INDIGENAS EN EL RIO DE LA PLATA

Charrúa

 

Las distintas etnias indígenas en el Río de la Plata

Los charrúas fueron un pueblo amerindio que habitaba en el territorio del actual Uruguay y alrededores, cuya lengua parece pertenecer a la familia lingüística mataco-guaicurú.

 Contenido

 1 Características

1.1 Cultura

1.2 Sociedad

1.3 Economía

2 Historia

2.1 La matanza de Salsipuedes

3 Origen del nombre charrúa

4 El rescate de la memoria

5 Supervivencias culturales

6 La garra charrúa

7 Referencias

  Características 

Al momento de la llegada de los españoles, los charrúas dentro del actual territorio uruguayo ocupaban el área al norte y al sur del Río Negro (o Hum) y se acercaban a la costa en el actual departamento de Rocha. En otras partes del territorio había otras tribus (1), como los

 Chanáes, que habitaban en la confluencia del río Negro con el río Uruguay, las costas e islas de este último y las islas del Delta del Paraná en Argentina entre las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires y hasta en la de Corrientes.

Minuanes, que ocupaban la costa de la actual Argentina sobre el río Uruguay al Norte de la desembocadura del Río Negro,

Yaros, que vivían en la costa oriental del río Uruguay entre los ríos Negro y San Salvador (actuales departamentos de Río Negro y Durazno de Uruguay) y en la zona del bajo Uruguay en la provincia de Entre Ríos en la República Argentina.

Bohanes, que se hallaban en los departamentos de Paysandú y Salto, aunque, algunos mapas jesuíticos los ubican en Entre Ríos.

Guenoas, que estaban en la zona de los departamentos de Tacuarembó, Treinta y Tres y Cerro Largo extendiéndose también por el el río Ibicuy, al sur del Brasil.

Arachanes, que ocupaban los departamentos de Maldonado, Lavalleja, Rocha, Cerro Largo y Treinta y Tres, así como gran parte de la zona sur de Río Grande del Sur en Brasil.

Posteriormente a la fundación de Montevideo, los charrúas se desplazaron hacia el Norte, absorbiendo a yaros, bohanes, guenoas, chanás y minuanes y quedando prácticamente confundidos con ellos, por lo que usualmente se les ha designado a todos estos grupos genéricamente como charrúas.

Existen diversas estimaciones sobre la población de charrúas y etnias relacionadas al momento de la llegada de los españoles. Las mismas varían entre 8.000 (5.000 en Uruguay) y 100.000 personas o más. Los guerreros indígenas que fallecieron en la primera Buenos Aires sumaban 23.000, mientras que los guerreros mocoretáes del Río de La Plata sumaban 18.000 hombres.[1] En 1828, cuando el país se independizó, la población indígena era de 30.000 personas y la de blancos de 70.000. Según algunos estudios históricos, ese número de indígenas y descendientes de éstos en el territorio de la flamante república era superior al que había en la época de la conquista. Ello se debe a que el territorio recibió una importante inmigración de guaraníes que habían huido de las misiones jesuíticas destruidas y que se establecieron al norte del río Negro. A ellos se debe la mayor parte de la toponimia y de los rasgos aindiados de algunos uruguayos actuales.

  Cultura 

Los charrúas pertenecían al gran conjunto pámpido, teniendo fisiotipos y cultura material muy similar a la het o pampas antiguos, a la de los tson’k o patagones, a la de los qom’lek y a la de los kadigüegodí, para hacer mención sólo de algunas de las etnias que habitaban la gran Llanura Chacopampeana y la Patagonia Extraandina. Sin embargo, hacia el siglo XV recibieron importantes influjos culturales de un pueblo amazónico el de los avá o guaraníes. De modo que mucho del léxico actualmente conocido del idioma charrúa deriva de aportes lexicales del avañe’é o guaraní, como son la toponimia y los nombres propios, al mismo tiempo que el lugar donde habitaban refería a: “Río de los pájaros pintados” (en guaraní).

  Sociedad 

Básicamente los charrúas no eran pacíficos; tenían una organización social muy fuerte, organizadas en jefaturas (esto es: gobernadas por un ‘cacique’, jefe que aunque solía pertenecer a un linaje debía ser electo y consensuado permanentemente por el conjunto), donde los vínculos interpersonales eran muy importantes y conservaban la filiación poligámica.(2)

 Economía 

En el momento de la conquista española su modo de producción era cazador-recolector, aunque rápidamente supieron desarrollar un complejo ecuestre y, con este, una cierta ganadería basada en los bovinos y equinos. Dado el modo de producción (cazador-recolector) era una etnia de “nómadas” -como lo eran casi todos los otros pampidos-, por lo que los únicos vestigios materiales de su civilización son pequeñas vasijas de barro así como parte de sus armas típicas, lanzas, flechas y boleadoras, esta última uno de los objetos más típicos de la región. Estaban conformadas por dos o tres bolas de piedra, unidas por un trozo de cuero de aproximadamente un metro, en un nudo común. Eran utilizadas para cazar principalmente el ñandú, ave típica de la mayor parte del Cono Sur, similar al avestruz pero de menor tamaño.

