LA LUCHA MEMORIAL INDÍGENA EN EL SALVADOR Y EL URUGUAY:


EL USO POLÍTICO DE LASMASACRES GENOCIDAS PARA DEMANDAR RECONOCIMIENTO Y DERECHOS COMO PUEBLOS ORIGINARIOS

Natividad Gutiérrez Chong y Claudia Villagrán Muñoz

Universidad Nacional Autónoma de México

 

Zoolito de Mulita adjudicado a la Cultura de los Cerritos, Río Grande do Sul

Resumen

Las historiografías de los Estados nacionales y de las esferas públicas hegemónicaslatinoamericanas han olvidado y omitido constantemente la memoria de los pueblos indígenas enla construcción y difusión de sus representaciones sociales y discursos nacionalistas. A partir dela llamada reemergencia indígena de la década de los años noventa, no sólo ha habido unaeclosión de nuevos líderes, demandas y estrategias de los pueblos originarios, sino que además sehan ido multiplicando las “luchas memoriales” en torno a las masacres genocidas quepretendieron consagrar su muerte física y sociocultural. Dos casos paradigmáticos de estasparticulares batallas por la memoria la están desarrollando los indígenas de El Salvador y losdescendientes charrúas del Uruguay, transformando tales sucesos violentos en el argumentohistórico para llevar adelante luchas políticas por el reconocimiento de su existencia y de susderechos colectivos como pueblos originarios.Palabras clave: luchas memoriales, masacres genocidas, reconocimiento derechos indígenas,descendiente charrúas Uruguay, indígenas El Salvador.Memoria indígena para poder existir“Para poder existir como indígena sin ser masacrado y que se me reconozcan los derechosinternacionales ya consagrados”. Para que no sigan asesinándonos y diciendo que nosextinguimos, nos aculturamos y desaparecimos, negándonos así la posibilidad de exigir nuestrosderechos territoriales, culturales, sociales y políticos. Porque si nos niegan el derecho a auto184reconocernos y nombrarnos como indígenas, no tenemos derecho a ser lo que somos segúnnuestra propia cosmovisión como pueblo ancestral particular.En el presente, esta parece ser la máxima de los indígenas que han decidido recordar,denunciar y publicitar su memoria sobre la violencia genocida que han sufrido y que hajustificado, de manera engañosa y tergiversada, su irremediable extinción por parte de lashistoriografías nacionales. Todo esto, en un mundo inserto desde hace un par de décadas en uncontexto de resurgimiento de los conflictos étnicos, la globalización y la valorización de ladiversidad cultural.La demanda indígena por recuperar su historia sobre la base de su propia memoria, negada otergiversada a propósito por las historiografías nacionales, no es nueva. Ya el movimientoindianista de los años setenta y ochenta del siglo pasado, precedente inmediato de la llamadareemergencia indígena de los años noventa, manifestaba como una de sus preocupaciones ydemandas centrales el tema de la historia.1

Las luchas memoriales para los pueblos indígenas siguen siendo un asunto crucial en laactualidad, no sólo para autoafirmarse y exigir derechos específicos, sino que además paralegitimar ante la sociedad nacional la raigambre y validez histórica de sus demandas. Es decir, lamemoria indígena no sólo ha permitido reafirmar sus identidades indígenas, recrear sus usos ycostumbres, recordar sus estrategias de luchas útiles en el pasado, rescatar sus autoridadestradicionales, sino que también se ha ido convirtiendo en una herramienta poderosa delegitimación política frente a las sociedades excluyentes y discriminantes.Es más, la lucha memorial indígena ha sido la piedra angular que les ha permitido alzar lavoz para decir que aún viven y existen en contextos de absoluta negación por parte de aquellosEstados nacionales que han impuesto un “blanquismo”2 por el fusil y la palabra; al haberperpetrado masacres genocidas, decretado olvidos historiográficos y difundir discursosnegadores de lo indígena en las esferas públicas nacionales.1 Tal movimiento llamaba a una “descolonización” de la historia para la liberación, ya que por haber sido escrita porel invasor es falsa y eurocentrista (Bonfill, 1981) y, por lo mismo, “no es auténtica” (Barre, 1983).2

La poeta y nobel de literatura Gabriela Mistral, imbuida por el indigenismo cultural latinoamericano de la primeramitad del siglo XX, se mostró abierta defensora de los pueblos indígenas del continente y en específico del mapuche.Así, criticó abiertamente las “pretensiones blanquistas” de quienes anhelaban que las sociedades latinoamericanasfueran blancas y europeas, negando todo el valioso componente indígena que existe en la región. “El chileno tontorecorre estos países indios y mestizos declarando su blanquismo” (Figueroa/Silva/Vargas, 2000, p. 52).185Dos casos emblemáticos de este tipo de lucha memorial se vienen desarrollando en losúltimos dos decenios en El Salvador y en la República Oriental del Uruguay, sobre los cuálesprofundizaremos en el presente texto.En ambos casos, la argumentación oficial con la cual se ha negado la existencia y derechosindígenas, ha sido la supuesta extinción de los pueblos originarios en la noche de la historia. Seha buscado negar la verdad para decir que tal supuesta extinción se originó sólo durante laconquista y la colonia, con la perpetración ominosa de masacres genocidas hacia las poblacionesoriginarias.De esta forma los Estados nacionales han ocultado sus responsabilidades en sucesos concarácter genocida, como lo constituyen la Batalla de Salsipuedes (1831) en contra de losCharrúas, liderada por el primer presidente uruguayo Fructuoso Rivera, y la Masacre de 1932 enel occidente salvadoreño, contra nahua pipiles, ordenada por el general Hernández Martínez.En ambos casos, la argumentación de las organizaciones indígenas salvadoreñas y dedescendientes de charrúas uruguayos ha partido de denunciar tales masacres y, a partir de ellas,fundamentar que no todos murieron, que no todos se aculturaron y que el ser indígena sigueexistiendo a pesar de tan extremo atentado a su vida humana y existencia cultural. Tal primerreconocimiento es la base para poder continuar con la lucha política por sus derechos indígenasreconocidos internacionalmente. No se puede demandar derechos específicos sino se existe comouna comunidad con derechos específicos.Antes de analizar los detalles de los casos salvadoreños y uruguayos, revisaremos algunasdiscusiones conceptuales pertinentes para hilvanar las masacres genocidas y los discursos deextinción con las luchas memoriales con objetivos políticos. Posteriormente, daremos cuenta dela demanda por reconocimiento de existencia y derechos de los indígenas organizados de ambospaíses, los cuáles comienzan a cosechar algunos logros. Cerraremos esta argumentación, a modode conclusión, con algunas reflexiones.

