Ataques y Desprestigio Ideológico hacia los Charrúas ayer y hoy


Por Eduardo Picerno

Visión del colonizador y maniobras de los religiosos

A efectos de una mejor comprensión encuentro conveniente dividir en espacios temporales los ataques difamatorios y desvalorizantes que han sufrido los Charrúas durante tres épocas bien marcadas.

En la primera, durante la colonización bien es sabido que los Charrúas no se quisieron someter a los españoles, ni a los brasileros, ni a los jesuitas, y rechazaron todo tipo de organización social diferente a la que ellos mismos disfrutaban en plena libertad.

Pero debemos decir que en los primeros encuentros de los Charrúas con Gaboto por ejemplo o con López de Sousa la interrelación establecida fue amistosa; se ha dicho que los indios los recibieron con gran emoción llorando por momentos, por lo que se acuñó el termino de saludo lacrimoso. También se relata que en varias oportunidades los Charrúas obsequiaron a los navegantes españoles con alimentos especialmente pescado.

Pero llegó el momento critico del año 1573 en que la expedición de Juan Ortiz de Zárate desembarca en San Gabriel debiendo bajar a tierra encontrándose con los Charrúas. Iba en la expedición un poeta llamado Martín del Barco Centenera quien en principio relata la escena vivida de este modo:

“Y acuden con gran copia de venados / Avestruces y sábalos, dorados.”

“LLeva entre esta gente el estandarte / Delante del Cacique, que es su tio,/Abayubá, mancebo muy lozano,/ Y el Cacique se nombra Zapicano”.

En el ínterin un marino de la expedición se escapa y pide refugio y protección a los Charrúas quienes le prometen no entregarlo dándole su PALABRA. Cuando viene Ortiz de Zárate a apresar al desertor los Charrúas le presentan batalla y vencen quedando unos 100 españoles muertos en el campo. Cumplieron su PALABRA.

De modo pues que los Charrúas comienzan a hacerse respetar de los invasores prepotentes y es entonces que el poeta Centenera va cambiando según las circunstancias el tono de sus versos:

“Es gente muy crecida y animosa, / Empero sin labranza y sementera: / En guerras y batallas, belicosa, / Osada y atrevida en gran manera. / En siéndoles la parte ya enfadosa / Dó viven, la desechan, que de estera / La casa solamente es fabricada, / Y así presto dó quieren es mudada.

A cien pasos (que es cosa monstruosa) / Apunta el Charruaha á donde quiere, / Y no yerra ni un punto aquella cosa / Que tira; que dó apunta allí la hiere. / Entre ellos aquel es de fama honrosa, / A cuyas manos gente mucha muere, / Y tantas, cuantos mata, cuchilladas / En su cuerpo se deja señaladas.

Más no por eso deja de quitarle / Al cuerpo del que mata algún despojo: / No solo se contenta con llevarle / Las armas o vestidos á que echa el ojo, / Que el pellejo acostumbra desollarle / Del rostro: ¡Qué maldito y crudo antojo! / Que en muestra de que sale con victoria / La piel lleva, y la guarda por memoria”.

Aquí apreciamos gráficamente como empieza el español a desprestigiar al Charrúa por el hecho de defenderse del injusto propósito del conquistador.

Digamos para terminar la aventura, que en 1974 viene Juan de Garay quien después fundará Bs. As. Con un ejército mayor y con caballos y jinetes bien armados. Se enfrentan a los Charrúas y los vencen costándole 200 víctimas a nuestros indios. Esto fue el precio de mantener la palabra empeñada a un desertor.

En esta batalla denominada de San Salvador pierde la vida el Cacique Zapicán atravesado por una espada española cuando intenta salvar la de su sobrino Abayubá, que también muere ante reiteradas estocadas mientras trata de voltear al caballo de su enemigo hincando sus dientes en las riendas del mismo. Hasta ese momento los Charrúas no habían visto caballos pero a partir de ahí comprenderán la importancia de ser buenos jinetes para la guerra que los aguardaba en los próximos tres siglos.

Vemos así que los Charrúas defienden un valor moral: el cumplimiento de la palabra empeñada y para ello se inmolan sin pensarlo dos veces dejando en el campo 200 muertos.

Este tipo de acciones valerosas determinó que por parte de sus enemigos se les llamase salvajes, infieles, etc., de modo que se combatía un Valor de los Charrúas con un anti-valor.

Esta metodología se continuó hasta el etnocidio final.

El ser humano siempre pretende justificar una acción delictiva inferiorizando a la víctima como si el hecho de lanzar un epíteto denigrante bastara para acallar su conciencia asesina. Más adelante se continuarán con las adjetivaciones denigrantes tales como haraganes, crueles, mal olientes, sucios, asaltantes, feroces, tercos y así por el estilo.