 Historia 

Los charrúas opusieron tenaz resistencia a la colonización española, siendo el primer episodio conocido la muerte de Juan Díaz de Solís durante su descubrimiento del Río de la Plata, aunque, según los cronistas españoles, Solís padeció ante una “tribu antropófaga”. Dado que la antropofagia es prácticamente desconocida en la etnia charrúa, los historiadores suponen que la muerte de Solís puede haberse debido a un grupo de linaje amazónico que se encontraba en ese entonces merodeando las riberas platenses, sin embargo tradicionalmente se ha atribuido a los charrúas este hecho.

 El cronista de la expedición del adelantado Pedro de Mendoza, Ulrico Scmidel, describió a los charrúas en su obra Viaje al Río de la Plata’llamándolos zechuruass:

Parece ese guerrero mas un genoa o un Arachan que Charrua

 Así pues, con el favor de Dios llegamos al Río de la Plata el año 1535. Allí nos encontramos con un pueblo de indios llamados zechuruass que constaba como de unos 2.000 hombres, y que no tenían más de comer que pescado y carne. Estos al llegar nosotros, habían abandonado el pueblo huyendo con mujeres e hijos, de suerte que no pudimos dar con ellos. Esta nación de indios se anda en cueros vivos, mientras que sus mujeres se tapan las vergüenzas con un paño de algodón que les cubre desde el ombligo hasta la rodilla.

A mediados del siglo XVIII fueron fuertemente diezmados en la campaña punitiva llevada a cabo por José de Andonaegui. En 1715 la expedición del teniente García de Piedrabuena menciona que encontró sobre el arroyo Calá en Entre Ríos, 25 toldos de yaros y bohanes. En noviembre de 1749 el teniente de gobernador de la ciudad de Santa Fe, Francisco Antonio de Vera Mujica aprehendió 339 charrúas que habían escapado del territorio uruguayo, entre ellos los caciques Maigualen, Gleubilbe y Dóienalnaegc, que fueron trasladados a las cercanías del río Salado en Santa Fe, dando origen al pueblo de Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá fundado el 17 de septiembre de 1750 en el lugar donde estuvo situada la primitiva ciudad de Santa Fe (Santa Fe de Luyando) y la efímera reducción de San Francisco Javier de los mocovíes en 1743. Otra expedición de Vera Mujica en enero de 1752 sobre la provincia de Entre Ríos, tomó prisioneros a 53 charrúas que fueron repartidos entre los expedicionarios para su servidumbre. La reducción de Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá desapareció hacia 1820.

En las sucesivas campañas de los gobernadores de Buenos Aires para “civilizar” a la Banda Oriental se produjeron combates con los indígenas. Las expediciones de Juan Ortiz de Zárate, Juan de Garay y Hernandarias se batieron sucesivamente con indígenas, provocando cientos de muertos. Las fundaciones de Colonia del Sacramento y de Montevideo también fueron motivo de conflicto con los indígenas, ahondando la mortandad. La Guerra Guaranítica, entre 1754 y 1756, donde españoles y portugueses se unieron para combatir al “infiel”, tuvo efectos devastadores. Incluso hacia finales del siglo XVIII, los blandengues españoles iniciaron una campaña denominada como “guerra charrúa”, donde participó el entonces sargento mayor José Artigas. El 4 de octubre de 1800 el virrey Avilés envió al capitán Jorge Pacheco a expedicionar contra los charrúas ubicados en el noroeste del actual Uruguay. Pacheco realizó 3 expediciones y fundó Belén el 16 de junio de 1801.

 Pocos años después, muchos indígenas morirían en los ejércitos independentistas de Artigas, Juan Antonio Lavalleja, Manuel Oribe y Fructuoso Rivera. Además de las acciones bélicas, las enfermedades europeas como la gripe, la viruela y la sífilis diezmaron durante siglos a poblaciones indefensas.[2]

 La matanza de Salsipuedes 

Matanza del Salsipuedes

El 11 de abril de 1831, en Puntas del Queguay, se celebró la batalla conocida como Salsipuedes. A orillas del arroyo Salsipuedes, entre Tacuarembó y Río Negro, tenía su cuartel general el presidente Fructuoso Rivera. Rivera convocó a los principales caciques charrúas, llamados Polidoro, Rondeau, Brown, Juan Pedro y Venado, junto con todas sus tribus, a una reunión diciéndoles que el Ejército los necesitaba para cuidar las fronteras del Estado. Según los relatos, agasajados y emborrachados, fueron atacados por una tropa de 1.200 hombres al mando de Bernabé Rivera. Se dice que el propio Rivera dio la señal de iniciar el ataque, haciendo fuego sobre el cacique Venado, luego de pedirle que le entregara su cuchillo para picar tabaco.

