SALSIPUEDES SEGÚN RENZO PI HUGARTE, CATEDRATICO DE ANTROPOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD


Falleció Pi Hugarte

Nacionales | 16 Ago 

Falleció en Montevideo el antropólogo Renzo Pi Hugarte, investigador y catedrático grado 5 en la Facultad de Humanidades, anunció Montevideo Portal. Pi Ugarte fue pionero en el desarrollo de la antropología social y cultural. Estudió las migraciones y grupos migrantes desde la óptica de la aculturación, así como las religiosidades populares y sus distintas manifestaciones. Son muy conocidas sus polémicas conclusiones sobre el legado charrúa en el país, que le valieron más de un enfrentamiento con descendientes y representantes de este pueblo indígena…a continuación uno de sus polémicos trabajos…

El genocidio. Esa idea surgió al comprobarse la gran dificultad si no la imposibilidad de denominar pacíficamente a los indios mediante su aceptación del cristianismo. Su matanza se habría de justificar siempre, de acuerdo con los argumentos esgrimidos comúnmente, por la defensa de la civilización y la incapacidad de estos para avenirse a cualquier entendimiento a causa de su naturaleza levantisca y feroz. En tales razonamientos apuntaba ya el tema del racismo- que aunque siempre presente, por lo general permanece soterrado en las políticas referidas a los aborígenes -, puesto que la descalificación de esos individuos valorados como “otros” venía a apoyarse en características pretendidamente innatas.

Fue así madurando desde el primer cuarto del siglo XIX en todas las regiones habitadas por pueblos nómades, una ideología del exterminio que, en rigor, se venía perfilando desde el siglo anterior. Como ejemplo de esto puede servir la opinión expuesta por el virrey Pedro de Ceballos en 1777 respecto a los indios pampas, a los que consideraba que había que combatir “hasta su extinción”, en razón de que se han hecho cuantos esfuerzos han sido posibles para su reducción, pero todos en vano y no hay esperanza alguna ni la más remota de convertirlos ni que se reduzcan a vivir en puesto fijo proyecto que trataría de realizar años después el tercer virrey del Rio dela Plata, el marqués de Loreto.

Enla Banda Oriental, lo que se llamo “el arreglo de os campos”- que suponía planes para la explotación racional del agro y el saneamiento del derecho de propiedad de la tierra- preveía en un principio empujar a los Charrúas hacia el norte, a los territorios interiores  del Rio Grande, para que no perjudicaran el establecimiento y desarrollo de estancias ganaderas. Esta zona correspondía, de acuerdo con los repartos fronterizos convenidos, a los portugueses, aunque de hecho no estaba aun suficientemente poblada por europeos, suponiéndose que se integraría mucho mas tarde al mercado internacional como productora de cueros  y tasajo, como finalmente vino a ocurrir. Así lo expusieron en su momento quienes teorizaron sobre “el arreglo de campos”, pretendiendo establecer principios de planificación económica y social que entendían imprescindibles para el progreso, como entre otros lo hicieron Ortega y Monroi, Félix de Azara y Miguel de Larrastia. Estos dos últimos, sostuvieron una nutrida correspondencia sobre el tema en el siglo XIX.

Más tarde sin embargo, fue afirmándose entre las autoridades y los hacendados un criterio que refleja mucho mas ideas, como las expuestas por el virrey Ceballos, que propósitos mas humanitarios materializados en el alejamiento de los indígenas, como pudieron  ser los manejados por Azara. El genocidio venia a resultar una solución más efectiva y rápida. Las guerras por la independencia impusieron un obligado intervalo a los intentos por eliminar definitivamente a los indios como condición necesaria para la valorización económica del agro dela Banda Oriental, volviendo a agitarse después de ese periodo idénticas razones para reemprender contra ellos acciones bélicas que procuraban su aniquilación total.

Pero aun durante el periodo Artiguista surgieron planes inspirados en estos propósitos, dado el apoyo irrestricto que los Charrúas brindaban al propulsor del federalismo en el Plata. En este sentido resulta en extremo significativo el programa elaborado por el jefe porteño Manuel  de Sarratea que, aunque no pudo concretarse entonces, prefiguro el que de manera decisiva llevaría a cabo Fructuoso Rivera  en 1831 para acabar con los Charrúas.  El 10 de octubre de 1812, Sarratea envió a Carranza un oficio “ muy reservado”, encareciéndole la necesidad de “ cortar de raíz esa planta venenosa”, como llamaban a los indios, por saber que actuaban “ en unión con facciosos y criminales” –que no eran otros que los ejércitos Artiguistas-, para lo cual recomendaba convidar para un día determinado a los caciques principalmente sus mujeres y cuantos se puedan de ellos, a una función que se celebre en Paysandú, ofreciéndoles yerba, tabaco y agua ardiente a fin de atraerlos más(…) entre la embriaguez y festejos, teniendo a prevención tropa apostada, se echara Vd.  sobre todos ellos y mujeres, acabando a los que resistan: y escoltados suficientemente los hará venir al paso de Vera para transferirlos a este cuartel..(Acosta y Lara 1969).

