  por su mirada, experiencias y recuerdos abundan en su ser.  Vestido con ropa que llamaríamos “normal”, una camisa y un par de pantalones, su queda voz nos hace saber un poco de su forma de vida y sus costumbres, a pesar de la constante presencia de una barrera invisible entre su entendimiento y el nuestro por una razón de desconocimiento, o tal vez de ignorancia de cada uno acerca de los otros, sentimiento mutuo ineludible, así como la curiosidad que nos llevo a conocerlos y a ellos recibirnos.

La profundidad de su expresión nos hace creer por un instante que estamos volviendo el tiempo atrás y nos encontramos con un típico representante de la raza guaraní, a pesar de las múltiples mezclas que obviamente se deben haber producido a través del crisol de las razas que conforman nuestra Latinoamérica. A su alrededor, varios cachorros cimarrones juguetean corriendo tras los pequeños patos y pollitos que, según expresaba el muchacho, son la única clase de animales que ellos crían.

Luego de una pequeña pero fructífera conversación, durante la cual pudimos enterarnos que los más pequeños integrantes del grupo han nacido en este, su nuevo hogar, y que él es el padre del bebe de dos meses que vino al mundo bajo el sol de Guaviyú, se no es permitido el acceso a mas allá, hacia el centro del establecimiento, donde es posible conocer a la personalidad de mas jerarquía del núcleo. Emilio Duarte nos dijo que se llamaba, aunque no existen documentos ni papel alguno que lo atestigüe.  Padre de siete hijos, suegro de Marcelo y jefe del grupo, en oportunidades con ayuda de su yerno, quien hace de las veces de traductor, nos va narrando lentamente sus experiencias y sentimientos, mucho de lo cual resulta difícil de entender por personas de nuestro razonamiento y sentido de las cosas.

Habiendo partido originariamente del Paraguay, su grupo conformado por dos familias hace diez años que viene recorriendo tierras uruguayas. A partir del ingreso al país por Cerro Largo, estando un tiempo en Fray Bentos, finalmente llegan a territorio sanducero y se sienten especialmente felices en Guaviyú donde “hay mucha caza y se pueden pescar bogas y bagres”. Cultivando esencialmente maíz, zapallos, boniatos, sandias, melones, su vida transcurre en total armonía con la naturaleza, y según ellos, también con sus antepasados.

Publicado en diario El Telégrafo el 15 de setiembre de 1991

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