 El saldo según la historiografía oficial fue de 40 indios muertos y 300 prisioneros, de los cuales algunos lograron huir siendo perseguidos por Bernabé Rivera. Entre las tropas hubo 9 heridos y un muerto.

 La persecución de los charrúas no se agotó en la matanza de Salsipuedes. Bernabé Rivera, en particular, tuvo un especial empeño en encontrar y exterminar a los que lograron escapar. El 17 de agosto de 1831 sorprendió en Mataojo, cerca de la desembocadura del Río Arapey, a un grupo de charrúas comandado por los caciques El Adivino y Juan Pedro, a los que atacó saldándose el episodio con 15 muertos y más de 80 prisioneros. Informó que habían conseguido escapar 18 hombres, entre ellos, el cacique Polidoro, único cacique sobreviviente. El 16 de junio de 1832 ubicó un grupo de charrúas en una hondonada llamada Yacaré-Cururú. En una emboscada, los charrúas mataron a Bernabé, a dos oficiales y a nueve soldados.

Monumento a los últimos charrúas en Montevideo

 

De acuerdo al profesor Lincoln Maiztegui Casas, “la desaparición de los charrúas fue un proceso paulatino que llevó más de 200 años y que se generó a partir de la ocupación del territorio por europeos”. Según Maiztegui, los guaraníes se adaptaron y los charrúas no y, por ello, fueron gradualmente extinguiéndose. Miles murieron, otros miles huyeron al noroeste a Brasil, otros miles se quedaron como siervos y se mestizaron con los blancos perdiendo su cultura. La principal justificación de la elite criolla era el supuesto intento de “civilizar” a los indios, “mejorar” la raza uruguaya y evitar el abigeato. El país tenía un importante número de ganado vacuno y equino constantemente amenazado de robo por parte de los indígenas. A fines del siglo XIX quedaban poco más de 1.000 charruas “puros” en Uruguay.

 Actualmente se calcula que en Uruguay, Brasil y Argentina hay entre 160.000 y 300.000 descendientes de charrúas, todos ellos mestizos. Un grupo de éstos lleva adelante un proceso de recuperación de su identidad indígena, especialmente en Entre Ríos, donde se han restablecido seis comunidades charrúas.

 Origen del nombre charrúa 

Tras el vocablo “charrúa” se han postulado diferentes versiones de su origen, la mayoría de ellos despectivos: “los arrebatados”, “los destructores”, “los jaguares”, “los mutilados” y otros un poco más románticos como “los acuáticos” o “los pintados”. Lo cierto es que epítetos no faltaron por parte de los extranjeros, respecto a cómo identificarlos. Sin embargo, nada se sabe aún respecto a cómo se autodenominaban los integrantes de esta familia nativa.

 El antropólogo Daniel Vidart (el anti-charruas) realizó, en 2001, un análisis etimológico del término “charrúa”, del que hasta ese momento no se conocía su origen. Según Vidart, “charrúa” es una palabra del gallego, que designa unas máscaras de madera usadas como disfraz. El origen de estas máscaras se remontaría a la prehistoria, probablemente para ser usadas en fiestas populares, como el carnaval. Quienes usaban en Galicia estas máscaras llamadas charrúas, se disfrazaban y pintaban de manera llamativa, mientras gesticulaban con cierta agresividad.

 La colorida vestimenta de los indígenas que los europeos invadieron en las costas del Río de la Plata, así como su rostros pintados a modo de máscaras junto a extraños gestos, rememoraron en los navegantes españoles a aquellos gallegos que se disfrazaban en sus fiestas con sus máscaras denominadas charrúas. En poco tiempo el término se popularizó y fue adoptado de ahí en más hasta nuestros días.

  El rescate de la memoria 

La Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa (Adench) se creó en la ciudad de Trinidad (Uruguay) en 1989 como consecuencia del contacto que se produjo entre algunos de los que sentían su pertenencia a la etnia a raíz de dos eventos. Estos fueron: el primer relevamiento llevado a cabo por el Ministerio de Educación y Cultura, convocando a las familias de descendientes, y la acción desarrollada por la Intendencia Municipal del Departamento de Flores para reivindicar las raíces indígenas.