En Izalco no murieron todos: indígenas salvadoreños y remoración política de la masacre de1932

 

Ejécucion del líder indígena Feliciano Ama durante el escarmiento a la rebelión de 1932

La toponimia actual salvadoreña está plagada de nombres náhuat que hablan de un pasadoindígena y que hace contrapunto con las pretensiones de una sociedad y de una clase política dederecha que hasta antes de la asunción de la izquierda al poder –a través del presidente MauricioFunes (junio de 2009)–, negaba a muerte la existencia actual de los indígenas, puesto que en“Izalco se derrotó al comunismo” y, por ende, se había exterminado a los indígenas.77 Llama la atención que en un texto de historia salvadoreña (Vidal, 1961) se destaque el pasado de esta nación comoparte del circuito sociocultural de Mesoamérica, con poblaciones venidas desde México, como los propios mexicas.Así, se destaca que los nahua pipiles fueron “inmigrantes aztecas establecidos antes de la llegada de los españoles”en la zona hoy conocida como Cuscatlán, que otrora fuera un señorío, del cual dependían, entre otros, los pueblos deIzalco y Ahuachapan. De tal pasado indio, también se reseña –como prueba concreta de su existencia pérdida en lanoche de la historia– las ruinas de Chalchitan, en el Departamento de Huehuetenango; las ruinas de Quelepan a 8kilómetros de la actual ciudad de San Miguel (la principal del oriente) y la de Cihuatán al norte de San Salvador, lacapital.192Chapin (1996) ofrece una completa panorámica respecto a la población indígena de ElSalvador, sosteniendo la tesis de que estas poblaciones han permanecido invisibles a pesar deexistir y en número considerable,8 lo que contrasta con la creencia popular de inexistencia,incluso por los estudiosos de América Central que creen que los indígenas fueron aculturados ydesaparecidos hace muchos años:A poca distancia de San Salvador se encuentran zonas en las que sus habitantesse identifican o son identificados por quienes los rodean como naturales oindios, y las personas que no son indios y están en ese medio se llaman ladinos.Existen grandes concentraciones de indios en los departamentos de Sonsonate,La Libertad, Ahuachapán y (en menor grado) Santa Ana, al occidente del país.En Sonsonate, los pueblos de Nahuizalco e Izalco tienen un marcado carácterindígena y la mayoría de la población que vive en asentamientos rurales, ocantones, por toda la región occidental está formada por indígenas (p. 301).Ahora bien, la denominada Masacre de 1932 fue una insurrección brutalmente reprimida,provocada por la debacle de los precios del café como consecuencia de la depresión de 1929, a lamovilización de los comunistas y la ideologización que realizaron sobre los indígenas y/o a lascondiciones de extrema desigualdad social entre hacendados y campesinos, según la lectura dediversos autores:Los agitadores –comunistas militantes y líderes laborales– pudieron convencer alos indios de que se sublevaran y atacaran a los terratenientes y a loscomerciantes ladinos. La violencia siguiente, en forma de rebelión armada ysaqueos esporádicos, duró más de 72 horas y fue perpetrada por varios millaresde indios armados con machetes (Chapin, 1996, p. 308).La represión no se hizo esperar por parte del Ejército al mando del general golpistaMaximiliano Hernández Martínez –quien gobernó de facto el Salvador entre 1931 y 1944–persiguiendo a los alzados. Las cifras sin precisar hablan de, entre 15 mil y 50 mil asesinados, lascontroversias se suscitan respecto a quiénes fueron los que actores sociales que se alzaron:comunistas, indígenas o campesinos.No obstante, el efecto para los indígenas, quienes de niños presenciaron la represión oescucharon a sus padres y abuelos sobre las ejecuciones y fusilamientos masivos fue claro:8 Según estimaciones recogidas por Chapin (1996), en 1975 la población indígena representaban el 10 % de lapoblación, sin existir hasta el día de hoy un censo, por lo menos público, que los identifique debidamente.193ocultar su vestimenta, lengua indígena y –sobretodo– su auto adscripción como tales, inclusohasta la actualidad.[…] el ejército comenzó deteniendo a las personas directamente involucradas enel conflicto, luego persiguió a todas las que tuvieran rasgos raciales indígenas ose vistieran con ropa “indígena”. Los soldados pusieron a los presos en línea, losmataron a tiros y enterraron sus cadáveres en fosas comunes […] la masacre fueextensa. Incluyó a hombres, mujeres y niños y sus consecuencias para lapoblación indígena fueron devastadoras. Se dio rienda suelta al odio –y altemor– que por naturaleza les tenían los ladinos a los indios y por eso se le unióel temido sello del comunismo para crear la imagen ideológica del “indiocomunista” […]. En los decenios siguientes, los indios de El Salvador seescondieron, negaban su existencia al mundo exterior y ocultaban su identidad(Chapin, 1996, p. 308).9Para Gould y Lauria (2008), en tanto, no es concluyente que la revuelta haya sido meramenteindígena ya que, tanto “indígenas, como ladinos y otros con indeterminadas y fluidas identidadesétnicas y de clase” participaron en ambos bandos de la revuelta de 1932.Respecto al tema del genocidio indígena que los sucesos de la Masacre marcarían, en tanto,prefieren matizar tal afirmación, al manifestar que la persecución indígena no fue tan insistente yconsistente como en el vecino Guatemala. No obstante, al considerar que la élite cafetalera,política y militar se consideraba superior racialmente, a partir de un marcador fenotípico como elcolor de la piel blanco por sobre el oscuro de los indios, terminan concluyendo que si hubo unaintención genocida en la persecución:[…] el motivo principal del régimen –aplastar la insurrección e infundir miedo yterror en los corazones y en las mentes de los pobres del campo– se fusionó conuna intención enmarcada por el racismo y sobredeterminada por el odio declases, con el resultado de que se mató a miles de personas en una forma degenocidio (Gould/Lauria, 2008, p. 285).Ahora bien, ¿qué narración creó el poder sobre los sucesos de 1932? Vimos que Chapin(1996) manifiesta la construcción social de desprestigio a través del calificativo de “indiocomunista”. Para Gould y Lauria la estrategia del gobierno de facto de Hernández Martínez fuemás compleja, tanto para denostar a los alzados como para justificar la represión en contra de lospropios indígenas, desarrollando una “narrativa contrarrevolucionaria […] que moldeara9 Otra versión, al parecer no muy extendida, señala que algunos sobrevivientes de la represión migraron a Hondurasy Guatemala (De la Rosa, 2006).194efectivamente los recuerdos de los traumatizados sobrevivientes de las masacres” (p. 302) y quedista mucho del vocabulario surgido en los días mismos de los enfrentamientos, donde losinsurgentes eran retratados en los discursos del gobierno y de los periódicos como “hordassedientas de sangre, hordas vandálicas, o una horda de salvajes enfurecidos” (p. 300).Para ello, a juicio de estos autores, se creó la figura del “indio inocente” engañado por loscomunistas infiltrados porque los regímenes previos no habían sabido responder a lasnecesidades y justas demandas de las personas, culpando a los gobiernos previos. De esta formase podía indicar que “murieron justos por pecadores”. Como consecuencia se erradicó la idea –advierten– de la “capacidad de acción indígena en el levantamiento”:La terrorífica experiencia de atestiguar la ejecución de seres queridos y el temorcausado por décadas de dominio militar fueron las causas primarias tendientes aerradicar la capacidad de acción indígena. Igualmente importante fue el poderdel discurso militar que, al convertir a los indígenas asesinados en inocentes,también se las arregló para neutralizar su propia culpa (Chapin, 1996, p. 303).Pero los recuerdos del ensañamiento con la población indígena también encontraronparalelismo con episodios históricos sangrientos de represión. Así por ejemplo, la forma en quefue ajusticiado Feliciano Ama, uno de los líderes indígenas que