Como se dijo la intención de Sarratea no pudo cumplirse, porque Artigas y sus aliados Charrúas comandados por el célebre jefe indio conocido como “El Caciquillo” (hijo de de Artigas), se le adelantaron obligándolo finalmente a emprender una penosa retirada en la que “iban todos a pie por falta de caballos; se los robo Artigas que era por ese entonces el señor de la caballada” (C. N. Archivos Artigas t.x284)

En rigor, los expertos en sustraer por las noches las caballadas eran los Charrúas. Conviene recordar lo ya indicado: hasta el advenimiento de los sistemas de transporte de los sistemas  de transportes mecanizados y de armas de fuego de considerable alcance y tiro rápido, las guerras en las llanuras platenses eran ganadas por quienes estuvieran mejor montados, no solo por el poder de las cargas de caballería, sino porque sin caballos no era posible aprovisionarse de ganado, y los ejércitos no tenían entonces otra manera de sostenerse sobre el terreno.

Al terminar las guerras de independencia, la situación de los indígenas del Uruguay podía sintetizarse en que desde mucho antes habían desaparecido los grupos de agricultores incipientes- guaraníes, chanaes- y que los de cazadores recolectores- Charrúas- se encontraban muy mermados. Aun así, estos recibieron el golpe definitivo en la encerrona que se les preparo el 11 de abril de 1831 en campos próximos al arroyo Salsipuedes, en lo que vino a terminar una contienda que, con intervalos, abarco tres siglos y que fue llevada primero por las autoridades españolas y luego por las de la incipiente República Oriental del Uruguay.

El nuevo estado independiente estimo como uno de sus primeros y más importantes planes de gobierno, imprescindible para su organización y para la valorización de los dilatados campos del interior, la eliminación de los indios sobre todo Charrúas que aun se encontraban en su territorio, manteniendo formas más o menos tradicionales de vida a pesar del ya largo proceso de aculturación espontanea.  Los escritos de la época muestran que la ausencia de piedad y de consideración con respecto a los indígenas fue prácticamente unánime. Parecía aceptarse entonces como verdad evidentes que estos eran seres que no llegaban a ser plenamente humanos, por lo que su vida no constituía un valor digno de ser respetado; constituía un valor digno de ser respetado; eran algo así como animales dañinos pese a su apariencia humana y, por eso, poco importaba si eran objetos de engaños o traiciones. Cuando se pusieron en marcha los planes para aniquilarlos, nadie al parecer pensó echarse atrás ante tal horror.

Se ha vuelto común señalar como principal responsable de la tragedia de Salsipuedes al entonces presidente de la República, Fructuoso Rivera, antiguo teniente de Artigas y excelente conocedor de los indios, quienes depositaban en él una total confianza.

Siendo innegable su protagonismo en aquella acción participaron además muchos otros personajes que después serian también considerados próceres.  Como Rivera fue fundador de uno de los partidos tradicionales, hasta el presente activos en la vida política del Uruguay-el partido colorado-, ello aparejo que la adhesión a ese o su partido rival- el partido nacional o blanco-, tanto de los participes como de los historiadores o comentaristas de los hechos, haya oscurecido frecuentemente la dimensión del drama y la responsabilidad de sus actores. Por eso es necesario recalcar que todo el proceso que desemboco en la matanza  de Salsipuedes, ocurrió cuando aún no habían surgido  las indicadas agrupaciones políticas. Constituyo, sin atenuantes, una verdadera operación de genocidio, organizada con todo cuidado- sin incurrir en los errores de Sarratea, por supuesto- y ejecutada con enorme eficiencia y total indiferencia por las vidas o el sufrimiento de los indígenas.

Fin de la primer parte…

Los indios del Uruguay: Pi Hugarte

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2 Respuestas a “SALSIPUEDES SEGÚN RENZO PI HUGARTE, CATEDRATICO DE ANTROPOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD

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