EL CACIQUE VENADO…


Se dice que fue el cacique mas fiel y de mas confianza de Artigas

venado

 

Por lógica primero me basare en documentos que saque del libro de Picerno y tratare de alternarlos con los relatos de Gabiano que he venido extrayendo del libro de Tomas de Mattos !Bernabé, Bernabé!

 

Nota: esto confirma que Venado no fue emboscado en Cueva del Tigre un día antes de Salsipuedes como suponíamos en un artículo anterior, si fue emboscado después en la estancia de Bonifacio pero nunca no antes de Salsipuedes.

11 de Abril de 1831…

…Oíamos las órdenes de Lavalle con claridad a pesar de que estábamos del otro lado del Salsipuedes.

Yo lo conozco dijo Venado estuvo unos cuantos meses en Yaguaron.

El ataque se desencadenaría cuando el propio don Frutos dispare su pistola, preferentemente, si las circunstancias lo permitían, sobre el cacique Venado.

Cuando el argentino llego al punto convenido con don Frutos demoro demasiado la señal, pero al fin llego la hora. El general vacilo un instante y, de pronto, saco un naco del bolsillo, se paro con dificultad para acercarse a Venado pero este permaneció sentado y casi no lo vio venir, porque no separaba sus ojos de Bernabé. El Yuca Luna se puso a silbar y las manos del cacique se transformaron, según lo pudo ver Gabiano, en puños crispados. Esta actitud de Venado volvió a desconcertar a don Frutos, quien busco al indio más próximo que estuviera parado. Y entonces se apresto a balbucear la hoy famosa contraseña, palmeándole el hombro con una sonrisa de borracho.

Préstame tu cuchillo, para picar tabaco pidió Rivera a partir de ahí, cuando el Charrua desconocido para Gabiano, le tendió el cuchillo, todo sucedió en un instante…

Estando atrás de don Frutos, nuestro capataz no supo cuando desenfundo su pistola. Pero oyó el estampido, vio la humareda y hasta olio la pólvora. En ese instante se juntaron el alarido del indio y el terrible grito del Yuca Luna: -¡Quieren asesinar al presidente!

El indio baleado cayo de espaldas y una de sus manos intentaba vanamente retener la sangre que le manaba por el cuello. Ningún hombre de Bernabé quiso quedar entre dos fuegos y a punta de daga o disparo de trabuco, comenzaron a despachar a todo Charrua que estuviera cerca. Trompetas y clarines llamaron al zafarrancho.

Los indios sin que los asistiera el previo aviso, quedaron por un instante aturdidos. El Yuca Luna quiso abalanzarse sobre Venado, porque tenía la orden de atraparlo con vida. Pero el cacique, que era el único que estaba prevenido por la sospecha que lo embargo desde que don Frutos saco su naco, lo aguardo en el suelo y lo dejo venir pero en el momento mas preciso se apoyo en sus brazos y juntando, doblando y estirando las piernas hundió sus talones en la parte donde mas le duele al hombre.

Se entreparo, esquivo mi daga indecisa ya que estaba comprometido a no matarlo, me pateo en el mismo lugar, giro sobre si para ponerse de cara al arroyo, y sin otra arma que sus puños, a los que empezó a revolear como boleadoras, se abrió camino hasta el agua, seguido por 2 o tres de sus hombres. Enseguida tuve que esquivar, lo juro el galope del malacara del cacique que no dudo en ir en busca de su amo, o aterrado por los disparos de la gente de Raña, y como si fuera semental, cuatro yeguas lo persiguieron sin medir si atropellaban a cristianos o Charruas…

Así habría escapado Venado de la masacre en Salsipuedes.

Bernabé no vacilo y rumbeo hacia Cañas. Al día siguiente, le delataron donde se escondía Venado.

Era un lugar escarpado y sucio, que sin ser inexpugnable, causaría muchas bajas a su gente si pretendía atacarlos frontalmente. Resolvió enviar a un tape como emisario ante el Cacique y le instruyo plantearle tres preguntas. Primera, si creía o no que el general Rivera estaba o no borracho cuando echo mano a su pistola; segunda, si había oído el grito del Yuca Luna; tercera, si quería o no paz con el gobierno lo cual permitiera reunirse en Durazno con las mujeres y niños de su tribu, antes que fueran llevados a Montevideo.

Cuando el tape ya había vadeado el arroyo y comenzaba a hablar con los Charruas, algún gesto vislumbro Bernabé que lo esperanzo y dijo sobre todo a Fortunato Silva ¡Lo preveía! Venado no es Polidoro. No sabe dar por perdido lo perdido.

Todo salio como usted quería, coronel-le dijo-. Venado lo espera. Pero me dijo que le avisara que no confía en usted; que lo va a recibir porque lo necesita para soltar a las mujeres y a los hijos de la tribu. Me dijo que nunca se va a olvidar de que don Frutos estaba mamado y usted no, y que se escondió como un ñandú bajo un quillapí. Y termino diciendo que usted sepa hacer y ordenar como un jefe sabio y prudente, porque al primer movimiento raro que hagamos, a usted lo matan.