participó en el alzamiento de1932, rememoró la narración de cómo el “temible indio Anastasio”10 había sido exhibido para elescarmiento de los revoltosos un siglo antes:Luego de la derrota de la insurrección, el líder indígena Feliciano Ama fueahorcado en la plaza del pueblo indígena (Izalco) y su cuerpo fue exhibido porvarios días en la plaza pública, recordando algunos rasgos de las formascoloniales de escarmentar los amotinamientos indígenas (Rodríguez y Lara,2000, p. 5).Entonces, a pesar de la transformación del lenguaje utilizado y esta retórica, primero del“indio comunista” culpable, luego del “indio inocente” que creyó en la infiltración comunista,10 Anastasio Aquino fue un líder indígena, quien en 1833 se autoproclamó comandante general de las armaslibertadoras de Santiago Nonualco (actual departamento de La Paz), y que en la actualidad es rememorado comolíder por los dirigentes indígenas salvadoreños. “Decía Aquino a sus gentes: levantémonos en masa y no demosobediencia al Gobierno de El Salvador” (Vidal, 1961, p. 171). “Dos mil aborígenes” –al mando del “temibleAnastasio”– “se dispersaron por todas partes, robando, asesinado y cometiendo toda clase de pillaje” (p. 172). Sinembargo, el 24 de julio de ese año Aquino sería ejecutado y “su cabeza separada para ejemplo de quienes quisieranvolver a rebelarse” (p. 174). Uno de los tantos levantamientos indígenas ocurridos después de los procesos deindependencia latinoamericano y que han quedado omitidos por las historiografías nacionales.195los sucesos y la masacre que se sucedió con los días fue tan intensa y con señales tan claras parala población indígena que ellos “optaron por ocultar en público todo aquello que les pudieraidentificar como indígenas (uso de lengua náhuat, celebraciones y ritos religiosos, vestimentastradicionales) y asimilarse en la población ladina campesina por ser esta la única vía para no seridentificados, reprimidos y aniquilados” (De la Rosa: 2006).Aunque es discutible, a la luz de los actuales antecedentes, la decisión de asimilación quehabrían tomado los indígenas salvadoreños, por lo menos de una asimilación total, si nos pareceun argumento lógico el ocultamiento por el cual apostaron los indígenas y que puede sercontrastado con las actuales demandas y discursos indígenas. Lo claro es que para los actualesdirigentes lo que sucedió en el occidente salvadoreño a principios del siglo XX dejó una huellaprofunda de dolor y miedo:Esos procesos de exterminio y de invisibilización realmente han sido como muyfuertes en el país, lo que ha obligado a los abuelos y a nosotros a hablar de otramanera, vestir de otra manera y tratar de buscar la forma de esconder nuestrasprácticas, nuestros conocimientos, nuestras prácticas y saberes. Entonces […]pero no mueren, no se terminan, están ahí, porque se siguen practicando en laclandestinidad y por eso es que todavía logramos vivir y existir los pueblosindígenas en El Salvador (Entrevista a Bety Pérez, en la sede del ConsejoCoordinador Nacional Indígena Salvadoreño [CCNIS], San Salvador, 19 demarzo de 2009).11Estos recuerdos traumáticos y la asociación de que todos aquellos que se movilizan soncomunistas, en un país que hasta 2009 fue gobernado por los militares o una derecha ortodoxa,12fueron cruelmente revividos y remarcados por la denominada Masacre de Las Hojas en 1983. Enaquellos sucesos 74 hombres fueron fusilados por el Ejército en la Finca Santa Julia deSonsonate, lugar donde existía un litigio de tierras producto de la demanda de territorios por lareforma agraria de 1980 y el impulso de la Asociación Nacional Indígena Salvadoreña (ANIS) de11 Integrante del Consejo Coordinador Nacional Indígena Salvadoreño (CCNIS). Deseamos agradecer la invitacióndel Comité por el Cambio en El Salvador, sede México, por la invitación de observación electoral internacional enlos comicios presidenciales del 15 de marzo de 2009, marco en el cual se pudo realizar esta entrevista.12 El Salvador posee una historia política marcada por los gobiernos militares (golpistas o que se mantuvieron en elpoder entre 1931 y 1982 mediante fraudes electorales), un presidente interino (Magaña 1982-84), un paréntesisDemócrata Cristiano (Duarte 1984- 89) y tres gestiones –entre 1989 y 2009– de la derecha-ultraderecha del partidoAlianza Republicana Nacionalista (Arena), fundado por Roberto D’Aubuisson, general que organizó losescuadrones de la muerte y autor intelectual del asesinato de monseñor Romero, arzobispo de San Salvador (1980),en el inicio de la Guerra Civil (1980-1992).196recuperarlas. De esta forma la historia se repetía y el mensaje de fondo –en un país marcado porla violencia política– era que el indígena movilizado era reprimido y aniquilado.En síntesis, a partir de 1932 los indígenas “desaparecen” de El Salvador, a pesar de latoponimia, a pesar de los pueblos marcadamente indígenas que señala Chapin (1996), a pesar deque existen sujetos sociales que se autodefinen o son definidos por otros como tales. La Masacrede 1932 y la de 1983 dejarían huellas suficientes para que muchos escondieran su identidad,tengan miedo a movilizarse hasta la actualidad, pero no para que todos abandonen su autoadscripción, el rescate de sus culturas, la articulación organizativa y la demanda de existencia,derechos colectivos y mejores condiciones de vida.Mientras que los gobiernos han negado la composición étnico nacional salvadoreña, que paraalgunos es tipificado como un racismo invisible o como un etnocidio estadístico, los pueblosindígenas salvadoreños no sólo participaron en el movimiento indianista de los años setenta, dela guerra civil salvadoreña, sino que actualmente están organizados, sea en cofradías de rescatecultural o en organizaciones que demandan derechos políticos.Terminada la Guerra Civil en El Salvador,13 luego de los acuerdos de Paz de 1992 firmadosen el palacio de Chapultepec (México), el tema indígena volvería a quedar invisibilizado, tantopor los acuerdos, como por la derecha de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), en lapresidencia hasta junio de 2009 (que durante sus veinte años de gobierno negó la existenciaindígena de manera radical), y así como también por la sociedad civil en general.Sin embargo, a las primeras experiencias organizativas de la ANIS –ya sindicadas– en torno ala reforma agraria de la década de los años ochenta, durante los noventa y la primera década delsiglo XXI los indígenas han estado articulándose y, por lo mismo, parece quedar atrás el miedo ala represión ejercida en 1932 y 1983.Al rastrear los conflictos indígenas en este país centroamericano no nos quedaba claro porqué la única demanda pública era la de existir y de que se les reconociera en su diversidadcultural como pueblos indígenas vivos. Con este propósito se realizó en julio de 2005 la PrimeraCumbre de Organizaciones Indígenas en San Salvador, con la participación de los pueblos lenca,náhuat, cacapoera y maya. Mientras que en enero de 2007 rememoraron el 75 aniversario de laMasacre de 1932, insistiendo en el reconocimiento de su existencia.13 La Guerra Civil cobró la vida de 70 mil personas y la de 8 mil desaparecidos.197Después de revisar el proceso de genocidio y posterior negación es claro ahora por qué estademanda se vuelve urgente y trascendente, lo que no significa que sea la única,14 sino que ellosven que si siguen sin existir difícilmente un tribunal admitirá una reclamación de restitución deterritorio o de su inclusión en los censos, como ya ha ocurrido.Durante el año 2006 el CCNIS participó de la elaboración de una pregunta para ser aplicada enla encuesta de usos múltiples de la Dirección General de Estadísticas y Censos de El Salvador(DIGESTYC), que por primera vez accedió a realizar un conteo sobre la cantidad de poblaciónindígena que habita en este país, pues sólo se cuenta con diversas estimaciones realizadas porinvestigaciones u organismos multilaterales, fluctuando entre un dos y un diez por ciento, segúnsea el caso.En esa pregunta salimos el 17% de la población indígena. La