MATAOJO Y LA ESTANCIA DEL VIEJO BONIFACIO


Terrenos que se repartieron luego de la masacre de salsipuedes, o casualidad hay varios que quedaron en manos de familiares de Rivera…saquen sus propias conclusiones….Documento de Eduardo Picerno

TERRENOS EN SALSIPUEDES

Luego del episodio de Salsipuedes las tropas del gobierno se lanzan contra los que habían logrado huir y de aquellos que no habían confiado en la palabra del entonces presidente, intuyendo la emboscada. Siguiendo las órdenes del general Julián Laguna, el coronel Bernabé Rivera será el encargado de esta tarea, debiendo además reprimir los alzamientos de grupos de guaraníes, que ocurren en esa época. Así el 17 de agosto de 1831 se da la acción de Mataojo. Es el mismo coronel Rivera que informa:

En la barra del Mataojo grande con el Arapey se habían ocultado los salvajes para desde allí cometer sus tropelías, siendo este lugar más escabroso que sin duda hay en el estado. Pero aquella situación tan ventajosa de nada pudo servirles porque perseguidos con el mayor escarnecimiento por lo más espeso del monte, ha llegado a ser el resultado de mis operaciones que muriesen 15 indios infieles, inclusive dos caciques de los más perversos, tomándoles veintiséis hombres y cincuenta y seis personas más, entre chinas y muchachos de ambos sexos. Según la relación de los que se han tomado, han escapado dieciocho hombres, ocho muchachos de siete a doce años y cinco chinas de bastante edad…”.

Bernabé no detalla cómo ocurrieron los hechos: pero el informe es utilizado para auto exaltarse: (de nada vale esconderse de Bernabelito aun en el lugar más escabroso del estado) pero se lamenta que se han escapado 29 Charrúas. No son estos que escapan a los emboscados en la estancia de Bonifacio –creemos que ese episodio es anterior a este- pero es fácil inferir que este grupo estará con aquel con el cual el coronel Rivera se topara en Yacaré- Cururú. Debemos señalar que entre estos prisioneros se encuentra un Charrúa cuyo verdadero nombre nos será ya desconocido para siempre (debe tenerse en cuenta que el indígena casi nunca dice su verdadero nombre), pero que es bautizado como Ramón Mataojo. Será el primer  Charrúa embarcado hacia Francia, como lo veremos más adelante.

LA ESTANCIA DEL VIEJO BONIFACIO

Previo a desarrollar las crónicas que se conservan sobre los sucesos de Yacaré Cururú, es importante retomar el relato de Manuel Lavalleja, en lo que se refiere a la masacre en la “estancia del viejo Bonifacio”. Se refiere a Bonifacio Penda, que poseía, a la sazón, varias estancias. La del relato estaba ubicada en el Queguay.

“(…) Concluida la operación del asesinato, marcho Bernabé Rivera con un escuadrón en persecución de los que habían escapado y del cacique Polidorio. En su marcha encontró Bernabé al cacique Venado con doce charrúas de los que habían escapado de la matanza y no le fuera dado acuchillarlos porque los dividía el arroyo Cañitas, se llegaron al habla unos y otros, de que resulto un ajuste entre Bernabé y el cacique Venado. Aquel se comprometió con este a entregarle a su familia y todas las de los que lo acompañaban, si se sometía y a vivir quieto en el punto que se designase; Venado se conformo con todo lo propuesto por Bernabé desde que vio lleno su objeto que era la devolución de sus mujeres e hijos a él y a sus compañeros. Arreglado así el ajuste, desde aquel momento se entrego Venado y los suyos a la confianza de Bernabé y al efecto marcharon juntos; es de advertir que aquel y su gente estaban casi todos armados de lanzas, habiendo uno de ellos que tenía su carcax de flechas; en ese estado marcharon o estuvieron dos días con Bernabé . Sea que a este le repugnase el hacerlos asesinar allí o que temiese que se le escaparan algunos en el acto de ejecutarlos, dispuso mandarlos al Durazno, haciéndole entender a Venado que los mandaba para que recibiesen sus familias y que al efecto le daría una carta para Rivera para que los hiciese entrega de sus familias…”.

Es imposible seguir adelante en este relato sin destacar, por lo menos, la devoción de los charrúas por sus familias; carácter este que aun hoy conservan la casi totalidad de las parcialidades aborígenes subsistentes. Quisiéramos hacer otras referencias sobre aspectos vinculados a las promesas realizadas a los indígenas, pero alcanzara con retomar el relato.

“…En efecto Bernabé dio la carta a Venado y un oficial con un asistente para que le sirviese de garantía hasta el Durazno; el oficial si no me equivoco fue Labandera, teniente de aquella época. Antes de la marcha de Venado con el oficial que los acompañaba, Bernabé desprendió a Fortunato Silva, capitán de aquel tiempo, con cuarenta hombres para que en la estancia de Bonifacio, Queguay arriba, se emboscase hasta la llegada de Venado y el oficial y que puestos los indios en descuido como era natural después de haber llegado allí, y que no viesen más hombres armados que el oficial con su asistente, se descubriese la emboscada y los acometiesen hasta concluirlos, como efectivamente sucedió”.

“El oficial que acompañaba a los indios llego con ellos al lugar de la emboscada una hora antes del amanecer, hacia mucho frio y el oficial los hizo entrar a todos a la cocina, les proporciono yerba, carne y todo lo que pudieron ofrecerles para tenerles en completo descuido. En esos momentos estaba Fortunato Silva en otra pieza a doce varas d los que habían de ser asesinados, preparando las armas para fusilarlos. Los indios cuando entraron en la cocina dejaron sus lanzas de lado de afuera a insinuación del oficial que los acompañaba; el indio del carcax no había soltado su arco, por consiguiente era el único que tenía su arma. Luego que Fortunato creyó oportuno ataco a fuego vivo por la puerta y la ventana de la cocina de los indefensos indios que rodeaban el fogón; el del carcax hizo uso de su arco hasta que lo voltearon; e hirió a un soldado y clavo varias flechas en la puerta y la ventana. Así concluyo el cacique Venado y sus compañeros mandados bárbaramente asesinar por Bernabé y así también muy en breve pago el horroroso crimen que cometió, siendo jueces de su causa y verdugos de su cuerpo los mismos charrúas”.

La versión que sobre “la estancia del viejo Bonifacio” incluyela Refutación a la “Nueva Troya” en casi nada difiere a la de Manuel Lavalleja, aunque confirma que el flechero asesinado llego a herir a uno de sus agresores. Allí se dice:

“…Todos estaban desarmados y solo el del carcax disparo cuantas flechas pudo sobre sus asesinos, hasta que cayó muerto de un balazo, en el momento mismo que una de sus flechas atravesaba el brazo de un soldado…”.

Bernabe Rivera y la eterna maldicion Charrua de Christian Acosta

 

 

 

 

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2 Respuestas a “MATAOJO Y LA ESTANCIA DEL VIEJO BONIFACIO

  1. Pingback: MATAOJO Y LA ESTANCIA DEL VIEJO BONIFACIO (via Nación Charrua Artiguista) | Espacio Polidoro… Héctor R.S.Ol-·

  2. Llegara el tiempo en que los orientales, descendientes de la mejor mixtura de razas, que es la macroetnia hoy, deberá cambiar para decencia de esta tierra, todos los nombres de departamentos, pueblos, parques, plazas y calles y devoverle dignidad a este continente. Doscientos años es muy poco; estamos a tiempo, para que en los próximos cincuenta años no se conserve un solo nombre de quienes averguenzan y ofenden la historia de un suelo casi místico…

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