Venado consulto a su gente. Todas las propuestas de Bernabé fueron aceptadas, aunque abundaron los gestos y las entonaciones de desconfianza, rencor y resignación. La tribu se sometería a la autoridad del gobierno, entre las dos ramas del Arapey, se le asignase; recibiría de inmediato una carta dirigida a don Frutos, donde luego, ante el compromiso celebrado, se le requería la devolución de todos los viejos, las mujeres y muchachos cautivos; y en prueba de la buena fe entre las partes, Bernabé los acompañaría durante los dos primeros días de marcha, para preservarlos de eventuales ataques de otras compañías, hasta tanto fuesen debidamente avisadas, sino que luego, cuando se despidiera, les entregaría al oficial teniente Labandera, para que sirviera de rehén durante el camino, de guía y de gestor en Durazno, ante don Frutos. Pero para que Venado en nada dude de su amistad, de inmediato quedarían en igualdad numérica ya que despacharía a Silva hacia el sur con los 50 hombres que hacían la diferencia con los indios.

Venado lagrimeo- cuando cerraron el trato y Bernabé se levanto y tendió los brazos, obligándolo a recibirlo en los suyos. Ambas orillas festejaron con vítores. Silva culmino este relato comentándole admirado a Gabiano: ¡El coronel era un genio, reconocido como tal por el propio Lavalle!

Desde ese momento Venado se entrego a la confianza de Bernabé y este a la del Charrua. Durante dos días, indios y blancos cabalgaron juntos, trece y trece, cada uno con sus armas. Interrogado por Bernabé el indio paso las horas contando los hechos de su vida.

Al amanecer del tercer día, Bernabé se acerco a Venado, en compañía del teniente Labandera, le entrego la carta y se despidió. Les explico que esa noche descansarían en la estancia del viejo Bonifacio Benítez, y allí encontrarían charque, yerba y tabaco en cantidad suficiente.

Plano estancia de Bonifacio

Los indios llegaron pasada la medianoche. Labandera pidió al capataz que los dejara entrar a la cocina a prepararse algo, porque desde el mediodía no comían.

Al entrar dejo su espada al costado de la puerta, y todos los indios, menos un arquero, lo imitaron y dejaron sus armas en el mismo lugar (afuera de la cocina). Apenas se encendió el fuego en el fogón de la cocina, el teniente quejándose del frío cerró puertas y ventanas: Ahora tenemos que calentarnos por dentro, les dijo y la indiada se refregó las manos cuando vio que comenzaba el reparto de aguardiente y tabaco.

Apenas encendió el cigarro, Labandera frunció un instante el el ceño, y dijo me disculpan un momento. Al salir piso el cigarro- que era la señal indicada por el propio Bernabé y puso rápidamente tranca en la puerta. Su misión estaba cumplida, el resto el trabajo mas sucio, dependía de sus compañeros.

Fortunato y sus hombres rodearon por entero la cocina. Se arrimaron a las aberturas y con las carabinas hicieron una primera descarga. Después repitieron la maniobra con las pistolas. La puerta parecía que se iba a deshacer. Efectuaron una tercera descarga y el clamor que era lo único que escapaba de adentro menguo muy considerablemente. Ya no parecía que la tierra temblaba. Era-dijo Fortunato- como si estuviéramos en la boca del mismo infierno y deberíamos contener a una legión de demonios.

Recargaron las armas y efectuaron sucesivas descargas. A los alaridos de los indios no tardaron en sucederles débiles quejidos. Los soldados forzaron con precaución una hoja de la ventana.

Foto cocina de Bonifacio y piedra La Negra.

Pocas o ninguna escena encontraremos, que nos visualice mejor que esta la encrucijada en que se hallaban los Charruas. Apretados entre muros, apuntados por enemigos impunes, encerrados sin salida, carentes de más recursos que un arco y pocas flechas.

Desde las aberturas, Fortunato vio que dos o tres cuerpos se movían convulsos. Les tuvo lastima, saco su daga y enfilo hacia la puerta para dársela a un soldado de los mas jóvenes, para que “se hiciera las cosas de la guerra”. Los despenaron. El primero de los “ayudados a morir” fue el propio Venado.

Hay que ser civilizados-les decía Bernabé-. Nunca hay que estirar sin razón el sufrimiento de otros. ¿Qué cínico e irónico no? que justo Bernabé diga esto…

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Una respuesta a “EL CACIQUE VENADO…

  1. ES MUY IMPORTANTE VUESTRO TRABAJO DE INVESTIGACIÓN E INFORMACIÓN, DESEO RECIBIR INFORMACIÓN GRACIAS Y FELICITACIONES. MI FACEBOOK ES COMO MI NOMBRE Y APELLIDOS.

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