pregunta decía, deacuerdo a sus antepasados, tradiciones y costumbres, usted se consideramiembro de un pueblo indígena. Y estaban las respuestas: sí y no. Si decía si,continuaba: a qué pueblo, eran náhuat, lenca, y ahí los pueblos que existen, y sidecía no, ahí quedaba. Y salimos el 17%, fue en la encuesta de hogares depropósitos múltiples (Entrevista a Bety Pérez, en la sede del CCNIS, SanSalvador, 19 de marzo de 2009).La sorpresa y la alegría no duró mucho, sin embargo, puesto que el gobierno de ARENA noreconoció tal encuesta, eliminó los datos de la encuesta publicados originalmente en la páginaweb de la DIGESTYC15 –según nuestra entrevistada– pero esta era la oportunidad para rebatir connúmeros el denominado “etnocidio estadístico” que ha imperado en El Salvador.Por esta razón, las organizaciones indígenas lucharon para que en el censo de 2007 seincluyera una pregunta sobre las poblaciones originarias, la cual finalmente no tuvo muy buenosresultados debido a la pregunta final aprobada por el gobierno de ARENA y a la forma en que elinstrumento censal fue aplicado:14 El informe sombra de las organizaciones indígenas, presentado al Comité para la Eliminación de laDiscriminación Racial de la Organización de las Naciones Unidas del 2008, en respuesta al del gobierno que losvolvió a negar como en el 2006, además de denunciar que el Estado Salvadoreño es un Estado discriminador, en lolegal, institucional e interpersonal. “El Salvador es un estado que fomenta prácticas discriminatorios, que seesconden en un modelo de inclusión aparente, consistente en el integracionismo homogeneizador bajo el discursodel mestizaje” (Pineda/et al., 2008, p. 14). En tanto, tal informe enfatiza las paupérrimas condicionessocioeconómicas en las cuales deben vivir los indígenas salvadoreños, el 99.4 % es pobre (el 38.3 % en extremapobreza y un 61.1 % en pobreza, mientras que solo el 0.6 % posee cobertura de sus condiciones básicas de vida), loque va asociado con que el 85 % de los indígenas no posee territorio propio reconocido para subsistir, debiendoalquilar tierras para cultivar sus milpas (plantaciones de maíz, consideradas ahorro para la alimentación). Por suparte, tanto la salud y la educación no contemplan la diversidad cultural ni sus tradiciones.15 DIGESTYC, sin fecha.198Después de varias reuniones, se acordó que la pregunta dirigida a los pueblosindígenas estarían diseñadas de la siguiente forma: “de acuerdo a sus prácticasculturales y a sus antepasados, ¿se considera usted miembro de un puebloindígena?” Sin embargo, según lo manifestaron las fuentes oficiales, porrecomendaciones de personas expertas designadas por el Fondo de Población deNaciones Unidas, la pregunta se definió de la siguiente forma: pregunta 6. “esusted: a) blanco b) mestizo (mezcla de blanco con indígena) c) indígena … pasea la pregunta 6b: ‘si usted es indígena, a cuál grupo pertenece: a) lenca; b)kakawira (cacaopera); c) nahua-pipil; otro […]”. En consecuencia, la preguntafue atingente a características fenotípicas y no a condiciones étnico-culturales, loque constituye una afrenta especialmente a los pueblos indígenas por taldiscriminación (Pineda/et al., 2008, p. 36).Tal pregunta arrojó un 12 por ciento de población indígena, distante al 17 por ciento de laencuesta de hogares para propósitos múltiples, al tiempo que hay testimonios de que no siemprese realizó la pregunta en los municipios conocidos por tener una alta concentración de poblaciónindígena.Por esta razón diversas organizaciones interpusieron demandas de amparo, pero la CorteSuprema de Justicia las declaró improcedente. El abogado Jesús Amadeo Martínez, asesorjurídico del CCNIS, explica con estos hechos la importancia de que el Estado salvadoreñoreconozca a los indígenas del país, a través de la ratificación del Convenio 169 de laOrganización Internacional del Trabajo (OIT) y de una reforma constitucional, puesto quemientras esto no ocurra, todo litigio será considerado improcedente, puesto que para lalegislación salvadoreña el indígena no existe, de ahí que el discurso indígena demande estereconocimiento como prioritario:Como parte de las reivindicaciones está el reconocimiento constitucional y laratificación del 169 de la OIT y se traduce en eso pues, porque le declararoninadmisible el amparo, por no tener un asidero legal los pueblos indígenas,simplemente le declararon inadmisible la petición, no hay derechos que seamparen (porque no existían los indígenas) (entrevista concedida en la sede delCCNIS, San Salvador, 19 de marzo de 2009).En esta larga historia de negaciones, omisiones, atropellos, genocidios, masacres ydiscriminaciones hacia los indígenas, el diálogo con las organizaciones indígenas salvadoreñassostenido por el actual presidente Mauricio Funes –apoyado por el Frente Farabundo Martí parala Liberación Nacional (FMLN), por primera vez en el poder desde junio de 2009– marca unaliciente de esperanza. Por primera vez la izquierda ganas las elecciones en El Salvador y por199primera vez en la historia un programa de gobierno se refería clara y explícitamente sobre una“política hacia los pueblos originarios”.16Más allá de las promesas electorales, la primera gran victoria de las batallas memoriales delos indígenas salvadoreños por reinterpretar la masacre de 1932 y su decreto de extinción fuealcanzado el 12 de octubre de 2010. En un mensaje a las organizaciones indígenas, el presidenteFunes pidió perdón a los indígenas y los reconoció como parte integrante de la naciónsalvadoreña. Sin lugar a dudas un hito histórico:Este Gobierno que presido quiere ser el primer Gobierno que en nombre delEstado salvadoreño, […] del pueblo salvadoreño, […] de la familia salvadoreña,haga un acto de contrición y pida perdón a las comunidades indígenas por lapersecución, por el exterminio de que fueron víctimas durante tantos y tantosaños […]. Terminamos a partir de este día, oficialmente, con esa negaciónhistórica de la diversidad de nuestros pueblos y reconocemos a El Salvadorcomo una sociedad multiétnica y pluricultural (Agencia EFE, 2010).Tales declaraciones las realizó en el marco de la inauguración del Primer Congreso NacionalIndígena, convocado por la Dirección de Pueblos Indígenas de la Secretaría de Inclusión Social(SIS),17 con el objetivo de recabar las demandas y propuestas de solución de las organizacionesindígenas salvadoreñas, además de trabajar la pregunta sobre pertenencia indígena para elpróximo censo de 2012 y que acabe con el etnocidio estadístico en este país centroamericano.Victorias reales para las luchas memoriales de los indígenas de El Salvador, en el camino delreconocimiento simbólico y de sus derechos específicos a partir de la aceptación social y políticade su existencia.16 “El Gobierno del Cambio se erigirá sobre una justa apreciación de la herencia cultural, histórica y étnica de lospueblos originarios en el proceso de conformación de las identidades culturales en El Salvador. Reconocerá laexistencia y los derechos de los pueblos naturales o indígenas y promoverá su reconocimiento institucional legal, asícomo el cumplimiento de los derechos individuales y colectivos internacionalmente establecidos” (Martínez/Sosa,2009, p. 36). Bajo estas consignas, tal documento compromete respeto y garantía del Convenio 169 de laOrganización Internacional del Trabajo, respeto a los principios consignados en la Declaración de Derechos de losPueblos Indígenas de la Organización de las Naciones Unidas, la participación de los pueblos indígenas en laconstrucción de marcos jurídicos que garanticen sus derechos colectivos, la protección de sus manifestacionesartísticas, la preservación y conservación del patrimonio cultural tangible e intangible, la investigación, divulgacióny práctica del acervo cultural de raíces ancestrales, además del reconocimiento de la tierra como entornoindispensable.17 Tal departamento de atención a los pueblos Indígenas como la Secretaria de Inclusión Social son medidasrecientes adoptadas por el gobierno de Funes para atender a tales poblaciones.