 El 12 de octubre de 1988, en Trinidad, se realizó el primer acto público de reivindicación. A partir de entonces decidieron reunirse en una organización que les permitiera participar “como sujetos activos y no como meros objetos de estudio”, dijo Enrique Auyanet, delegado alterno por Uruguay ante el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América y el Caribe, miembro de la Comisión Contra el Racismo, Xenobofia y Discriminación y fundador de Adench.

 Uno de los cometidos de Adench es el “rescatar la memoria histórica de los pueblos originarios para darles la más amplia difusión posible”. A modo de ejemplo, en 1993 la Institución colaboró con la Universidad de la República, permitiendo la toma de muestras de sangre de sus integrantes para la investigación de marcadores serológicos, lo que arrojó un resultado de un 13% de aporte indígena dentro de su masa social.

 Según los últimos estudios realizados sobre muestras de ADN mitocondrial, aproximadamente el 10% de la población uruguaya posee ascendencia indígena por línea materna y, en la localidad de Tacuarembó, los valores llegarían a un máximo de 57%.[cita requerida] Otro dato interesante surge de la encuesta de hogares 2006 del Instituto Nacional de Estadística, en el que 115.118 personas se identifican como indígenas, un 4,5% de la población.

 El parlamento uruguayo tiene a consideración un proyecto de ley que declara el 11 de abril de cada año (empezando a partir de 2010) como “Día de la Resistencia de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena”. Según la exposición de motivos, el 11 de abril de 1831 se habría producido el “Genocidio del Pueblo Charrúa”. Se argumenta que los charrúas practicaban “un sistema humanista” donde la propiedad resultaba un bien comunitario. “Este proyecto pretende constituirse en un mero acto de justicia y reconocimiento a la nación cuya esencia nos identifica como uruguayos en el mundo”, se argumenta más adelante en la exposición de motivos.[3]

 Supervivencias culturales 

En el año 2002 los restos del jefe Vaimaca Perú fueron repatriados desde Francia y recibieron sepultura en el Panteón Nacional del Uruguay, en un gesto que ha motivado protestas de grupos que buscan honrar la memoria de los primeros habitantes del lugar. En particular, debe mencionarse que existen numerosos descendientes de aquella nación, aunque sean un pequeño porcentaje de la población uruguaya. Se concentran, sobre todo, en la ciudad de Guichón, cercana a la zona dónde se perpetró la matanza.

 En las costas del Paraná medio, en territorios de la provincia argentina de Santa Fe habitaban los calchines (no confundir por paronomasia con “calchaquíes”), pequeña parcialidad que se considera era de etnia charrúa, aunque probablemente mestizada con otro pueblo afín, el de los ya mencionados chanás.

 Asimismo, en la Provincia de Entre Ríos en la Argentina, existen grupos de descendientes de charrúas mestizados que se encuentran en proceso de recuperación cultural. Se creó la Coordinadora de Comunidades Charrúas de Entre Rios (Codecha) con el apoyo de seis comunidades charrúas ubicadas en Villaguay, Paraná, Maciá, Concordia, Federal y Sauce de Luna.[4]

Un pequeño grupo no organizado de descendientes charrúas se halla en la Provincia del Chaco, en donde sus ancestros se refugiaron luego de la Rebelión  Jordanista.

 La garra charrúa 

Con el tiempo la palabra “charrúa” fue adquiriendo para los uruguayos connotaciones de valor, de fuerza, de fiereza, de orgullo guerrero, de victoria bélica trasladada a gesta deportiva. En el subconsciente uruguayo, la tribu indígena alejada de la complejidad y el desarrollo de otras civilizaciones precolombinas, fue tomando rasgos míticos.

Según el periodista e investigador, Luis Prats, la expresión “garra charrúa” comenzó a utilizarse a partir de un campeonato sudamericano de fútbol disputado en Lima, en 1935, ganado por Uruguay. La selección celeste llegó con un equipo de “veteranos” de las gestas olímpicas y de la Copa Mundial de Fútbol de 1930, pero igual venció al resto. Entre los “charrúas” estaban apellidos italianos como Ciocca y Nasazzi, y los españoles Fernández, Castro y Taboada, entre otros.

http://es.wikipedia.org/wiki/Charr%C3%BAa

7 Respuestas a “INDIGENAS EN EL RIO DE LA PLATA

  1. Esta muy bueno todo el material!!
    En la escuela nos mandan a hacer un resumen sobre esto
    ¡y cuando vi esta pagina dije…ENCONTRE TODO Y MAS!

    Muy bueno

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