NOTICIAS SOBRE SUS RESTOS MORTALES

Los datos que poseemos sobre el destino final de los cuerpos de los fallecidos Vaimaca Peru, Senaqué y Guyunusa son dispares.

 Los restos de Vaimaca están en el Museo del Hombre en París, y su esqueleto estaría colgado en el armario 27, placard 5, número de archivo 6565, según Maruca Sosa, (año 1957), obra citada, (VER ANEXO 12 ).

 Sobre los restos de Senaqué, tenemos informes tomados de P. Rivet que fue disecado pero no se conoce exactamente el paradero de los mismos, aunque en los ficheros del museo citado figuraría el cuerpo de Senaqué con el número 673, según el artículo titulado ” REVISIÓN DE UN ESTUDIO RADIOGRÁFICO SOBRE EL ESQUELETO DE VAIMACA- PIRÚ “, del Licenciado Horacio Solla Olivera y otros, (VER ANEXO 13, pág. 240). (También hay quien ha visto restos parciales de sus órganos en frascos con alcohol o formol, pero sin una clara identificación de las etiquetas.)

 Sobre los restos de Guyunusa, hay versiones no confirmadas que se habrían perdido ya que podrían haber sido depositados en un osario común. Y por último, sabemos que Tacuabé se fugó ignorándose si falleció en Francia o en otro lugar y por lo tanto se desconoce donde podrían ubicarse sus restos mortales.

De modo pues, que lo seguro es que existe el esqueleto de Vaimaca Peru, y que de los demás, las autoridades competentes francesas serían las indicadas para dar la información oficial del paradero de sus restos, si es que lo conocen.

Del estudio radiográfico citado se extraen conclusiones muy importantes ya que se trata del único estudio de que se tenga noticia sobre el esqueleto de un indígena Charrúa que habitó – con seguridad plena- nuestro territorio.

 

Citaremos tres conclusiones que figuran en dicho artículo, ( VER ANEXO 14, pág. 245):

 1) Acelerado proceso patológico de desnutrición global que surge de la desmineralización de sus huesos y que se debió a carencias alimentarias.

 2) Focos infecciosos óseos, se encontraron dos focos, uno en el sector óseo del aparato auditivo que le debió producir unos dolores casi insoportables; otro en la tibia derecha con destrucción ósea y ambos posiblemente se agravaron por la pérdida de la respuesta inmunitaria causada por la desnutrición.

 3) Testimonio de una “perdigonada” recibida en vida, quedó el testimonio en los huesos de una munición incrustada en el cráneo.

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