 

Indígena salvadoreña en la actualidad

Tataranietos del cacique Venado: los descendientes charrúa no olvidan la traición de Rivera en Salsipuedes (1831)

 

Enfrentamiento entre charrúa y militar

En Sudamérica el discurso de la inexistencia indígena aparece en el Uruguay. Una especie de“isla blanca” de descendientes de españoles criollos y migrantes europeos arribados al paísdurante el siglo XIX, donde aparentemente nadie cuestiona por qué el territorio de este paíscarece inusitadamente de diversidad indígena o, si existió alguna vez, qué pasó con los pueblos originarios, dónde se extraviaron en la noche de la historia.18

García (1988) caracteriza al Uruguay como un país de pequeña extensión y de una cierta homogeneidad étnica y cultural, siendo considerada como la “suiza americana” por el predominio de población blanca. Esto, aún cuando revisa brevemente el pasado prehispánico, señalando que era un “área de escasa presencia indígena” de cazadores recolectores de bajo desarrollo técnico emparentados con los guaraníes. De esta forma identifica a los charrúas (como los más numerosos y que más resistencia opusieron a la colonización), además de los chanáes,yaros, bohanes y genoas. Dentro de la narración historiográfica que desarrolla este autor, un papel destacado lo ocupa la “evolución y característica de la población” uruguaya, lo cual es apoyado gráficamente por una fotografía del Monumento al “Último Guerrero Charrúa” que existe en Montevideo. Así sentencia como una peculiaridad de este país la amplia mayoría blanca del Uruguay, otorgando al mestizaje sólo un tres por ciento de importancia, lo cual es tratado como a parte de lo quellama “población amerindia”, de la cual dice que está “prácticamente extinguida”. Tal“composición” la atribuye a un “proceso de sustitución de población indígena, ya de débil presencia en el momento de la conquista”: El sustrato indio fue erosionándose con la ocupación del territorio por los blancos, hasta su desaparición definitiva hacia finales del primer tercio del sigloXX. El mestizaje de los colonizadores con los indios fue menor que en otros sectores del continente, entre otras causas por su menor número y, además, por la sencilla razón de que, cuando la corriente inmigratoria era más importante, el amerindio prácticamente había desaparecido (García, 1988, p. 54).18

Algo insólito, agregaremos, si su vecino Paraguay es un Estado bilingüe (español-guaraní), Brasil goza de una enorme riqueza de pueblos originarios y Argentina, aunque no lo reconozca abiertamente, alberga a once pueblos originarios.201

Por el contrario, se brinda importancia a la inmigración europea del siglo XIX destacando,tanto el refuerzo de la población blanca, como la procedencia de los migrantes navarros,canarios, vascos, franceses, ingleses e italianos, por lo que el componente amerindio tuvo“escasa participación en la formación” de los habitantes uruguayos.Vemos cómo en este relato historiográfico no sólo se enfatiza “lo blanco” de la sociedad uruguaya, sino que además no se hace una sola mención a Salsipuedes, una de las principalesrazones y acciones de ese plan de sustitución racial que se llevó a cabo desde la recién llegada élite gobernante. Esto, tal como si los indígenas hubieran sido exterminados por la acción de los colonizadores españoles o por una evolución cuasi natural y sin intervención de terceros.Suponemos que este tipo de relatos es frecuente debido a las demandas de revisión historiográfica enarboladas actualmente por los descendientes de charrúas.Es Pi Hugarte (1993) quien nos ayuda entender la situación de los indígenas en el Uruguay,ya que –argumenta– “es un hecho conocido que la historiografía nacional ha afirmado la idea de que el Uruguay es un país europeo enclavado en América” y, por ende, los indígenas ocupan un lugar marginal en el proceso de conformación de esta sociedad, fruto de la incidencia de los conceptos de “civilización y barbarie”.Este autor, parte situando que al momento del inicio de la colonización española existían tres entidades culturales diferenciadas: (1) la etnia charrúa (compuesta por charrúas, guinuanes,bohanes y los yaros, quienes vivían en las zonas próximas a la Argentina (Entre Rios), siendo cazadores superiores); (2) los chanáes (pertenecientes a la etnia chaná-timbú, quienes vivieron preferentemente en el occidente del Río Uruguay, cazadores y agricultores incipientes de abatí omaíz) y (3) los guaraníes (en el Bajo Uruguay y en la Costa del Plata).Luego de hacer un recorrido por las condiciones de vida de los indígenas durante la colonia española y situar un número tentativo de 70 mil indígenas para las etnias platenses, como las llama, da paso a explicar cómo, no sólo la ocupación y la acción bélica española fue mermandosu población, sino que cómo en el resto de la región, las nuevas enfermedades traídas generarían graves daños.En este largo proceso, este autor manifiesta que a principios del siglo XIX los charrúas, frutode su condición de cazadores recolectores nómadas, eran el pueblo más numeroso, por cuanto“pudieron resistir más tiempo los riesgos del aniquilamiento físico y destrucción cultural”.202