Debemos hacer justicia reconociendo que algunas descripciones de los colonizadores sobre los charrúas los representaban con una imagen positiva, principalmente al inicio de la colonización. Por ejemplo López De Souza en 1531 en la zona de Arazatí, en el departamento de San José dice: “Estaba a dos leguas de donde partí, cuando salieron de tierra hacia mí, 4 almadías con mucha gente; puse a la capa el bergantín para esperarlos: remaban tanto que parecía que volaban. Se reunieron pronto conmigo: traían arcos, flechas y azagayas de palo; ellos venían con muchos penachos y pintados de mil colores; se aproximaron sin mostrar miedo y con mucho placer nos abrazaban a todos; no entendíamos su habla que no era como la de Brasil: hablaban guturalmente, como moros…se veían muchas almadías varadas en tierra; me hacían señas para que fuese allá donde me darían mucha caza, y cuando vieron que no quería, mandaron una almadía con pescado; yo les mandé dar muchos cascabeles, cristales y cuentas: quedaron tan contentos y mostraban tanto placer que parecían locos; y así me despedí de ellos.”

Otra descripción favorable respecto a los charrúas es la siguiente: “A dos leguas de dicho Río San Juan hallé la gente con cuyas tiendas me topé a la ida: salieron seis almadías, todos sin armas y con mucho placer venían a abrazarnos; hacía mucho viento y mucha mar; y ellos me hacían señas para que entrase en un río que estaba junto a sus tiendas. Mandé un marinero a nado a ver si tenía buena entrada y vino diciendo que era muy estrecho y que dentro había poca seguridad pues la gente era mucha; que le parecía que eran unos 600 hombres; que lo que parecían tiendas o carpas eran 4 esteras que formaban una casa cuadrada, descubiertas por arriba; ropa no les vio; tenían redes iguales a las nuestras. En vista de esto me despedí de ellos; les dí mucha mercadería y ellos me dieron mucho pescado; venían detrás de nosotros, unos a nado y otros en almadías; nadaban más que delfines, pues avanzaban tanto como nosotros que íbamos con viento muy fresco a popa. Estos hombres son tan grandes y robustos y parece que tienen mucha fuerza. Las mujeres son todas bien parecidas. Se cortan también los dedos como los del Cabo de Santa María (actual Punta del Este) pero no son tristes”.

(Aclaremos que se refiere a indios tristes porque en la primera ocasión en que los charrúas entran en contacto con españoles se sienten embargados de una intensa emoción que les hace brotar lágrimas de los ojos; esto se conoce como el saludo lacrimoso y los expedicionarios interpretaron que su forma de ser era triste y llorosa.

Pero con el tiempo, a medida que se fueran conociendo comprobarían que los charrúas lejos de llorar defendían su libertad con valentía, astucia y picardía, y no encontraremos nunca más una mención a lágrimas en los charrúas, salvo cuando a sus mujeres les quitaron los niños en 1831, como se verá después).

Acá vemos algunos rasgos psicológicos de los charrúas, lejos de sentir miedo de los extranjeros y de sus barcos, se sintieron admirados y llegando hasta ellos los saludaron como reconociéndoles una cierta magnificencia.

Volviendo a las vituperaciones recogeremos algunas conocidas, por ejemplo, del jesuita Paucke: “…así son la mayoría de los indios, hoy ángeles, mañana demonios”, el padre Nicolás del Techo decía: “no hay pueblo más difícil de dominar; se ha visto a prisioneros morder sus cadenas, soltando espuma por la boca como leones enfurecidos; incluso niños pequeños difícilmente se vuelven dóciles y tratables y si se les encadena durante algún tiempo, se dejarían morir de hambre”

En 1513, el Rey de España ordenó que se leyeran a los indios un texto conocido como El Requerimiento, donde después de explicarles que era la Iglesia, y qué eran los Reyes y sugerirles a los indios que se hicieran cristianos, terminaba de la siguiente manera: “…Si no lo hiciereis (si no se cristianizaran, que equivalía a perder la libertad) certificamos que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y Sus Altezas y tomaremos vuestras personas y las de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos y como a tales venderemos y dispondremos de ellos como sus altezas mandaren, y os tomaremos vuestros bienes y os haremos todos los daños y males que pudiéremos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ellos se recrecieren sea a vuestra culpa y no de Sus Altezas, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen; y de cómo lo decimos y Requerimos, pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presentes rogamos que de ellos nos sean testigos”.

Por supuesto que los charrúas, lejos de amedrentarse con estas amenazas, llegaban a tomarlas en broma y dejar en ridículo a los malintencionados sacerdotes o padres, por ejemplo: “el padre Cattáneo intentó hablarles de religión a los charrúas, éstos le respondieron fríamente, que ellos tenían padres y que no podían abandonarles…Y como uno de los padres insistiera vivamente por convertir a un charrúa, diciéndole que si no, se iría al infierno, éste le contestó: “Mucho mejor, así no tendré frío cuando me muera”.

