LOS FUNERALES CHARRUAS


Los historiadores primitivos del Uruguay, al describir las costumbres funerarias de los charrúas manifiestan que dichas gentes sepultaban a sus muertos con sus armas en el cementerio común que tenían en un cerrito, y, una vez que tuvieron animales domésticos, los parientes o amigos sacrificaban el caballo de combate del difunto ( Azara. Historia del Paraguay y del Río de la Plata. Madrid 1847, Vol. I pág. 157).

El General Antonio Díaz informa sobre los charrúas que “en sus duelos y funerales practicaban una costumbre realmente digna de su condición salvaje. Las mujeres casadas estaban obligadas a cortarse una falange de los dedos de las manos cuando morían sus maridos y esta operación era repetida tantas veces cuantas ellas enviudaban. “Yo vi en la toldería que por algunos días tuvieron en la costa del Santa Lucía Grande del año 1812, a una india anciana que hacía entre ellos el oficio de médica la cual había sido siete veces mutilada. Sus ceremonias fúnebres traían siempre aparejadas mutilaciones entre los sobrevivientes”. 

Debemos comentar acerca de lo anterior que quizás para el año 1812 dicha costumbre estaría en desuso entre los indios más jóvenes ya que necesitaban de su integridad física y de sus manos para el manejo de las boleadoras, flechas y todo elemento de caza.

Si observamos el dibujo de Guyunusa hecho en Francia con el grupo de los Charrúas, apreciaremos en su brazo cicatrices de incisiones seguramente practicadas en rituales de duelo por la muerte de algún  familiar cercano.

 Este breve apunte nos indica que los Charrúas tomaban con  mucha solemnidad y respeto  la tradición funeraria la muerte de cualquiera de ellos. Sentían un sufrimiento moral muy intenso y lo acompañaban con ayunos y sufrimiento de orden físico.

 También pensaban que el muerto regresaría a este mundo en algún momento y de allí la explicación de que dejaran un caballo cerca de la fosa. El sentido del viaje lo expresa Vaimaca claramente en Francia y también  vemos algo similar en el momento de la muerte de Artigas, que había convivido desde los 16 años con los Charrúas y conocía sus costumbres, cuando sus últimas palabras son: “tráiganme mi caballo” .

 De modo, pues, que existía un respeto y un verdadero duelo (dolor moral y físico) ante la muerte. Nunca se observó en estas circunstancias manifestaciones de alegría o festejos o exhibiciones de los cuerpos. No se acostumbraba a manifestar con palabras u oraciones ante el difunto los sentimientos que los poseían. El duelo era un acto sencillo auténticamente sentido con tristeza y respetando los restos mortales dándoles la debida sepultura, según su tradición y posibilidades prácticas.

http://piedraindigena.blogspot.com/

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