Aún cuando es cierto de que la población indígena en la otra Banda Oriental del Virreinato de La Plata había sido mermada durante la época española, también es cierto que a pesar de haber participado junto a Artigas en las batallas por la independencia,19 fue el naciente Estado naciónde la República Oriental del Uruguay, la cual dio la estocada final, física y simbólica, a los pueblos indígenas y especialmente a la nación charrúa. A juicio de Pi Hugarte, los criollos –al establecer la independencia en la Banda Oriental–buscaron “civilizar” a los indígenas a través de diversos mecanismos que representaban obligar alos indios, como en otras partes, a abandonar sus costumbres y formas de reproducción sociocultural con fines de ocupación productiva de sus territorios, incorporándolos a la lógica de propiedad privada de la tierra. Bajo una “ideología del exterminio”, primero se intentó aculturarlos y luego directamente se recurrió al genocidio como solución efectiva y rápida:Pero cuando se llegó a la conclusión de que no se lograría con facilidad ni en plazos previsibles la modificación de la vida de los indígenas, perseguida contanto ahínco por depender de ello el éxito de muchas empresas económicas, se optó lisa y llanamente por la eliminación física de los irreductibles, es decir, porel genocidio (Pi, 1993, p. 162).Esta es la concepción que fragua la Batalla mejor dicho masacre de Salsipuedes de 1831, a cargo del primer presidente del Uruguay, Fructuoso Rivera. A pesar de que tal hecho ha sido oscurecido por la historiografía, Pi Hugarte logra desentrañar diversos documentos donde se relatan detalles de la masacre contra los Charrúas. Así, el testimonio clave es el de Eduardo Acevedo Díaz (1891-1911), quien con apuntes inéditos de su abuelo relata lo que ocurrió ese 11 de abril, cuando los charrúas que había luchado con los criollos contra las tropas realistas creyeron en las buenas intenciones de quienes los invitaron al arroyo, que en esos años ya había sido bautizado como Salsipuedes:el presidente Rivera llamaba en voz alta de “amigo” a Venado y reía con él marchando un poco lejos; y el coronel (Bernabé Rivera), que nunca les había mentido, brindaba a Vaimaca con un chifle de aguardiente en prueba de cordial compañerismo. En presencia de tales agasajos la hueste avanzó hasta el lugar señalado y a un ademán del cacique todos los mocetones echaron pie a tierra.Apenas el general Rivera, cuya astucia se igualaba a su serenidad y flema, hubo19 “El brigadier general Antonio Díaz consignó con precisión castrense que, en noviembre de 1812, los charrúas que se sumaron a las tropas artiguistas que sitiaban Montevideo, y que se establecieron en las costas del arroyo de Arias,no tenían entonces más que 297 hombres de armas y como 350 personas entre mujeres, niños y viejos” (Pi, 1993, p.153).203 observado el movimiento, dirigióse a Venado, diciéndole con calma:“Emprestáme tu cuchillo para picar tabaco”. El cacique desnudó el que llevaba ala cintura y se lo dio en silencio. Al cogerlo, Rivera sacó una pistola e hizo fuego sobre Venado. Era señal de la matanza […]. Venado partió a escape hacia los suyos. Entonces la horda se arremolinó y cada charrúa corrió a tomar su caballo. Pocos sin embargo lo consiguieron, en medio del espantoso tumulto quese produjo instantáneamente (Acevedo Díaz, citado por Pi, 1993, p. 168).Ese día fueron asesinados (según el vergonzoso parte oficial) 40 charrúas y 300 fueron tomados prisioneros y llevados hasta Montevideo, donde fueron puesto como esclavo al servicio de familias, mientras que los niños fueron separados de sus madres y otros cuatro indígenas del grupo fueron llevados a Francia para exhibirlos en los museos humanos que por ese tiempo se hacía con los indígenas del continente.Los sobrevivientes que lograron escapar fueron perseguidos hasta su exterminio, aún cuando ellos también lograron vengarse con el ajusticiamiento del coronel Bernabé Rivera.Según las indagaciones de nuestro autor “la opinión pública del Uruguay no reprobó el exterminio charrúa” al tiempo que rescata el parte del combate expedido por el Ejército respectoa la Batalla, el que califica a los charrúas de “hordas salvajes y degradadas” atribuyéndoles crímenes por el cual debían ser apresados, y –ante su resistencia armada– fue “preciso combatir del mismo modo”, ya que “amenazaban las garantías individuales de los habitantes del Estado y el fomento de la industria nacional” (Pi, 1993, p. 169).Así es como el relato militar y la historiografía de la élite criolla, que comenzaba a formar la nacionalidad uruguaya, narra los sucesos, no siendo siempre rescatados, seguramente por considerarlos intrascendentes debido a la justa causa que los desencadenó.Pi Hugarte manifiesta que Fructuoso Rivera fue fundador del partido Colorado, existente hasta la actualidad, por lo que cree que este hecho también ayudó a que tal “Batalla” fuera más bien silenciada en la historia del Estado naciente, que por el lado vencedor sólo cobró la vida de un militar y dejó herido a nueve hombres. De todas formas, en una época que es recordada por los héroes nacionales, no se vería bien que al primer presidente de la República se le reconociera un genocidio.Parece claro que al haber –al mismo tiempo– tanto testimonio y tanta omisión respecto a Salsipuedes, las organizaciones actuales de descendientes de charrúas sean enfáticos en demandar que se reconozca el genocidio que se perpetró contra sus ancestros, como veremos más adelante.204 Pero el componente indígena de lo que hoy es el territorio uruguayo no se limita al componente Charrúa, sino que también a los guaraníes cristianizados por las misiones jesuitas expulsadas en 1767, conocidos como tapes, hecho que a juicio de Pi Hugarte facilitó su fácil aculturación. Por lo mismo, sin embargo, son el componente poco reconocido de la población rural del Uruguay: Desempeñaron un importante papel en la formación de la proto-sociedad y la proto-cultura nacionales del Uruguay, al punto que si en la actualidad sobrevive algún rasgo originario del pasado indígena se debe a esos guaraníes epigonales que mestizándose con blancos y también, aunque en menor medida, con negros,20 compusieron la base de la población rural de los dos siglos pasados(Pi, 1993, p. 190).De tal proceso, este autor concluye lo curioso que aparece hoy el mito de la “garra charrúa”,como una suerte de exorcizar la masacre cometida en honor al progreso que se anhelaba, siendolas creaciones literarias las cuales han rescatado el carácter indómito –ahora si valorable– de loscharrúas.Con la historia que revisamos del Uruguay, donde a la masacre perpetrada en contra de la Nación Charrúa en la Batalla de Salsipuedes de 1831 prosiguió la persecución y los sobrevivientes fueron esclavizados –mientras los guaraníes cristianizados por los jesuitas (tapes)permanecieron ocultos en el mestizaje rural, sin que se tenga mayores antecedentes de lo sucedido con los minuanes–, nos encontramos con la sorpresa de una eclosión de organizaciones de descendientes de charrúas articuladas entre ellas, con un pliego de demandas claro, algunas conquistas ya alcanzadas y siendo parte activa de los encuentros regionales indígenas que sedesarrollan en Latinoamérica.Tal sorpresa viene organizándose desde el año 1989 aproximadamente, por lo quesuponemos que es un fenómeno asociado a las luchas indianistas de esa década y, sobre todo, ala efervescencia de la identidad indígena de protesta frente a la conmemoración del “VCentenario del Genocidio del Abya Yala”, como los propios pueblos originarios prefirieron llamar al 12 de octubre de 1492. 20