Otras veces se valieron de engaños para atraerse la buena voluntad de los indios queriendo comprarlos como se dice vulgarmente, con espejitos, por ejemplo Diego de Alvear el español padre del famoso argentino Carlos de Alvear, escribió en sus famosas Instrucciones:

“Artículo 14 –

Pueblan las márgenes del Paraná varias naciones de indios bárbaros, con los cuales, si se dejaren ver y tratar, se usará del mayor agrado y moderación, procurarlo atraerlos con suavidad y buen modo, ganándoles la voluntado por medio de algunos donecillos como espejos, navajas, tijeras, cascabeles, abalorios y otros semejantes que aprecian mucho y de los que va un cajón por cuenta de Su Majestad para este fin, franqueándoselos graciosamente sin otro interés que aficionarlos más y más con tan pequeñas dádivas a nuestra amistad y trato”.

Otro documento de Andonaegui al Cabildo de Montevideo, el 17 de marzo de 1750 habla de castigar a los indios minuanes (parcialidad charrúa): “…Y sin embargo de esta variedad de opiniones tenía prevenido a Uriarte los pase a cuchillo si no se contenían después de haberlos requerido con Paz y buena correspondencia, por si por este medio podíamos ganar sus almas que es la mente de S.M. y esta misma orden tiene ese comand.te y a ora se la repito para que la ponga en práctica, y para maior azierto hé llamado al Cabildo de S.to Domingo Soriano, y á Monzon para que estén prontos a fin de comunicándoles de esa Ziudad, que den de acuerdo con la tropa de esa Guarnizion, y todos los moradores de ella y los de su termino a fin que a un tpo. y en vn mismo paraje se junten todos para escarmentar a esos Barbaros Indios”.

El jesuita Lozano dice sobre los charrúas: …”hanse conservado hasta estos tiempos en su nativo valor, ostentando su osadía contra todos, sin que nadie se haya atrevido a sojuzgarlos; ni profesan otro reconocimiento a los españoles (¿por que habrían de profesarlo, si solo habían recibido de ellos plomo, sablazos y traiciones?) sino una amistad muy costosa, porque so capa de ella, ejecutan, más a su salvo, enormes maldades…Es gente de poca fe y de ninguna palabra, sino en cuanto mira su propio interés (igualito que los pundonorosos españoles); muy alevosa, que en logrando la ocasión, ejecutan sin rubor las más feas traiciones…”. Estos “siempre peregrinos y siempre en su patria” [la más exacta de las definiciones dadas sobre el espíritu andariego de los errabundos charrúas] se complacen en dar cabo a terribles acciones: “Los títulos de su mayor nobleza son haber ejecutado más muertes en sus enemigos, a quienes en matando, desollaban la piel de la cabeza, y las guardaban como perpetuos blasones…”.(Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, t.1º cap. XVIII).

http://www.internet.com.uy/charruas/html/generalidades.html

Terminando de leer el libro “Nuestro pasado indígena”, de Fernando Klein me encontré con una desagradable sorpresa, el cuestionamiento hacia la garra charrua…

me dolió mucho una parte donde habla de “Garra charrúa o guaraní” en al cual dan como conclusión que en realidad la garra charrúa es guaraní, simplemente basándose en 2 investigadores que ya daré los nombres, los cuales hicieron un “censo” dependiendo increíblemente en registros parroquiales, y le daba que cerca del 1800 había 30.000 guaraníes (misioneros) y solo 100 charrúas, pero que pasa? que charrúa infiel puede estar registrado en una parroquia? Cuando sabemos que incluso se cambiaban sus nombres por nombres cristianos o guaraníes por protección y supervivencia, entonces con tan pocos datos serios o minimizamos y seguimos desprestigiando a la Nación Charrua?despues la escusa de siempre q está comprobado la gran influencia guaraní en nuestros nombres para identificar accidentes geográficos, pero claro si el idioma mas común en ese entonces era el guaraní, es lógico pero no puede ser jamás un parámetro para decir que por eso somos un 90% descendientes de guaraníes, pero por favor señores llegar a la barbaridad de decir y dudar de la garra charrúa simplemente porque eran menos o por nombres de ríos o arroyos, es increíble, indignante y lamentable. Para terminar no olvidemos que desde el primer malón de Zapican, hablamos de los años 1573 aprox, …“Batalla de San Salvador. Decían que el joven soldado tenía el espíritu del guerrero charrúa. Desde el Fuerte empezaron a oír los ruidos de tambores y entonces los vieron, el “Exercito Zapicano” de 2000 hombres bramando y haciendo temblar la tierra

Los charrúas fueron constantemente perseguidos y disminuidos, pero seguimos viéndolos como los malos de la película y ahora para colmo dudando de su eterna gloria, “la garra charrúa”…con eso no se metan, la garra charrúa es sagrada….

 Tacuabe

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