“Al presente discurren por el comedio, que deja la Laguna Iberá, el Paraná y el Uruguay. Viven de lo que cazan y hurtan para tener con que vivir. Visten pieles de venados y tigres, de los cuales cosen mantas y Tipois, que cuelgan del hombro, con alguna decencia y poco repara contra las inclemencias del tiempo. Saltean los caminantes, les roban lo que llevan, y a veces despojan de la vida. No se sabe que conozcan a Dios, pero es constante que en sus borracheras invocan al demonio. Son grandes inventores de engaños y traiciones, disimulando el mayor engaño y traición que urden, con el mayor beneficio que alcanzan”.
Comentario de Dardo E. Clare: El padre Guevara, fuera de la teología y las materias que había que aprender entonces para graduarse de jesuita, leía historia con dedicación y, si no podía observar directamente, despuntaba la curiosidad escuchando sobre lo que hubiera deseado individualmente examinar. Don Andrés Lamas decía que Guevara era discípulo de Lozano.
Guerreando, charrúas y minuanes procurarían botín en campo afuera o en poblado; en paz, no quitaban la vida. En 1875, el Dr. Dn. José de Saldaña, hablando de minuanes, unos mismos en todo hasta la muerte de los charrúas declara:
“Es cierto que ellos no son tan crueles como los indios tapes, no constan que los minuanes jamás matasen a un portugués, o a un español, encontrándolo solo, o perdido en la campaña, como acostumbran los guaraníes”.
Notando la diferencia de nuestros indios con tapes y guaraníes, y el parecido a los guaycurúes, con quienes amistaron y reconocieron vínculo sanguíneo, algunos brasileros los consideran guaycurúes sureños. En el trabajo del historiógrafo riograndense, Sr. Rubio Brasiliano, intitulado Tierra del Gaucho, subrayamos estas frases:
“Los guaycurús del sur eran caballeros y habitaban la Provincia del Uruguay. Dividíanse en guenoas, chanás, yaros, boanes, charrúas y minuanes”.
Comentarios del Lic. Picerno:
El Sacerdote Guevara, sabiendo la inutilidad de predicar y convertir al cristianismo a los charrúas, no le quedaba otro recurso para disminuir su fracaso que acusar a los charrúas de traidores, pero bien es sabido que no lo eran, por el contrario cumplían sus compromisos.
Es cierto que se emborrachaban, y este fue el mayor enemigo de los charrúas, el alcohol que los blancos les trajeron. Ingenuamente tomaban y era la manera que podían ser vencidos más fácilmente. Así pasó en Salsipuedes, se ha dicho.