El puerto de Montevideo recibió la llegada de esclavitud negra que luego era repartida al resto del Cono Sur.205 La coordinación la ejerce el Consejo de la Nación Charrúa (CO.NA.CHA.) que agrupa a seis organizaciones 21 –desde junio de 2005– las cuales se autoadscriben como descendientes o nietos de este pueblo originario, contando con representación ante el Fondo Indígena, el que en su 7a.Asamblea (2006) eligió a una de sus integrantes22 como una de los tres representantes indígenas por América del Sur. La misión que persigue esta coordinadora es:Lograr que los uruguayos se autorreconozcan charrúas y manifiesten su interésen el rescate y valoración de la cultura de su pueblo originario. Que se encare anivel académico una verdadera investigación a través del estudio de los restos arqueológicos, la memoria oral y los documentos históricos respecto a los charrúas. Que el Estado reconozca oficialmente el Genocidio-Etnocidio del 11de abril de 1831 contra la Nación Charrúa y asuma la responsabilidad del revisionismo histórico y su consiguiente documentación en los textos de los centros educativos a todo nivel, en todo el país (Misión CO.NA.CHA.).Con estas proclamas pretenden desmentir e impugnar la “mentira colectiva que dice que los uruguayos descendemos de los barcos”, además de un pliego de demandas antineoliberales por el respeto de la territorialidad y el medio ambiente.23 Entre los logros alcanzados enumeran medidas cumplidas, tales como: la promulgación de laley Nº 18.589 que decretó el 11 de abril como “Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena”; la propia fundación del CO.NA.CHA., la integración plena de Uruguay en el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe (Fondo Indígena); la profundización y revisión de la temática indígena en los programas de Educación Primaria,producto de su propia participación en el Congreso de Educación, así como su integración en el Movimiento Indígena de América, a través de su participación en diferentes encuentros, cumbres y organizaciones de Pueblos Originarios.Aquí se hace especialmente importante el primer punto, sobre el Día Nacional de la Nación Charrúa y el referente a la revisión de la temática indígena en los programas educacionales, lo21 Los integrante del CO.NA.CHA. son: Comunidad Charrúa Basquadé Inchalá (barrio La Teja, Montevideo),Asociación de Descendendientes de la Nación Charrúa, ADENCH (centro de Montevideo), Grupo Piri (ciudad deTarariras, Departamento de Colonia), Grupo Timbo Guazu (grupo de jóvenes de la ciudad de Tarariras), Grupo Bera(ciudad Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó) y Grupo Indígena GUYUNUSA (ciudad de Tacuarembó,departamento del mismo nombre). Véase Consejo Charrúa, sin fecha.22 Tal representantes es/fue Ana María Barbosa.23 Se posicionan en defensa de “nuestra tierra charrúa […] parar ya con la extranjerización de la tierra, con la forestación indiscriminada y la tala desmedida del monte nativo; detener la instalación de plantas de celulosa en Uruguay e impedir el uso de las tierras tradicionalmente dedicadas a la producción de alimentos para los pueblos,para las plantaciones de monocultivos, ya sea de soja transgénica como los destinados a biocombustibles” (ProclamaCharrúa, 2009).206 cual injiere directamente en cambiar la invisibilidad del legado charrúa en este país, comenzandoa construir un discurso de reconocimiento y, por ende, de existencia, algo también inédito en este país históricamente considerado como blanco, como veíamos en los textos y en las propias afirmaciones de los descendientes charrúas hoy organizados.Entre tanto, sus desafíos a futuro los sindican en temas claves de reconocimiento, tanto de existencia numérica para ir en contra del etnocidio estadístico (incluir una pregunta censal en2011),24 como de inclusión institucional y legal a través de la ratificación del Convenio 169 de la OIT y el “reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural y vigencia de los pueblos indígenasque habitaron y habitan” el territorio uruguayo en la Constitución de este país.Lo interesante de este caso es ver cómo los integrantes de estas organizaciones se sienten descendientes de charrúas y cómo lo explican, en un caso notable, no sólo de rescate cultural,sino que también de reidentificación indígena ante los mecanismos simbólicos de la extinción indígena en el Uruguay que se ejerció durante tantos años:No todo se perdió (del charrúa) sino no estaríamos acá. Algunas tradiciones se mantuvieron. Las abuelas nos cuentan, hay ritos a la luna, cada vez que nace el niño charrúa lo presentamos a la luna. También hay mucho conocimiento de las plantas medicinales, eso no se perdió. Sabemos que no todo se va a poder recuperar, sabemos que esa riqueza, que ese tesoro lo vamos a resguardar de nuestras abuelas y ya lo estamos transmitiendo a los niños, en un proceso de recuperación […]. Están los guaraníes que no están organizados. Nosotros recién empezamos a organizarnos, hay muchos nietos, queremos impulsar para que se autorreconozcan. Después de tanto hostigamiento, tanta persecución,nuestras abuelas siempre nos decían que no dijéramos que teníamos sangre charrúa, que era como un secreto. Recién mi generación (yo ya tengo más deveinte años) pudimos decir que teníamos sangre charrúa. Tengo muchas mezclas también, pero me siento charrúa (Mónica Michelena, miembro de la Comunidad Charrúa Basquade Inchalá).25 Tenemos entonces, en un caso de añeja supuesta extinción indígena, un fenómeno interesante del rescate cultural y existencial charrúa que se apuntala del reconocimiento de la masacre genocida como punto de apoyo para enrostrar al Estado sus acciones de negación y aculturación indígena.24 En Censo 2011 se realizó en septiembre de ese año con una pregunta sobre ascendencia étnica que señaló: “6.¿Cree tener ascendencia? Si/No. 6.1 Afro o Negra? 6.2 Asiática o Amarilla? 6.3 Blanca? 6.4 Indígena? 6.5 Otra? 7.(Si responde SÍ en una sola ascendencia pasa a p. 8) 7. ¿Cuál considera la principal?” Las respuestas son las mismas opciones anteriores, agregando NINGUNA (no hay una principal). La pregunta fue trabajada en conjunto con la CO.NA.CHA.25 Entrevista realizada por Juan Luis de La Rosa, a propósito de la III Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala, Guatemala, 26-30 de marzo de 2007 (De la Rosa, 2007).207Pero además la lucha memorial la están brindando, a pesar de la lejanía de los hechos deSalsipuedes de 1831, en el propio ejercicio de historiografiar ellos mismos su memoria negada,entrando a disputar las versiones aceptadas y difundidas de la historia nacional uruguaya en los archivos olvidados. En este marco es que podemos explicar la publicación a fines del 2009 del libro “El genocidio de la población charrúa” de José Eduardo Picerno, quien halló e interpretó –según lo publicitan las webs adscritas a la CO.NA.CHA.– “250 documentos verdaderos”.26 Picerno, además de psicólogo, se autorreconoce como descendiente de charrúa, ya que él mismo ha señalado públicamente que, a través de la confesión de un secreto familiar, se enteró que su madre era bisnieta de charrúa. Un relato que coincide con la autoadscripción identitaria de Michelena y que puede generar debates sobre tal categoría.Lo interesante para nuestro caso es que ellos se autoafirman como tales y han venido haciendo un rescate de la cultura, una articulación organizacional y discursiva que disputa abiertamente la negación de la masacre genocida de 1831 y la negación del componente indígena en la pretendida “Suiza de Sudamérica”.

 

Charrúas actuales homenajeando a sus ancestros en el lugar de la matanza.

Sentido reivindicativo de denunciar las masacres indígenas

Esta irrupción de la memoria indígena, aún suprimida y subalternizada en la esfera pública denuestras sociedades, está enmarcada en un resurgimiento de la lucha de los pueblos originarios,siendo posible ahora por una conjunción de fenómenos mundiales, tales como el fin de la guerrafría y la emergencia de “nuevas subjetividades” frente a la caída de los metarrelatos modernos, el resurgimiento de conflictos étnicos, la globalización y mundialización, además de la valoraciónde la diversidad.También es posible debido a fenómenos locales similares compartidos por Uruguay y El Salvador, como por ejemplo el fin de la dictadura en 1985 y/o fin de la guerra civil en 1992,respectivamente, frente a un recrudecimiento o perpetuación del discurso negador que en ambos países se ha contrapuesto al reconocimiento positivo internacional indígena.Creemos que un factor insoslayable para tal retorno del pasado, para el caso de la memoria indígena, se encuentra en la movilización y articulación indígena continental desarrollada desde26 Picerno, 2011.2081992 en adelante, al fortalecimiento de la lucha y de los líderes e intelectuales que escriben lahistoria indígena a contrapelo, como diría Benjamín (2005).La subalternidad de la memoria del genocidio indígena es tal, debido a la exclusión,invisibilización, negación y olvido impuestos por parte de la sociedad nacional, basada en la deshumanización racista, que ha impedido constante e históricamente que la memoria del genocidio indígena sea reivindicada, contada, rememorada y/o reparada. A pesar del proceso de transición a la democracia vivido, tanto en el Uruguay como en El Salvador, que olvidaron por enésima vez la inclusión de su diversidad étnica.El símil con la redemocratización (entendido como nuevo pacto político y social) para los pueblos indígenas vendría a ser la refundación de la nación en un Estado plurinacional, tal como son los intentos que se han venido dando en Bolivia y Ecuador. No obstante, como la democracia, no aseguran ni la solución de los conflictos ni los cambios culturales para que, eneste caso, los grupos étnicos minorizados y mayoritarios convivan sin discriminaciones y violaciones a sus derechos humanos e indígenas, como ocurre en la actualidad en diversos puntos de la región. Las preguntas latentes y manifiestas siguen siendo: ¿Hasta cuándo y por qué recordar las masacres genocidas indígenas? ¿Hasta que se reconozca el genocidio y se deje de representar políticamente como el momento en que desaparecieron los indios salvajes de las naciones?¿Hasta que se reconozca públicamente esa memoria tan excluida y subalternizada? ¿Hasta que seles permita existir (como lo ha realizado recientemente Funes en El Salvador)? ¿Hasta que se lesreconozca su valor en la composición socio cultural en la nación (caso del Uruguay)?Los genocidios indígenas, a pesar de la distancia y de no constituir en estricto rigor en“pasado-presente-coetáneo”, siguen en la categoría del olvido, de la no justicia, del desconocimiento, del no resarcimiento, del silencio en la esfera pública, de la exclusión a pesarde haber sido perpetrados por los Estados nacionales, no por el sistema colonial. No ha habido laposibilidad de una “memoria terapéutica”.Para finalizar, las masacres genocidas indígenas poseen tal ribete de ominiosidad y tal grado de desconocimiento e injusticia que los nietos de los nahua pipiles de El Salvador y los descendientes de charrúas no han podido callarse frente a la afrenta de morir definitivamenteante el olvido absoluto (charrúas) y la negación radical (El Salvador).209 En ambos países el discurso oficial y la historiografía nacional validaron la extinción absoluta de los pueblos originarios, omitiendo las masacres genocidas perpetradas por suspropias fuerzas armadas o de orden, con el fin de acabar de raíz con el componente indio de sus sociedades nacionales, las que han pretendido ser blancas, descendientes de los barcos o en el mejor de los casos mestiza, perpetuando la negación de los pueblos originarios.Nos parece interesante ver cómo el acto supuestamente supremo de extinción se transformaen un arma para negar tal inexistencia, porque no todos fueron masacrados ni aculturados. La masacre en sí, y la representación que de ella hacen los indígenas, es tomada como unaherramienta política de legitimidad y existencia, con el objetivo central y primero de que se les reconozca su existencia como indígenas y, en un segundo momento que es imposible de conseguir sin el primero, sus derechos colectivos de todo tipo. Y en ello han ido ganando sus primeras batallas.

 

Charrúas actuales en una plantación de arboles en el Ayuí

Jovenes indígenas salvadoreños

https://www.facebook.com/notes/naci%C3%B3n-charr%C3%BAa/la-lucha-memorial-ind%C3%ADgena-en-el-salvador-y-el-uruguay/311954345506463

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6 Respuestas a “LA LUCHA MEMORIAL INDÍGENA EN EL SALVADOR Y EL URUGUAY:

  1. Hola mi Nombre es nicolás, soy estudiante de periodismo y estoy haciendo un artículo relacionado con la denominada “Garra Charrúa” lo cual es una ironía porque Uruguay es el único país de América Latina que exterminó por completo a su población indígena. Me interesaría tener una entrevista con algún descendiente Charrúa o varios para hacer más rico mi artículo.
    Pueden comunicarse conmigo al 091472523 o al 24001462.

    Desde ya muchas gracias, atte Nicolás Behak Lanzaro.

    • Enriquez Hola Nicolas,lamentablemente estas equivocado. se intento exterminarlos. Muchos cruzaron a Entre Rios y otros a lo que es ahora el sur de Brazil, luego regresaron. Habemos miles de descendientes indigenas en Urugtay.informate mejor.Abello creo tiene varios libros sobre los indigenas del Uruguay.te mando un saludo desde New York y soy descendiente Charrua.

      Jorge Raul Ramos

      • En Entre Ríos siguen los Charrúas. Están organizados. Trata de contactar por medio del gobierno, algunas de sus secretarías debe estar en contacto con esa ONG. Saludos.

        Néstor Daniel Boaglio

      • Gracias Nicolas por tu interes y es verdad lo que te dice Jorge,se dice que los exterminaron pero hay algunos que safaron y gracias a eso hoy dia un grupo escazo y muy agraciado, podemos decir con orgullo que tenemos sangre Charrua.Yo soy descendiente por linea paterna, mi abuelo un descendiente de vascos franceses,un tipo bajito de ojos claros se caso con una Charrua mas alta que el,de dicho matrimonio nacieron 8 hijos,mi padre fue el 8vo y mi abuela fallecio al dar a luz,algo que en aquellos años podia pasar y hoy es casi imposible.Felicidades y suerte con tu emprendimiento y espero que otros con mas suerte que yo te puedan ayudar en la tarea.
        Ricardo El Zurdo Garateguy

      • Hoy los charrúas del Uruguay estamos en un proceso de reconstitución de nuestro Pueblo Nación Charrúa junto a nuestros hermanos Charrúas de Argentina!! Acá estamos nucleados en el Consejo de la Nación Charrúa y te aseguro Nicolás que existimos, somos y estamos de pie!!

        Mónica Michelena Díaz

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